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	<title>Roberto Herrscher &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
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		<title>Chile despertó, es momento que despierte el periodismo</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/chile-desperto-es-momento-que-despierte-el-periodismo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Roberto Herrscher]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 16 Dec 2019 23:43:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
		<category><![CDATA[confianza]]></category>
		<category><![CDATA[estallido social]]></category>
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					<description><![CDATA[Así tituló Roberto Herrscher, director de la Escuela de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, su columna publicada en The New York Times sobre el actual estado del periodismo chileno. “En la discusión por las causas de la protesta y sobre todo en el debate por la nueva constitución que gran parte de la población ha reclamado, los medios tradicionales todavía se atrincheran en las fuentes de costumbre: políticos, académicos y opinadores profesionales, que en su mayoría son hombres blancos y mayores: los tertulianos de siempre que ni previeron ni alertaron del desastre que propició este estallido social”, escribió en la publicación que gentilmente nos autorizó para replicar en Puroperiodismo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;"><span style="font-weight: 400;">Así tituló Roberto Herrscher, director de la Escuela de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, su columna publicada en The New York Times sobre el actual estado del periodismo chileno. “</span><span style="font-weight: 400;">En la discusión por las causas de la protesta y sobre todo en el debate por la nueva constitución que gran parte de la población ha reclamado, los medios tradicionales todavía se atrincheran en las fuentes de costumbre: políticos, académicos y opinadores profesionales, que en su mayoría son hombres blancos y mayores: los tertulianos de siempre que ni previeron ni alertaron del desastre que propició este estallido social”, escribió en la publicación que gentilmente nos autorizó para replicar en Puroperiodismo.</span></h3>
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<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="size-full wp-image-29943 aligncenter" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/12/IMG_20191104_100603-e1573396212155.jpg" alt="IMG_20191104_100603-e1573396212155" width="1631" height="917" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/12/IMG_20191104_100603-e1573396212155.jpg 1631w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/12/IMG_20191104_100603-e1573396212155-800x450.jpg 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/12/IMG_20191104_100603-e1573396212155-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1631px) 100vw, 1631px" /></p>
<p>Desde que estalló la revuelta popular en Chile en octubre, las paredes de las ciudades del país se llenaron de mensajes contra los poderosos: al inicio, la furia se centraba en el presidente, Sebastián Piñera, y su entonces ministro del Interior, Andrés Chadwick. Después, la ira de las paredes fue contra la policía y las fuerzas armadas, contra los bancos y la Iglesia católica.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">A medida que la protesta popular crecía, surgió un nuevo culpable: los medios de comunicación. “Apaga la tele”, “Periodismo traidor”, “Medios cómplices”, “La prensa miente”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En las carreras de periodismo de la capital de Chile, los profesores nos pasábamos las fotos de estos grafitis y carteles con una mezcla de deleite y preocupación. Por fin, los televidentes y lectores de diarios se daban cuenta de lo que los académicos veíamos hacía tiempo: los medios no estaban reflejando las verdaderas preocupaciones, los miedos y las aspiraciones frustradas de dos generaciones de chilenos. Chile se enriquecía; la clase media se endeudaba; la baja, se empobrecía, y los medios se desentendían.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Por mucho tiempo, los medios tradicionales no cumplieron su deber primordial de buscar la verdad sin sesgos. Pero las manifestaciones, que han sacado a millones de chilenos a las calles a exigir más igualdad, los están obligando a mejorar su cobertura para recuperar una confianza en el periodismo que parecía perdida. Si, como gritan las paredes y las pancartas, “Chile despertó”, todo indica que los medios también han despertado.</span></p>
