Entrevistas

Carlos Tromben: “Sería útil que un medio hiciese periodismo económico al alcance de todos los lectores”

Por ~ Publicado el 2 agosto 2016

El exdirector de América Economía y actual conductor de radio Futuro debuta en la investigación periodística con “Crónica secreta de la economía chilena” (Ediciones B, 2016), donde reconstruye treinta años de privatizaciones, formaciones de grupos económicos y el ascenso de personajes como Sebastián Piñera. “Encontré entrevistas a Jaime Orpis declarando que el Congreso necesitaba más transparencia en sus gastos y financiamientos de campañas”, adelanta. Esta es una conversación sobre nuestro pasado y presente, sobre los blindajes de la prensa y sobre los vicios del periodismo económico.

Carlos Tromben. Foto de Amaia Diez, gentileza de Ediciones B.

Carlos Tromben. Foto de Amaia Diez, gentileza de Ediciones B.

En un café de Providencia, a las cinco de la tarde, Carlos Tromben se ríe de un meme. En la imagen aparecen tres sonrientes integrantes de la familia Piñera Echeñique, quizás los más conocidos por la opinión pública y que usted ya debe imaginar quiénes son. “Lo que Miguel le ha hecho a la música, José se lo hizo a la economía y Sebastián se lo hizo a la política”, se lee con letras amarillas en un fondo negro. Sin embargo, y como jugando al suspenso, la risa viene acompañada de un silencio. No hay evaluación gráfica ni conceptual del chiste, tampoco comentarios sobre los aludidos. Al parecer la respuesta está en el libro.

Luego de su paso por la ficción con “Poderes fácticos” y “Huáscar”, “Crónica secreta de la economía chilena” es su estreno en la investigación periodística. Además de centrarse en los Piñera, con un claro énfasis en el expresidente de Chile, Tromben abordó la privatización de gran parte de las empresas del Estado chileno entre 1974 y 1994. El grupo Cruzat Larraín y Penta completan los focos de esta historia que le tomó más de un año.

Admite que durante la investigación su escritorio era un despelote y que su esposa lo odiaba por ello. Que la complejidad del tema lo obligó a hacer mapas y a siempre conectar su notebook a una pantalla más grande. Para Tromben, el olvido es un tema importante y uno de los motivos por los que escribe este libro. “Es parte de la psiquis humana y, además de una individual, cumple una función social. En ese sentido, el rol de los periodistas hinchapelotas es recordarle al personaje que éste era él hace unos años”, declara para poner un ejemplo. “¿Quién era Sebastián Piñera para sus subalternos? Un vendedor de tarjetas de crédito. Y fue Presidente de Chile”, sonríe.

Las primeras luces comenzaron ahí, en archivos, buscando a estos personajes y sus posturas de hace 30 años. “Eran menos pillos que ahora”, se ríe como si volviera a ver el meme.

—¿Fue chocante?
Sí. Encontré entrevistas a Jaime Orpis declarando que el Congreso necesitaba más transparencia en sus gastos y financiamientos de campañas. De esas inconsistencias salían cosas interesantes. Como qué hacían, con quién estaban y qué caminos tenían. Por eso uno debe tener cuidado con lo que dice o se compromete a decir: porque el tiempo pasa.

ROMPER LOS PACTOS DE SILENCIO

Carlos Tromben aclara que es una crónica “secreta” porque sus protagonistas ocultaron los sucesos. “No porque sean delitos: simplemente porque no se ven bien”, explica. “Si pinchas ‘Nuestra historia’ en la web de un empresa importante, ten por seguro que no es su historia. Es una inventada, un relato construido”.

Por eso todo parte en el sitio donde, por excelencia, se combate el olvido: la Biblioteca Nacional. Admite que era el lugar más lógico para empezar, aunque no lo ve igual en algunos de sus colegas. “Hay periodistas que se quejan por la lata que es ver diarios antiguos. Pero tu entrevistado puede meterte el dedo en la boca y, aún chequeando con otra [fuente], es difícil llegar a un consenso. Ahí deberían preguntarse, ¿qué dice el archivo?”.

Responde a su pregunta nombrando medios e instituciones que considera un paso obligado en este tipo de investigaciones. “Diarios de época, Conservador de Bienes Raíces, el Diario Oficial, Dicom-Equifax y la Superintendencia de Valores y Seguros”, enumera con los dedos. Un año y cuatro meses le tomó todo, la documentación y la escritura.

—¿Cómo logras que un tema con tanto dato e historias se lea con fluidez?
No fue fácil. Traté que fuese una investigación narrativa porque las que hay, que son buenas, son bien duras. Vengo del periodismo económico y de la ficción, por lo que hice una combinación fidedigna a los hechos para que el lector comprendiera aspectos macroeconómicos y financieros. Así, entiende los complejos engranajes que escondieron la verdadera propiedad de las empresas y sus vínculos. Tuve mucha ayuda de mis editores, que varias veces me pararon los carros porque no entendían nada.

—La clave fue la colaboración.
Claro. Por la complejidad de los temas en el periodismo no hay espacio para El llanero solitario.

