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	<title>Jon Lee Anderson &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<link>https://www.puroperiodismo.cl</link>
	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
	<lastBuildDate>Tue, 04 Oct 2016 14:52:24 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
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		<title>72 horas en el Festival de Gabo</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Daniel Avendaño]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Oct 2016 14:52:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Alberto Salcedo Ramos]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[Festival Gabo]]></category>
		<category><![CDATA[Festival Gabriel García Márquez de Periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[FNPI]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Martin Baron]]></category>
		<category><![CDATA[Martín Caparrós]]></category>
		<category><![CDATA[Mónica González]]></category>
		<category><![CDATA[Natalia Lafourcade]]></category>
		<category><![CDATA[Rosental Alves]]></category>
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					<description><![CDATA[La cuarta versión del <a href="http://premioggm.org/" target="_blank">Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo</a> se desarrolló en las vísperas de una jornada histórica para Colombia: el plebiscito donde la ciudadanía se pronunciaría sobre el acuerdo para poner fin al conflicto armado con las FARC. Daniel Avendaño fue, miró, participó y escribió. Esta es su experiencia.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>La cuarta versión del <a href="http://premioggm.org/" target="_blank">Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo</a> se desarrolló en las vísperas de una jornada histórica para Colombia: el plebiscito donde la ciudadanía se pronunciaría sobre el acuerdo para poner fin al conflicto armado con las FARC. Daniel Avendaño fue, miró, participó y escribió. Esta es su experiencia.</h3>
<div id="attachment_27365" style="width: 1090px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-27365" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/72horas_collage.png" alt="Fotos: Instagram FNPI." width="1080" height="720" class="size-full wp-image-27365" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/72horas_collage.png 1080w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/72horas_collage-800x533.png 800w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/72horas_collage-1024x683.png 1024w" sizes="(max-width: 1080px) 100vw, 1080px" /><p id="caption-attachment-27365" class="wp-caption-text">Fotos: Instagram FNPI.</p></div>
<p>De los seis taxistas con los que hablé, cinco desdeñaron el acuerdo con el que el presidente José Manuel Santos quiere lograr la paz en Colombia. “Entregó muy fácil el país a las Farc”, me dice John, quien me traslada desde el aeropuerto en un trayecto que presumí sería más breve. Las curvas del camino son muchas y cerradas. Vemos a un motociclista —veré miles— sentado en el suelo y con la cara ensangrentada.</p>
<p>Medellín queda lejos y llego retrasado. Rápidamente me sumo a la larga fila para ingresar al Orquideorama del Jardín Botánico, el escenario techado donde se desarrollarán las principales actividades de la cuarta versión del Premio y Festival Gabriel García Márquez de Periodismo. Adentro ya está lleno: suena una banda de jazz, focos encendidos, algunos de traje y corbata. Hay ambiente de festival, pienso. Pero el aforo está completo y no nos dejarán entrar. La alternativa es el Salón Restrepo, a pocos metros, donde se exhibirá toda la ceremonia. Hasta allí llegamos cerca de cincuenta personas.</p>
<p>Comienza la transmisión. Un periodista, que usa humita y boina, le hace las preguntas de rigor a Jaime Abello, el director de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, quien entrega las respuestas de rigor. Luego le pide la opinión a un caballero alto y de pelo cano: “¿Cuál es su nombre?”, le dice, y Jon Lee Anderson se sorprende. Lapsus festivalero.</p>
<p>En primera fila están Martín Caparrós, Mónica González, Rosental Alves, entre otros ilustres. En tanto, el cronista Alberto Salcedo Ramos, que oficia de maestro de ceremonias, presenta a Martin Baron, el mismo que estuvo a cargo del Boston Globe cuando el equipo de investigación Spotlight develó cientos de casos de pedofilia en el clero local.</p>
<p>En un español muy fluido, <a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=27341">Baron revisa los desafíos del presente periodístico</a>. La nuestra, dice el norteamericano, no es una sociedad digital, sino una sociedad móvil. Es decir, todos los contenidos deben amoldarse a la pantalla que sostenemos a diario con nuestras manos. “Es esa la dirección que debe seguir nuestra profesión”, dictamina.</p>
<p>El actual director de The Washington Post continúa con su apología al <em>social media</em>, por cierto, muy lúcida y lucida: “Las redes sociales serán esenciales para diseminar nuestra historias. Si quieres escuchar, ve donde la gente está conversando”. Y como tiene a medio millar de personas escuchando, tal vez lo más graneado del periodismo latinoamericano, recalca que debemos sumar a ingenieros a los medios, pues ellos pueden manejar tecnología de punta.</p>
<p>Poco después suben los <a href="http://premioggm.org/2016/09/estos-son-los-ganadores-del-premio-gabo-2016/">ganadores del premio</a> más reputado del subcontinente y que en esta ocasión ha recibido más de mil seiscientas postulaciones. La brasileña Natalia Viana se adjudica la distinción en categoría Texto; sus compatriotas y autores del documental<em> Jaci: Sete pecados de uma obra amazónica, </em>ganan en categoría Imagen; la colombiana Juanita León destaca por la cobertura que ha logrado con La Silla Vacía; y el equipo español de Medicamentalia triunfa  en categoría Innovación. Galardonados y finalistas se abrazan. Mientras, el equipo de los salvadoreños de El Faro se lleva el <a href="http://premioggm.org/2016/09/discurso-del-equipo-de-el-faro-ganador-del-reconocimiento-a-la-excelencia/">reconocimiento a la excelencia</a>. Su fundador, Carlos Dada, agradece y no pierde la ocasión para pregonar sobre la paz que los locales tanto esperan.</p>
