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	<title>crónica &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
	<lastBuildDate>Sun, 09 Aug 2026 18:02:41 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Colonias urbanas: cuando el barrio cuida a los niños</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/cuando-el-barrio-cuida-los-ninos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[carriagada]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 09 Aug 2026 16:08:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[En Estación Central, jóvenes voluntarios organizan colonias urbanas para ofrecer una semana de juegos y cuidado a más de un centenar de niños que viven en contextos de violencia y escasas oportunidades de recreación. La experiencia revela cómo la organización comunitaria ha debido asumir tareas que abren un debate sobre el alcance de las políticas [&#8230;]]]></description>
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<h2 class="wp-block-heading"></h2>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>En Estación Central, jóvenes voluntarios organizan colonias urbanas para ofrecer una semana de juegos y cuidado a más de un centenar de niños que viven en contextos de violencia y escasas oportunidades de recreación. La experiencia revela cómo la organización comunitaria ha debido asumir tareas que abren un debate sobre el alcance de las políticas públicas para la infancia.&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por Félix Molina y Pascal Navarro</p>



<p class="wp-block-paragraph">La noche anterior, una balacera rompió los vidrios del colegio de enfrente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A la mañana siguiente, Daniela García, de 27 años, está de pie en el patio de la escuela la Escuela Básica Víctor Jara en Estación Central. Se mueve de un lados a otro mientras chequea que haya colchonetas suficientes, distribuye a los monitores y organiza los últimos detalles antes de que comiencen las colonias urbanas “Niños del Barrio”. Durante los próximos días, entre 100 y 150 niños pasarán por ese recinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero antes de que lleguen los niños hay otra decisión que tomar, por ejemplo dónde dormirán los monitores, pero por sobre todo dónde dormirán seguros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Dani, no puedes dejarnos aquí -le dice Isabel, de 18 años, mientras sostiene una pila de colchonetas-. Ayer tiraron balazos y rompieron los vidrios. Por último, que se queden los hombres mayores en esa sala.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Daniela se detiene con la planilla entre las manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Isa, no puedo dejar dormir a los hombres en esa sala &#8211; le responde, apenas con un hilo de voz-. Porque si se quedan ahí, dejamos toda la parte de atrás del colegio sin nadie. Y tú sabes que por ese sector es por donde más han entrado a robar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las dos mujeres se quedan calladas. El colegio debe funcionar como espacio de recreación para los niños durante el día, pero también como lugar de resguardo para los jóvenes que hacen posible la colonia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El verano en una población llega con el calor acumulado en el asfalto, el eco de una pelota golpeando el pavimento y el aroma de fritura en la noche. A veces con suerte un par de vecinos sacan sus piscinas para que los&nbsp; niños capeen el calor. Pero en esa vida exterior que comienza en las vacaciones para muchos niños de Estación Central, y de comunas vulnerables el verano se vive en el pasaje, en la cancha o en la esquina, los mismos espacios donde las bandas de narcotráfico están presentes. En las vacaciones de invierno, pasa lo mismo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jugar, sin embargo es también un derecho de la infancia. <strong>El artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño reconoce el derecho de niños, niñas y adolescentes al descanso, el esparcimiento, el juego y las actividades recreativas. El Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas ha advertido que los Estados deben generar las condiciones necesarias para que ese derecho pueda ejercerse, entre ellas espacios seguros y accesibles.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese contexto emergen las colonias urbanas «Niños del Barrio», donde jóvenes de entre 15 y 28 años hacen voluntariado con las infancias de forma autogestionada, recibiendo entre 100 y 150 menores durante la semana de actividades. Sin presupuesto garantizado, sin sede propia, sin protocolo institucional, lo que los une es la idea de que el barrio puede y debe cuidar a sus propios niños. Para llegar a eso, son meses de rifas y completadas para juntar los fondos monetarios suficientes.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Una historia que nace en la resistencia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Las colonias urbanas no son un invento reciente, su origen data a fines de los años setenta, en plena dictadura, como respuesta organizada de los barrios populares ante el abandono del Estado. Las comunidades se organizaron para garantizar alimentación y recreación a los niños del sector, bajo el alero de la Vicaría de la Solidaridad. Con el tiempo, ese origen fue dando paso a iniciativas laicas y autogestionadas que mantienen el mismo espíritu, que es que el barrio cuide a sus propios niños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En febrero de 1983, la publicación <em>Solidaridad: Compromiso con la verdad</em>, vinculada a la Vicaría de la Solidaridad, dedicó una edición al trabajo de las colonias bajo el título “Colonias urbanas: alegría, cariño y comida”. La propia documentación de la Vicaría registra, además, las colonias urbanas dentro de sus iniciativas de “recreación educativa”, junto con campamentos de verano y otras actividades comunitarias. Un año antes, durante enero y febrero de 1982, cerca de 14 mil personas habían participado en colonias urbanas, campamentos de verano y jornadas educativas desarrolladas en distintas zonas de Santiago.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Estas escenas de de Estación Central tiene, así, un antecedente que se remonta a la dictadura. Las colonias formaron parte del trabajo de recreación educativa en los sectores populares. Décadas después, el documental <em>Dame la mano: 40 años de Colonias Urbanas</em>, dirigido por Daniela Rojas Ovalle, reconstruyó esa historia a través de quienes participaron en ellas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, cuarenta años después, la urgencia no ha cambiado. Lo que cambió es el tejido social que las sostiene. Las desconfianza ha consumido la vida comunitaria y el cuidado de los niños se redujo a un rol exclusivo de las familias, cuando antes era tarea del barrio entero. Esa pérdida es, en sí misma, una forma de abandono. Javier Trujillo (28), abogado especializado en casos de Ley de Responsabilidad Penal Adolescente, sostiene que es muy fácil que los derechos de los niños sean vulnerados «por su desentendimiento frente a temas legales y por la inocencia que los hace muy susceptibles a maltratos y abusos». Esa vulnerabilidad también se traduce en lo cotidiano, el 63% de los niños en contextos vulnerables, muchos de los que llegan a las colonias no contemplan playas ni viajes. Sus padres trabajan en extenuantes jornadas, obligándolos al encierro para esquivar el narcotráfico que acecha en las plazas de sus barrios.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según el informe de UNICEF 2026, en Chile viven 4.493.995 niños, niñas y adolescentes, el 24,3% de la población total. Entre ellos, el 18,4% vive en pobreza multidimensional, el 15,5% está en situación de trabajo infantil y 313.539 son migrantes, frecuentemente discriminados por su origen. La Defensoría de la Niñez recibió más de 13.178 requerimientos por vulneración de derechos entre 2018 y 2025, siendo los más frecuentes la negligencia y el maltrato familiar. La institución advierte que cuando los números bajan no significa que las vulneraciones disminuyan; muchas simplemente dejan de reportarse.</p>



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</figure>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Cuando las puertas se abren</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al mediodía del primer día de colonias, “A” y “J” , ambos de nueve años, el verano solía tener la forma de una pieza cerrada y el brillo azulado de una pantalla. En sus caras, se nota la emoción por las actividades que les espera en este lugar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-En las colonias soy una niña súper sociable, activa y alegre. Fuera de ella paso a ser la niña aburrida que está pegada al celular porque no me dejan salir por seguridad -dice “J”</p>



<p class="wp-block-paragraph">“A” corre, grita en el patio de la escuela y se pierde entre los cantos grupales; en el verano, cuenta, los monitores organizan guerras de agua para espantar el calor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El monitor Carlos Gómez, de 19 años, cree que las colonias responden a una necesidad concreta del barrio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">-Siento que si no se hicieran colonias en una población, sería porque no son necesarias -afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo que une a los monitores, dice, es una “pasión oculta por servir a la comunidad”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A pocas cuadras, Juana Robles, de 50 años, atiende su almacén detrás de gruesos barrotes, la solución que encontró después de haber sufrido tres robos. Ver pasar el bus de la colonia es un alivio. Dice que le da alegría por esos niños que pueden disfrutar en un espacio seguro</p>



