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Brevísima relación de la existencia del defensor del lector

Por ~ Publicado el 18 abril 2012

Ir a la Serie de defensoría de la audiencia | La figura del ombudsman ha cobrado importancia en un mundo donde la protección de los derechos del pueblo es una necesidad ineludible. Y esto se ha trasladado al campo de los medios de comunicación bajo la provocadora pregunta de quién vigila a los vigilantes.

Doce Defensores del Lector ha tenido El País desde 1985. | Foto: entrepapelesyteclados.blogspot.com

El ombudsman se consolidó a través de la Constitución de Suecia de 1809, la que pretendió vigilar las actuaciones burocráticas del gobierno de turno. Gracias a este andamiaje jurídico, el defensor del pueblo —un funcionario del Estado con rango de ministro— intervenía, sin interés personal, como mediador y fiscalizador de los asuntos públicos, si algún ciudadano así lo solicitaba.

Intentando evitar la corrupción o la concentración de poder en solo una persona, el ombudsman—rica herencia del sueco— defendía y representaba la teoría de “la división de poderes del Estado” formulada por el Barón de Montesquieu, reconocido pensador político de la Ilustración. Por esta razón, era de gran importancia la independencia e imparcialidad que debía ejercitar el vigilante al momento de supervisar y trabajar.

VIGILANCIA DEL “PERRO GUARDIÁN”

En 1967, el Louisville Courier Journal y el Times de Louisville —dos periódicos de Kentucky, en Estados Unidos—, materializaron la necesidad de fiscalizar a la prensa, especificando la función del ombudsman hacia un objetivo más periodístico.

Mientras el concepto de defensor del pueblo se expandía por el mundo fiscalizando el actuar del poder público, el contexto internacional en el ámbito de las comunicaciones también evolucionaba, generando dudas y cierto escepticismo, principalmente en los lectores de periódicos que se preguntaban: “¿y quién vigila a la prensa?”.

Para Alfred JaCoby, veterano reportero y ex representante del lector del San Diego Union, el rol de “perro guardián” del periodismo no equivalía, necesariamente, al del ombudsman. Al investigar sobre asuntos públicos, escribió JaCoby, los reporteros podían cometer errores y defraudar. Y la corrección de estas faltas sería cada vez más imperiosa. “Fuimos arrogantes en nuestro trato con  el público”. La insatisfacción con los medios tendría una respuesta.

En 1967, el Louisville Courier Journal y el Times de Louisville —dos periódicos de Kentucky, en Estados Unidos—, materializaron la necesidad de fiscalizar a la prensa, especificando la función del ombudsman hacia un objetivo más periodístico. Estos medios fueron pioneros en incorporar al “defensor del lector”.

El País de España inauguró esta función en 1985, con la incorporación de Ismael López Muñoz, periodista del medio desde su fundación, como ombudsman del periódico. “En pocas palabras —explicaba la crónica con la información—, si usted tiene alguna pregunta que hacer sobre la honestidad o la exactitud de las informaciones de EL PAIS, puede ponerse en contacto con el ombudsman de este periódico”.

América Latina se sumaría a esta corriente. Los pioneros fueron El Tiempo de Bogotá y La Folha de Sao Paulo, que incursionaron en el tema en 1990. Chile trató de adherir a esta senda, aunque sin la continuidad esperada. La experiencia pionera fue la columna de Guillermo Blanco en el diario La Época, que desapareció en 1998Más recientemente, La Tercera dispuso, a mediados de 2010 —y junto a un rediseño del medio—, que el periodista Joaquín Villarino ejercitara la función de “representante”, la que se mantiene hasta hoy.

Actualmente, la Organization of News Ombudsman cuenta con más de un centenar de “defensores” asociados, 57 de ellos aún en práctica. Entre sus integrantes destacan Gerardo Albarrán de Alba (@saladeprensa), defensor de la audiencia de radio Noticias MVS, en México; Arthur Brisbane, el public editor del New York Times; y Patrick Pexton, del Washington Post.

NUEVOS DESAFÍOS

En un artículo publicado en los Cuadernos de Información de la UC en 2005, José Luis Santa María, actual director de revista Qué Pasa, entrevistó a la defensora de El País de ese momento (Malén Aznárez) y, además, bosquejó un panorama sobre los defensores en Chile y el mundo.

Algunas voces, como la del colombiano Germán Rey, afirman que la defensoría en medios aún es un “oficio en construcción”, y que refleja los conflictos cotidianos al interior de los medios de comunicación, además de apuntar a la compleja vinculación entre periodismo y verdad.

No obstante, pese a este carácter condicional, en muchos medios la figura ha adquirido estatutos que indican la absoluta independencia en el desempeño de su labor, además de las limitaciones temporales del cargo. Por ejemplo, el 4 de marzo pasado, y tras tres años desempeñando funciones,  Milagros Pérez Oliva de El País fue reemplazada por Tomás Delclós, confirmando el carácter transitorio del puesto.

Y los nuevos desafíos digitales imponen nuevas preguntas a su utilidad. En una columna titulada “Lo que un ombudsman del siglo veintiuno debería hacer”, Dan Gillmor sugirió que tres conceptos deberían estimular el trabajo del defensor en el contexto actual: curaduría, agregación y debate.

El argumento de Gillmor es que la mejor crítica de medios se está haciendo fuera de los medios, en redes sociales, foros y blogs. Por eso es fundamental sondear lo que se dice fuera de la organización periodística. “Tener a alguien en este rol implica que el medio no tiene miedo de su propia sombra”, agregó.

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