<p>Este despertar mediático, sin embargo, no basta. Hay un nuevo Chile que los medios tradicionales deben comprometerse a incorporar. Es hora de hacerlo.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las encuestas de opinión de los últimos años reflejaban una ineludible merma en la credibilidad de periódicos y televisoras. Al preguntar en octubre por las fuentes de mayor credibilidad para los chilenos, el </span><a href="https://drive.google.com/file/d/1ye28yVngRFuCxbIxGHqyxeb79_yjUUbh/view" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">Termómetro Social</span></a><span style="font-weight: 400;"> del Núcleo Milenio en Desarrollo Social y la Universidad de Chile encontraron que la mayoría otorga un puntaje máximo de 7 sobre 7 a los amigos y familiares y un 6 a las redes sociales y la radio. Los diarios apenas obtuvieron un 4,2 y la televisión, un 3,6.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En la segunda semana de protestas, cuando más de un millón de manifestantes llenó la Plaza Italia (rebautizada como </span><a href="https://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2019/12/04/de-plaza-italia-a-plaza-de-la-dignidad-los-pasos-para-el-cambio-de-nombre-oficial/" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">Plaza de la Dignidad</span></a><span style="font-weight: 400;">), los centros de estudiantes de periodismo de buena parte de las universidades de Chile sacaron un </span><a href="https://www.colegiodeperiodistas.cl/2019/10/estudiantes-de-periodismo-exigimos-el.html" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">comunicado revelador: </span></a><span style="font-weight: 400;">denunciaban “la mediatización de la televisión abierta (Canal 13, TVN, Mega y Chilevisión) en su rol de criminalizar la protesta, recurriendo a la censura, priorizando fuentes gubernamentales y tergiversando información al mostrar solo la violencia en las calles, pero no las violaciones a los derechos humanos cometidas por fuerzas especiales de carabineros y militares”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los medios tradicionales del país parecían haber declarado la misma guerra sin cuartel a los manifestantes que anunció el presidente Piñera en su primer mensaje televisado, cuando </span><a href="https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-50139270" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">dijo</span></a><span style="font-weight: 400;"> que “estamos en guerra contra un enemigo poderoso”.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Las críticas arreciaban e incluso en la calle. Al ser entrevistados sobre las protestas, muchos respondían que era necesario hacer cambios o cuestionaban la desmesurada represión policial.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Organizaciones internacionales como Amnistía Internacional y </span><a href="https://www.eldinamo.cl/nacional/2019/11/29/cidh-toma-nota-de-informe-de-human-rights-watch-sobre-violaciones-a-ddhh-en-chile/" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">Human Rights Watch</span></a><span style="font-weight: 400;"> han denunciado la violencia estatal contra las manifestaciones y medios internacionales y algunos sitios digitales de periodismo independiente —como Interferencia, El Desconcierto o el Centro de Investigación Periodística (CIPER)—, reportearon la represión policial que culminó en más de </span><a href="https://www.t13.cl/noticia/nacional/lesiones-oculares-ascienden-352-segun-ultimo-reporte-del-indh" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">300 manifestantes con heridas oculares</span></a><span style="font-weight: 400;"> y más de veinte muertos. Solo así, los medios tradicionales empezaron a ponerse a tono con lo que se estaba viviendo en la calle.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Pero hubo consecuencias. Uno de los primeros canales de televisión en contar la otra cara de la crisis fue CNN Chile. Y lo pagó caro: dos importantes anunciantes nacionales (Agrosúper y Juan Sutil) </span><a href="https://eluniversal.cl/contenido/7378/agrosuper-quita-financiamiento-a-chilevision-y-cnn-chile-y-en-todos-los-medios-d" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">les quitaron su</span></a><span style="font-weight: 400;"> patrocinio. Este caso reveló uno de los grandes problemas de nuestro ecosistema mediático: los medios están más pensados para los anunciantes que para el público.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Los medios se encontraron en una encrucijada. ¿Por qué camino optar? ¿Las demandas genuinas de la </span><a href="https://www.lafm.com.co/internacional/mayoria-de-chilenos-cree-que-estallido-social-es-necesario-para-generar-cambios" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">mayoría de la población</span></a><span style="font-weight: 400;"> o la sobrevivencia publicitaria?</span></p>