<p class="wp-block-paragraph">Según los monitores y las familias entrevistadas, las alternativas de recreación disponibles durante las vacaciones no siempre se encuentran cerca de los lugares donde viven los niños.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este mismo lugar, unl segundo domingo de enero. La quietud de los pasajes se quiebra con el chirrido metálico de las puertas de una escuela pública que se abren de par en par. Por el zaguán ingresa un torrente de monitores cargando cajas, mochilas y la firme convicción de levantar, a pura autogestión, las colonias urbanas&nbsp; «Niños del Barrio». Las salas de clases desiertas se transforman en una especie de cuartel general. Allí los monitores&nbsp; planifican horarios, se ordenan raciones y se distribuyen roles con rigor minucioso.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Días antes del inicio de la actividad, se compraron alimentos no perecibles y en la víspera, se gestionó la compra de verduras, frutas y todo lo que puede pudrirse. Nada se deja al azar cuando los recursos son escasos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí tambien está Daniela García y vuelve a la preocupación de la seguridad del lugar y mide , ventanas de fierro y comprendiendo que sostener este espacio es, antes que todo, una labor de resistencia frente al miedo cotidiano del barrio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El desgaste que no sale en redes sociales</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Isabel Ponce dice que es monita de los 16 años y lleva cinco en las colonias de este colegio. Relata, que en situaciones, se nota cómo la falta presencia del Estado afecta la infancia “Incluso enfrentan situaciones complejas que requieren seguimiento legal, pero hacemos lo que podemos», dice. María Hernández (35), madre de “J” y gestora cultural de la comuna, coincide: «El municipio aborda la infancia desde una lógica administrativa e impersonal. Las colonias hacen lo que la burocracia no puede: construyen comunidad desde adentro y educan desde la empatía de los pares».</p>



<p class="wp-block-paragraph">La mística de las poleras de color rojo y los cantos de resistencia también esconden el desgaste sile de hacer las cosas a pulso, el choque emocional de convivir con realidades duras y la culpa al apagarse la jornada. La mayoría coincide que cargan con la impotencia de saber que unos días de piscina o esparcimiento no resuelven las negligencias ni las crisis económicas que esperan a los niños al otro lado del portón al dejar la colonia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El último viernes de la colonia se vive con nostalgia anticipada. Cuando llega el momento de la despedida, los abrazos apretados y las lágrimas de los niños dejan rostros tristes entre los jóvenes. “A” corre y abraza fuerte a su monitor favorito y le pide llorando que no lo olvide y que vuelva a inscribirse el próximo año, consciente de que, al cerrarse las pesadas rejas de la escuela, tendrá que resguardarse de nuevo en su casa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>&#x1f4f7; Las fotografías que acompañan esta crónica fueron publicadas con autorización de los padres, madres y tutores de los niños y niñas.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Migrar, sobrevivir y votar en otra tierra</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/migrar-sobrevivir-y-votar-en-otra-tierra/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Dec 2025 21:17:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[La carrera a La Moneda ha logrado alcanzar al sector extranjero, despertando afinidades con la derecha más conservadora y limitando el diálogo sobre la representación del migrante en la política actual. “Siento que la gente está muy traumada con la izquierda, porque allá (en Venezuela) se pasó mucha hambruna debido a ella. Fue un periodo [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em>La carrera a La Moneda ha logrado alcanzar al sector extranjero, despertando afinidades con la derecha más conservadora y limitando el diálogo sobre la representación del migrante en la política actual. “Siento que la gente está muy traumada con la izquierda, porque allá (en Venezuela) se pasó mucha hambruna debido a ella. Fue un periodo terrible, pero así no vamos a avanzar”, dice Juan José Quianes, joven venezolano residente en el país desde el 2018.</em></p>
<p><strong>Por Ann González, Cristóbal Mercado, Ignacia Pacheco, Nicolás Monasterio</strong></p>
<hr />
<p>Una madrugada de diciembre de 2018, Juan José Quianes llegó al país junto a su familia. Viajaron desde San Juan de Los Morros, capital del estado de Guárico, hasta la comuna de Maipú. Juan era apenas un adolescente de 14 años. Pese a las diferencias culturales, Juan se topó con un Chile que le recibiría con amigos y con buenas noticias que lo hicieron soñar con un futuro brillante. Atrás quedaba el valle de hermosas montañas y ahora le tocaba adaptarse a una ciudad caótica de la que sabía muy poco.</p>
<p>Hoy, su madre trabaja de ayudante de cocina en un restaurante y su padre es conductor de camiones. Él cursa la carrera de Psicología en la Universidad de Los Andes (UDLA), quizá porque siempre le ha gustado entender a la gente y su propio proceso: “<strong>Estoy agradecido por llegar en el contexto más adecuado. Por ejemplo, cuando yo llegué los venezolanos que había, por lo menos en mi curso, éramos dos solamente, dos de los 40 alumnos que había. Eso nos daba una exclusividad que motivaba a las personas a entablar relación con nosotros, a ser nuestros amigos”, recuerda con cariño.</strong></p>
<p>Juan percibe la inclinación derechista de sus compatriotas como una especie de mecanismo de defensa frente a un pasado traumático: “Siento que la gente tiene derecho a tener miedo porque se asocia mucho eso de ser de izquierda a la caída de un país. Allá (en Venezuela) se sufrió mucho por la izquierda. Hubo mucha hambruna, mucha delincuencia. Mataron personas, desaparecieron a otras. Militantes intentaron rebelarse, movilizar al pueblo y fueron asesinados. Es desde todo ese trauma que nace el miedo a la izquierda”.</p>
<p>Juan y su pareja Josefa-  ambos venezolanos y quienes prefieran mantener su nombre en reserva- prendieron la tele la noche del 16 de octubre para curiosear al variopinto grupo de candidatos a la presidencia. Vieron cómo los aspirantes a La Moneda interpelaban a sus adversarios y se cuestionaban unos a otros. Hundido en el sofá, con el control remoto en la mano, Juan escuchó a esas personas hablar, entre muchas cosas, sobre el problema migrante. Le bastaron unos minutos para darse cuenta que algo le preocupaba. Se dio cuenta. Chile se divide entre los chilenos aquejados y los extranjeros invasores.</p>
<p>&#8211; La percepción del extranjero ha evolucionado de una manera que se acerca mucho a la denigración. El estereotipo de inmigrante ya está muy tachado. Tú dices ‘migrante’ y se te viene a la cabeza la imagen de un repartidor que te dice ‘chamo’. Incluso, se ha marcado más el estigma de ‘delincuente extranjero’. Ejemplo, en las noticias te dicen ‘un venezolano apuñaló a una ciudadana chilena’, en cambio, si un chileno asesina a otra chilena, no se marca la nacionalidad en esos casos”.</p>
<p>
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</p>
<p><strong>El trauma<br />
</strong><br />
La mayoría de los venezolanos involucrados en procesos de integración comentan que votarán por candidatos de la derecha tradicional. Lo explican, desde su punto de vista, desde la experiencia acumulada en un país donde sienten haber vivido más de dos décadas bajo una dictadura de izquierda. La pesadilla generacional venezolana toma forma en la figura de Hugo Chávez, presidente entre 1999 y 2013, y en la de su sucesor Nicolás Maduro. Ambos encarnaron un proyecto de socialismo nacional dirigido contra el llamado imperialismo estadounidense, un camino que terminó por consolidar un gobierno autoritario de larga data.</p>
<p><strong>Julián Ramírez, ilustrador digital conocido por haber ganado el concurso Diseña tu BIP del Futuro organizado por el Metro de Santiago en su aniversario número cincuenta, suma el relato desde su propia historia.</strong> Dice que, aunque es colombiano, se crió en Chile y aprendió a querer este país, pero desde hace un tiempo arrastra cierta desazón que no logra disimular. Está cansado. Se nota. Dice que en algún momento este país lo inspiró para crear, pero que hoy, marcado por el estigma, está en un punto medio entre sus principios como artista y en las tensiones propias de sentirse extranjero.</p>
<p>Siente que la idea de que Chile no tiene memoria adquirió fuerza después de el 18 de octubre de 2019.</p>
<p>-Muchas personas salieron a protestar por la moda y que los cambios debieron defenderse en ese momento. Hoy el país va girando según el ambiente del día y cuesta ver cómo gente que marchó entonces aparece hoy votando por José Antonio Kast.</p>
<p>El avance de la ultraderecha también alcanza a los migrantes, ya sea como amenaza o como faro en medio de un clima incierto. Juan cuenta que hace poco dejó su trabajo en un minimarket y que un día llegó una joven venezolana que anunció que votaría por Kast. Para él y sus compañeros, la conversación derivó en una reflexión amarga.</p>
<p>-Siento que apoyar a ese candidato implica no mirar el reverso de la situación, como si se aceptara que las personas con menos recursos o quienes huyen de Venezuela quedaran directamente expuestas a ser expulsadas.</p>
<p>“He dicho cosas como ‘capaz me van a echar, pero sé que no sucederá porque ya estoy establecido acá. Igual me pongo en los zapatos de las otras personas que no tienen los recursos para sobrevivir en su país. Ellos no cruzan la frontera con un saco de dinero encima. Lo hacen por necesidad y eso es todo lo que quieren”, dice Juan.</p>
<p>Dice que seguirá dibujando e imaginando, pero Julián no puede sacarse de la cabeza esa frustración. Cree que la ciudadanía parece haber tomado su decisión y, pese a haber nacido, crecido y nacido en el mismo suelo, para el resto es solo un colombiano más. “Todo el mundo se encuentra unido en su propia burbuja de intereses”, concluye.</p>
<p><strong>La retórica del miedo<br />
</strong><br />
En Santiago, el 44% de la población es migrante, una cifra que genera preocupación debido al aumento de estigmatización hacia las personas extranjeras en Chile. Más de 1.608.650 personas migrantes viven actualmente en el país, según el último CENSO: Estimaciones anteriores de INE y SERMIG para finales de 2023 arrojaban un número ligeramente superior, cercano a 1,9 millones, el doble que hace más de siete años. Hoy representan el 8,8% de la población , la mayoría proviene de Venezuela. La llegada masiva de migrantes en un periodo muy corto ha generado un cambio en las percepciones de los chilenos, muchas veces de forma negativa.</p>