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RECIPROCIDAD

—Admites que gran parte de tus fuentes son personajes secundarios de esta pirámide del poder. Personas que conocieron a los personajes o que trabajaron en sus empresas. ¿Crees que por ellos también pasan las buenas historias?
Sí, porque la máxima cabeza del relato tiene intereses creados. Su narración y espacios de olvido, voluntarios e involuntarios. En cambio, el funcionario medio es el que vio todo.

—¿Tenían temor por hablar? 
No, se soltaban. Muchos de ellos están jubilados, viviendo tranquilos y sin la necesidad de ocultar algo porque no tienen figuración pública. Son buenas fuentes porque no forman parte de una estructura de poder. Además, yo no temo a represalias ni que me pase algo. Claramente no trabajaré en ciertos medios, lo que no me preocupa.

—¿A qué te refieres con llamar a Chile “El País que Olvidamos?
Es un dispositivo de distanciamiento. Cuando el chileno está choreado dice “en este país”, lo que es una manera, mala onda, de distanciarse. Es decir que no tengo responsabilidad en cómo es Chile y que soy víctima de su estructura de poder.

—¿Y qué piensas de eso?
Me desagrada esa actitud. Todos somos responsables. Por eso generé este dispositivo donde, en la misma lógica, están el “Director Supremo”, “Presidente Socialista” y “joven Piñera”. El lector debe hacer una operación doble llenando ese espacio con contenido, porque cuando lee Pinochet o Allende viene de primera mano. En cambio, aquí hay otra operación que permite otros aspectos del personaje.

—¿Y qué pasó con Chile?
“El País que Olvidamos” es el Chile que borramos. Eres más joven, pero los de mi edad olvidamos de donde veníamos. Un país precario, muy pobre y violento no por el lumazo del paco, sino que por sus disparos. La clase media pasaba pellejería. También hemos olvidado lo que avanzamos. Que hoy nuestra insatisfacción no tiene que ver con que estemos mal.

—¿Con qué tiene que ver?
Con que nos generaron expectativas extraordinariamente altas, como ser OCDE. La generación autocomplaciente de la Concertación y la derecha dijeron que seríamos desarrollados en 2010. Claro, si nos comparamos con el 86 lo somos. Pero no estamos al nivel de Noruega como quisieron que creyéramos.

—Tras la publicación del libro, ¿te contactó alguna de las personas aludidas?
No. Supe que uno de los principales personajes está preocupado y reclamando por qué me dieron entrevistas. Sí me han contactado personas nuevas que trabajan en las empresas con ganas de contar su experiencia. Eso es saludable porque se rompen pactos de silencio, apareciendo manipulaciones y manejos poco claros.

—Reconstruyes la historia de empresas estatales que se privatizaron y un modelo económico que prevalece, entre 1974 y 1994. Pero si pudieses continuar con la historia hasta el 2016, ¿cómo sería?
Se complejiza. El núcleo de investigación es chico en los 80: pocas empresas y ejecutivos. Aún lo es, siendo endogámico principalmente por la Universidad Católica, pero hay más empresas. Eso trae más operaciones bursátiles y mayor complejidad para seguirlos.

—¿Cómo Sebastián Piñera, que estuvo prófugo de la justicia mientras se le buscaba por la quiebra del Banco de Talca, llega a ser Presidente de Chile?
Porque Chile cambió, como decían algunos. Por una parte, hay un porcentaje de la ciudadanía que valora el individualismo. A muchos les hace sentido esa ética del winner, del todo vale. Por otro lado, hay quienes abominan el enriquecimiento individual y son solidarios y colaborativos. Esos dos valores chocan. ¿Por qué la gente no rechazó eso en Piñera? Porque al frente tenía un candidato débil y poco convocante, bajo la Concertación que estaba al final de su vida útil. Había una renovación deseada del Ejecutivo y Piñera encarnaba eso, blindado comunicacionalmente de manera abierta por la prensa escrita.

—¿Los medios tuvieron incidencia?
Sí. Los medios escritos lo protegen. La radio no y los medios digitales menos. Pero la prensa tradicional lo protege.

—¿Y por qué?
Entre periodistas lo sabemos. Si eres un hombre poderoso que le da exclusivas a un medio, y ese publica a un tipo contrario a ti, ¿qué haces?

—Busco otro. 
Claro. No le das más exclusivas. El poderoso siempre hace ese juego, no sólo Piñera. Te doy para que no me des. Reciprocidad.

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MIOPÍA

—En el libro aseguras que “Estrategia y El Mercurio son dos caras de la misma moneda y entre los dos se produce un interesante diálogo sobre lo que se puede decir y lo que no, lo visible y lo que se puede enunciar en el País que Olvidamos”. ¿Qué pasó con Revista Qué Pasa, Diario Financiero, etc.?
Qué Pasa estaba como la derecha liberal que se permitía ciertas críticas al gobierno, mostrando las inconsistencias de la política oficial de la dictadura, pero siempre hablando del terrorismo de los marxistas y la cuestión. El Diario Financiero nació el 88, al final del periodo.

