Opinión

Cómo abordar correctamente el acoso sexual callejero en los medios: un breve instructivo

Por ~ Publicado el 31 marzo 2015

La visibilización del acoso sexual callejero no sólo es un desafío social sino que también mediático: cómo los medios abordan el tema sin banalizarlo o simplificarlo. La siguiente columna es una contribución del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC) de Chile, una entidad que nació a fines de 2013 y que en poco tiempo ha logrado instalar la discusión sobre el tema. Sus autoras, Myriam Aravena y Arelis Uribe, resumen los vicios de la cobertura de este tema y también rescatan aquellas miradas que han contribuido a liberar el discurso periodístico de prejuicios y tradiciones heredadas.

Ilustración de Maritza Piña

Ilustración de Maritza Piña

Partimos desde una convicción: el periodismo y los medios de comunicación deben buscar el cambio social y el respeto de los Derechos Humanos. Para narrar conflictos —sea con imágenes, voces o palabras escritas— hay que comprender las brechas que atraviesan la sociedad actual, tensiones en coordenadas de géneros, generaciones, naciones, territorios o clases sociales. El mundo no es justo y en su desequilibrio es necesario alinearse con los vulnerables, con quienes padecen los daños provocados por esas brechas.

Si existe una ética periodística, que sea ésta.

Seamos honestos: muchas veces las convenciones sociales y las estructuras tradicionales nos superan y las reproducimos sin pensar. O peor, sin preguntamos si estamos dañando a alguien. Cada vez que negamos voces femeninas, que objetivamos mujeres porque sus cuerpos nos darán muchos clics, estamos renunciando a nuestro pensamiento crítico y a la oportunidad de aportar para terminar con una injusticia.

En ese marco, surge un tema nuevo: el acoso sexual callejero, que hace dos años no existía ni en nuestras pautas ni en nuestras conversaciones cotidianas. Hoy sí. Lamentablemente, su cobertura mediática, hasta ahora, ha sido poco feliz.

VICIOS PERIODÍSTICOS QUE DISTORSIONAN

Como periodistas, hemos acompañado el recorrido mediático del Observatorio Contra el Acoso Callejero (OCAC Chile), desde la gestión de prensa y desde el análisis de lo que nuestros colegas elaboran en los medios. Reconocemos una curva en ese tratamiento. Al comienzo, detectamos una actitud apática o negativa y, con el tiempo, más comprensión. Sin embargo, aún algunos periodistas reproducen mitos, como la idea de que los “piropos” son algo muy “típico chileno” y, por lo tanto, inofensivos.

A continuación, exponemos vicios periodísticos que en vez de informar, distorsionan. Los compartimos para que, en el futuro, exista un tratamiento responsable del acoso sexual callejero.

Escepticismo: fue la actitud esencial en las primeras apariciones mediáticas de OCAC Chile. En una entrevista de febrero de 2014, un periodista de CNN Chile preguntaba, muy sorprendido, a María Francisca Valenzuela, presidenta del Observatorio: “¿Tú crees que a todas las mujeres les molesta que las piropeen? ¿Piensas que lo óptimo es que un hombre no le diga nada a una mujer aunque sea guapa?”. En vez de aplicar un análisis crítico, el periodista desconfiaba emocionalmente de la iniciativa y tendía a hacer preguntas complacientes con el status quo, en lugar de escudriñar el porqué de la reivindicación de la ONG. Esta falta de formación en género del gremio se refleja en otra frase del mismo periodista: “la violencia de género… estamos hablando de las mujeres”.

Casi todos los errores periodísticos aquí citados tienen un elemento en común: abordaron el tema desde la lesiva cultura machista.

Desconocimiento: al pasar el tiempo, el escepticismo fue superado, no así el desconocimiento. Si los y las periodistas desconocen que existen brechas de género, que en la sociedad actual prima una hegemonía de lo masculino por sobre lo femenino y que los géneros establecen relaciones de poder, difícilmente superaremos imaginarios como los que homologan “estudios de género” con “problemas de mujeres”.

Así, como un gran número de periodistas no posee formación en género, este tipo de temáticas son descontextualizadas y distorsionadas.

Por ejemplo, en octubre de 2014, Publimetro tituló: “Mujeres en pie de guerra: Piden que piropos sean sancionados por ley”. Varias generalizaciones y errores en un sólo titular: primero, nuevamente se asume que las temáticas de género son “problemas de mujeres”, cuando en realidad tienen que ver con relaciones sociales entre varones y mujeres o relaciones de poder entre lo femenino y lo masculino. Luego, se le resta seriedad y profesionalismo a la labor de una ONG al indicar que su objetivo es entablar una “guerra”. Por último, cae en el error más común y difícil de superar a nivel comunicacional y conceptual: el reduccionismo.