<div id="attachment_29662" style="width: 1930px" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-29662" class="size-full wp-image-29662" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher.jpg" alt="Roberto Herrscher, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Foto: Fabián Hernández" width="1920" height="1280" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher.jpg 1920w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher-800x533.jpg 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher-1024x683.jpg 1024w" sizes="(max-width: 1920px) 100vw, 1920px" /><p id="caption-attachment-29662" class="wp-caption-text">Roberto Herrscher, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Foto: Fabián Hernández</p></div>
<p><span style="font-weight: 400;">A finales de noviembre, la cobertura informativa local mejoró: comenzaron a incluir sistemáticamente las voces de las víctimas, de los médicos y abogados que los asisten y de organizaciones de derechos humanos, que presentaron reportes muy críticos con el gobierno chileno y el uso excesivo de la fuerza estatal. La voz de los no escuchados comenzó a aparecer junto a las fuentes usuales y ya se ven a los medios nacionales en los cabildos y en las marchas.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En los carteles y pintadas de las últimas manifestaciones ya no aparecen tantas críticas a los medios. Al verse representados, los manifestantes parecen haber recuperado algo de confianza en cómo “su” periodismo está contando la realidad.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">Hay mucho que mejorar aún. En la discusión por las causas de la protesta y sobre todo en el debate por la nueva constitución que gran parte de la población ha reclamado, los medios tradicionales todavía se atrincheran en las fuentes de costumbre: políticos, académicos y opinadores profesionales, que en su mayoría son hombres blancos y mayores: los tertulianos de siempre que ni previeron ni alertaron del desastre que propició este estallido social.</span></p>
<p><span style="font-weight: 400;">En un reciente artículo en CIPER, la experta en periodismo político Ximena Orchard revela que </span><a href="https://ciperchile.cl/2019/10/29/prensa-politica-la-camara-de-eco-de-las-elites/" target="_blank"><span style="font-weight: 400;">las voces habituales</span></a><span style="font-weight: 400;"> en la prensa hegemónica, no han variado desde el retorno de la democracia, en la década de los noventa.</span></p>
<p>El periodismo y sus medios más grandes e influyentes se quedaron en el pasado. Este es un nuevo Chile y han surgido voces más diversas y complejas. En cada barrio, en muchos colegios y universidades, en el campo y en la ciudad se están formando cabildos para discutir las políticas nacionales en pacíficos y acalorados debates. Las mujeres de la cultura, los artistas, los indígenas y los pensionados están uniendo sus reclamos al repertorio del descontento en el país “más estable de América Latina”.</p>
<p><span style="font-weight: 400;">Aún así, al periodismo chileno le espera mucho trabajo y muchos cambios si quiere estar a la altura de una sociedad que busca escapar del sopor y la rutina del pasado. Los medios tradicionales y los nuevos también deben ser faros: indagar en las causas profundas de la revuelta y transformar sus hallazgos en explicaciones para la comprensión y la acción informada.</span></p>
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		<title>Chile lacrimógeno</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/chile-lacrimogeno/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Roberto Herrscher]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 16 Nov 2019 12:54:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[2019]]></category>
		<category><![CDATA[Chile]]></category>
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					<description><![CDATA[La siguiente crónica fue escrita por Roberto Herrscher, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, a los pocos días de iniciado el estallido social en nuestro país. Se publicó en dos medios extranjeros —la revista digital Escrituracrónica.com y el diario Perfil de Argentina— y se replicó en numerosos blogs de internet. "Chile despertó. ¿Qué viene ahora? No está claro, pero no se volverá al sueño del oasis de Latinoamérica, ni a las lágrimas de bajar la cabeza y viajar en metros atestados, pagando un pasaje mayor que el del metro de Madrid para ganar un sueldo como el de Paraguay", escribió.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3 style="text-align: center;">La siguiente crónica fue escrita por Roberto Herrscher, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, a los pocos días de iniciado el estallido social en nuestro país. Se publicó en dos medios extranjeros —la revista digital <em>Escrituracrónica.com</em> y el diario <em>Perfil</em> de Argentina— y se replicó en numerosos blogs de internet. «Chile despertó. ¿Qué viene ahora? No está claro, pero no se volverá al sueño del oasis de Latinoamérica, ni a las lágrimas de bajar la cabeza y viajar en metros atestados, pagando un pasaje mayor que el del metro de Madrid para ganar un sueldo como el de Paraguay», escribió.</h3>
