Opinión

¿Qué hace a un buen editor? Cuatro puntos fundamentales

Por ~ Publicado el 11 octubre 2017

Debe tener tolerancia al estrés, manejar el criterio editorial, articular las tensiones entre la redacción y los directivos del medio. Debe actuar como un corazón que bombea sangre y mantiene con vida al equipo. Y, sobretodo, debe ser un buen periodista, aunque esta cualidad no necesariamente se da en el sentido inverso.

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Tu editor es el corazón de tu sección o medio. Punto.

Al igual que el corazón de un cuerpo humano, el editor tiene un rol vital en hacer funcionar adecuadamente a los periodistas a su cargo, como si fueran el resto de los órganos.

A través suyo se marca el pulso de la jornada, el tono de una noticia, la oportunidad de una publicación. Un editor deficiente entorpecerá el funcionamiento de todo su equipo y, en el peor de los casos, podría provocar su colapso.

Por esto, un buen editor no es fácil de encontrar, ni menos de formar. Los editores requieren una curiosa mezcla de experiencia, conocimientos y habilidades que van de lo profesional a lo social, siendo en parte líderes y maestros.

Reflexionando sobre los buenos y malos editores que he conocido, pero sobre todo en las situaciones que los han puesto a prueba, intenté resumir las cuatro características fundamentales que debería poseer todo encargado de una redacción, sin importar que sea para prensa, web, radio o televisión; además de preguntar su opinión a algunos colegas latinoamericanos.

Una sola premisa es clara: es una cargo donde nunca se deja de aprender.

1. UN BUEN EDITOR SIEMPRE ES BUEN PERIODISTA (PERO NO NECESARIAMENTE AL REVÉS)

Hace unos años conocí a una editora que —literalmente— aterrorizaba a su equipo. Incluso si no trabajabas directamente con ella, cuando le pedías algo tenía la capacidad de responderte de la peor forma posible. La mayor parte de la empresa la evitaba.

Finalmente, sus problemas de actitud se tradujeron en una reducción del desempeño del medio en general y, ambas cosas, acabaron por gatillar su despido.

Aunque este epílogo era bastante previsible, sí me sorprendió la confidencia de un amigo que había trabajado mucho tiempo con ella: “Cuando reporteaba hacía muy bien su trabajo. El problema fue cuando la nombraron editora. Al final perdimos una excelente periodista para tener una mala editora“.

Y he ahí el punto. Un buen periodista no necesariamente será un buen editor.

Claro, un buen editor siempre deberá ser antes buen periodista. Al liderar un equipo, su capacidad debe permitirle corregir redacción, locución o enfoque de una nota; mientras su acervo le permitirá recordar eventos, conectar o interpretarlos para orientar sobre todo a sus colegas más jóvenes. La experiencia también le permitirá fiscalizar el trabajo de sus dirigidos: sabe cuánto se pueden tardar en realizar una nota o qué dificultades podrían encontrar en el camino porque ya estuvieron antes en ese lugar.

Un editor cuya falta de habilidades sea permanentemente expuesta ante su equipo, pronto perderá respeto y dejará de ser visto o vista como autoridad en la redacción.

Pero de la misma forma un editor incapaz de transmitir esos conocimientos, de orientar o formar con ellos a quienes están a su cargo, fallará en sus labores. No importa si es una eminencia en su área: si no logra usar su experticia en beneficio de su equipo -por falta de aptitud o mala disposición a hacerlo- sería lo mismo que tener de DT a una superestrella del fútbol incapaz de dirigir a sus jugadores.

(Pregunten a la selección Argentina cuando estuvo al mando de Maradona).

Y no olvidemos el papeleo. Un periodista que sólo anhele estar en la calle o investigando, probablemente se resista a asumir tareas administrativas propias de la edición, como organizar turnos, lidiar con reemplazos, vacaciones, licencias médicas repentinas o rendiciones de gastos tras un viaje.

Por eso trato de no olvidar el consejo de Butch Ward, veterano profesor del instituto Poynter, sobre la tendencia de recaer en nuestras viejas funciones periodísticas en desmedro de las editoriales: “Esa nota puede hacerla cualquiera de tus periodistas, pero tu labor no la realizará nadie más“.

Ténganlo como un mantra cuando esos dedos se deslicen por sí mismos hacia la grabadora…

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2. MUCHA PERO MUCHA TOLERANCIA AL ESTRÉS

El galardonado periodista italiano Indro Montanelli dijo una vez, refiriéndose a la profesión, que “quien no padezca estrés diario no es apto para un oficio donde el estrés es abono y catalizador“. El problema es que un editor no sólo debe hacerse cargo de su propio estrés ya amplificado por sus responsabilidades, sino además lidiar a diario con personas estresadas.

Un buen editor requiere mantener de forma permanente al menos dos procesos mentales: uno, el cuadro principal del funcionamiento de su diario, sitio, sección o noticiero. Debe saber qué se publicó, qué se debería publicar, determinar la prioridad o sucesión lógica de cada pieza informativa, así como establecer los nexos entre ellas.

