El periodismo contemporáneo atraviesa una transformación constante, marcada por formatos cada vez más breves y un consumo de información acelerado por las redes sociales. Los medios digitales priorizan la inmediatez y, en un escenario sin las redacciones y revistas de antaño, la crónica narrativa enfrenta nuevos desafíos. Para el destacado periodista argentino, la clave no está en el soporte, sino en la triada creatividad, originalidad y ambigüedad. En esta entrevista, Sinay reflexiona sobre cómo narrar la compleja realidad de hoy, la relevancia de rescatar relatos históricos y el rol del periodismo frente a un público cada vez más polarizado y distante de los medios.
Cristóbal Mercado y Nicolás Monasterio
Más de diez años en el rubro pesan sobre un periodista tan dedicado como Javier Sinay. Es la tarde de un sábado, el cronista prende la cámara y luce cansado. Los días anteriores había estado a cargo de una charla sobre crónica e IA en el Media Party Buenos Aires 2025 y luego vendría su destacada presencia en la Conferencia Latinoamericana de Periodismo de Investigación (Colpin). Le apasiona hablar sobre la narrativa en el rol del periodismo actual, pues es el campo en el que, día a día, ha contribuido con su trabajo y talleres de escritura. Su mantra: “Busquen la originalidad y la ambigüedad”.
La conversación es cercana, pedagógica y hay un halo de esperanza en medio del consumo vertiginoso de información, del fin de las revistas de crónicas latinoamericanas en medio del boom y lectores cada vez más esquivos.
Desde que comenzó en el periodismo ha observado varios cambios, por ejemplo, ya no hay salas de redacción, no al menos como se conocían hace más de una década. Además, los textos periodísticos son cada vez más cortos en medio de la aparición de las redes sociales. “Para textos largos, se piensa directamente en hacer un libro y no en escribir una crónica de 60.000 o 70.000 caracteres para un medio. Todavía quedan algunas publicaciones que publican estos textos, pero son cada vez menos. Se tiende a usar bloques más breves también, porque la atención y la tensión del lector está cada vez más dispersa”, dice.
Para ejemplificar, Javier muestra -mientras comparte su pantalla en Zoom- la página del medio digital estadounidense Axios, que fue fundado en 2016 por Jim VandeHei, ex corresponsal de la Casa Blanca. Allí, las notas se presentan en un formato que Sinay compara con el utilizado en los antiguos telegramas.
-Te presentan una nota y te van poniendo subtítulos. Primero tiene un título, luego una introducción muy breve y va muy al punto. Luego tiene párrafos estructurados con un subtítulo que te dice precisamente lo que vas a leer. Entonces este tipo de narrativa es muy breve. Lo leés muy rápido y, a la vez, muestra cómo es el texto al desnudo.
-Y volviendo a sus palabras, ¿por qué cree que se ve este cambio? ¿Por qué ahora la crónica de larga data se traduce solo en la creación de un libro?
-Porque aparentemente los consumidores de medios no quieren pasar tanto tiempo leyendo. Y los consumidores de libros sí. Entonces, naturalmente, un género que apunta a la lectura y que necesita tiempo se va a volcar hacia ese medio. Hice este taller de Media Party donde usé esta cita de Leila Gurriero: “Hay historias que no se pueden contar en poco espacio. La crónica está para estas realidades complejas”.
Entonces, si no podés hacerlo en poco espacio, evidentemente, casi por una cuestión de darwinismo mercantil, la crónica está encontrando su lugar en los libros que parece ser que es donde la gente acepta pasar tiempo y leer. Parece ser que la gente no quiere pasar tiempo en los medios. Después hay varios textos en los que Martín Caparrós, por ejemplo, dice que eso es una mentira. Dice que los lectores quieren leer. Pero bueno, es como si estuviera él solo frente a varias otras campanas que dicen que en los medios no quieren leer.
-¿Cómo cree que se mantiene un género periodístico como la crónica en un contexto de inmediatez informática?
-Hay algo que dijo Gabriela Wiener, que es una periodista peruana, una de mis cronistas favoritas, que dice algo como que la crónica quizás no necesite del soporte de un texto para ser crónica, sino que puede que, en esta circunstancia actual de los medios y de los formatos, puede ser que ya no exista como texto sino como podcast, como video, como infografía. Es decir, lo que define a la crónica quizás no es su forma de texto escrito, sino su mirada, su búsqueda de originalidad, de ambigüedad, cómo se elige lo que ves en la realidad. Y quizás sea esto la crónica. Entonces, si hay menos crónicas en textos, hay otras piezas periodísticas que, por lo que cuentan, por cómo lo cuentan, por cómo están pensadas y cómo lo proponen, parecen una crónica sin necesidad de seguir el formato tradicional.