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<div id="attachment_29673" style="width: 5191px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-29673" class="size-full wp-image-29673" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/2.jpg" alt="Foto: Aarón Castro" width="5181" height="2915" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/2.jpg 5181w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/2-800x450.jpg 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/2-1024x576.jpg 1024w" sizes="(max-width: 5181px) 100vw, 5181px" /><p id="caption-attachment-29673" class="wp-caption-text">Foto: Aarón Castro</p></div>
<p>Cuando despertó, el gas lacrimógeno todavía estaba ahí.</p>
<p>Dentro de su nariz, en su garganta, en sus pulmones, en su memoria reciente de no poder ver y toser sin pausa tratando de respirar. Y en la memoria de los años setenta y ochenta, cuando este cronista, como muchos chilenos y argentinos de su edad, vivieron lo que nunca pensábamos que volveríamos a ver: Estado de Excepción, Toque de Queda, ejército en las calles, imágenes de soldados y policías disparando al pueblo desarmado, denuncias de torturas y abusos sexuales en comisarías, 16 muertes hasta ahora, centenares de personas heridas, miles de detenciones.</p>
<p>Esta mañana del miércoles 23 de octubre de 2019, mientras teclea para entender qué está pasando en el país al que vino ilusionado hace tres años, este cronista argentino sigue tosiendo y restregándose los ojos frente a esta pantalla.</p>
<p>El gas todavía pica.</p>
<p>Así funciona el gas lacrimógeno que los Carabineros de Chile arrojan a la multitud, en su gran mayoría jóvenes que bailan y cantan en paz. Es una nube blancuzca, a veces rojiza, que primero se mete por la nariz y causa un agudo escozor ácido. Como meterse mostaza por la nariz. Después, se mete por la boca, paraliza la lengua y entra por la garganta. En el caso de este cronista, el picor en los ojos que provoca las lágrimas que le dan nombre al gas es lo siguiente. Un dolor fuerte debajo de los párpados, como si los ojos se quisieran hundir en sus cuencas, un dolor que se prolonga a los huesos encima de los ojos.</p>
<p>En lo que yo vi en estos días, la mayoría de las y los jóvenes que salen en las pantallas de la televisión chilena, como malhechores cubiertos de trapos y pañuelos, se están cubriendo de los gases lacrimógenos.</p>
<p>Pero pese a su nombre, el principal efecto de esta sustancia, que el Estado chileno nunca dejó de usar desde la dictadura de Pinochet, no es provocar lágrimas. Provoca rabia, indignación, ganas de volver a salir a la calle.</p>
<p>Lo dicen los carteles: <em>Chile despertó. No tenemos miedo. No son 30 pesos, son 30 años. </em></p>
<p style="text-align: left;">No, no son los 30 pesos que subió el boleto del metro; son los 30 años de abusos de una democracia vigilada y de una constitución atenazante que redactaron los sirvientes del dictador en plena dictadura y que ningún gobierno democrático pudo, supo o se atrevió a cambiar.</p>
<div style="width: 986px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-29674" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/109454928_mapuche2.jpg" alt="Foto: Susana Hidalgo" width="976" height="1300" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/109454928_mapuche2.jpg 976w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/109454928_mapuche2-450x600.jpg 450w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/109454928_mapuche2-571x760.jpg 571w" sizes="auto, (max-width: 976px) 100vw, 976px" /><p class="wp-caption-text">Foto: Susana Hidalgo</p></div>
<p>Cuatro vecinos y varios de sus hijos e hijas de uno de los edificios con ventana a Plaza Italia compraron el lienzo de diez metros donde pintaron las palabras: <em>No tenemos miedo</em>. Ya lo cantaban en manifestaciones por los derechos de los negros y contra la guerra de Vietnam en EEUU en los sesenta. Lo colgaron de su ventana. Después, estudiantes lo colgaron en el centro de la estatua, de la cabeza de la estatua del General Manuel Jesús Baquedano. Así salió en incontables medios internacionales. <em>No tenemos miedo</em>.</p>