Dos, debe ser capaz de bajar al nivel de cada nota, especificando a cada periodista cómo debería enfocarse o cuánto se espera que tarde en producirla, sin mencionar la revisión posterior para verificar que no contenga errores de forma o de fondo.

Desde luego, todo esto contra el tiempo.

De aquí que los editores no tengan fama de ser las personas más dulces del mundo. Con tanto en mente y tan poco tiempo para coreografiarlo, un editor suele tener poca paciencia para entrar en explicaciones o discusiones innecesarias. Esto pone a prueba sus habilidades comunicativas para ser conciso y firme con el equipo que lidera, sin caer en el autoritarismo, prepotencia o en el peor de los casos, el maltrato.

También pone a prueba sus habilidades psicológicas para conocer la personalidad de cada miembro de su equipo, desde aquellos con carácter fuerte que puedan tender al conflicto, hasta los más tímidos que no expresan sus opiniones o reparos. Un buen editor sabe aprovechar las habilidades de cada cual al momento de asignar una nota, así como la mejor forma de zanjar diferencias cuando se produzcan. Todo mientras logra mantener la calma con personas que, muchas veces, ya tienen los nervios de punta.

Y eso que ni hemos hablado de los errores. ¿Cómo debe actuar un editor frente a una crisis?

Tiempo atrás cometimos un gravísimo error en BioBioChile al publicar una noticia falsa. Cuando nuestro editor -subrogante y con poco tiempo a cargo- se percató, tuvo un ataque de pánico y abandonó su puesto para ponerse a dar vueltas por la redacción como león enjaulado mientras su equipo esperaba instrucciones.

No lo juzgo. Cuando enfrenté mi primera crisis como editor también tuve deseos de salir corriendo. Ya con algo más de experiencia, lo relevé del mando y comencé la penosa labor de corregir, evaluar los daños y tomar las acciones pertinentes, que incluyeron pedir disculpas como medio.

El caso de este editor apoya el punto anterior: siempre fue un excelente periodista pero no estaba preparado para asumir toda la responsabilidad de un editor. Y en justicia, tuvo la valentía de asumir como desafío el no volver a reaccionar de la misma manera.

Sin importar la estructura de prensa que tengamos, sólo podemos tener la certeza de que vamos a cometer errores. Cuando estos se producen, es labor del editor mantener la mente fría y tomar las mejores decisiones posibles para minimizar el daño.

Ni hablar de por qué en sus vacaciones sólo sueña con apagar el teléfono e irse al Caribe.

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3. CRITERIO: EL CUCHILLO QUE LO CORTA TODO

Es probable que el criterio editorial sea la característica más difícil de cultivar en un editor, precisamente porque depende en gran medida de su prudencia y buen juicio, aptitudes que son incluso herencia del entorno familiar.

Un editor debe tomar decisiones críticas sobre la marcha. ¿Qué noticia incluyo en la pauta y cuál dejo fuera?, ¿qué enfoque le doy a un tema delicado?, ¿me la juego por una primicia o espero a riesgo de que otro medio se adelante?, ¿el dato es de una fuente confiable?, son sólo algunas de las interrogantes que un editor enfrenta a diario, y eso sin mencionar que además debe dirimir las presiones externas e internas, los conflictos con o entre miembros de su equipo y, por supuesto, los errores.

En cierta forma, un editor camina cada día por un campo minado, cuyo camino de salida está marcado únicamente por su criterio.

Además, en ocasiones no se trata de su criterio sino de sintonizar con el de otros, como dicta la línea editorial del medio en que trabaja, a la cual debe adherir salvo que esta se aparte tanto de sus principios como para obligarlo a dar un paso al costado.

Y sólo para hacer las cosas aún más divertidas (seamos optimistas), los criterios deben variar según la época. No se usa el mismo criterio de publicación en un año normal que en uno de elecciones. También varía tras un desastre o crimen que sensibiliza mucho a la gente.

Durante la Tragedia de Juan Fernández, nos adelantamos en publicar que no había sobrevivientes por la opinión de expertos que evaluaron las características del accidente. Fuimos blanco de una ráfaga de críticas por parte de una audiencia impactada y aún esperanzada en que algunas víctimas pudieran estar vivas. Aunque tuvimos razón, erramos en que era prematuro anunciarlo sin la versión oficial de las autoridades. LUN sufrió un ataque similar por lanzar una portada que indicaba implícitamente la muerte de Felipe Camiroaga y obligó incluso a disculparse al propio Agustín Edwards.

Es cierto: el criterio se nutre de la experiencia a medida que los mismos errores nos van enseñando los puntos y situaciones con las que debemos tener cuidado. Pero también el criterio siempre estará estrechamente ligado al sentido común… y como sabemos, es el menos común de los sentidos.