<p>La migración se ha convertido en uno de los temas centrales de las campañas presidenciales, tanto de la izquierda como de la ultraderecha. Algunos candidatos proponen medidas para endurecer el control fronterizo, incluyendo iniciativas extremas como la criminalización de la migración irregular, la construcción de zanjas e incluso el minado de fronteras.</p>
<p><strong>Según la analista política Laura Vigouroux Parraguez, especialista en el análisis de escenarios políticos nacional e internacional, con énfasis en temas de migración, seguridad y comportamiento electoral, este tono responde a una narrativa que asocia migración y delincuencia, en un contexto de preocupación por la seguridad. Con el aumento de la criminalidad y la llegada de bandas internacionales, se asocia esencialmente a la migración y al crimen organizado, todos los fenómenos de la crisis de la seguridad</strong>.</p>
<p>El Servicio Jesuita de Migrantes, fundación que ofrece orientación a inmigrantes y refugiados, manifestó preocupación por esta retórica. “Entendemos que se hable de la seguridad del Estado, del control fronterizo, que es un tema muy presente, hoy especialmente en los debates presidenciales. Pero sentimos que el tono también debe centrarse en la integración”, indican. Además, subrayan una particularidad del caso chileno: los residentes extranjeros pueden votar en elecciones generales sin necesidad de nacionalizarse, siempre que cuenten con residencia temporal y más de cinco años en el país. En este caso, el voto extranjero no es obligatorio.</p>
<p>En 2017 inició un éxodo en el país motivado por una crisis institucional que desató manifestaciones masivas a lo largo del país y así se vieron enfrentados a la represión de las fuerzas del orden y la persecución de opositores políticos. Para julio de ese mismo año, de acuerdo a un informe de la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos (ACNUDH) se contaban 129 muertes ocurridas en contextos de manifestación, 46 atribuidas a integrantes de las fuerzas del orden, sumándose 5.051 personas detenidas arbitrariamente y, según el Informe Mundial 2018 de Human Rights Watch, 310 presos políticos condenados de forma ilegítima. Para el Censo 2017, los venezolanos eran el segundo grupo extranjero más grande viviendo en el país, solo por detrás de los peruanos -14,2% contra 29,4%-.</p>
<p>Este año, el gobierno de Gabriel Boric impulsó indicaciones a un Proyecto de Ley para limitar el derecho a voto de los extranjeros residentes únicamente a las elecciones municipales y regionales, excluyéndolos de las elecciones nacionales, como las presidenciales y parlamentarias. Sin embargo, la derecha se opuso, argumentando en contra de restringir el sufragio. Hoy hay sectores de la derecha que están rechazando una medida similar a las que ellos mismos habían propuesto en 2020 y 2021, durante el segundo gobierno de Sebastián Piñera.</p>
<p>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/migrar-sobrevivir-y-votar-en-otra-tierra/4-subir-especial-migrantes/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/4.-subir-especial-migrantes-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/migrar-sobrevivir-y-votar-en-otra-tierra/migrantes-3/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/Migrantes-3-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
</p>
<p>Actualmente, el voto migrante asciende a más de 885.940 personas (Servel), lo que equivale aproximadamente al 5,6% del patrón electoral, compuesto por 15,7 millones de votantes. Si bien históricamente la participación electoral de la población extranjera ha sido menor, esta cifra es vista por especialistas como un potencial factor decisivo en contextos específicos. En comunas con una alta concentración de población migrante como Independencia, Santiago y Estación Central, el voto podría inclinar la balanza en elecciones locales. A nivel nacional, advierten también que podría ser clave en la segunda vuelta.</p>
<p>“No quiero estigmatizar tampoco”, dice Laura, “porque no todas las personas somos iguales, pero sí se ha visto con muy mala fama la migración respecto a los grupos narcotraficantes, a ciertos casos de delincuencia, que se tiene la percepción de que se ha producido una escalada de violencia en el país”. El factor extranjero no ha hecho más que acentuar el terror colectivo del ciudadano chileno al fenómeno de la delincuencia. La Encuesta Nacional Urbana De Seguridad Ciudadana (ENUSC), desde 2017, año de mayor migración extranjera, a 2024, marca un incremento porcentual de 6.9 puntos en los niveles de percepción de aumento de la delincuencia, pasando de 80.8 a 87.5. Estos datos no han pasado desapercibidos para los contendientes a la presidencia de la república. La analista polpitica ha detectado el uso de la situación como recurso de compra de electores, popularizando discursos que logren aplacar el miedo de la gente, transformando la problemática en un instrumento para políticos “de todo tipo, lados; izquierda, derecha, centro, extremo, no extremo”.</p>
<p>Vigouroux<strong> </strong>lamenta constatar que las circunstancias sociopolíticas e internacionales han jugado en contra de la población extranjera. “Las noticias son bastante tangentes al decir y al realzar la nacionalidad de ciertos grupos. Por ejemplo, el crimen organizado que viene de Colombia a Venezuela, la Corte Blanca, narcotráfico, se lleva bastante. Entonces, los medios de comunicación y obviamente los candidatos electorales potencian esto para potenciar las campañas”, concluye.</p>
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		<title>El antifeminismo de la ultraderecha: cómo avanza la agenda conservadora sobre los derechos de las mujeres</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Dec 2025 18:22:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[En Chile, el feminismo y la ultraderecha no solo disputan ideas, sino más bien chocan abiertamente en las calles, en el Congreso y en las redes sociales. Así lo observa la abogada feminista Natalia González, quien desde el Maule ha seguido de cerca cómo, al mismo tiempo que avanzan leyes de género, se consolida un [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1"><em>En Chile, el feminismo y la ultraderecha no solo disputan ideas, sino más bien chocan abiertamente en las calles, en el Congreso y en las redes sociales. Así lo observa la abogada feminista Natalia González, quien desde el Maule ha seguido de cerca cómo, al mismo tiempo que avanzan leyes de género, se consolida un movimiento ultraderechista que caricaturiza al feminismo, instala miedo y busca revertir derechos históricos. Su testimonio, junto al de jóvenes activistas, muestra un escenario donde la seguridad se usa como arma política y la desinformación permea a una nueva generación.</em></p>
<p class="p1"><strong>Por David Pazos y Frank Marín</strong></p>
<hr />
<p class="p1">Ese choque entre feminismo y ultraderecha es algo que Natalia González, abogada del Observatorio Legislativo MIRA, observa con claridad. Lleva años vinculada a organizaciones feministas en la región del Maule y siguiendo de cerca la aplicación de leyes de género en Chile. Desde espacios como ABOFEM y FEM FREVS ha acompañado a mujeres y disidencias en casos de violencia, derechos laborales y salud sexual y reproductiva, combinando educación legal con el monitoreo diario del Congreso.<strong> Esa trayectoria le permite identificar cómo, en muy poco tiempo, se consolidó un sector de ultraderecha abiertamente antifeminista, que reduce al feminismo a una ideología radical y minoritaria mientras se posiciona como defensor de la familia, el orden y la libertad</strong>.</p>
<p class="p1">Natalia Peralta, de 18 años, es activista por los derechos de las mujeres y cada 8 de marzo y 25 de noviembre marcha en las calles. Habla con preocupación de la Ley de Aborto en Tres Causales. Recuerda que proyectos impulsados por parlamentarios de ultraderecha han intentado derogarla por completo, eliminar la causal de violación e incluso sancionar que se enseñe sobre aborto en escuelas o institutos. Para el movimiento feminista, explica, <strong>estas iniciativas representan un intento directo de revertir una conquista histórica</strong>.</p>
<p class="p1">También siguió con atención el primer debate presidencial. Allí, el candidato fue consultado por el proyecto de ley que propone despenalizar el aborto. Kast aseguró, sin presentar evidencia, que en los países donde existe aborto libre la mortalidad materna es más alta. Para Natalia, este tipo de afirmaciones no son errores inocentes, sino parte de una ofensiva antifeminista que busca instalar miedo y desconfianza en torno a políticas impulsadas por el movimiento. “Se apela al temor y a la inseguridad para justificar respuestas autoritarias que limitan derechos en nombre del orden”, comenta.</p>
<p class="p1"><strong>La Red Chilena Contra la Violencia Hacia las Mujeres lanzó la campaña “La ultraderecha quita derechos: ¡Que no te engañen!”, donde advierte justamente lo que comenta Natalia, que estos sectores tienen su estrategia clara: instalar el miedo, promover el control sobre nuestros cuerpos, naturalizar la violencia y deslegitimar las luchas feministas</strong>.</p>
<p class="p1">«¿Por qué  estas narrativas son tan atractivas para ciertos sectores juveniles? No se trata de afirmar que todas las juventudes se ven atraídas por estos discursos. Las trayectorias juveniles son diversas y no responden de manera uniforme a las mismas narrativas. Sin embargo, hay sectores específicos en los que estas estrategias encuentran terreno fértil. En este sentido, podemos observar a nivel global cómo la ultraderecha logra seducir a ciertos grupos jóvenes explotando frustraciones y vacíos identitarios. Su herramienta más eficaz han sido los discursos de odio, entre ellos el antifeminismo, al que reviste con la nostalgia de un pasado absurdamente idealizado. Frente a la complejidad de las crisis actuales —precarización, desigualdades, exclusión, inseguridad—ofrece respuestas frágiles e ilusión (&#8230;)», reza el documento en la página de la organización feminista.</p>
