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Uniformados evangélicos: El lento camino de la igualdad religiosa

Por ~ Publicado el 23 octubre 2009

Si bien las Fuerzas Armadas se han identificado históricamente con el catolicismo, según el Censo del 2002 uno de cada cuatro integrantes del Ejército profesa un credo protestante. Por años, sin embargo, debieron celebrar su culto semi clandestinamente hasta que en 2008 se estableció un reglamento que ordenó la instalación de capellanías evangélicas. Fabián Escobar, estudiante de cuarto año, investigó el devenir de la igualdad religiosa en el mundo castrense y policial.

Soldados

Las Fuerzas Armadas históricamente se han identificado con la doctrina de la Iglesia Católica. Sin embargo, las ramas castrenses no quedan al margen del fuerte crecimiento del protestantismo en Chile que, según el Censo del año 2002, alcanza el 15,1% de la población y 25 % al interior del Ejército.

Por años uniformados pentecostales, metodistas, bautistas y de otras fraternidades tuvieron que conformarse con una semi clandestinidad para celebrar sus cultos dentro de las Fuerzas Armadas. Su fe podía ser manifestada única y exclusivamente si el superior al mando así lo autorizaba. Pero en 2008 se estableció un reglamento que ordenaba la instauración de capellanías evangélicas que vendrían a reivindicar el credo protestante en las Fuerzas Armadas

Un punto de inflexión tuvo que ver con la tragedia de Antuco: más de la mitad de los soldados fallecidos eran evangélicos y no pudieron recibir la bendición de esa religión.

SIN VACILAR MARCHAR

La historia del Suboficial (R) de Ejército Patricio Godoy es comparable con la del apóstol Pablo –aquel personaje bíblico que como soldado romano persiguió y mató a cristianos y que al final de sus días terminó convertido–,  ya que pasó del ateísmo extremo a la más profunda devoción cristiana.

En su adolescencia perteneció al partido Comunista y a la Brigada Ramona Parra. Con la intención de aumentar su destreza con las armas, decidió ingresar al Servicio Militar. Corría el marzo de 1973 y las tensiones políticas en Chile estaban desatadas. Sin embargo, no sólo cambiaría el contexto social en el país, sino también la vida del entonces conscripto. El destino le tenía guardada la más grande de las contradicciones.

La disciplina militar lo cautivó de tal manera que ni Karl Marx podría haberlo convencido de volver a sus antiguas andanzas. Menos aún cuando una noche durante una guardia de rutina en la Fábrica de Maestranza del Ejército (Famae) conoció a un pequeño grupo de civiles y militares que se juntaban a escondidas, entre las chatarras y escombros, para cantar, orar y adorar a Dios. Eran uniformados evangélicos que clandestinamente expresaban su fe, ya que la autoridad no veía con buenos ojos a las personas que no pertenecían a la religión católica.

“Los canutos éramos mirados en menos en el Ejército ya que encontraban que ser evangélico era sinónimo de ignorante. Constantemente nos pasaban a llevar”, dice Godoy. “En ocasiones llegaba el capellán católico y nos reunían a todos para hacer la primera comunión o rendir culto a la virgen. Pero cuando nosotros decíamos que no éramos católicos y que no creíamos en esas tradiciones, con mayor razón nos elegían para hacer guardia a la virgen”. Hoy el suboficial retirado es pastor de la Iglesia “Rostros Erguidos” en la comuna de Recoleta.

Eran días en que ser evangélico en el ejército acarreaba discriminación; y muchas veces expresar libremente esa fe podía generar conflictos.

“Un año tuve que hacer la instrucción militar a un batallón que era en su mayoría evangélico. Pero cuando hacíamos la formación para desfilar, cantábamos himnos cristianos con sones militares:

Sin vacilar marchar, soldados de Jesús
Ir por la cruz luchar, armados de virtud

Un coronel se asoma a la ventana y me dice: ‘Godoy, el ejército no canta esas huevadas canutas’. Y a pesar de que cantar me hacía sentir una gran alegría en el corazón, después debía recibir el reto por incumplimientos de mi labor militar”, rememora el ex militar, que pasó a retiro en el año 2000.

