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Antonia Saelzer, ciclista trans y su vuelta al circuito: “No quería vivir las carreras como hombre”

Por ~ Publicado el 11 noviembre 2022

 

En 2019 y tras la pausa de dos años que tomó para llevar a cabo su transición, Antonia Saelzer volvió a las pistas del mountain bike chileno para volver a competir, esta vez como mujer transgénero. Si bien cuenta en esta entrevista que no ha tenido mayor conflicto para volver con su nueva identidad a un circuito de ya se había hecho un nombre, e incluso ha ganado competencias en categorías femeninas, hoy se enfrenta al desafío de ser reconocida oficialmente la por la Federación Nacional de Ciclismo como deportista trans.    


A Antonia Saelzer King (33), una de las primeras ciclistas de montaña transgénero de Chile, los hijos de su polola le dicen Mimí. Desde temprana edad presentó admiración por las ruedas y la bicicleta, pedaleando por los cerros de su barrio en Concepción. Aunque estudió diseño industrial en la Universidad del Bío Bío, el ciclismo se convirtió en su verdadera pasión.

Desde pequeña practicando atletismo, Antonia siempre manifestó interés y cercanía hacia los deportes en general. Pero fueron las bicicletas las que la harían resaltar. Compitió en 2006, 2007 y 2008 en carreras nacionales como la Copa Chile, donde ya demostraba sus dotes para la disciplina. Pero entonces, lo hacía como Matías, su vieja identidad masculina.

Fue con ese nombre que se hizo conocida en las pistas, como competidor en la categoría de hombres y como un hábil mecánico de bicicletas. Era, en esa última de sus habilidades, de los mejores del sur del país. En 2013, aún siendo Matías, fue reconocida por el diario El Sur como uno de los Líderes del Sur por su trabajo en el diseño y confección de elementos y componentes para el ciclismo deportivo. Su sueño en esa época era tener su propio taller. Hoy ya lo tiene.

Cinco años después, en 2017, cuando tenía 28, se fracturó la muñeca y se retiró un tiempo de las pistas. Fue entonces que también aprovechó de dar el salto y asumir su propia y compleja decisión de afrontar su transición para dejar por fin de ser Matías y empezar a sentir y ser abiertamente como Antonia, su verdadera identidad como mujer transgénero.

Se sometió a una cirugía de reasignación de género y pudo cambiarse el nombre legalmente. Y ya con ese nombre retornó a las competencias, ahora en la categoría femenina: en 2019 obtuvo la medalla de bronce en la categoría Damas Open en un campeonato de mountain bike organizado por el Banco Bice en San Pedro de La Paz. Y en octubre de este año, logró en la categoría femenina el primer lugar en la segunda fecha del Angol Racing Cup.

¿Su nuevo desafío? Ser reconocida como deportista transgénero por la Federación Nacional de Ciclismo.

“Si bien me encanta el diseño, mi vida ha girado en torno a las bicis durante muchos años y querer vivir de ellas en algún momento se volvió interesante. Y mi facilidad para la mecánica hizo obvia la decisión”, dice en esta entrevista con Puroperiodismo, en la que cuenta los cambios que experimentó como persona y deportista, condicionando su carrera y evolución en el ciclismo de montaña y enfrentando los nuevos desafíos frente a la sociedad como deportista trans. 

Antonia Saelzer, haciendo Mountain bike enduro.

Antonia Saelzer, haciendo Mountain bike enduro.

 

La marcha blanca

–En 2017 hiciste un alto en tu carrera en el mountain bike. ¿Por qué?

A los 28 años decidí hacer mi transición y, evidentemente, dejé de competir. Al mundo antes no le importaba porque no sabía nada de lo que pasaba dentro de mí, pero empecé a tener más presente el tema trans y dejé de correr. Carreras chicas sí, pero nada en relación a lo que llevaba haciendo. Empecé a andar en privado, se podría decir. ¿Por qué? Porque no quería vivir las carreras como hombre.

–Después de tantos años y haberte hecho un nombre como Matías en el circuito, ¿cómo fue volver a competir como Antonia?