<p>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/el-antifeminismo-de-la-ultraderecha-como-avanza-la-agenda-conservadora-sobre-los-derechos-de-las-mujeres-2/especial-1/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/Especial-1-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
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<a href='https://www.puroperiodismo.cl/el-antifeminismo-de-la-ultraderecha-como-avanza-la-agenda-conservadora-sobre-los-derechos-de-las-mujeres-2/especial-3/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/especial-3-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
</p>
<p class="p1"><strong> El Beat del feminismo</strong></p>
<p class="p1">El recuerdo está entre las jóvenes, fue un lunes 25 de julio del 2018. “Vamos ya, vamos ya, vamos ya, vamos ya, ya, ya (…) por el aborto legal” se escucha en melodía de <i>Bella ciao</i>, ese himno que popularizó <i>La casa de papel</i>. Todas entonan y el ambiente se enciende frente al Ministerio de Educación. A las 10:13 de un lunes, unas veinte mujeres y estudiantes forman un círculo. Una joven levanta un cartel que dice: “Porque tengo derecho a conocer mi cuerpa, educación sexual”. Minutos después, al centro del grupo, aparece Rosario Olivares, vocera de la Red de Profesores de Filosofía de Chile, con un megáfono entre las manos.</p>
<p class="p1">Desde la vereda, algunos oficinistas aún somnolientos observan mientras sostienen un café con gesto resignado. Otros hombres cruzan rápido, rozándolas con apuro. Ellas no se inmutan y continúan con las consignas: “¡Nosotras parimos, nosotras decidimos (…)!”. El círculo ayuda a entrar en calor, a aguantar el frío de la mañana. Estudiantes y jóvenes de cabellos teñidos, pañuelos, piercings y labios encendidos parecen una fiesta móvil. A su alrededor se ubican los carabineros, uno de ellos toma una fotografía en un intento de amedrentarlas. <strong>Ellas permanecen impasibles y despliegan un pañuelo de tres metros. Unidas, las mujeres no conocen el temor.</strong></p>
<p class="p1">Fue hace ocho años, un mes después vendría la ola feminista en las universidades. Se realizaron acciones en los territorios de diversas comunas, se organizaron asambleas y se entregaron pañuelos. Todo gestionado por coordinadoras, colectivos y agrupaciones barriales. El primer pañuelazo comenzó en el Tribunal Constitucional una semana antes de ese mes de julio, y desde ahí el pañuelo se fue trasladando de comuna en comuna. Esa fue la antesala de la sexta marcha (la primera había sido el 25 de julio de 2013) por el aborto, pero esa fue la primera unificada con el movimiento argentino y latinoamericano, incluso en el color de las pañoletas.</p>
<p class="p1"><strong>Atrás quedó esa postal. Hoy  Antonia Peralta, activista  siente ese feminismo responde y debe responder aún más al avance de estos sectores: “Con más organización, más información y campañas que desmontan discursos falsos”,  dice.</strong> <strong>Agrega que se debe</strong> <strong>reforzar sororidades y visibilizando derechos ya conquistados para evitar que se reviertan</strong>. Lo ve especialmente en redes sociales, donde colectivos feministas publican infografías y videos que explican qué implica, en la práctica, los programas y proyectos de la ultraderecha para la vida de las mujeres y las disidencias.</p>
<p class="p1">Antonia percibe que los discursos antifeministas impulsados o amplificados por la ultraderecha han generado “más crítica y estigma” hacia el feminismo, con conversaciones más tensas y defensivas en redes y una desinformación que vuelve cualquier debate sobre género un campo de batalla: “Seguir viendo miles de mujeres movilizadas me recuerda que esta sororidad sigue siendo una fuerza colectiva capaz de disputar el sentido común”, aunque la preocupación por un escenario político que busca retroceder en derechos no desaparece.</p>
<p>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/el-antifeminismo-de-la-ultraderecha-como-avanza-la-agenda-conservadora-sobre-los-derechos-de-las-mujeres-2/especial-4/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/Especial-4-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/el-antifeminismo-de-la-ultraderecha-como-avanza-la-agenda-conservadora-sobre-los-derechos-de-las-mujeres-2/especial-5/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/Especial-5-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
</p>
<p class="p1"><strong>El backlash</strong></p>
<p class="p1">El backlash feminista aparece como una ola de rechazo y resistencia que busca frenar o revertir los avances del feminismo. La idea quedó instalada tras el libro de Susan Faludi Backlash: La reacción contra el avance del feminismo (1991), que describió cómo estos retrocesos toman forma en el debate público, en las leyes y en la cultura. Se presenta de distintas formas. Mensajes inistentes sobre que “el feminismo ya cumplió su ciclo”, hasta expresiones abiertamente antifeministas o ataques dirigidos a mujeres y activistas. Bajo esas narrativas se mueve un intento más grande por limitar los avances y reinstalar visiones conservadoras sobre género y derechos.</p>
<p class="p1">Karim Verdejo, activista feminista y titulada en Literatura Creativa de la UDP, reconoce el mismo fenómeno, aunque lo sitúa directamente en el cruce entre feminismo, ultraderecha y juventudes. <strong>Percibe que hoy una parte importante de la respuesta feminista ocurre en redes sociales, donde circulan publicaciones que desmontan el programa de José Antonio Kast, explican qué derechos podrían verse afectados con un eventual gobierno suyo y buscan llegar incluso a mujeres que piensan apoyar a la ultraderecha sin medir las consecuencias</strong>. Le llama la atención, además, escuchar a personas mayores afirmar que “ya todos tienen los mismos derechos” y a jóvenes de 18 o 20 años repetir que el feminismo es “lo mismo que el machismo”. Para ella, estos comentarios son el reflejo de campañas y discursos ultraderechistas que se han instalado con fuerza, desde la televisión hasta los algoritmos.</p>
<p>La abogada Natalia González teme esa combinación entre miedo, promesas de orden y desprestigio del feminismo. Es un caldo de cultivo donde se normalizan propuestas que parecen técnicas, pero que significan retrocesos para las luchas feministas”. Enumera entre ellas proyectos para derogar la ley de interrupción del embarazo, eliminar la causal de violación o restringir la discusión sobre el aborto en espacios académicos, iniciativas que, aunque no prosperen, funcionan como señal de  fuerza de los sectores ultraconservadores y mantienen en permanente incertidumbre a profesionales de la salud y a mujeres que podrían necesitar esa ley. <strong>“Los derechos conquistados por las mujeres siempre están en entredicho”, advierte, y cada intento de este tipo recuerda que el avance feminista nunca es definitivo.</strong></p>
<p><strong>Al mismo tiempo,</strong> <strong>Natalia reconoce un desgaste dentro del propio movimiento feminista después de años de movilización, estallido social y dos procesos constituyentes fallidos</strong>. <strong>Muchas activistas compatibilizan trabajos precarios, tareas de cuidado y militancia en un clima de alta hostilidad en redes sociales, lo que hace más difícil sostener presencia permanente en las calles y en el debate público.</strong> Aun así, identifica intentos de reaticulación ante la ofensiva ultraderechista, como las campañas y festivales que acompañan la discusión sobre la despenalización del aborto por plazos, donde se articula un feminismo que insiste en poner al centro el derecho a decidir y el bienestar social.</p>
<p>Antonia y Karim también sienten ese cansancio, pero lo cuentan como una preocupación feminista por la disputa electoral. Para Karim, en la actual candidatura es muy importante ser conscientes de las consecuencias de elegir a un candidato de ultraderecha que ha anunciado su intención de revisar derechos claves: “Si tendría facilidades para impulsar proyectos que afecten la vida de mujeres y disidencias.  Viendo la alternativa de la candidata Jara un camino más cercano a la igualdad que reclamamos en las calles, pero aun así le me preocupa que una parte del electorado femenino, apoye opciones que, desde mi  mirada feminista, las dejan fuera del mapa de prioridades”, reflexiona.</p>
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		<title>La generación del dilema: Cómo votan y dudan los jóvenes en 2025</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/la-generacion-del-dilema-como-votan-y-dudan-los-jovenes-en-2025/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 12 Dec 2025 15:55:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
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					<description><![CDATA[En una elección marcada por el miedo, y la polarización, miles de jóvenes llegan a las urnas cargando más dudas que convicción. Felipe, Samy, Matías y Facundo, cada uno desde una esquina distinta del país, encarnan a esa generación que vota entre discursos heredados, desconfianza de la clase política y un presente que cambia demasiado [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="p1"><em>En una elección marcada por el miedo, y la polarización, miles de jóvenes llegan a las urnas cargando más dudas que convicción. Felipe, Samy, Matías y Facundo, cada uno desde una esquina distinta del país, encarnan a esa generación que vota entre discursos heredados, desconfianza de la clase política y un presente que cambia demasiado vertiginoso. Sus relatos revelan un país que ya no cabe en los viejos moldes.</em></p>
<p class="p1"><b>Por Adrián Cifuentes y Francisco Lara </b><b></b></p>
<hr />
<p class="p1">“Su carnet, por favor”, le pidió amablemente su vocal de mesa y el documento fue lo primero que metió en su mochila. Felipe Rodríguez (22) lo cuidó celosamente para que no se lo fuera a olvidar o perder. Así también llevó sus audífonos y unas galletas para capear el hambre por si el proceso se extendía. Estaba nervioso, no sabía muy bien el porqué. Sentía que la votación estaba polarizada y eso no le gusta. No lo convence. Se metió a la urna y sentía que le costó decidir entre 8 candidatos.  En un momento lo tuvo claro: Matthei le pareció la más centrada entre todos los candidatos de derecha. No le gusta «MEO», lo encuentra agotador. Jara lo hace dudar. Artés no le llamó la atención.</p>
