La generación del dilema: Cómo votan y dudan los jóvenes en 2025
En una elección marcada por el miedo, y la polarización, miles de jóvenes llegan a las urnas cargando más dudas que convicción. Felipe, Samy, Matías y Facundo, cada uno desde una esquina distinta del país, encarnan a esa generación que vota entre discursos heredados, desconfianza de la clase política y un presente que cambia demasiado vertiginoso. Sus relatos revelan un país que ya no cabe en los viejos moldes.
Por Adrián Cifuentes y Francisco Lara
“Su carnet, por favor”, le pidió amablemente su vocal de mesa y el documento fue lo primero que metió en su mochila. Felipe Rodríguez (22) lo cuidó celosamente para que no se lo fuera a olvidar o perder. Así también llevó sus audífonos y unas galletas para capear el hambre por si el proceso se extendía. Estaba nervioso, no sabía muy bien el porqué. Sentía que la votación estaba polarizada y eso no le gusta. No lo convence. Se metió a la urna y sentía que le costó decidir entre 8 candidatos. En un momento lo tuvo claro: Matthei le pareció la más centrada entre todos los candidatos de derecha. No le gusta “MEO”, lo encuentra agotador. Jara lo hace dudar. Artés no le llamó la atención.
“Si, Matthei”, se convence así mismo con algo de duda aún.
-Voté por Matthei porque sus ideales y sus propuestas encajaban con mi estilo de vida, mi forma de pensar y porque no soy fanático de los extremos -dice.
Su caso pertenece al tercio del padrón electoral, a los indecisos.
-Quiero más afinidad, no un voto heredado-agrega.
Felipe vive en la comuna de Padre Hurtado; vio gente desmayada, problemas en la urna, pero lo que más le molestó fue tener que decidir entre tantos candidatos, gente que se dice de centro “que no lo es realmente”, cree, por ejemplo.
-Voté por Matthei, ya que era la que más encajaba con mis ideales. No comparto su pasado, pero sí lo que representa actualmente -repite.
Después de votar, Felipe caminó de vuelta a su casa pensando en las pocas posibilidades que tenía su candidata de pasar a segunda vuelta, pero con la esperanza de que el país ojalá no esté como parece. Todos polarizados. Todos enojados.
En la comuna de San Miguel, Samy Villarroel (20) fue a votar con la decisión clara y sin dudas. Jeannette Jara era su candidata desde el principio.
-En primera vuelta voté por Jeannette Jara, convencida de que era la mejor opción para el país y, sobre todo, para mí como mujer -dice.
Samy recuerda que marcó el número 2 de la lista con el corazón apretado, nervios por el resultado de esa tarde, pero con esperanza de que su candidata diera una sorpresa.
Volvió a su casa donde la esperaba su pololo, almorzaron mientras veían las noticias. La incertidumbre empezó a crecer en la medida que se acercaba la hora del conteo de votos. Su única certeza era que Jara pasaría a segunda vuelta. Las encuestas lo habían afirmado. De todos modos los nervios se apoderaron de ella en medio de la espera. ¿Y si pasaba al balotaje el otro candidato de ultraderecha?
Lo que más odia son los comentarios de videos y publicaciones con “Pinochet tenía razón”, “Debería volver mi general”. A veces no puede creer que esos discursos volvieron.
-Son chicos que ignoran lo que fue el golpe militar o la dictadura de Augusto Pinochet. Para mí no es solo algo económico, es despreciar cada vida que fue torturada, violada y asesinada durante esos 17 años -reflexiona.
El retroceso de votar por Kast o votar por Parisi
Facundo Toledo tiene 17 años, no está habilitado para votar, pero Jeannette Jara es su candidata sin duda alguna. Para él, la ex ministra es la más cercana a sus ideales sociales y una parte importante de sus convicción tiene que ver con el plan de gobierno que propone. Y aunque no pueda apoyarla en la urna, asiste a sus eventos, la sigue en redes sociales y desde ahí muestra que ella es su opción.
“Siento que votar por Kast sería un retroceso en todos los avances que se han hecho en DD.HH., al medio ambiente que, por lo personal, es un tema intransable para mí. No votaría por alguien que no defiende lo que amo”, reflexiona Facundo.
¿En Chile, las escuelas estarán preparadas para enseñarles a los jóvenes sobre política sin un sesgo político? Para Matías Rojas, esta respuesta la tiene desde hace 4 años, desde que salió de la escuela.
-Francamente, en mi educación básica o media no tuve nada de eso, ni cursos ni talleres acerca de eso. Lo más cercano que podría haber tenido fue educación cívica, pero no alcancé a ver de qué trataba realmente al ser mi 4° medio en pandemia -recuerda.
