Opinión

James Hamilton en “Tolerancia Cero”: Las preguntas incómodas

Por ~ Publicado el 21 marzo 2011

El invitado a “Tolerancia Cero” era un invitado con una historia oscura que todos conocemos. Sin embargo, la sensación que me queda es que los dueños de casa estaban igual o más impactados que nosotros, el público, y que faltaron preguntas incómodas y también aquellas que son claves para entrar en el entrevistado y romper su cáscara.

James Hamilton
«Hamilton respondió todas las preguntas que le hicieron, incluso aquellas que están de más» | Captura: YouTube

James Hamilton apareció por primera vez en televisión en una investigación de la periodista Paulina de Allende Salazar para el programa “Informe Especial”. El programa destapaba una realidad por muchos oída, pero nunca antes enfrentada tan directamente por los medios de comunicación: los abusos sexuales por parte de altos miembros de la Iglesia Católica en nuestro país. Sí habíamos visto reportajes sobre las acusaciones contra Marcial Maciel en México, pero no teníamos conciencia real —es decir, aquella que va más allá del rumor al que se tiene acceso— de que en Chile tuviéramos a nuestro propio posible/supuesto Marcial Maciel. “Informe Especial” nos reveló, en aquella emisión del 26 de abril de 2010, su nombre: Fernando Karadima. James Hamilton apareció como uno de los denunciantes.

La dolorosa, inquietante y conmovedora historia de Hamilton se sumó a la de otros hombres que se atrevieron a dar la cara y acusar directamente a Fernando Karadima de abusar física y sicológicamente de ellos cuando formaban parte de un grupo católico liderado por el sacerdote. Los testimonios fueron impactantes. El de James Hamilton fue demoledor.

Ese mismo hombre que hace casi un año apareció en pantalla contándonos de lo que fue víctima, incluso hasta después de casado, que lloró en pantalla al recordar y narrar aquello que los seres humanos nunca queremos vivir (y mucho menos relatar a otros), ese hombre que se desarmó en nuestros televisores con todos los costos que puede significar desnudarse en público, es exactamente el mismo que anoche se instaló en el set de “Tolerancia Cero” y dejó noqueados a los panelistas. Hamilton dejó de ser sólo una víctima y se sentó en esa mesa con voz firme, segura y con la intención de no guardarse nada, porque lo cierto es que no tiene nada que perder. Como él mismo lo dijo, es un veterano de guerra y ésta, su guerra, es tan sucia como cualquiera.

“El invitado a “Tolerancia Cero” era un tremendo invitado: medido, con ideas claras y articuladas, con una historia oscura que todos conocemos y que por lo mismo, le arrebata a él una porción de la intimidad que es tan importante proteger para superar eventos tan traumáticos como el suyo”.

Hamilton respondió todas las preguntas que le hicieron, incluso aquellas que están de más, como la de Villegas sobre cuál es la prevalencia de los abusos sexuales a niños por parte de miembros de la Iglesia. Curiosa pregunta, porque lo cierto es que me cuesta pensar que alguien maneje el dato estadístico de una situación de la que, por lo general, nadie habla porque prefiere olvidarla para siempre, y si lo hace, otros se encargan de acallarla. La excepción está en quien denuncia y sabemos que esos son los menos. Ante esta pregunta, Hamilton no se indignó, pero respondió que eso —la cifra, el número— no era lo importante. Y tiene razón. ¿Importa si es un niño el abusado o si son diez? Lo importante es que ocurre, ¿no? Ocurre y alguien tiene que revelar que esto pasa para que otro reaccione y pueda frenarlo.

La polémica de hoy sobre la advertencia/sugerencia de Juan Carlos Eichholz al invitado sobre el hecho de estar en televisión y que algunos interpretaron como un intento de frenar sus dichos, puede leerse de dos maneras: una, que Eichholz defendió, como pudo, al círculo cercano que quiere y respeta, o dos, que legítimamente le tiró un salvavidas a su invitado para evitar que se desmadrara en acusaciones que podrían complicar aún más su escenario personal. Pero es imposible evaluar intenciones y si lo pensamos mejor, ese momento del programa no es lo más relevante, no es de lo que debemos hablar hoy. Si bien es un momento tenso, con un Hamilton que interpela a Eichholz de manera impecable respecto de la necesidad de mostrar la verdad, creo que más valioso periodísticamente hablando habría sido que, al menos, uno de los panelistas del programa hubiera sido capaz de lanzar una de las preguntas necesarias, aunque incómodas. Saber más de las situaciones que Hamilton revela dentro del colegio Verbo Divino, precisar en las acusaciones contra el círculo cercano de Karadima, ir más allá en la acusación que Hamilton desliza contra la familia Matte, indagar en aquella escala moral trastocada que Karadima y su círculo trabajaron sobre sus víctimas, entender ese modus operandi que recién a los 39 años y  a su pesar, Hamilton reconoció como algo perverso; cómo trabajaron su mente, cómo enfrentó él mismo su propia vida familiar y sobre todo, matrimonial al estar en una situación tan difícil como ésa. Y así, tantas preguntas más.

Siempre es un buen ejercicio ponerse en los zapatos del otro, empatizar, como se dice. Anoche, el invitado a “Tolerancia Cero” era un tremendo invitado: medido, con ideas claras y articuladas, con una historia oscura que todos conocemos y que por lo mismo, le arrebata a él una porción de la intimidad que es tan importante proteger para superar eventos tan traumáticos como el suyo. Sin embargo, la sensación que me queda es que los dueños de casa estaban igual o más impactados que nosotros, el público, y que más allá de la actitud displicente (¿solidaria?) de Eichholz faltaron preguntas, de las incómodas y también de aquellas que son claves para entrar en el entrevistado y romper su cáscara. Hamilton estaba lo suficientemente empoderado y seguro como para haberlas respondido. Y ya está bueno que los periodistas dejemos de andar pisando huevos cuando se trata de incomodar al poder o estar en sintonía con lo que complace al público, como si al hacer una pregunta que pueda sonar “poco amable” o “poco cool”, tuviéramos la obligación de pedir perdón. Sabemos que cuesta e imaginamos lo difícil que debió haber sido reaccionar bien en el panel de “Tolerancia Cero”, pero el periodismo siempre debería hacer el intento de guardar distancia profesional respecto del público, del entrevistado y como ya sabemos, de los propios intereses, porque de esa manera será posible hacer todas las preguntas que deben estar sobre la mesa.

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