<p class="p1">«Si, Matthei», se convence así mismo con algo de duda aún.</p>
<p class="p1">-Voté por Matthei porque sus ideales y sus propuestas encajaban con mi estilo de vida, mi forma de pensar y porque no soy fanático de los extremos -dice.</p>
<p class="p1">Su caso pertenece al tercio del padrón electoral, a los indecisos.</p>
<p class="p1">-Quiero más afinidad, no un voto heredado-agrega.</p>
<p class="p1">Felipe vive en la comuna de Padre Hurtado; vio gente desmayada, problemas en la urna, pero lo que más le molestó fue tener que decidir entre tantos candidatos, gente que se dice de centro “que no lo es realmente”, cree, por ejemplo.</p>
<p class="p1">-Voté por Matthei, ya que era la que más encajaba con mis ideales. No comparto su pasado, pero sí lo que representa actualmente -repite.</p>
<p class="p1">Después de votar, Felipe caminó de vuelta a su casa pensando en las pocas posibilidades que tenía su candidata de pasar a segunda vuelta, pero con la esperanza de que el país ojalá no esté como parece. Todos polarizados. Todos enojados.</p>
<p class="p1">En la comuna de San Miguel, Samy Villarroel (20) fue a votar con la decisión clara y sin dudas. Jeannette Jara era su candidata desde el principio.</p>
<p class="p1">-En primera vuelta voté por Jeannette Jara, convencida de que era la mejor opción para el país y, sobre todo, para mí como mujer -dice.</p>
<p class="p1">Samy recuerda que marcó el número 2 de la lista con el corazón apretado, nervios por el resultado de esa tarde, pero con esperanza de que su candidata diera una sorpresa.</p>
<p class="p1">Volvió a su casa donde la esperaba su pololo, almorzaron mientras veían las noticias. La incertidumbre empezó a crecer en la medida que se acercaba la hora del conteo de votos. Su única certeza era que Jara pasaría a segunda vuelta. Las encuestas lo habían afirmado. De todos modos los nervios se apoderaron de ella en medio de la espera. ¿Y si pasaba al balotaje el otro candidato de ultraderecha?</p>
<p class="p1">Lo que más odia son los comentarios de videos y publicaciones con “Pinochet tenía razón”, “Debería volver mi general”. A veces no puede creer que esos discursos volvieron.</p>
<p class="p1">-Son chicos que ignoran lo que fue el golpe militar o la dictadura de Augusto Pinochet. Para mí no es solo algo económico, es despreciar cada vida que fue torturada, violada y asesinada durante esos 17 años -reflexiona.</p>
<p>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/la-generacion-del-dilema-como-votan-y-dudan-los-jovenes-en-2025/primera-nota-1/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/primera-nota-1-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
<a href='https://www.puroperiodismo.cl/la-generacion-del-dilema-como-votan-y-dudan-los-jovenes-en-2025/primera-nota-2/'><img loading="lazy" decoding="async" width="350" height="150" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/12/primera-nota-2-350x150.jpg" class="attachment-thumbnail size-thumbnail" alt="" /></a>
</p>
<p class="p2"><b>El retroceso de votar por Kast o votar por Parisi</b></p>
<p class="p2"><b><br />
</b>Facundo Toledo tiene 17 años, no está habilitado para votar, pero Jeannette Jara es su candidata sin duda alguna. Para él, la ex ministra es la más cercana a sus ideales sociales y  una parte importante de sus convicción tiene que ver con el plan de gobierno que propone. Y aunque no pueda apoyarla en la urna, asiste a sus eventos, la sigue  en redes sociales y desde ahí muestra que ella es su opción.</p>
<p class="p1">“Siento que votar por Kast sería un retroceso en todos los avances que se han hecho en DD.HH., al medio ambiente que, por lo personal, es un tema intransable para mí. No votaría por alguien que no defiende lo que amo”, reflexiona Facundo.</p>
<p class="p2">¿En Chile, las escuelas estarán preparadas para enseñarles a los jóvenes sobre política sin un sesgo político? Para Matías Rojas, esta respuesta la tiene desde hace 4 años, desde que salió de la escuela.</p>
<p class="p1">-Francamente, en mi educación básica o media no tuve nada de eso, ni cursos ni talleres acerca de eso. Lo más cercano que podría haber tenido fue educación cívica, pero no alcancé a ver de qué trataba realmente al ser mi 4° medio en pandemia -recuerda.</p>
<p class="p1">“Mi nombre es Matías Alvarado, tengo 20 años y vivo en la comuna de Conchalí. En la primera vuelta voté por Franco Parisi porque, para ser honesto, no me considero ‘ni facho ni comunacho’”, dice un joven con halo infantil, que representa menos edad de la que tiene.</p>
<p class="p1">“Ni facho ni comunacho” es la frase célebre del excandidato Parisi, aquella que pudo conquistar al 19,71% de las mesas, un número no menos importante en el contexto polarizado. Un 19,7% que está en duda, que puede hacer claramente la diferencia en la segunda vuelta. Parisi declaró ante la prensa que los candidatos a segunda vuelta deben ganarse los votos con sudor, como él lo hizo -¿hablamos de sudor o <i>sweat</i>?- durante su campaña.</p>
<p class="p2"><b>La segunda vuelta</b><b></b></p>
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<p data-start="174" data-end="716"><strong>Gabriel Guzmán, cientista político de la Universidad Alberto Hurtado (UAH) y especialista en infancia y adolescencia, describe un escenario electoral que cambió de forma profunda con el retorno del voto obligatorio.</strong> Explica que el padrón antiguo se fue envejeciendo y que, cuando votar dejó de ser obligatorio, la participación juvenil nunca creció en términos reales. Con la obligatoriedad nuevamente en pie, aparece un universo distinto, donde conviven generaciones con historias políticas y sociales muy distintas.</p>
<p data-start="718" data-end="1192">Guzmán detalla que en este nuevo panorama entran en juego factores que van más allá de izquierda o derecha. En las presidenciales, dice, pesan elementos de corto y largo plazo, lo que vuelve más relevante la influencia de mensajes extremadamente breves que circulan en redes sociales, un espacio donde los jóvenes están expuestos de manera constante. Esa combinación produce comportamientos electorales más volátiles y poco estudiados.</p>
<p data-start="1194" data-end="1671"><strong>Aclara que esto no significa que los adolescentes y jóvenes estén desconectados de lo que ocurre en el país. Una última del Instituto Nacional de la Juventud (INJUV), recuerda, mostró un interés alto por la participación social, por ser parte de organizaciones y por involucrarse en actividades comunitarias y de activismo. Lo que existe, explica, es una distancia con las formas tradicionales de participar en la política institucional, un espacio que muchos sienten ajeno o poco permeable a sus inquietudes.</strong></p>
<p data-start="1702" data-end="2746" data-is-last-node="" data-is-only-node="">“Hoy estamos frente a un electorado que todavía estamos aprendiendo a leer. El voto obligatorio incorpora a muchas personas que antes quedaban fuera del radar y eso cambia completamente las dinámicas. No podemos seguir pensando en los jóvenes solo desde la idea de apatía, porque los datos muestran que están participando en otros espacios, con otras lógicas y en otras comunidades. Lo que falta es que el sistema político sea capaz de reconocer esas formas de involucramiento y de abrir caminos para que esa participación tenga consecuencias reales.<strong> Cuando uno revisa la encuesta de la INJUV ve interés por el activismo, por el trabajo comunitario, por la organización social, y eso habla de una generación que sí está preocupada por lo que pasa. El desafío es lograr que esa energía no se quede en lo local o en lo inmediato, sino que pueda proyectarse hacia decisiones más amplias. Ahí es donde todavía tenemos una deuda, porque la política institucional sigue operando con códigos que no siempre dialogan con la experiencia de los jóvenes”, comenta.</strong></p>
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<div class="z-0 flex min-h-[46px] justify-start"><strong>En esta elección, más de 15 millones de personas están habilitadas y se enfrentarán a una papeleta reducida a dos nombres: Jeannette Jara (número 2) y José Antonio Kast (número 5)</strong>, quienes mantendrán la numeración que tuvieron en la primera vuelta. No se trata de buscar al candidato más novedoso ni al más carismático, sino de escoger entre dos proyectos que prometen caminos completamente distintos para el país, en un escenario político marcado por la polarización y el desgaste de la confianza pública.</div>
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<p class="p1">Para Felipe, Samy, Facundo, Matías Rojas y Matías Alvarado, todos jóvenes que votan por primera o segunda vez,  el 14 de diciembre no es una jornada más. Lo sienten como una decisión que podría incidir en su futuro, en el acceso a derechos sociales, en la gratuidad  y en la forma en que vivirán en un país donde la discusión pública parece volverse cada día más tensa.</p>
<p class="p1">Para ellos, en las redes sociales el clima es especialmente hostil. Los discursos de odio aumentan, la confrontación se vuelve parte de la rutina digital y los algoritmos tienden a amplificar las posiciones más extremas por sobre el debate informado. Jóvenes que buscan orientación terminan encontrándose con un flujo de contenidos contradictorios, desinformación y mensajes diseñados para generar miedo o adhesión inmediata. Muchos adultos con posiciones políticas más marcadas intentan influir en ellos, convencidos de que su voto puede definir la elección.</p>
<p class="p1">Facundo dice que es uno de los miles de jóvenes que aún no pueden votar, se siente uno de los miles que no han caído en el discurso conservador.</p>
<p class="p1">-No hay buenos ni malos, solo son jóvenes que se dejan llevar por discursos de odio hacia el bando “enemigo”, dividiendo aún más el país desde sus raíces-, reflexiona.</p>
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		<title>Cuando ardió la Plaza de Maipú: las huellas del estallido en la memoria de una comuna</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 18 Oct 2025 13:36:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[18O]]></category>