El suboficial dice que cuando no se contaba con la autorización de los mandos para realizar una reunión evangélica, se usaban otras alternativas que, de ser descubiertas, podían ser motivo de grandes castigos. “El mejor lugar para predicar eran las guardias. Mientras un batallón vigilaba, el resto de soldados escuchaba como yo les leía la Biblia”, comenta Godoy, que en su pequeña oficina mantiene condecoraciones al mérito militar y pequeños libros de la historia pentecostal en Latinoamérica.

“Los canutos éramos mirados en menos en el Ejército ya que encontraban que ser evangélico era sinónimo de ignorante. Constantemente nos pasaban a llevar”, comenta Patricio Godoy.

Cuando en octubre 1999 se promulgó la ley N° 19.638 de igualdad religiosa, aquella que garantizaba a las personas desarrollar y practicar –en público o en privado– libremente cualquier culto y no ser discriminadas por ello, se pensó que al fin las Fuerzas Armadas reconocerían de forma legal el derecho de sus integrantes a celebrar reuniones religiosas evangélicas. Sin embargo, para que la ley se hiciera realidad tuvo que pasar casi una década.

En septiembre del año pasado la presidenta Michelle Bachelet ordenó a las Fuerzas Armadas y de Orden reglamentar la incorporación de capellanes nacionales evangélicos que organizaran un sistema de apoyo pastoral para todos aquellos uniformados que profesaran una fe distinta a la católica.

En el reglamento queda establecido que el personal de las FF.AA. es libre de profesar cualquier religión, independiente del sexo, rango y condición social, siempre y cuando sus enseñanzas no se contrapongan al concepto de la patria y la jerarquía militar. También queda a responsabilidad de cada institución la habilitación de espacios físicos para el correcto ejercicio de la actividad religiosa.

El doctor Jorge Cárdenas de alguna forma es la encarnación del reconocimiento militar a las religiones protestantes. Siquiatra de profesión y pastor de la Iglesia Presbiteriana, es el primer capellán nacional evangélico en la historia del Ejército. No ha sido fácil la tarea ya, que en 10 meses ha tenido que armar toda una estructura que le permita ser en nexo entre la institución y los grupos protestantes uniformados activos y en retiro.

Para el doctor Cárdenas el nombramiento de capellanes evangélicos obedece a una necesidad del país por saldar una deuda histórica con el mundo protestante. “Si Chile quiere jugar en las grandes ligas, lo que tiene que hacer es mejorar las cifras sociales y dejar de aparecer en los reportes de las Naciones Unidas como un país con discriminación religiosa al interior de las Fuerzas Armas, ya que sólo había libertad para los católicos y no para los evangélicos”, reflexiona el capellán, quien reconoce que su trabajo es lento.

La primera gran tarea para el Ejército es reunir a distintos capellanes que se hagan cargo de unidades específicas. Estos deben ser uniformados en retiro que profesen alguna religión y que pertenezcan a una iglesia en calidad de pastor. Además deben tener estudios teológicos. No cualquier persona puede llegar a ser la máxima autoridad evangélica en las Fuerzas Armadas ya que, a pesar de lo religioso del tema, los mandos siempre deben respetarse.

Entre las complicaciones que ha enfrentado el capellán evangélico del Ejército está la relación con el Obispado Castrense Católico. Estos últimos han estado desde siempre al mando de la espiritualidad de los soldados, por lo que la llegada de este vecino nuevo y el desconocimiento de la doctrina de la religión evangélica han mantenido la relación entre ambos credos con luces y sombras. “El vínculo con la Iglesia Católica se expresa a través de personas y las relaciones con personas son diversas. He tenido relaciones buenas y malas. Tengo la sensación de que ellos tienen un sentimiento por tener la patente. Es un fenómeno histórico, que es parte por estar casi 500 años en el Ejército y ver que de repente llega otro integrante y no sabes cuáles son sus costumbres. Pero para mantener una armonía debe haber un entendimiento entre ambas iglesias. Nosotros como vecinos nuevos no debemos pasar a llevar el orden que ha mantenido la Iglesia Católica en este tiempo y ellos deben aprender a conocernos en toda nuestra diversidad”, sentencia el capellán, quien además es el jefe de la unidad de Salud mental del Hospital Militar.