<p>Lo que estos días hace llorar a Chile, que salió en masa a protestar desde el viernes en cada ciudad y pueblo, no es el gas lacrimógeno. Es el no poder llegar a fin de mes en un país donde el PIB per cápita subió, pero su beneficio quedó concentrado en las mismas manos de siempre. El 1 por ciento de arriba se reparte en gerencias, casos de corrupción y ministerios, mientras el 30 por ciento de abajo se endeuda hasta la desesperación.</p>
<p>La mayoría de quienes salen a la calle no están fuera del sistema: están dentro, trabajan y estudian, pero lo que ganan es una afrenta y lo que gastan, un escupitajo.</p>
<p>A veces hace falta un último insulto para mirarse al espejo y entender finalmente que se están burlando de uno. El ministro de Economía Juan Andrés Fontaine, ante las primeras protestas hace diez días por el alza en el precio del transporte público, que lo hace más caro que en muchos países de Europa, llamó a que los chilenos y chilenas se levantaran más temprano para tomar el metro antes de las 7. Esa fue la gota que rebalsó el vaso.</p>
<p>Las lágrimas no son por el gas, son por el abuso y la ofensa de décadas, por la promesa incumplida de la democracia recobrada en 1990. Los mejores periodistas, escritores, académicos y artistas de Chile están contando lo que pasa de forma potente y sintética. Los leo con admiración y gratitud. Este es un país donde, mientras el presidente decide no ver lo esencial y se enrosca en su propia guerra contra las cacerolas y las pancartas, muchos están pensando en qué pasa, por qué y cómo salir de esto.</p>
<p>Así lo explicaba a los lectores de España y Latinoamérica a comienzo de las protestas la corresponsal de <em>El País</em>, la reconocida periodista chilena Rocío Montes:</p>
<p><em>“Aparentemente </em>Chile era un oasis dentro de una América Latina convulsionada<em>, como dijo hace unas semanas </em>el presidente Sebastián Piñera<em>. Pero entre jueves y viernes explotó una especie de olla de presión con violentas protestas sociales que este sábado tienen la capital bajo control militar, como no sucedía desde la dictadura. Las movilizaciones se originaron por el alza del precio del pasaje del metro, pero parece existir cierta coincidencia en que lo de la tarifa del boleto se trata apenas de la expresión de un descontento mayor de la sociedad chilena. La acción del Ejército apoyado por los carabineros no ha logrado aplacar la protesta en diferentes zonas de Santiago de Chile, donde este sábado se han seguido </em>produciendo enfrentamientos, ataques incendiarios y saqueos en el comercio.<em> Las manifestaciones comienzan a irradiarse a otras regiones del país, lo que obligó al Gobierno a decretar un toque de queda.”</em></p>
<p>Su reportaje se llama <a href="https://elpais.com/internacional/2019/10/20/america/1571531965_776078.html" target="_blank">La olla de presión revienta en el oasis chileno.</a></p>
<p>El mismo sábado 19, la eximia novelista, dramaturga y actriz Nona Fernández en el diario <em>La Tercera,</em> partía su reflexión desde lo que vivió en la primera noche de las protestas:</p>
<p><em>“Camino desde Morandé, en el centro de Santiago, hasta mi casa en Ñuñoa. Horas de caminata. Veo jóvenes con la cara pintada como el Joker que gritan que este es un mejor remate para el gran chiste. Pienso cuál es ese gran chiste. ¿El alza del pasaje del transporte público? ¿Las posteriores declaraciones del ministro a propósito? ¿Las pensiones de nuestros jubilados? ¿El estado de nuestra educación pública? ¿De nuestra salud pública? ¿Nuestra agua que no nos pertenece? ¿La ridícula concentración de los privilegios para un grupo minoritario? ¿La constante evasión de impuestos de ese mismo grupo minoritario? ¿La constitución ilegítima que nos rige? ¿Nuestra pseudodemocracia? Las posibilidades son infinitas, y mientras veo que se acerca un camión lanza-aguas, mi cuerpo, instintivamente, con una sabiduría escondida en él por años, corre, se esconde, se cubre la cara, y logra sortear la situación una vez más. Igual que ayer. Igual que anteayer. ¿Cuántos años llevo escondiéndome del agua sucia de un guanaco? ¿Cuántos seguiré haciéndolo?” </em></p>
<p>Su crónica se titula <a href="https://culto.latercera.com/2019/10/19/nona-fernandez-el-gran-chiste/" target="_blank">El gran chiste</a><em>. </em></p>
<p>El lunes 21 el agudo analista y fundador del semanario satírico y de investigación <em>The Clinic</em>, Patricio Fernández, ponía todo esto en contexto en la revista digital argentina <em>Anfibia</em>:</p>