		<category><![CDATA[derechos humanos]]></category>
		<category><![CDATA[estallido social]]></category>
		<category><![CDATA[memoria]]></category>
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					<description><![CDATA[Mientras las calles del país hervían de rabia y algo de esperanza, los primeros días de octubre de 2019, en la Plaza de Maipú el aire se colmó de consignas, gases y barricadas. Lo que comenzó como una manifestación pacífica frente al metro terminó en enfrentamientos y represión. Seis años después, testigos y vecinos reconstruyen [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Mientras las calles del país hervían de rabia y algo de esperanza, los primeros días de octubre de 2019, en la Plaza de Maipú el aire se colmó de consignas, gases y barricadas. Lo que comenzó como una manifestación pacífica frente al metro terminó en enfrentamientos y represión. Seis años después, testigos y vecinos reconstruyen aquel día en que la comuna se convirtió en el reflejo del país entero</strong></p>
<p>Por Cristóbal Mercado</p>
<p>Aquel 18-O, Camila Rozas, entonces estudiante de enseñanza media, caminaba con su madre por la avenida Pajaritos. El aire tenía ese halo de las tardes donde algo está a punto de pasar.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Eran como las tres y media”, recuerda. “De repente vimos venir a un grupo de estudiantes con carteles y tambores. La gente del sector los miraba, algunos reían, otros aplaudían. Era una marcha tranquila, de esas que no suelen pasar a mayores».</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Chile despertó”, dijeron después, pero ese viernes empezó todo con las noticias de los estudiantes evadiendo el pago del metro desde hacía varias semanas. Pasadas las horas, cada declaración de los transeúntes reflejaba un país cansado. En Maipú, afuera de la estación de la plaza, cuando el sol caía sobre la avenida Pajaritos, comenzaron a llegar los primeros grupos de estudiantes. Al principio eran consignas tímidas, carteles hechos a mano con cartulinas y plumón. La multitud creció y el sonido de las consignas se perdía en medio del ruido del tráfico.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por horas, la escena fue la de una comunidad reencontrándose, expresándose o comentando los últimos acontecimientos. Los vecinos hablaban de la represión a los estudiantes en el metro, la falta de locomoción y los adultos que salieron en defensa de los jóvenes. La rabia comenzó cuando llegó Carabineros. De pronto, el sonido de los disparos lacrimógenos cortó el aire. El humo avanzó por la avenida y el caos se desató en segundos.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Lo que más recuerdo fue el olor”, dice Camila. “De pronto sentí un ardor fuerte en los pies. Había caído una lacrimógena al lado mío y no sabía hacia dónde correr. Mi mamá me tomó de la muñeca y me metió a una tienda deportiva. Dentro, alguien me pasó un limón. Eso me fue aliviando un poco. Desde el cristal de la vitrina, pude ver a la gente corriendo del guanaco, gritando, tirando piedras. Yo no entendía nada”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por un instante, madre e hija quedaron allí, respirando el gas. Hasta ese entonces, Camila no tenía conciencia plena de lo que ocurriría en el país. Pensaba en salir de cuarto medio y dedicarse a estudiar kinesiología. Disfrutaba de su último año de colegio, ajena a todo lo que estaba por venir.</span></p>
<p><div id="attachment_33212" style="width: 810px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-33212" class="wp-image-33212 size-medium" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Pp1_grande-3-800x425.png" alt="Pp1_grande (3)" width="800" height="425" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Pp1_grande-3-800x425.png 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Pp1_grande-3-1024x543.png 1024w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Pp1_grande-3.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a><p id="caption-attachment-33212" class="wp-caption-text">Foto original La voz de Maipú</p></div></p>
<p><strong>***</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El descontento en la comuna no nació ese día. Desde agosto, los vecinos de La Farfana y Los Héroes marchaban por más seguridad en las calles. Los barrios se habían vuelto más hostiles y este era un tema obligado en los barrios. Otras preocupaciones eran salud y los basurales que avanzaban por sectores residenciales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aquella tarde de octubre jóvenes corrían y agitaban la protesta, algunas madres miraban desde las veredas, los comerciantes cerraban sus cortinas de los locales adelantándose a lo que vendría. Lo que empezó como una manifestación pacífica pronto se volvió una batalla campal. La Plaza de Maipú, testigo de tantas celebraciones, ardió en medio del humo y las sirenas de carros policiales. </span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Se repetía en cada cartel, en los cantos y discursos: ‘Chile despertó’. La alentadora consigna que, en palabras de Luis Tricot, finalmente sería eclipsada en los medios por los registros de saqueos capturados durante las marchas. <strong>“Cuando empezó el estallido había una rabia y una indignación de la gente que estaba, en su mayoría, muy justificada. Después empezaron los saqueos y la delincuencia de grupos externos. Esa violencia la rescataron los medios y se le etiquetó como <em>octubrismo</em>, juntando a los protestantes con los delincuentes en un solo grupo”, afirma Tricot.</strong></span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Como sociólogo y profesor de Movimientos Sociales en la Universidad Alberto Hurtado, Luis estuvo especialmente atento al progreso de este fenómeno. Fue partícipe de comandos políticos en los que se discutía acerca de las problemáticas que aquejan al país. En un principio, días después de la primera avalancha de manifestaciones, las personas parecían congregarse con genuina preocupación por lo que estaba pasando. Un par de semanas después, la asistencia decreció hasta desaparecer. Ahora Tricot tiene eso como el recuerdo de un mal chiste.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Mauricio Acevedo, vecino de la comuna y presidente nacional de la Federación de Farmacias (Fenatrafar), lo resume con la precisión de quien estuvo en las calles:</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">“Fue el descontento, una olla a presión que estalló. Un minuto en que tanta atomización, tanta presión social (&#8230;) Cuando el mundo empresarial y político se desconectan de la comunidad, pasa lo que todos vivimos. Es triste recordarlo, porque lo que sufrimos en el estallido, cuando la ciudadanía marchaba pacíficamente y era agredida, no siempre se mostró en la prensa. Lo que se olvida es que esas marchas fueron genuinas, nacidas del descontento ciudadano. Luego todo se tergiversó, y en la memoria de algunos quedó la idea de que el estallido fue pura violencia, lo que no fue así. Hoy vemos a diario esa desconexión entre el mundo empresarial y la gente, con políticas públicas que no llegan a la ciudadanía, y eso vuelve a generar malestar”, dice Acevedo.</span></p>
<p><strong>***</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Durante aquellos días de octubre, el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH) desplegó un trabajo ininterrumpido a lo largo de todo Chile para resguardar los derechos de las personas en medio de las protestas. Sus equipos -con las ropa amarilla distintiva- estuvieron en terreno, cruzaban calles entre gases y gritos , documentando heridas, detenciones y los primeros testimonios de quienes denunciaban vulneraciones. “Hemos estado en terreno reuniendo información relevante sobre el estado de las personas heridas y detenidas, y las vulneraciones de que han sido víctimas”, declaraba entonces el director del organismo, Sergio Micco.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En los hospitales Félix Bulnes, San Juan de Dios, Clínica Dávila y San Borja, el INDH constató lesiones graves en al menos 22 personas. Los reportes de aquellos primeros días eran crudos casi imposibles de leer. La gente estaba asustada.  Un hombre recibió un disparo percutado por Fuerzas Especiales a solo cinco metros de distancia y quedó en estado grave; un niño tenía balas alojadas en el hígado, el riñón y las piernas; una niña resultó herida por un balín en una pierna; y otro hombre fue alcanzado por una lacrimógena en el rostro.</span></p>
<p><strong>En Maipú el caso más grave fue el de Alex Núñez. El hombre estaba en la salida de la estación el 20 de octubre de 2019, ya con el toque de queda en vigente. La ciudad respiraba el miedo a ser detenido. Aquí y allá, entre la gente de Maipú, como en todo el país, ya se conocían casos de golpizas y abusos. Alex, junto a su esposa, fueron alcanzados por Carabineros, la pareja intentó escapar, pero un proyectil alcanzó su pie. Al caer al suelo, le propinaron golpes en la cabeza y el cuerpo. Esa noche, la vida de Alex se apagó en la ex Posta Central.</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Al ser trasladado, el director de la posta impidió el ingreso de los funcionarios del INDH. La imagen quedó en la retina de la gente: el juez Daniel Urrutia caminó junto a los funcionarios del instituto para  que ingresaran al recinto y pudieran recabar información sobre las personas heridas durante aquella jornada.</span></p>