“Mi nombre es Matías Alvarado, tengo 20 años y vivo en la comuna de Conchalí. En la primera vuelta voté por Franco Parisi porque, para ser honesto, no me considero ‘ni facho ni comunacho’”, dice un joven con halo infantil, que representa menos edad de la que tiene.
“Ni facho ni comunacho” es la frase célebre del excandidato Parisi, aquella que pudo conquistar al 19,71% de las mesas, un número no menos importante en el contexto polarizado. Un 19,7% que está en duda, que puede hacer claramente la diferencia en la segunda vuelta. Parisi declaró ante la prensa que los candidatos a segunda vuelta deben ganarse los votos con sudor, como él lo hizo -¿hablamos de sudor o sweat?- durante su campaña.
La segunda vuelta
Gabriel Guzmán, cientista político de la Universidad Alberto Hurtado (UAH) y especialista en infancia y adolescencia, describe un escenario electoral que cambió de forma profunda con el retorno del voto obligatorio. Explica que el padrón antiguo se fue envejeciendo y que, cuando votar dejó de ser obligatorio, la participación juvenil nunca creció en términos reales. Con la obligatoriedad nuevamente en pie, aparece un universo distinto, donde conviven generaciones con historias políticas y sociales muy distintas.
Guzmán detalla que en este nuevo panorama entran en juego factores que van más allá de izquierda o derecha. En las presidenciales, dice, pesan elementos de corto y largo plazo, lo que vuelve más relevante la influencia de mensajes extremadamente breves que circulan en redes sociales, un espacio donde los jóvenes están expuestos de manera constante. Esa combinación produce comportamientos electorales más volátiles y poco estudiados.
Aclara que esto no significa que los adolescentes y jóvenes estén desconectados de lo que ocurre en el país. Una última del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), recuerda, mostró un interés alto por la participación social, por ser parte de organizaciones y por involucrarse en actividades comunitarias y de activismo. Lo que existe, explica, es una distancia con las formas tradicionales de participar en la política institucional, un espacio que muchos sienten ajeno o poco permeable a sus inquietudes.
“Hoy estamos frente a un electorado que todavía estamos aprendiendo a leer. El voto obligatorio incorpora a muchas personas que antes quedaban fuera del radar y eso cambia completamente las dinámicas. No podemos seguir pensando en los jóvenes solo desde la idea de apatía, porque los datos muestran que están participando en otros espacios, con otras lógicas y en otras comunidades. Lo que falta es que el sistema político sea capaz de reconocer esas formas de involucramiento y de abrir caminos para que esa participación tenga consecuencias reales. Cuando uno revisa la encuesta de la INJUV ve interés por el activismo, por el trabajo comunitario, por la organización social, y eso habla de una generación que sí está preocupada por lo que pasa. El desafío es lograr que esa energía no se quede en lo local o en lo inmediato, sino que pueda proyectarse hacia decisiones más amplias. Ahí es donde todavía tenemos una deuda, porque la política institucional sigue operando con códigos que no siempre dialogan con la experiencia de los jóvenes”, comenta.
En esta elección, más de 15 millones de personas están habilitadas y se enfrentarán a una papeleta reducida a dos nombres: Jeannette Jara (número 2) y José Antonio Kast (número 5), quienes mantendrán la numeración que tuvieron en la primera vuelta. No se trata de buscar al candidato más novedoso ni al más carismático, sino de escoger entre dos proyectos que prometen caminos completamente distintos para el país, en un escenario político marcado por la polarización y el desgaste de la confianza pública.
Para Felipe, Samy, Facundo, Matías Rojas y Matías Alvarado, todos jóvenes que votan por primera o segunda vez, el 14 de diciembre no es una jornada más. Lo sienten como una decisión que podría incidir en su futuro, en el acceso a derechos sociales, en la gratuidad y en la forma en que vivirán en un país donde la discusión pública parece volverse cada día más tensa.
Para ellos, en las redes sociales el clima es especialmente hostil. Los discursos de odio aumentan, la confrontación se vuelve parte de la rutina digital y los algoritmos tienden a amplificar las posiciones más extremas por sobre el debate informado. Jóvenes que buscan orientación terminan encontrándose con un flujo de contenidos contradictorios, desinformación y mensajes diseñados para generar miedo o adhesión inmediata. Muchos adultos con posiciones políticas más marcadas intentan influir en ellos, convencidos de que su voto puede definir la elección.
Facundo dice que es uno de los miles de jóvenes que aún no pueden votar, se siente uno de los miles que no han caído en el discurso conservador.
-No hay buenos ni malos, solo son jóvenes que se dejan llevar por discursos de odio hacia el bando “enemigo”, dividiendo aún más el país desde sus raíces-, reflexiona.