—¿Por qué tanta importancia a Estrategia?
Los lectores y columnistas de Estrategia parecían del viejo empresariado chileno. Derechista, anti-Chicago, incluso estatista, porque nacieron bajo el alero del Estado. Eran empresarios viejos que tenían una seria desconfianza con las recetas de Chicago, porque se exponían a la competencia de otras partes, como la de China. Mientras que el que seguía a El Mercurio era mucho más financiero, cuico. Más Pepe Pato o Cuesco Cabrera.

—¿Y los medios de oposición?
Estaban centrados en lo político, por lo que lo económico era para sus columnistas. Después muchos de ellos fueron ministros de la Concertación, como Tironi, Aninat o Foxley.

—¿Cuánto confías en el periodismo nacional?
Hay que hacer una distinción. Los medios tradicionales tienen compromisos políticos y económicos con sus avisadores. A pesar de que el periodismo nacional es parcial, sesgado, que oculta y visibiliza cosas, un lector avezado y astuto puede detectar las inconsistencias. Incluso, El Mercurio ochentero las permitía porque daba espacio a la oposición, como poner la propuesta económica de la Asamblea del Acuerdo Nacional. Había un doble juego pero también manipulaciones aberrantes, como poner a un viejo matándose de la risa y la noticia de que fueron sobreseídos todos los casos de Derechos Humanos.

—¿Y confías en el periodismo económico?
Sí, pero es sesgado. Los medios económicos me llaman la atención por lo caricaturescamente derechistas que son sus columnistas. Parecen del año 76. No entiendo esa lógica, cuando el empresariado debe renovarse urgentemente porque está cuestionado. Los medios hacen su pega estando sometidos a una serie de restricciones como lo que te dije de los avisadores. Les cuesta publicar una multa de Latam porque es un avisador cototo. Otro ejemplo: en el libro está la privatización de LAN, donde en su última etapa intervino Piñera como senador en ejercicio. Los medios, casi en el último renglón de sus artículos, ponían que el 24% quedó en manos de dos sociedades vinculadas a él. No me jodan. Esa vez Piñera compró LAN y eso hoy sería titular. Incluso saldría en los medios que somos proclives a criticar, porque no lo podrían ocultar.

—Hay quienes ven el periodismo como elitista y al económico como su máxima expresión. ¿Lo ves así?
Sí, es una pena. Sería útil que un medio hiciese un periodismo económico realmente al alcance de todos los lectores. Que explicara de manera didáctica lo que pasa con los mercados financieros, las AFP, el desempleo, etc. Es necesario para tener una opinión informada al respecto.

—¿Para qué sirve el periodismo económico?
Es un periodismo que está al servicio del mundo financiero y sus intereses, y no lo digo en sentido negativo o conspirativo. Tiene un pequeño círculo de lectoría, lo que es un problema ya que sólo satisface los intereses comunicacionales e informativos de ese grupo. Falta lo que te decía, que nos expliquen con peras y manzanas. ¿Por qué son tan bajas las pensiones? El periodismo económico da por supuesto que tú sabes, lo que no es tal.

—¿Cómo viste la cobertura que dieron los medios a la marcha contra las AFP?
Fue interesante. El Mostrador fue el único que el mismo día sacó una nota y TVN el único canal que transmitió. Otros, incluso los económicos, no lo tuvieron. Sin embargo, en los días posteriores no se han dedicado a otra cosa que referirse a la marcha. Sobre un hecho que no cubrieron, lo que es una vergüenza. Referirse a algo que trataste de invisibilizar.

—¿Qué demuestra eso?
Miopía total y que lo político se impone. Yo como medio gano en reputación y credibilidad si abordo todos los temas, sobre todo si son de tal importancia como las AFP. A partir de los 80 se impuso la visión tecnocrática de la economía por sobre la política. Hoy nos pasamos al otro extremo, poniéndonos al servicio de objetivos para hacerlos viables.

—¿Existe la independencia en el periodismo económico? Pensando que muchos medios de comunicación pertenecen a grupos de poder.
Es bastante reducida por el rol de los anunciantes. Mientras más chico el país, más difícil la independencia. La economía gringa es tan grande que si se le cae un avisador a “Wall Street Journal”, un medio completamente neoliberal, habrá otro. Por eso cubren los escándalos de información privilegiada. Nosotros tenemos lo contrario. Aún tenemos el cliché, la pregunta retórica y el título con porcentaje ridículo. Estas prácticas no aportan.

—¿Y dónde está lo que sí aporta?
En los libros, las plataformas de investigación y los medios online. Diría que El Mostrador es el más libre y confiable de todos porque aborda lo económico con bastante apertura. Los medios tradicionales están obligados a replantearse porque están perdiendo avisaje, lectoría e ingresos. Por eso, ya no pueden poner cosas como las dos sociedades de Piñera. Eso debe ir en el titular o si no quedan como tontos. Pero, aun así, tratan de hacerlo.

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Crónica secreta de la economía chilena
Carlos Tromben
Ediciones B
2016

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