<p><em>“En el caso chileno, es indudable que el aumento del precio en el transporte público es sólo el detonante de una molestia mayor. Desde la recuperación de la democracia en 1990 hasta avanzada la década del 2000, el país multiplicó en varias veces su ingreso per cápita y fueron muchísimos los que abandonaron la pobreza para ascender a una clase media que al mismo tiempo accedía a bienes con los que sus padres ni siquiera habían soñado y asumía compromisos de gastos, derivados de su nuevo estatus, que cualquier traspié ponía en peligro. El crecimiento económico permitió a la naciente democracia ignorar la destrucción de las seguridades sociales llevada a cabo por la dictadura. Muchísimos hicieron del crédito un modo de vida. Y todo funcionó bien, hasta que la economía perdió el ritmo y esa autosuficiencia que nos llevó a creernos ‘los jaguares de América Latina’ mostró sus fragilidades.”</em></p>
<p>Su análisis lleva por título <a href="https://revistaanfibia.com/cronica/chile-no-es-guerra-es-el-fin-de-ciclo/" target="_blank">No es una guerra, es el fin de un ciclo.</a></p>
<p>El martes 22 a la tarde, se publicó un documento firmado por más de un centenar de académicos de la Universidad Alberto Hurtado, donde trabajo. Son profesores e investigadores de derecho, de economía, de educación, de psicología, de ciencias sociales y periodismo:</p>
<p><em>“En el país ha estallado un conflicto social agudo, que nos recuerda que vivimos en un delicado equilibrio social y político que debemos abordar entre todos y todas con seriedad y responsabilidad. Rechazamos que este conflicto se afronte con estados de emergencia y toques de queda que inhiben el diálogo y la tranquilidad social.” </em></p>
<p>En similares términos se expresan profesores de otras universidades, estudiantes, gremios, asociaciones de periodistas, que deploran el sensacionalismo de la televisión, y el Colegio Médico, que denuncia que el número de muertes y heridos es mayor al informado por el gobierno, junto con una carencia alarmante de recursos en la salud pública, que lleva años.</p>
<div style="width: 810px" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-medium wp-image-29662" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher-800x533.jpg" alt="Foto: Fabián Hernández" width="800" height="533" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher-800x533.jpg 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher-1024x683.jpg 1024w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2019/11/roberto_herrscher.jpg 1920w" sizes="auto, (max-width: 800px) 100vw, 800px" /></a><p class="wp-caption-text">Roberto Herrscher, director de la Escuela de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado. Foto: Fabián Hernández</p></div>
<p>Cada una de estas noches, en medio del toque de queda y del paso ominoso de los tanques verdes del ejército por las calles de Santiago, con el olor del gas lacrimógeno en la garganta, el país asiste atónito a discursos cada vez más confusos del presidente Sebastián Piñera.</p>
<p>Primero, dijo que estábamos en guerra contra un enemigo poderoso, para ser inmediatamente desmentido por el general del ejército con uniforme de combate que él mismo puso a cargo de la seguridad.</p>
<p>La noche del martes citó al poeta uruguayo Mario Benedetti para ampararse en su desconcierto: <em>“Cuando teníamos las respuestas, nos cambiaron las preguntas”. </em></p>
<p>Inmediatamente la Fundación Mario Benedetti le respondió airada. Esta mañana consulté a la presidenta del directorio de la fundación, Hortensia Campanella. <em>“Sin darse cuenta, al usar esa frase, Piñera está descontextualizando una cita que hace Mario de un grafiti que vio en un muro de Quito, según cuenta en</em> Perplejidades de fin de Siglo,” me respondió la representante de los derechos del autor de <em>La tregua</em>.</p>
<p><em>“En todo caso me deja perpleja, y es una cruel ironía, que justo ahora el presidente de Chile nombre a un autor que siempre estuvo ligado al sufrimiento y dignidad del pueblo chileno”.  </em></p>
<p>Ahora Piñera llama al diálogo, pero sigue culpando de la situación a criminales organizados, que sin embargo no tienen líderes visibles. Los partidos de oposición, incluso el Frente Amplio que surgió de las protestas ciudadanas de 2006 y 2011, no moviliza a los que ahora mismo, al mediodía del miércoles 23, vuelven a tomar masivamente Plaza Italia y muchas plazas del país.</p>
<p>Danzan, cantan, saltan, tocan pitos y cornetas y tambores y cacerolas. Ya no lloran por los gases lacrimógenos que volverán esta tarde, cuando se vuelva a acercar el toque de queda. Y ya quieren dejar de llorar por vivir en un país sin salud pública, sin educación pública de calidad, con jubilaciones de hambre, donde todo está privatizado desde los tiempos de la dictadura. Quienes se manifestan son una mezcla de jóvenes que no ven futuro en este sistema abusivo y jubilados que no pueden pagar sus remedios porque les obligaron a poner sus ahorros en fondos de pensión que les pagan 200 dólares mensuales en un país donde muy difícilmente encuentren un alquiler por ese precio.</p>