<p>El INDH estuvo presente en manifestaciones en Santiago, Maipú, Iquique, Antofagasta, Coquimbo, Valparaíso, Rancagua, Talca, Concepción, Valdivia, Temuco, Puerto Montt y Punta Arenas, donde se observó el actuar policial y se abordaron buses para verificar el estado de las personas detenidas.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Con el mismo objetivo, los funcionarios del instituto visitaron comisarías a lo largo del país. <strong>En Santiago, las fiscalizaciones incluyeron la 1ª, 3ª, 19ª, 21ª, 25ª, 33ª, 43ª y 48ª comisarías, donde se registraban cerca de 140 detenidos. Muchos denunciaron uso desmedido de la fuerza, malos tratos, golpes en el rostro y los muslos, torturas, desnudamientos a mujeres, vejaciones sexuales y violencia hacia niños y niñas.</strong></span></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-33215" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Puroperiodismo-2-800x499.png" alt="Puroperiodismo 2" width="800" height="499" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Puroperiodismo-2-800x499.png 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/Puroperiodismo-2.png 840w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En el transcurso de esas jornadas, Beatriz Contreras, jefa regional del INDH, constató, junto a su equipo, los diversos abusos de las fuerzas policiales en el curso de las marchas. “En general, las víctimas pertenecían a un promedio de edad juvenil. Por esto, el INDH interpuso querellas por estos hechos constitutivos de violaciones a derechos humanos”, <strong>dice Beatriz. 3.247 querellas fueron puestas por el INDH: 2.311 por apremio ilegítimo, </strong></span><strong>566 por torturas, 249 por violencia innecesaria</strong><span style="font-weight: 400;"><strong>, 121 por otro tipo de vulneraciones.</strong> Dentro de los afectados, 665 corresponden a niños, niñas y adolescentes; 34 son personas mayores, 28 personas discapacidad, 25 pertenecen a la comunidad LGBTIQ+ y 20 eran personas migrantes”, explica para Puroperiodismo.</span></p>
<blockquote><p><span style="font-weight: 400;">“Estamos hablando del escenario más grave de violaciones a derechos humanos cometidas en democracia. De las conductas que más llamaron la atención desde las primeras semanas de noviembre fue la situación de personas que sufrieron algún tipo de lesión o herida en sus ojos. No hay un precedente a nivel mundial que esa cantidad de personas tuviera una lesión en un plazo de tiempo tan breve”, comenta la abogada </span></p></blockquote>
<p><span style="font-weight: 400;">Más de 434 personas sufrieron algún tipo de lesión ocular producto de la represión de esos días. En la actualidad, del total de querellas, 145 han finalizado, pero solo 68 concluyeron con sentencias condenatorias para los agresores. </span></p>
<p><strong>***</strong></p>
<p><span style="font-weight: 400;"> Esa noche, en Maipú, Fuerzas Especiales de Carabineros hicieron retroceder a los manifestantes. Hubo un pequeño momento de paz interrumpido horas más tarde por otra ola de manifestaciones. Camila había logrado moverse lejos del centro del disturbio hacia el Espacio Urbano de Plaza de Maipú, lugar donde presenció el punto álgido de la manifestación: “(&#8230;) Estábamos arriba cuando empecé a sentir bulla y cuando me asomé por la ventana veo peleas, gente corriendo y tirando cosas al guanaco. Ahí es cuando veo cómo incendiaron la casucha de Carabineros que estaba a la mitad del cruce de Plaza Maipú”. Camila observó como el fuego consumió la pequeña casucha, devastando la propiedad policial que los manifestantes no temían. Era una batalla campal. Nadie se iba a salvar en esa calle. </span></p>
<p>Madre e hija esperaron arriba hasta las seis de la tarde. El papá de Camila fue a buscarlas cuando los enfrentamientos fueron cesando hasta llegar a un punto muerto. El personal de seguridad los hizo descender por el ascensor de emergencia y evacuar por la salida de la sucursal de Integra Médica del lugar.</p>
<p>Radio Cooperativa informaba que los disturbios en las afueras de Plaza de Maipú se intensificaron durante la noche, registró ataques a diversas sucursales de banco y a la misma estación de metro. Camila ya estaba en casa a esas horas, algo más tranquila, pero siguió pensando en toda esa violencia que jamás olvidaría.</p>
<p>No todos los vecinos participaron de forma activa de las protestas. Algunos las siguieron desde la distancia, con mucho temor en algunos casos. Danilo -vecino del sector y exestudiante universitario- recuerda aquellos primeros días como un tiempo de mucha incertidumbre y miedo en el sector donde vivía.<br data-start="755" data-end="758" /> No salió a manifestarse, no porque estuviera en desacuerdo, sino porque no quería arriesgarse a que algo pasara. Supo, por conocidos de su carrera anterior, que varios habían participado en los saqueos de la Plaza de Maipú. <br data-start="1009" data-end="1012" /> “Había vecinos repartiendo pañales, por ejemplo. Y con el tema del metro fue complicado, porque cuando llegué a ver -la estación me queda a diez minutos de la casa-, ya se había quemado. Era 19 de octubre. Por los grupos de WhatsApp del barrio y por Twitter se veían las cosas que pasaban por el sector. Como cuando intentaron saquear el Líder de Isabel Riquelme y una persona de los departamentos de al frente los defendió con un rifle de postones, o cuando quemaron el Alvi que está detrás del metro. En ese caso, me acerqué a mirar, pero no a participar”, aclara.</p>
<p><b>-¿Puede haber otro estallido?</b></p>
<p><b>-No, lo veo improbable </b></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-medium wp-image-33216" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/estallido-social-1-800x533.jpg" alt="estallido social 1" width="800" height="533" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/estallido-social-1-800x533.jpg 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/estallido-social-1-1024x683.jpg 1024w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/10/estallido-social-1.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Para Tricot, esta cifra demuestra que las prioridades de la población cambiaron después del estallido, y también refleja algunos de los defectos de aquella histórica jornada “El estallido fue un movimiento sin un horizonte histórico claro; no se sabía qué era lo que debía cambiar. Se juntaron muchas demandas en un solo lugar, y nunca hubo un acuerdo sobre hacia dónde debíamos ir”.</span></p>
<p><strong>“Parecía que con el estallido se podrían eliminar todos los problemas del país relacionados con la Constitución de 1980”, recuerda Camila, quien vivió ese momento histórico de principio a fin. Desde el plebiscito hasta el vaivén de propuestas que nunca terminaron de consolidarse. “Pero no llegamos a nada. A pesar de que se demostró que los chilenos podíamos unirnos por una causa justa, ya fuera del bando que fuera, también quedó en evidencia que, como sociedad, somos algo indiferentes y desinformados”</strong></p>
<p>En la actualidad, Camila estudia psicología en la Universidad De Las Américas en la sede Maipú. Todos los días cruza Avenida Pajaritos a bordo de la micro I35. A veces, cuando necesita hacer un trámite o reunirse con su pareja, se encamina a Plaza Maipú que está a unas pocas calles de su lugar de estudios. Al llegar a la plaza hay muchas cosas en las que fijarse. Las masas de gente entrando y saliendo de la estación de metro. El Espacio Urbano abigarrado. El cruce de peatones desbordado de gente y, en el suelo, los últimos rastros de una mancha negruzca, propia marca de un algo que ardió. Eso es todo lo que queda de la batalla de ese 18 de octubre.</p>
<p>“Chile es un país que olvida muy fácil”, reflexiona Tricot. “Más allá de las protestas y los saqueos, no se habla mucho ya de lo que fue el movimiento o lo que buscaba, lo que es acorde a la capacidad de olvido que tiene la gente”.</p>
<p>&nbsp;</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
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		<title>El adiós a Dageline: violencia institucional y un duelo en kreyòl</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/el-adios-a-dageline-violencia-institucional-y-un-duelo-en-kreyol-3/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 26 Sep 2025 16:54:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[comunidad haitiana en Chile]]></category>
		<category><![CDATA[Dageline]]></category>
		<category><![CDATA[niña haitiana]]></category>
		<category><![CDATA[racismo]]></category>
		<category><![CDATA[xenofobia]]></category>
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					<description><![CDATA[La muerte de Dageline Verce, niña chilena de padres haitianos, en un jardín infantil de Rengo, no solo abrió una herida en su familia y en la comunidad haitiana, sino que también expuso el racismo institucional que los golpea incluso en medio del duelo. Tras perder a su hija bajo la tutela del Estado, debieron [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><em><strong>La muerte de Dageline Verce, niña chilena de padres haitianos, en un jardín infantil de Rengo, no solo abrió una herida en su familia y en la comunidad haitiana, sino que también expuso el racismo institucional que los golpea incluso en medio del duelo. Tras perder a su hija bajo la tutela del Estado, debieron enfrentar un intento de desalojo en la toma donde vivían. El cuerpo de la niña estuvo 45 días en el Servicio Médico Legal. No hubo autoridades en su despedida.</strong></em></p>
<p>Por María Paz Castillo</p>
<p>TikTok está colmado de videos que cuentan la historia de Dageline  -o Dangeline como aparece mal escrito en algunas publicaciones-, una niña de dos años y ocho meses que murió el 18 de julio en el jardín “Pequeños Sueños” de Rengo, aparentemente tras tragarse un globo ante el descuido de sus cuidadoras. La pequeña llegó sin signos vitales al Cesfam Rienzi Valencia.  Hasta allí también llegó su madre, después de recibir mensajes en español en su celular. Las explicaciones de la dupla psicosocial fueron ininteligibles para ella.</p>
<p>Aún hay muchas preguntas sobre cómo pasó todo. No hubo declaraciones oficiales y en los escasos artículos periodísticos sobre su caso, apenas hay pinceladas de su vida.</p>
<p>En la esquina norponiente de la Plaza de Armas de Santiago, cercano a la calle Catedral, se ha transformado las últimas décadas en epicentro de los encuentros de personas migrantes en torno a diversas preocupaciones. Conversan sobre cómo conseguir trabajo, cambiar o enviar dinero, comer, organizarse para ir de fiesta, conseguir ayuda legal o, como ahora, manifestarse.</p>
<p><strong>Allí un grupo de unas 50 personas, se reúne con velas y carteles, invitados por redes sociales, sobre todo en TikTok e Instagram, donde varios influencers haitianos, han compartido información las últimas semanas entre kreyòl. Toma la palabra Nekki, música y cantante afrochilena. Gesticula con las manos para marcar cada punto de sus palabras. Las velas blancas en el suelo arden insistentes.</strong></p>