-Y en ese sentido, ¿qué opina de la simplificación de contenidos en la nueva era de periodismo en redes?
-Yo consumo muchas stories en Instagram. No consumo TikTok, consumo Twitter. A veces me engancha, usualmente me engancha. Me quedo scrolleando, pasando y viendo que sigue. Pero es lo que decía Leila Guerriero. Yo, cuando escribo crónica y cuando doy clases de crónica, les digo a quienes me oyen: ‘busquen la originalidad y la ambigüedad’. La originalidad porque, al ser original, vamos a captar la atención del lector, y busquen la ambigüedad porque, básicamente, la vida es ambigua, las personas son ambiguas. No somos personas perfectas ni desastrosas. A veces estamos cerca del desastre, a veces estamos cerca de la perfección. Nos movemos en una escala y esa escala es compleja y no es tan fácil llevar esa escala a TikTok o a las stories. A la vez, esa escala es la que nos permite, como periodistas, tratar de participar en la conversación pública, ofreciendo algunas ideas no polarizadas, no básicas. Creo que la polarización es donde se encuentran los conflictos y la violencia del mundo actual, que está muy polarizado y en el centro, paradójico, complicado y ambiguo, es donde creo que podemos tratar de empatizar o de entender al otro.
Entonces, redondeando, yo consumo (casi) todas las redes. Son adictivas, obviamente. Enganchadoras, con ritmo y no podés soltarlas. Pero siempre te dejan una sensación de vacío, es como ir al casino, a la ruleta y salís con nada, con los bolsillos vacíos, la cabeza aturdida. Entonces, creo que no está por ahí la solución para tener sociedades más inteligentes. No va por ahí. Obviamente, la solución está en la lectura que es más difícil, lleva más tiempo. De alguna manera espero que se solucione, a lo largo del tiempo.
Problemas del pasado, problemas del futuro
Javier Sinay (Buenos Aires, 1980) es periodista y autor de varios libros, entre ellos Sangre joven: Matar y morir antes de la adultez (Premio Rodolfo Walsh de la Semana Negra de Gijón, 2009), Los crímenes de Moisés Ville: Una historia de gauchos y judíos (2013), Cuba Stone: Tres historias (coautoría, 2016), publicado por Tusquets Editores. En 2015 fue galardonado con el Premio Gabriel García Márquez de la Fundación para el Nuevo Periodismo Iberoamericano (Fundación Gabo). Su libro más reciente: ‘Después de las 09:53 (2024)’, está dedicado a la reconstrucción del atentado a la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el día 18 de julio de 1994. Tal suceso, ocurrido en medio de un contexto caótico y difuso, obtiene una forma de la mano de una investigación sólida y una narración concisa. Ambas herramientas parecen incompatibles con el enfoque micro e inmediato que han adaptado los nuevos medios.
-Y en este contexto de la crónica, ¿cree que en el futuro seremos capaces de rescatar los relatos que nos competen a nivel histórico?
-Sí, pero también creo que ocurre ahora. Es decir, uno de mis libros se llama “Los crímenes de Moisés Ville” y es sobre una colonia agrícola situada en la provincia de Santa Fe aquí en la Argentina, y sobre unos crímenes que hubo entre 1889 y 1906. Había muchos relatos que se han vuelto históricos, que estaban juntando polvo en museos o lugares y se hizo un trabajo casi arqueológico para encontrarlos. Fue muy interesante porque había todo un mundo de hacía 120 años que yacía oculto ahí en esos papeles.
Hacer un buen trabajo de archivo es muy importante porque a veces la información no está, pero muchas veces sí está. A veces ni está en internet. Encontrar esa información es apasionante porque muchas veces rompés los estereotipos, uno se imagina que las cosas fueron de una manera y por ahí son de otra manera. Mirar al pasado es importante porque el pasado es un proceso que llega hasta hoy y nos permite entender quienes somos hoy siempre, o sea, nunca vamos a entender quienes somos hoy si no miramos al pasado.
-Y en contexto actual, si antes se hablaba de una insensibilización del público ante la violencia, ¿se podría hablar ahora de una falta de profundidad en su análisis?
-Yo creo que sí. Es un buen punto porque, especialmente la televisión, todos los análisis se vuelven cada vez más una parte del show. Por ahí en la prensa escrita hay análisis más serios y, por supuesto, que en los libros sí. El público pide show y evidentemente el rating mide bien, entonces genera un círculo vicioso, que es que la televisión da show, el público pide show y de ahí es un círculo vicioso para abajo. En ese punto creo que depende de cada ciudadano o cada consumidor abrir los ojos y buscar algo de más calidad.
*Esta entrevista fue realizada para el ramo de Taller de crónicas y entrevistas que imparte la profesora Carolina Rojas.