<p>Otro de los carteles más viralizados es el de una joven que sale a la calle, con su cartón escrito a mano, que dice que su abuela murió por no poder pagar una operación privada.</p>
<p>Chile despertó. ¿Qué viene ahora? No está claro, pero no se volverá al sueño del oasis de Latinoamérica, ni a las lágrimas de bajar la cabeza y viajar en metros atestados, pagando un pasaje mayor que el del metro de Madrid para ganar un sueldo como el de Paraguay.</p>
<p>Mientras siguen sin parar los cánticos y los cacerolazos desde su ventana en Plaza Italia, ya escuece menos el gas de anoche. Todo está en veremos, pero esta semana hay un país en el sur de América que dijo basta.</p>
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		<title>Las dos gorras de Roberto Herrscher y el arte de observar objetos</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/las-dos-gorras-de-roberto-herrscher-y-el-arte-de-observar-objetos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Eduardo Andrade]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Nov 2016 14:38:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[crónica]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo literario]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo narrativo]]></category>
		<category><![CDATA[relatoría]]></category>
		<category><![CDATA[Roberto Herrscher]]></category>
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					<description><![CDATA[Una tarde de noviembre del 2016, <a href="https://twitter.com/Rmherrscher" target="_blank">Roberto Herrscher</a> dictó lo que parecía ser un breve taller de crónica en la<a href="http://camaradellibro.cl/ferias/filsa/filsa-2016/" target="_blank"> Feria Internacional del Libro de Santiago</a>. Sin embargo, después del intermedio a las tres horas de duración, la ponencia dio un giro radical. Acompáñanos a través de esta relatoría a comprender por qué muchos de los asistentes salieron con las ganas de cazar su propia historia y de escribirla de una vez por todas.  ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Una tarde de noviembre del 2016, <a href="https://twitter.com/Rmherrscher" target="_blank">Roberto Herrscher</a> dictó lo que parecía ser un breve taller de crónica en la<a href="http://camaradellibro.cl/ferias/filsa/filsa-2016/" target="_blank"> Feria Internacional del Libro de Santiago</a>. Sin embargo, después del intermedio a las tres horas de duración, la ponencia dio un giro radical. Acompáñanos a través de esta relatoría a comprender por qué muchos de los asistentes salieron con las ganas de cazar su propia historia y de escribirla de una vez por todas.  </h3>
<div id="attachment_27569" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-27569" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/11/robertoherscherr_foto.png" alt="Roberto Herscherr durante un taller en la Fundación Tomás Eloy Martínez. Foto: Verónica Lilian Martínez." width="1080" height="691" class="size-full wp-image-27569" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/11/robertoherscherr_foto.png 1080w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/11/robertoherscherr_foto-800x512.png 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/11/robertoherscherr_foto-1024x655.png 1024w" sizes="auto, (max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-27569" class="wp-caption-text">Roberto Herscherr durante un taller en la Fundación Tomás Eloy Martínez. Foto: Verónica Lilian Martínez.</p></div>
<p>“Tierra, uniforme, árbol, gorra”, apunta Roberto en la pizarra. El último cree acertar. Yo también, pienso, tiene que tratarse de una gorra. Quedamos sólo siete en una sala que fue programada para treinta. Detrás de nosotros se dejan ver, por las ventanas, letreros con títulos, editoriales, autores famosos. Los demás se han ido y es mejor. Salieron algunos repitiendo frases como “qué inspirador”, y otros, cabizbajos, solo se camuflaron por entre la gente. Roberto mete la mano en su mochila azul y ahora, con los ojos abiertos, todos quedamos expectantes. Sí, son dos gorras, gorras de militar. “De la guerra de Las Malvinas”, dictamina.</p>
<p>Los que se fueron acababan de perderse el momento más importante del taller de crónica que el argentino Roberto Herrscher dictó para la Feria del Libro de Santiago. Después de un fin de semana largo, la tarde del 2 de noviembre del 2016, aficionados, periodistas, publicistas, pero mayoritariamente mujeres de edad adulta, nos juntamos para hablar de eso que algunos dicen —desde hace mucho— está de moda: la crónica.</p>