Llevaba un poco tiempo viviendo como Anto y una amiga que organizaba un campeonato de enduro me invitó. Como era algo muy local, el reglamento fue desarrollado para que pudiese correr en mi categoría actual. Le pedimos la opinión a las otras chicas y me lancé. Debo decir que volver a competir me parecía difícil y no lo veía a corto plazo, en parte por el miedo social y, por otro lado, por cierto desconocimiento de los procesos. Era como la marcha blanca.

–¿Cómo fue sobrellevar tus cambios con lo que vivías?

Lo que pasa es que pasaron muchas cosas juntas. El “Guga” Ortiz [entonces campeón nacional de enduro y descenso] tuvo un accidente feo que lo dejó en silla de ruedas. Yo solía entrenar con él en las carreras. Eso, sumado a mi fractura de muñeca que me dejó sin ir a trabajar ni poder andar en bici, y otras cosas más personales… Entonces, obvio te dan vueltas mil cosas en la cabeza. Y de eso salió la decisión de iniciar mi transición. En el fondo, me hizo pensar que si no hacía nada por mí al tiro, iba a vivir siempre con algo que me carcomía por dentro.

–¿Qué viene en el futuro para Antonia?

Tengo 33 años y claramente no hice una carrera deportiva en elite o categorías grandes, pero hay una posibilidad de correr un mundial master, que es sobre 35 años. Mi idea es preparar el camino para poder correr sin tener conflictos, porque igual es súper pesado llegar a una carrera y tener conflicto social o de cualquier tipo por ser transgénero. Me encantaría lograrlo como una meta personal y competir internacionalmente. La presión es más grande, lo que quiere cada uno de los competidores a nivel internacional lo hace mucho más intenso, entonces, la competencia se vuelve mucho más grande, lo que obviamente lo hace más difícil. Es mucho más fácil que te reclamen o que te analicen socialmente.

Antonia Saelzer, segunda fecha de Angol Racing Cup, primer lugar 1° octubre de 2022).

Antonia Saelzer, segunda fecha de Angol Racing Cup, primer lugar 1° octubre de 2022).

El entorno y Antonia

–¿De qué manera te ha apoyado tu núcleo familiar en todo este proceso?

La pandemia lo que hizo fue hacer una pausa para ordenar. Mi medio, mi mundo que conozco, lo tomó bien. Ha sido un trabajo de evidenciar y educar, basándome en mil cosas que he investigado y comparado con mi propia experiencia para generar una opinión lo más objetiva posible.

–¿Y la Federación Nacional de Ciclismo? ¿En qué está tu proceso para ser reconocida oficialmente como deportistas trans?

Por lo de federarme, yo estaba en conversaciones que iban algo lentas. Un día apareció el periodista Roberto Cox y se metió en todos lados, y entonces todo se aceleró por presión mediática, más que nada. La posición de la federación debiese ser que hay que cumplir el reglamento y, evidentemente, es lento el proceso, pero la disposición siempre está. Es un lata hacerse mediciones de testosterona cada tres o seis meses, pero si el reglamento lo dice, hay que hacerle caso. Se hace rápido: te piden un montón de información médica y exámenes, lo que les permite determinar si cumple con el reglamento, que son dos años con niveles de testosterona específicos. Eso pasa por una comisión médica, se aprueba y te dan la licencia.

–¿Qué opinión crees que tienen las demás ciclistas con respecto a competir con mujeres transgénero?

En el fondo, socialmente se ve más que gano porque soy trans que porque tengo experiencia muy por encima a las otras chicas, pero el verano pasado nos midieron en un evento Redbull y resulté ser de las competidoras menos fuertes en cuanto a capacidad física. Si bien no fue nada extenso, deja claro el punto de que no existe una ventaja física por ser trans.

–¿Crees que las autoridades deberían encargarse de los actos discriminatorios?

Lo que debería asegurar la federación o el ente fiscalizador, es que no haya discriminación si es que todos los puntos del reglamento se cumplen. Si llegas al punto de tener licencia, no deberías tener problemas en las carreras, ni conflictos ni nada. En lo personal, no he tenido mayor conflicto, pero tengo entendido que hay otras chicas que son ruteras sí los han tenido.

–¿Consideras que el deporte chileno está al debe con las deportistas trans?

El deporte chileno está al debe en bastante más cosas que solo con las deportistas trans. El avance no es fácil: requiere cierta fortaleza personal pasar por la lupa del mundo de la sociedad, te vuelves un poco como el centro de atracción, entonces, es complejo.

 

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