Opinión

México necesita con urgencia un nuevo modelo de formación para periodistas

Por ~ Publicado el 7 junio 2018

Es imprescindible comenzar por reconocer la herida más profunda de México, de donde emana la violencia que hoy se ha naturalizado. Después, reconocer que gran parte del periodismo mexicano lo ha hecho mal, que ha comunicado desde el miedo, desde el odio y la violencia. Y que, sin darse cuenta, ha sido atrapado por este ciclo violento que cada día se fortalece con las cobertura a favor de la guerra y no de la paz.

Manifestación "Veladoras por la libertad de prensa", Ciudad de México. Foto: Protoplasma Kid en Wikimedia Commons (cc).

Manifestación “Veladoras por la libertad de prensa”, Ciudad de México. Foto: Protoplasma Kid en Wikimedia Commons (cc).

El estado de emergencia que presenta el periodismo en México, derivado de la complejidad de su contexto político, económico y de seguridad, demanda una urgente intervención.

Al 31 de mayo de 2018, seis periodistas han sido asesinados en México: Carlos Domínguez Rodríguez el 13 de enero, Leslie Ann Pamela Montenegro del Real el 5 de febrero, Leobardo Vázquez Atzín el 21 de marzo, Juan Carlos Huerta Gutiérrez el 15 de mayo, Alicia Díaz González el 24 de mayo y Héctor González Antonio el 29 de mayo.

De acuerdo con indicadores internacionales de diferentes organizaciones, como Reporteros Sin Fronteras, La Federación Internacional de Periodistas, el Comité para la Protección de Periodistas, Amnistía Internacional, entre otras, México es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo. Tan solo el año pasado, 13 periodistas fueron asesinados, cifra que representó la más alta del mundo (Federación Internacional de Periodistas, 2017).

Las agresiones hacia el derecho de la libertad de expresión, desapariciones forzadas, impunidad en la resolución de los casos y asesinatos, se han naturalizado en México, al mismo tiempo que las agresiones se han tornado más violentas.

Los últimos dos asesinatos han demostrado que a México le urgen nuevas acciones para hacer frente al conflicto del periodismo. Alicia Díaz y Héctor González fueron encontrados con muestras de tortura por golpes que los llevaron hasta la muerte.

Soy una joven veracruzana periodista preocupada por la situación de mi país. He sido testigo de las diferentes expresiones de violencia que se ejercen sobre las y los periodistas en México  y cómo algunos de los que fueron mis compañeros en la universidad, han sido víctimas de distintas agresiones. Todo lo anterior se convirtió en mi principal motivación para continuar investigando y producir conocimiento científico que pueda ser utilizado para hacer frente a la situación de emergencia en México.

En mi búsqueda por encontrar respuestas, presento un diagnóstico y propuesta de intervención del conflicto del periodismo mexicano. Me he dedicado los últimos años a desarrollar, desde la academia, conocimientos formativos, educativos y culturales que permitan obrar en favor de la paz, que ayuden a prevenir más asesinatos y a reparar el daño causado.

Después de mi primer estudio, “Análisis de la Violencia ejercida sobre los Periodistas en Veracruz y su relación con la Universidad”, desarrollado como tesis en el Máster en Cultura de Paz, Conflictos, Educación y Derechos Humanos en España —con una beca concedida por la Asociación Universitaria Iberoamericana de Postgrado—, decidí continuar mi línea de investigación para presentar una nueva propuesta formativa para las y los periodistas en México, donde se ha naturalizado e instalado la violencia como un cáncer expansivo, tanto en la sociedad como en el periodismo.

La mayoría de las prácticas periodísticas diarias en México hacen apología de la violencia. Las y los profesionales de la comunicación se han convertido —sin saberlo— en víctimas del ciclo violento, reproduciéndolo y nutriéndolo en sus prácticas diarias. Basta con abrir un periódico en México para darse cuenta de que gran parte de las coberturas cuenta con situaciones violentas y caóticas que se viven en el país derivadas de su situación política, económica, social y cultural actual.

Es como si las coberturas que presentan los medios de comunicación fueran la realidad absoluta de México cuando —evidentemente— también existen espacios pacíficos y coberturas no violentas que no llegan a los medios con más impacto.

Es imprescindible voltear a ver a los estudiantes de periodismo y a los profesionales activos en medios de comunicación como iguales para hacer frente al conflicto del periodismo en México. A los primeros porque representan el futuro de comunicar en México. A los segundos porque, pese a las peligrosas condiciones contextuales para ejercer el periodismo, necesitan herramientas para continuar comunicando y proteger sus vidas.

Es necesario cambiar la perspectiva del periodismo en México. Si somos capaces de dotar a las y a los periodistas de herramientas que los ayuden a construir un pensamiento autónomo y pacífico, serán capaces de entender la diferencia entre la guerra y la paz que se construye desde los medios de comunicación.

Pese a las dificultades para financiar mi proyecto —“Violencia y prensa: la necesidad de un nuevo modelo formativo para las y los periodistas en México”, que desarrollo actualmente desde Veracruz, dentro de los estudios de Doctorado en Ciencias Sociales y Jurídicas en la Universidad de Córdoba en España—, confío en que encontraré el apoyo necesario para continuar investigando y terminar la propuesta educativa. Espero que este canal de comunicación pueda servir para difundir mi mensaje y lograr cualquier tipo de ayuda o colaboración.

Es imprescindible comenzar por reconocer la herida más profunda de México, de donde emana la violencia que hoy se ha naturalizado. Después, reconocer que gran parte del periodismo mexicano lo ha hecho mal, que ha comunicado desde el miedo, desde el odio y la violencia. Y que, sin darse cuenta, ha sido atrapado por este ciclo violento que a cada día se fortalece con las cobertura a favor de la guerra y no de la paz.

Mi propuesta formativa es presentada desde la perspectiva de la Educación para la Cultura de Paz, que apuesta por educar para afrontar los conflictos, las incertidumbres, los riesgos y lo inesperado en la ciencia y en la vida, tan propio de nuestro tiempo. Es decir, para regular conflictos, gobernar la complejidad y ser conscientes de los retos que hoy tiene México con el mismo y ante el mundo.

Mi objetivo y aspiración al mismo tiempo es que esta propuesta formativa pueda ser enseñada en las universidades mexicanas y en los medios de comunicación como estrategia de intervención, prevención, reparación del daño y resolución del conflicto del periodismo en México.

México clama paz y desde el periodismo la podemos construir.

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