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Juventud, sudor y lágrimas: premio al periodismo universitario

Por ~ Publicado el 30 abril 2010

En el Premio Periodismo de Excelencia 2009 no sólo se homenajeó el trabajo en medios. Un intachable jurado de periodistas reconoció un reportaje de Daniela Pérez y Francisca Stuardo en la categoría de periodismo universitario. En el decir de Pedro Ramírez, ganador del Primer premio junto a Cristóbal Peña —ambos de CIPER—, un galardón “a la pega bien hecha”.

Daniela Pérez y Francisca Stuardo
El inusitado calor del jueves 29 de abril se tornó apacible al anochecer. El patio de la Universidad Alberto Hurtado —ya enfundado en su albo toldo— recibía a periodistas, políticos y comunicadores de la república, invitados a la entrega de la séptima versión del Premio Periodismo de Excelencia 2009. Sigilosamente, y liberadas de la incomodidad de la fama o el mero reconocimiento facial, dos jóvenes galardonadas en la categoría de periodismo de excelencia universitario se mimetizaban con sus colegas en una velada de congratulaciones, vino y conversación.

Daniela Pérez y Francisca Stuardo se titularon de periodismo en la Universidad Católica. La primera labora como coordinadora periodística de la revista Rolling Stone; la segunda trabaja en Kilómetro Cero y en la sección Crónica de El Mercurio. Ambas son autoras del reportaje “El largo camino que muestra la verdad”, un trabajo estructurado en base a un caso de derechos humanos con el que finalizaron cinco años de estudio académico, y que les valió, por cierto, el reconocimiento principal de un jurado integrado por otros ilustres de la plaza: Mónica González, Cristóbal Peña, Francisca Skoknic, Claudia Farfán, Ernesto Garrat y Carla Celis.

Daniela cuenta que el preludio del reportaje fue complicado. Francisca estaba ensimismada en articular un tema de derechos humanos. Experimentaron la renuencia de sus profesores-editores, tenían varios ramos y cada una ya comenzaba a insertarse en el mundo laboral. El Premio Periodismo de Excelencia Universitario, anunciado en noviembre de 2009, funcionó como incentivo, aunque siempre en tono de broma.

“Una semana después de haber terminado el trabajo final —cuenta Daniela—, ya un poco desligadas del tema, se acababa el plazo y la Fran me llamó y me dijo: “Dani, hoy es el fin del plazo. Lo mando, lo mando”. “Dale, mándalo”, pero con cero expectativa. En ningún minuto fue nuestro objetivo cuando comenzamos a construir el reportaje”.

Fue Francisca la que se enteró del fallo del jurado en enero. “Estaba en la revista “Sábado” [de El Mercurio] y eran mis primeros días de práctica. Había mandado mi primer texto, me lo destruyeron, estaba full desmotivada, no quería nada”. Cuando volvió de almuerzo vio una serie de llamadas perdidas en su celular. Un nuevo llamado del mismo número —desconocido pero a fin de cuentas venturoso— la confirmó como ganadora junto a su compañera.

Daniela era escéptica. “Dos, tres días antes llamé a la Fran y le dije: “El reportaje está lleno de errores, lleno de motes. Cómo mandaste esta cuestión a ese premio. No nos vamos a ganar esa tontera. Qué ilusa”. Y la Fran me llamó para decirme: “Dani, parecía que no tenía tantos errores porque… ganamos”.

Eso fue hace tres meses. Ahora estaban en una ceremonia de premiación, cerrando un ciclo virtuoso. Luego del variopinto desfile de finalistas en las distintas categorías del Premio —desde el jesuita Felipe Berríos hasta el físico Andrés Gomberoff—, era el turno de Daniela y Francisca. Iván Valenzuela, el hombre ancla de Teletrece que renunció a un día en pantalla para presentar a sus colegas ganadores, anunció la categoría. Las dos compañeras subieron al estrado para recibir de manos de Fernando Montes sj, rector de la Universidad Alberto Hurtado, el reconocimiento por su reportaje. Diploma, fotografías y aplausos. De vuelta a su mesa, pero ahora con un artículo incluido en el libro “El mejor periodismo chileno 2009”.

—¿Qué sienten al terminar la universidad con un texto publicado no en un medio, sino en un libro junto a otros trabajos de excelencia?
Francisca
: Es un gran incentivo; es como una piedra de base para seguir planteándonos desafíos. De repente, estar el otro año [en el Premio] no como estudiante.
Daniela
: Yo opino igual. Es un súper buen incentivo, una satisfacción personal, como un cierre maravilloso a cinco años de estar estudiando, a darle valor a la profesión que elegiste dedicarle tu vida y a decir que no fue un error sino algo que te motiva y que te apasiona. Es un cierre maravilloso para una etapa muy importante de nuestras vidas.

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