Otro inconveniente para el doctor Cárdenas tiene que ver con la destinación de recursos para su misión. En su búsqueda por nuevos capellanes ha tenido que recorrer varias ciudades del país, pero aún no está reglamentado que esa actividad sea parte del Ejército, por lo que los gastos de los pasajes y estadía son costeados por él mismo. Como no forma parte del personal de planta del Ejército –ya que su sueldo es a honorarios–, cualquier gasto que pueda tener no es cubierto por la institución. “Es una materia en la que aún se debe legislar. Es un proceso lento, pero existe la voluntad del mando para hacerlo. No se puede pretender cambiar la historia de un día para otro, si la ley se demoró 10 años en cumplirse, es obvio que la adecuación del Ejército será más lenta”, finaliza el doctor.

EL EJEMPLO POLICIAL

Si bien las Fuerzas Armadas demoraron una década en reconocer el derecho por ley de sus funcionarios a manifestar su religión, las Fuerzas de Orden y Seguridad (Carabineros e Investigaciones) llevan más camino recorrido en materias de diversidad religiosa.

Carabineros tiene su propia iglesia evangélica, la IGECAR, fundada a mediados de los sesenta y que cuenta con su sede central en Santiago Centro –un galpón con todas las comodidades para realizar el culto que tiene capacidad para 300 personas– y varias matrices en todo Chile.

El primer capellán evangélico nombrado en una institución de seguridad fue David Muñoz. Este pastor Bautista está hace ocho años a cargo de la misión cristiana en la Policía de Investigaciones. En esta institución un 25% del personal profesa la religión evangélica activamente. “En las fuerzas de orden y seguridad los funcionarios que dicen ser evangélicos son militantes de verdad. Participan en su Iglesia, van a los cultos. Cuando hablamos de 25 % es un porcentaje que de verdad participa en la religión. No como los católicos, que dicen profesar la religión pero que nunca van a misa”, sentencia el pastor que viste una chaqueta con el logo en el pecho de la PDI y que sólo su cuello clerical lo diferencia del resto de los detectives.

“SI ALGUNO DE MIS CAMARADAS LES HIZO DAÑO, LES PIDO PERDÓN

El suboficial Godoy recuerda que tanta fue su locura cuando conoció la religión que quería gritárselo al mundo entero. “Una noche fuimos a hacer una intervención en La Victoria, en pleno gobierno militar, y en medio de la calle me puse a predicar. Con uniforme y fusil en mano les pedía perdón a los vecinos por si algún militar había cometido un acto impropio en contra de alguno de ellos”, recuerda el pastor. “Gracias al amor de Dios hoy puedo dormir tranquilo, ya que en esos años ví cosas terribles, pero al igual que el nombre de mi Iglesia hoy puedo vivir con el rostro erguido”.

Patricio Godoy postula hoy como capellán en el Regimiento Buin. Por todo lo que le ha tocado vivir en el Ejército, se considera una persona más que capacitada para estar en el cargo. Comenta que ser evangélico es una característica que se funda en la disciplina, el orden y la obediencia y que un se diferencia en su forma de actuar a un católico. Pero reconoce que aún la institución está al debe en materia de libertad religiosa. “He predicado en algunos regimientos y me he dado cuenta que aun faltan muchas cosas por hacer, especialmente en tema de infraestructura. No puede se que todavía las iglesias evangélicas no tengan un lugar establecidos donde hacer un culto, a diferencia de los católicos, que tienen todas las comodidades. Sólo por dar un ejemplo: en el nuevo Hospital Militar hay una sola iglesia y es Católica. Esas cosas son las que hay que cambiar”.

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