La fuerza de la memoria en la abandonada Venda Sexy.


Por Omar Scott 

Vista de la propiedad desde la intersección de la calle Los Plátanos con Calle Irán, en la comuna de Macul. (FOTO: Matías Becerra)

Vista de la propiedad desde la intersección de la calle Los Plátanos con Calle Irán, en la comuna de Macul. (FOTO: Matías Becerra)

Hace unos días me encargaron en la universidad una misión que, en lo personal, se me dificulta hacer: visitar un lugar en donde se recordase a las víctimas de la dictadura de Pinochet. Solicité por internet visitas guiadas a muchos sitios de memoria. Estaba ansioso esperando las respuestas a mis solicitudes, pero había hecho las gestiones a último momento y no me respondían a tiempo. Revisé entonces la lista de lugares que no requerían agendar una visita, y encontré la Venda Sexy, un memorial casi abandonado afuera de una casa habitada en la comuna de Macul. Y allí fue que decidí ir. 

Guiándome por Google Maps llegué hasta la calle Irán. Pero, en realidad, no sabía dónde estaba ni dónde tenía que estar; lo único que sabía es que no quería estar ahí. Hacía frío, la tierra y las hojas de los árboles estaban humedecidas y los jardines del sector estaban muy descuidados. Caminé entre las ramas de un árbol que chocaban contra mi frente. De pronto, todos los perros del pasaje comenzaron a ladrarme y a gruñir. 

A unos metros había dos ancianas sentadas en un parque. Me acerqué a preguntarles por el memorial de la Venda Sexy, y antes de que un saludo saliera de mi boca, una de ellas me dijo: “No tenemos nada de plata”. Luego de aclarar por qué quería conversar con ellas, la otra señora agregó: ”Está todo en internet”. 

Si bien no conocía la ubicación exacta, había cosas que sí sabía. La Venda Sexy, también conocida como la Discotheque, fue una casa arrendada por la DINA entre 1974 y 1975 donde se montó un centro de tortura para disidentes al régimen de Augusto Pinochet. Sus sobrevivientes lo apodaron con esos nombres por tres motivos:

  1.  los detenidos permanecían todo el tiempo con la vista vendada;
  2. los altos crímenes sexuales que allí se cometían; y
  3. porque los agentes policiales ponían música disco a todo volumen para esconder los gritos de sus torturados. 

El memorial se encontraba afuera de esta residencia con paredes de cemento naranjas y rejas metálicas. Su deterioro era evidente y la maleza crecía por sus muros. La acera frente a la puerta estaba llena de grietas parchadas que parecían cicatrices, las que probablemente los dueños del inmueble intentaron tapar. “Tortura” y “Acá se tortura” eran algunas de las frases y palabras escritas en el suelo que pude identificar, incluso debajo de  la pintura blanca sobrepuesta.

Aproximándome a la esquina de la calle, por fuera de la casa, entre botellas rotas encontré el polvoriento memorial, una placa trizada donde se leía: “Aquí en Venda Sexy mujeres militantes populares resistieron y sobrevivieron a la violencia político sexual ejecutada por la dictadura cívico-militar“. Alrededor había alambres doblados y tejidos con el tricolor nacional.

Memorial elaborado con cerámicas por el Colectivo de Mujeres Sobrevivientes. (FOTO: Matías Becerra)

Memorial elaborado con cerámicas por el Colectivo de Mujeres Sobrevivientes. (FOTO: Matías Becerra)

Fotografié el lugar y después prendí las velas blancas que llevaba en mi mochila. El memorial delataba que hace tiempo que una vela no se prendía ahí; o al menos no vi rastro de alguna. Ya terminando de poner las velas, una tercera anciana se me acercó. “Que lindo lo que está haciendo”, me comentó. Entonces le sonreí y le pregunté qué había pasado en esa casa. Ella, sorprendida por mi pregunta, me dijo que no sabía por dónde empezar. Fue difícil digerir todo lo que contó esa mujer, porque además de tratarse de actos inhumanos y crueles, fueron totalmente reales. 

Nos mantuvimos en silencio, y luego, la señora me explicó que hace no mucho el memorial había sido destruido y que nunca se supo quién había sido y por qué. “Yo creo que lo hicieron para fingir que nada pasó”, opinó. Las palabras de la anciana me hicieron reflexionar sobre la fuerza que tiene la memoria, y que hay gente que todavía lucha por hacer que ésta desaparezca. Nos  despedimos y le agradecí por hablar conmigo.  

Me quedé sentado en el parque, en el mismo banco donde se sentaron las ancianas que antes huyeron de mí. Desde ahí pude observar el memorial hasta que el cielo se tornó del mismo color que las llamas de las velas.