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	<title>TechCrunch &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
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		<title>«The New York Times», «TechCrunch» y los conflictos de intereses: en busca de la transparencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricio Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 15 Sep 2011 17:57:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[conflicto de interés]]></category>
		<category><![CDATA[Nieman Journalism Lab]]></category>
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					<description><![CDATA[<em>TechCrunch</em> anunció la creación de un fondo para invertir en nuevos proyectos, algunos de los cuales son reseñados en el sitio. ¿Cómo afecta esto a la objetividad y conflictos de intereses de los medios?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3><em>TechCrunch</em> anunció la creación de un fondo para invertir en nuevos proyectos, algunos de los cuales son reseñados en el sitio. ¿Cómo afecta esto a la objetividad y conflictos de intereses de los medios?</h3>
<div id="attachment_16192" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-16192" class="size-full wp-image-16192" title="Michael Arrington - Joi, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/09/Michael-Arrington-Joi-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-16192" class="wp-caption-text">Michael Arrington, fundador de TechCrunch y criticado por The New York Times | Foto: Joi, Flickr</p></div>
<p><em><a href="http://techcrunch.com/" target="_blank">TechCrunch</a></em> es un sitio fundado en junio de 2005 y que cubre nuevas empresas de tecnología, especialmente aquellas ligadas al mundo de la web 2.0. A comienzos de septiembre, Michael Arrington, uno de sus fundadores, anunció la creación de un fondo de capital de US$ 20 millones para invertir en empresas de este tipo.</p>
<blockquote><p>¿Es la transparencia la nueva objetividad? ¿Qué pasa cuando falla? ¿Qué significa servir al público?</p></blockquote>
<p>Desde 2010 <em>TechCrunch </em>es de propiedad de AOL, conglomerado que prohíbe a sus organizaciones informativas —entre ellas <em><a href="http://www.huffingtonpost.com/" target="_blank">The Huffington Post</a></em>— invertir en las compañías que cubren. Pero con Arrington hicieron una excepción y esto ha generado resquemores.</p>
<p>En <em>The New York Times</em>, por ejemplo, recalcaron que la audacia de Arrington <a href="http://www.nytimes.com/2011/09/02/technology/michael-arrington-techcrunch-blogger-to-invest-in-start-ups.html?_r=2&amp;ref=technology" target="_blank">ignora una de las «reglas cardinales» del oficio</a>: la evasión de conflictos de interés de un reportero que debe mantener distancia de «las personas, organizaciones y asuntos que cubre».</p>
<p>David Carr, columnista de medios de comunicación del <em>Times</em>, profundizó esta línea y escribió que Arrington es un <a href="http://www.nytimes.com/2011/09/05/business/media/michael-arringtons-audacious-venture.html" target="_blank">«bloguero de tecnología que se pasó de la raya»</a>, aún cuando Ariana Huffington, jefa de operaciones editoriales de AOL, le aseguró que éste «no tendría influencia en la cobertura».</p>
<h4><em>TECHCRUNCH </em>DESAFÍA EL PERIODISMO</h4>
<p>La polémica permite contrastar las cosmovisiones que fluyen a través de la prensa tradicional y de los medios que, concebidos como blogs, se han consolidado en la web 2.0.</p>
<p>En un artículo publicado en el <em><a href="http://www.niemanlab.org" target="_blank">Nieman Lab</a></em>, C.W. Anderson analiza <a href="http://www.niemanlab.org" target="_blank">cómo <em>TechCrunch </em>interpela las ideas básicas del periodismo</a>, instalando algunas preguntas en el debate sobre el futuro de los medios: ¿Es la transparencia la nueva objetividad? ¿Qué hacemos cuando falla? ¿Qué significa <em>servir </em>al público? ¿Qué es la información?</p>
<p>Sobre la primera pregunta escribe:</p>
<div class="cita">Para los defensores de la transparencia, la fórmula es simple. Una verdadera objetividad es imposible. Todos los comunicadores entran en un espacio amplio de comunicación, con sesgos particulares y conflictos de interés. Por lo tanto, en lugar de reclamar la objetividad, para los periodistas es mejor ser transparentes acerca de sus sesgos. Y por lo tanto, está bien que Michael Arrington invierta en nuevas empresas que su sitio web cubre, siempre y cuando sea transparente acerca de este hecho. TechCrunch sólo falla cuando deja de ser transparente.</div>
<p>Así lo entienden, al menos, en AOL. Poco después de que se anunciara el fondo de <em>TechCrunch</em>, Tim Armstrong, ejecutivo de la compañía, argumentó: «Tenemos una concepción tradicional del periodismo con la excepción de <em>TechCrunch</em>, que es diferente pero transparente al respecto».</p>
<p>La revelación de los conflictos de intereses plantea un nudo. En <em>Poynter</em>, Steve Myers recoge una réplica de Arrington a las críticas del <em>NYT </em>—<a href="http://www.businessinsider.com/arrington-calls-out-new-york-times-on-its-hypocrisy-2011-9" target="_blank">«ellos hacen exactamente lo que dicen que yo no debería hacer»</a>— y repasa algunos casos donde periodistas del <em>Times </em>han escrito de empresas donde el medio, a través de True Ventures,  ha invertido. Historias donde la aclaración (o <em>disclosure</em>) no está. Un ejemplo: <a href="http://dealbook.nytimes.com/2010/10/25/gigaom-lands-2-5-million-in-new-funding/?scp=2&amp;sq=%22true+ventures%22&amp;st=nyt&amp;pagewanted=all" target="_blank">US$3,5 millones en <em>GigaOM</em></a>, un sitio web muy en la línea techcrunchiana.</p>
<p>Myers conversó con Phill Corbett, editor de estándares del <em>New York Times, </em>quien le explicó que aquellos reporteros que investigan una empresa en profundidad deben conocer el vínculo con las inversiones de Times Co. y discutirlo con su editor.</p>
<div class="cita">La verdadera protección que tenemos en el Times frente a este tipo de conflictos —agregó Corbett— es que nuestros periodistas escriben sus historias, y nuestros ejecutivos hacen sus inversiones. No tenemos a las mismas personas haciendo ambas cosas, y los tipos que hacen las inversiones jamás intentan influir a los periodistas que determinan la cobertura noticiosa.</div>
<p>La pregunta que se instala es: ¿cómo andamos en Chile? A comienzos de agosto, Arturo Arriagada escribió sobre la llegada de <a title="“Es necesario reemplazar la objetividad por la transparencia y la fiscalización”" href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=15402">Cristián Bofill, director de <em>La Tercera</em>, al panel de «Tolerancia Cero»</a> en <em>Chilevisión. </em>Su columna va en la línea de lo planteado por C.W. Anderson: la transparencia es la nueva objetividad, y, por tanto, los medios deben «salir del clóset» y abandonar «la letra chica». Lo que funcionaba en términos analógicos sufre una ruptura en el mundo de internet.</p>
<p>Sin embargo, en ese terreno —nulas aclaraciones de vínculos en noticias de negocios de un conglomerado, ausencia de <em>endorsement </em>en época de elecciones— los medios chilenos siempre han reprobado. En palabras de Arriagada, «si se habló de una nueva forma de gobernar, ya es hora de empezar a hablar de una nueva forma de informar».</p>
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