<p>No es casualidad que por segundo año consecutivo se realice un taller express así en este evento. El anterior, con la misma magnitud de concurrencia, fue dictado por el periodista Juan Cristóbal Peña, director de Periodismo UAH, alma máter de Puroperiodismo. En él, intentó sumergirnos en la crónica a través de los textos más primigenios de este lado del continente. Pigafetta, De Vivar, los grandes cronistas que se aventuraron a la exploración del nuevo mundo. Esta vez, Herrscher nos trazaba un mapa divisorio de las diversas corrientes de la crónica pero en su etapa más moderna. Hersey, Capote, Alexievich, y por supuesto, los latinos: Caparrós, Alarcón, Guerriero. Quedaba corta la pizarra.</p>
<p>Cuando era niño, cuenta Roberto, en su país pasaban cosas que se sabían pero que no se decían. Se llenó de dudas, recuerda, de preguntas sin respuesta. “Desde ese momento quise saberlo todo”, dice. Desde ese momento se hizo periodista. Luego, mencionará brevemente su paso como combatiente en Las Malvinas, su concepción sobre la guerra, las preguntas con las que su hijo le llena y cuyas respuestas, casi siempre, terminan decepcionándolo, la forma en como Hiroshima —el texto de culto de John Hersey— le cambió la vida -la vida de Einstein y la de sus colaboradores-. Pero nada, nada se podrá comparar con lo que pasaría después del receso y cuando casi el 70 por ciento de asistentes ya se hayan ido.</p>
<p>Al grano. Roberto no se sorprende con lo vacía que está la sala. Nos ubica en dos grupos a los que quedamos y nos dice: “Cierren los ojos, no los abran hasta que yo diga”. Todos le seguimos el juego como si fuésemos los niños de una fiesta infantil. El ambiente está impregnado con el aroma de los cafés que muchos compraron en el receso y aún así, el maestro nos insta incluso a oler eso que nos entregará y que iremos pasando de mano en mano. “Luego”, dice, “tienen que escribir en una hoja la primera palabra que se les venga a la mente”.</p>
<p>Yo escribí “uniforme”. Tenía que ser eso, sabía que era una gorra pero no era una convencional. María José, una de las asistentes, escribió “dinero” y antes de observar lo que Roberto sacaba de la mochila increpó: “¿no era una billetera?”. Su grupo la tenía más difícil. Sí, eran dos gorras, pero la de ellos tenía solo la forma circular y no traía visera. “Como la de Popeye”, dijo alguno. Luego, Roberto nos pide anotar otra palabra después de observar de qué se trataba. “Pesadilla, miedo, equipo”, para la primera, visera aplanada y de color camuflaje, como la un marín profesional. “Soledad, navegante”, para la segunda, la de Popeye.</p>
<p>Antes de la tanda de preguntas, Roberto nos recuerda la importancia de imaginar las cosas antes de verlas y compararlas luego con lo que son, pero alguien no se aguanta y lo interrumpe: “¿Son tuyas?”. Lo eran. Una la robó, como el Poeta a uno de sus compañeros en «La ciudad y los perros». Parra se llamaba y, sobre su apellido, ahora se lee “Herrscher”. La otra, cuenta, también la robó mientras hacía de traductor en algún buque. Se colocaría ambas luego. Una tras de otra. “¿Ven?”, dice con la gorra de camuflaje puesta, “esto eran los ingleses”. Al instante se coloca la otra y agranda sus ojos. “Esto éramos nosotros”.</p>
<p>Cuando Roberto habla de Las Malvinas se emociona, se indigna, se encuentra. “Oyó las vanas arengas de vanos generales”, empieza a repetir y en las pausas recuerda instantes, capítulos perdidos que recobra siempre al contemplar esas gorras. “Vio lo que nunca había visto, la sangre en los arenales”, continúa con el poema de Borges, «Milonga del muerto». Los demás mantienen la atención en vilo y el maestro empieza a leer un breve párrafo de su libro “Los viajes del Penélope”. Lo escribía mientras su esposa y su hijo dormían, recuerda. No suele usar frases largas pero en aquella no tuvo elección.</p>
<p>Volvió a Punta Tombo, donde estuvo prisionero, tres años después. “El mundo era entonces agradable y comprensible”, dice en su libro. Apenas termina de leer, María José dispara: “¿Sigue siendo el mundo eso?”. Medita su respuesta. “Agradable pero incomprensible”, le dice. Las cosas siempre tienen su propio lenguaje, su propia historia, pienso. Se hace tarde, no tengo el dinero para comprar su libro, pero me llevo la lección aprendida. Observar, siempre observar, curiosear, llenarte de preguntas así falten las respuestas. Meditarlas siempre. “¡Que inspirador!”, repito entre dientes. De verdad lo siento así.</p>
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