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4. CUANDO LA CONFIANZA ES UN JUEGO DE TIRAR LA CUERDA…

Un editor no sólo debe ser confiable sino también inspirar confianza (lo que no siempre va de la mano). Y como nada en la vida de un editor es sencillo, además de serlo -y parecerlo- debe mantener aquella confianza en un precario equilibrio.

Sucede que un editor es también vaso comunicante (o jamón del sandwich) entre la dirección de su medio y el equipo que lidera. Esto lo pondrá con frecuencia en situaciones incómodas, como mantener reserva sobre información de la empresa que puede ir desde despidos por situación financiera hasta decisiones sobre la línea editorial del medio por una parte; o por otra, atender las exigencias laborales individuales o colectivas, mediando para no perder la confianza de ninguna de las partes.

Además, en no pocas ocasiones será confidente de sus periodistas respecto de situaciones personales que afecten su estado de ánimo o desempeño, y que al gatillar medidas como concederle permisos especiales, retirarlo temporalmente de turnos o supervisarlo de forma más cuidadosa, podrían malinterpretarse al interior del equipo.

De ahí que el editor también deba poseer otras dos virtudes escasas: ser franco y justo. La franqueza para tener el valor de decir a sus superiores o dirigidos cuando están equivocados, y justo para decidir cuáles son las causas que debe presentar (o hasta representar), sin dejar de ser un interlocutor válido.

La justicia en el trato también debe extenderse a cada acción del editor si quiere mantener el respeto de sus subordinados. Esto puede traducirse en distribuir equitativamente el peso de los turnos, dar oportunidades de crecimiento a los miembros más inexpertos, o instaurar reglas claras… a las que también debe saber cuándo es necesario aplicar excepciones.

Sí, ser editor es una tarea dura, exigente y muchas veces incomprendida. Pero tiene una trascendencia más allá del día a día. Parafraseando nuevamente a Butch Ward, tus periodistas están escuchando. Aprendiendo de ti. De lo bueno y de lo malo. Algunos de ellos serán los editores —o incluso directores— del futuro, y tienes una oportunidad única de dejar tu huella en ellos.

No la desaproveches.

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RECUADRO: ¿QUÉ HACE A UN BUEN EDITOR EN LATINOAMÉRICA?

Le pedí a algunos colegas latinoamericanos que me resumieran qué consideran ellos que debe tener un buen editor. Esto es lo que me respondieron.

“Un (buen) editor debe, antes de todo, procurar reunir las habilidades de todo líder. Ser muy meticuloso, sagaz y analítico. Que sea previsor, lo que le permitirá prepararse con antelación ante diversas situaciones. Y algo muy necesario en estos tiempos de tanta agitación, que es estar a la vanguardia”.
Getzalette Reyes
Editora Web del diario La Prensa de Panamá


“Por las vivencias de 24 años de periodismo, he podido apreciar que la experiencia y la constante actualización sirven mucho en esta área, porque a diario hay innovaciones tecnológicas y nuevos desafíos dentro de los géneros periodísticos. Lógicamente se enriquece con los conocimientos que se adquieren con el tiempo, siempre teniendo en cuenta el buen manejo de información con bases ético y legal. También requiere mucha habilidad y creatividad y, por sobre todo, la responsabilidad laboral”.
Justiniano Rivera
Periodista y Corresponsal en Concepción, Paraguay


“Una de las principales características de un buen editor es que debe estar muy bien informado y tener experiencia importante en los medios. Adicionalmente debe tener esa característica de haber pasado por el reporterismo objetivo y tener claro que su rol es publicar siempre la verdad de los hechos”.
Leonidas Castro
Jefe de Información de Telerama, Canal de TV de Ecuador


“Un editor debe ser capaz en toda la extensión de la palabra: capaz de comprender la calle, digiriendo la noticia desde el momento de su reporteo. Para poder exigir eso de su equipo debe haber demostrado que lo que se pide ha sido capaz de servirlo a su audiencia. Debe ser capaz de sintetizar entre lo simple y lo importante; debe acomodarlo a la realidad de la audiencia y así mostrar a sus periodistas que el orden de prioridad fue identificado por este. Eso dará confianza de las peticiones que vienen desde él”.
Paola Alemán
Productora de Canal 9 BioBioTV en Chile


“Un editor debe tener responsabilidad periodística en resumidas cuentas: ética, precisión, verificación, y comprensión de la audiencia. En EEUU la batalla que el gobierno creó contra los medios obligó a periodistas y productores (editores en este país) a subir su nivel de trabajo. Hace años se había perdido el sentimiento de responsabilidad periodística, pero ahora la única manera de hacer la diferencia como medio es siendo responsable, verificando la información y entregándola en un contexto cercano a tu audiencia. Además hay que conocer quién ve tu producto. Es observar a quienes transitan por tu calle y contarles una historia dirigida a ellos. Como editor tienes que encontrar un significado a tu nota, la importancia, lo humano, el por qué podría afectar o cambiar la vida de alguien y esto reflejarse en el común denominador de tus televidentes”.
Vladimir Araya
Productor Ejecutivo en Univisión Noticias, California, Estados Unidos

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