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Opinión

La crisis de los grandes prescriptores

Por ~ Publicado el 9 noviembre 2016

La victoria de Trump es un castigo al establishment de Washington, pero también una señal de alerta a los medios de comunicación. Su influencia ante los ciudadanos es menguante ante unos medios sociales que supuestamente nos mantienen más conectados pero en los que también se convierten en ‘cámaras de eco’ reafirmando nuestras opiniones y la de los que piensan como nosotros.

Ilustración de Donkey Hotey.

Ilustración de Donkey Hotey.

El politólogo Francis Fukuyama vaticinó en 1989 que la caída del muro de Berlín significaba el fin de la Historia. Se acababa el comunismo, la Guerra Fría y la confrontación bilateral. La noche electoral nos deja un panorama en el que podemos tener la tentación de pensar que estamos en otro momento en el que la historia ha acabado. Empieza un época de incertidumbres a nivel político pero también a nivel de los medios de comunicación. Se abre un periodo de reflexión para los medios. Primero porque su papel como grandes prescriptores queda en entredicho. Los principales medios de comunicación de Estados Unidos han apoyado abiertamente a Hillary Clinton en sus editoriales y el apoyo de la ciudadanía ha ido en sentido contrario. Por otro lado, los medios vaticinaban una victoria de la demócrata en una batalla final apretada que no ha sido así.

La prensa como cuarto poder queda más debilitada que nunca. La credibilidad de los medios de comunicación arrastrados por un modelo monopolizado por los modelos estadísticos y las encuestas queda tocado. Fallaron las previsiones con el Brexit, con el referéndum de Colombia y con las últimas elecciones estadounidenses.

Es la crisis de los medios de comunicación como grandes prescriptores.

La comunicación política de Donald Trump, directa y con mensajes cortos va en consonancia con el lenguaje directo y en tiempo real de las redes sociales. Sólo esta noche se han compartido 40 millones de tuits relacionados con la noche electoral, según cifras de Twitter. Éxito de una red social en… ¿crisis?

La victoria de Trump es un castigo al establishment de Washington, pero también una señal de alerta a los medios de comunicación. Su influencia ante los ciudadanos es menguante ante unos medios sociales que supuestamente nos mantienen más conectados pero en los que también se convierten en ‘cámaras de eco’ reafirmando nuestras opiniones y la de los que piensan como nosotros. Es la cara oculta de redes sociales como Twitter o Facebook en las que la verdad ya no es tan importante como ‘nuestras verdades’.

Es la hora para que los grandes medios entiendan que su papel no debería ser el de competir como máquinas de ‘likes’ sino el de volver a ser útiles para los ciudadanos, en la curación y la verificación de contenidos, así como en la distribución de servicios.

Fukuyama se equivocó y ahora, en tiempos del ‘trumpismo’, es un gran momento para ejercer el periodismo y para recuperar el liderazgo en la prescripción.


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