Reduccionismo: sucede cuando el o la periodista se concentra en un aspecto del problema, obviando o minimizando otros. En el caso del acoso sexual callejero, la tendencia general es maximizar los “piropos” —utilizando el tema como enganche, mencionándolos en un lead, titulando con el término— y omitir los casos más graves, como los roces o la toma de fotografías sin consentimiento de las víctimas.

Cuando hablamos de acoso sexual callejero hablamos de una lógica completa de violencia de género, en la que lo masculino ejerce dominación por sobre lo femenino en el espacio público, a partir de agresiones sexuales unidireccionales que van desde frases y sonidos (“piropos” o silbidos) hasta tocaciones no consentidas (“punteos” o “manoseos”). Estas acciones se manifiestan en un abanico de menor a mayor gravedad, pero todas son violencia y obedecen a una cultura machista. Lamentablemente, el error de reducir toda la problemática al “piropo” se ha cometido desde un principio y hasta ahora no ha desaparecido, lo que demuestra lo arraigada y naturalizada que se encuentra esta práctica.

En “Surge grupo chileno contra el acoso callejero y los piropos”, publicada en febrero de 2014 en Emol, hay varias reducciones: la nota pertenece a la sección “Tendencias&Mujer”, asumiendo que las temáticas de género sólo le competen a las mujeres y no a toda la sociedad, y el titular alude al acoso callejero y, al mismo tiempo, destaca los “piropos”, como si éstos fueran anexos al acoso y no parte del problema.

Cosificación: objetivizar un cuerpo, una persona, implica arrebatarle su categoría de sujeto, de ser humano, y se le rebaja a un mero elemento inanimado sin voluntad. Mostrar sólo partes de un cuerpo de forma sexualizada es reproducir la lógica machista de que el cuerpo femenino es un elemento de goce. Esto no ocurre sólo en el piscinazo de Viña del Mar o en la “Vedetón”. Ocurre también en las noticias.

En “Hora 20”, de La Red,una nota trató el proyecto de ley presentado por OCAC Chile al Congreso. Aunque en general se abordó de forma responsable, las imágenes de apoyo mostraban piernas aisladas, mujeres con ropa ajustada o derechamente traseros anónimos desplazándose por el espacio público. Esto reproduce el imaginario sexista de que el cuerpo de las mujeres, en sí mismo, es erótico o carga un halo sexualizado.

Por último, un caso especialmente grave. En el marco de la presentación de nuestro proyecto de ley, El Definido escribió “Ley de acoso sexual callejero ¿qué sanciona y por qué?”, donde apareció información errónea, indicando que el “piropo” y las miradas lascivas serían sancionadas, actos que ni siquiera aparecen en el proyecto ingresado al Congreso. Además, se omitían las medidas alternativas que reemplazan las multas y el presidio. Ante dudas, ningún periodista de El Definido se acercó a la fuente —es decir, nosotros—. El error fue enmendado a petición expresa de OCAC Chile, pero el daño ya estaba hecho: muchos lectores y lectoras quedaron con la impresión de que los “piropos” serán sancionados.

¿CÓMO EVITAR ESTOS ERRORES?

Volviendo al principio: lo fundamental es tomar conciencia de las brechas sociales y reconocer que el mundo no es igualitario. Luego, ejercer el oficio con ética y sentido crítico. Razonar sobre nuestros propios prejuicios y estructuras tradicionales heredadas.

Hay periodistas que lo han logrado. En una editorial radial de “Mediodía en ADN”, Beatriz Sánchez reflexionaba justamente sobre la toma de conciencia. “Hay muchos temas que no se visualizan o que no los entendemos hasta que no se hacen evidentes (…) Hay formas de violencia que no son explícitas”, decía la conductora. En un capítulo de “Intrusos”, de La Red, Alejandra Valle pidió explícitamente a la dirección del programa cambiar los GC que aludían a los “piropos”, por el término correcto: acoso sexual callejero. “¿Puedo pedir un favor? Cuando ponemos ese GC de “piropo es un delito” estamos minimizando el problema”. Si ocurre en un programa de farándula, ¿por qué no en los “serios”?

Y ante las dudas, ir a la fuente. Aunque nuestro trabajo es voluntario, en OCAC Chile atendemos a cada periodista que nos requiera. También mantenemos una web actualizada con noticias y datos, justamente, para que antes de opinar o informar, la ciudadanía y los periodistas se documenten.

Por último, y quizás el elemento más importante: cambiar la perspectiva. Casi todos los errores periodísticos aquí citados tienen un elemento en común: abordaron el tema desde la lesiva cultura machista.

Cuando se destacan los “piropos” por sobre el acoso sexual callejero grave o cuando se encasilla el problema como una temática de mujeres, en vez de considerarlo una desigualdad social; el periodismo no está cumpliendo su función de mejorar la sociedad, sino que está perpetuando injusticias. La invitación es a fortalecer nuestra profesión, a través de la valorización de lo históricamente oprimido.

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