<p>-Este caso si no se hubiera hecho viral, no sería noticia- replica. No podemos negar que el racismo existe (&#8230;) Necesitamos que se protejan a los afrodescendientes, que protejan a las infancias negras, migrantes. -sigue Nekki. Tiene razón: no hay más que un puñado de personas de algunas organizaciones y activistas.</p>
<p><strong>-Dageline es el reflejo de las nuevas infancias afrochilenas. Mientras más oscura es la piel, el racismo es más grande y más doloroso- concluye.</strong></p>
<p>
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<a href='https://www.puroperiodismo.cl/foto-d4/'><img loading="lazy" decoding="async" width="1200" height="1600" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/foto-D4.jpeg" class="attachment-full size-full" alt="" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/foto-D4.jpeg 1200w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/foto-D4-450x600.jpeg 450w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/foto-D4-570x760.jpeg 570w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px" /></a>
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</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Un grupo de personas se reúne nuevamente en la Plaza de Armas de Santiago, esta vez un domingo en la mañana. Se espera mayor concurrencia. Muchos de los asistentes tienen miedo de que la actividad termine en un enfrentamiento con la policía, a pesar de haber solicitado los permisos correspondientes y asegurar que sea algo pacífico. En la actividad se reparten entre los asistentes poleras que llevan estampada la cara de Dageline. En varias ocasiones se acercan funcionarios de Carabineros para solicitar los permisos.</span></p>
<p>El grupo avanza rodeando la plaza para luego tomar camino hacia la Moneda. A ratos hacen sonidos con los pies, hay cantos en kreyòl y en español. Exigen justicia para Dageline.</p>
<p><strong>Al llegar a la Plaza de la Constitución cerca de las 13:45, un carabinero repite que el permiso para estar manifestándose termina en 15 minutos.</strong></p>
<p><strong>-¡Cuarenta y cinco minutos!- le corrigen varios asistentes.</strong></p>
<p><strong>Los apuran: el permiso es hasta las 14:30.</strong></p>
<p>A través de una llamada, Marie Yolaine St Albord, mamá de Dageline envía saludos a través de David Antoine, quién ha sido la persona que ha apoyado cercanamente a la familia.</p>
<p>Lo que pocos saben es que Marie duerme todos los días cerca de la ropa de Dageline y el padre de la niña aún está en shock. Viven en el campamento Galvarino y, entre los bosquejos planes, está vivir en Santiago para encontrar trabajo o más pronto posible. Una de las organizaciones La Fundación T Zen orienta a migrantes, principalmente haitianos, en términos laborales, herramientas para ser independientes y en eso están enfocados, en la ayuda para la familia.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">***</span></p>
<p>Un pequeño ataúd blanco está ubicado al centro de un gimnasio. Los asistentes están vestidos de sombrero y traje. Ramos y coronas de flores abrazan ese espacio donde ahora descansa la pequeña Dageline. El polideportivo de Rengo que no tiene más que dos corridas de asientos, se va llenando de gente.</p>
<p><strong>En medio del velorio, un grito atraviesa el lugar, es  Marie Yolaine. Y hay motivos para aquello. El cuerpo estuvo más de mes y medio en el Servicio Médico Legal y recién la están despidiendo. El grito es la réplica de ese dolor que sintió en el desalojo de la toma en medio del intento de velatorio. Es el dolor una madre. Aunque el municipio de Rengo estaba al tanto de la situación de la familia, de todas formas decidió hacer un desalojo para una demolición que estaba programada para los campamentos Tricolor y Galvarino. Marie gritaba en medio de la presencia de Carabineros y funcionarios municipales.</strong></p>
<p>En el funeral, hay unos 400 asistentes de los cuales, en principio, no hay más de 20 personas blancas. El gimnasio es una construcción reciente, a propósito de los Juegos Panamericanos. Al pasar los minutos van escaseando las sillas y espacios para sentarse. Cuando llega el momento de las palabras, no hay un equipo de sonido disponible. Las personas intentan hablar igualmente, pero en un momento la situación explota y detienen las palabras hasta que se resuelva.</p>
<blockquote><p>-¿Cómo no hay sonido? ¿No hay sillas?- murmura la gente.</p>
<p>Allí tampoco hay autoridades.</p></blockquote>
<p>Para los haitianos, la muerte es apenas un estado. El alma abandona el cuerpo para unirse al mundo espiritual y permanecer entre los vivos. En los funerales, la música, la comida y apoyarse en comunidad es ritual contra  la tristeza.</p>
<p>En ese momento todo eso queda patente. La presentación de los asistentes es impecable, por tanto hay enojo ante cierta desorganización en el lugar. Tienen que pedir por elementos básicos para comenzar la ceremonia. El ambiente se tensiona. Después de casi media hora, logran llegar con equipos de sonido, entre otras cosas. El velatorio se había suspendido hasta ese momento, algunas personas van tomando la palabra de a poco.</p>
<p style="text-align: center;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-33132" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/Dageline-22-365x600.jpeg" alt="Dageline 2" width="365" height="600" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/Dageline-22-365x600.jpeg 365w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/Dageline-22-462x760.jpeg 462w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/Dageline-22.jpeg 1125w" sizes="auto, (max-width: 365px) 100vw, 365px" /></a></p>
<p>Tres mujeres de la comunidad afrodescendiente hablan: Mimí, Sassou y Marjorie Macier . Ellas han sido parte de las manifestaciones y representan a su comunidad. En el caso de Mimí de Niñeces de Trapo; Sassou, alumna de la Universidad Alberto Hurtado y Marjorie Macier que es profesora haitiana y también ha acompañado las manifestaciones y los cantos en todas las oportunidades.</p>
<p>Una de ellas, denuncia lo que es el racismo y cómo se ha visto en todas las situaciones. Desde antes de nacer. -¿Por qué Haití ha estado en conflicto tanto tiempo? ¿Por qué alguien decide dejar su lugar de origen, una isla en medio del Caribe, para venir al sur del mundo, con frío, donde hablan otro idioma y donde los actos racistas andan a la orden del día?- reclama.</p>
<p>Hoy, una de las preocupaciones de la familia, es que aún no hay avances en la investigación.</p>
<p>Desde el departamento de Género de la Subsecretaría de Educación Preescolar y de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (Junji), declinaron entregar declaraciones a los medios. La Asociación Nacional de Funcionarios de la institución mostró a través de sus redes sociales las manifestaciones exigiendo la salida de Daniela Triviño, Vicepresidenta Ejecutiva de Junji por este caso y por su responsabilidad política en acusaciones tales como que se habría tratado de esconder las pruebas en el descuido que se cometió con Dageline.</p>
<p>***</p>
<p>-Me enteré lo que pasó hasta el final del funeral y fue terrible, fue espantoso, no puedo creer tanta crueldad-comenta María Emilia.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">María Emilia Tijoux es doctora en Sociología de la Universidad de París VIII y Mágister de Educación de la Universidad de París XII y Socióloga de la Universidad de Chile. Como investigadora María Emilia, se dedica hace más de 15 años a trabajar temas como lo son las migraciones contemporáneas y racismo en Chile, la sociología del cuerpo y las emociones.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Cuando me enteré que no estaba cavada la tumba, creo que ya era asesinar de nuevo.</span></p>
<p><strong>-En su publicación de Instagram sobre el caso de Dageline Verce, comentaste «Sigamos luchando juntos contra el racismo”. ¿Crees que el caso de Dageline ha tenido tintes racistas? ¿por qué?</strong></p>
<p>Ahí hay dos cosas. La única posibilidad de luchar contra las opresiones como el racismo, la xenofobia, el patriarcado, es hacerlo colectivamente. Ninguna lucha puede tener este lugar tan individual que nos dejó la dictadura, individualista y que se había trabajado tantos años en todas las luchas sociales de este país (&#8230;) Y lo que ocurrió con Dageline, es uno de las tantas consecuencias del racismo en Chile- concluye.</p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-33143" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2025/09/Dageline-9.jpg" alt="Dageline 9" width="710" height="399" /></a></p>
<p><span style="font-weight: 400;">El domingo 31 de agosto, en el Polideportivo Luis Pávez Díaz, no había micrófono. No había calefacción para capear el frío, pero su comunidad estaba presente. Para ellos, Dageline no era sólo una niña haitiana muerta, un número, una historia en la contingencia que luego se olvidará. La ceremonia había sido anunciada como masiva, pero la Municipalidad de Rengo no dispuso sonido.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Stephania Vanessa Marcelin, trabajadora social e investigadora de la niñez afrodescendiente, tomó la palabra igual, a viva voz.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">-Dageline sufrió violencia incluso antes de nacer -dijo, ahora con micrófono</span><span style="font-weight: 400;">&#8211; Y siguió sufriendo hasta hoy, en su funeral.</span></p>
<p>En el recorrido del cortejo fúnebre, las calles se cortan, se abren, se interrumpen una y otra vez. En el cementerio, la fosa no estaba lista. Hubo que esperar a que terminaran de cavar</p>
<p><span style="font-weight: 400;">-¡Chile es un país racista, xenófobo. Y contra los haitianos, además, hay aporofobia. Nos discriminan por pobres, por negros, por extranjeros!- grita.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Dageline seguía enfrentando las negligencias aún después de que le quitaran la vida.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">«Ella nunca estuvo sola. Murió porque nadie la estaba mirando. Pensaron que era una persona sola. Pero no lo era. Hoy estamos aquí para decirlo», dijo Marcelin, levantando la voz con rabia otra vez.</span></p>
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