<p>Ya van dos horas y media de ceremonia y me doy cuenta que soy el único en el salón.  Sólo me acompañan dos técnicos para cerciorar que la transmisión no falle. Demasiado esfuerzo para una sola persona, pienso.</p>
<p>Al día siguiente, viernes 30 de septiembre, me dirijo nuevamente al Salón Restrepo. Cuatro periodistas que participaron en el destape del caso Panama Papers contarán sus experiencias. Desde el público les preguntan qué hicieron cuando hubo casos de dueños de medios involucrados en las empresas offshore, y Marina Walker comenta que se invitó a que esas fueran las primeras historias que debían contarse; y como tardaron, hubo que dar un segundo aliento, acota la argentina. Al final, se comenta que se grabará una película, y a otro periodista le preguntan —a modo de broma— quien lo interpretará. “Me gustaría que fuera Will Smith”, dispara entre risas.</p>
<p>Se hace una pausa para el almuerzo, y aprovecho de recorrer un patio interior donde instalaron varios stands: el diario El Tiempo regala helados; El Colombiano, el ejemplar del día; la FNPI vende una antología de Gabo y una libreta de apuntes a cinco mil colombianos.  Los maestros, cada tanto, se pasean. En una mesa, Jon Lee Anderson revisa una revista con un joven de pelo largo. Un grupo de muchachas, quizás estudiantes, lo interrumpe y le pide una fotografía. El maestro no duda en pararse y ponerse para la foto. No es una selfie, no da para tanto. A mi lado, una joven entrevista a una periodista venezolana que bordea los cincuenta, sobre las vicisitudes sociales de su país. La colega habla con soltura, con necesidad. Medellín llega a los 24 grados; se supone que llovería.</p>
<p>Debo cruzar la calle e ir al Parque Explora. Allí es la mesa de académicos y directores de programas de periodismo. La cita es a las 14 horas y se nos ha pedido que lleguemos treinta minutos antes. La mayoría cumple.  Mi nombre está impreso junto a la misma libreta de apuntes que me pareció cara y ahora es gratuita. Rápidamente tomamos asiento: somos unos treinta alrededor de la mesa, más unos cincuenta oyentes. Al frente mío se sientan Miguel Angel Bastenier, Jean-François Fogel y Rosental Alves. Es un honor calamitoso: ¿qué cosa medianamente interesante podría decir ante ellos? Poco y nada.</p>
<p>Bruno Patiño, otro de los expositores y director de una escuela de periodismo en París, plantea que al cambiar la forma de enseñar, también cambia la forma de enseñar a informar. Es el turno de Bastenier, cuya voz ronca gravita. En un par de sentencias, el español deja en claro su visión: “El periodismo no se enseña, se aprende en los periódicos. Y aquel que no ha leído El Quijote, que se devuelva a su casa y no moleste”.</p>
<p>Me toca hacer la pregunta final: comento que ya no existe una cultura general en los estudiantes de periodismo, y les pregunto cómo han asumido ese desafío. Bastenier dice que está de acuerdo y me siento pagado. Acto seguido, Patiño, el francés, dice que obedece más bien a una fragmentación de la cultura, que ya no existe ese paquete cultural y que es muy difícil construirlo. Puede ser, pienso.</p>
<p>Al día siguiente, Liniers y Alberto Montt se mofan de los taxistas y su fascismo sin caretas. En realidad, se ríen hasta de sus propios hijos. Son los teloneros excelsos de una mexicana menuda y sonriente —a quien nunca he escuchado— que debe cerrar el festival. Su nombre me es sólo familiar por —sabré después— su tío escritor. Ella, vestida de negro, aparece puntualmente en el escenario y desata una euforia cándida entre los cinco mil jóvenes que han llegado hace dos horas y que se saben cada canción. Ella comienza a cantar y esos miles de jóvenes caen bajo los encantos de la voz de Natalia Lafourcade.  Yo también.</p>
<p>Termino de escribir este texto cuando ya se ha confirmado que el No se impuso en el plebiscito por el acuerdo de paz. No pensaba que el barómetro de los taxistas fuera tan certero. “Cada vez que hay elecciones, llueve en Bogotá”, dice quien me deja en la puerta de regreso.</p>
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		<title>Mónica González y Jon Lee Anderson entre los cien periodistas más influyentes que cubren temas de violencia</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/monica-gonzalez-y-jon-lee-anderson-entre-los-cien-periodistas-mas-influyentes-que-cubren-temas-de-violencia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Oct 2013 14:35:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Mónica González]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo y violencia]]></category>
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					<description><![CDATA[La lista fue realizada por la ONG británica Action on Armed Violence.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>La lista fue realizada por la ONG británica Action on Armed Violence (AOAV) para reflejar cómo mucho del periodismo sobre este tema no se hace desde los grandes medios de comunicación.</h3>
<p><img decoding="async" class="size-full wp-image-23385 alignright" alt="AOAV" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2013/10/AOAV.jpeg" width="200" height="200" /></a>«Los periodistas son el puente entre el mundo violento y el mundo pacífico», dice la publicación de AOAV para introducir su <a href="http://aoav.org.uk/2013/100-influential-journalists/" target="_blank">lista de los cien periodistas más influyentes que cubren temas de violencia armada</a>.</p>
<p>La organización explica que la selección no pretende ser exhaustiva ni definitiva. «Más bien refleja la creencia de AOAV que, así como la violencia toma muchas formas, el periodismo más importante no necesariamente se encuentra en <em>CNN </em>o en las páginas del <em>Sunday Times</em>. Por lo tanto, nuestra lista busca un equilibrio entre lo establecido y lo emergente».</p>
<p>AOAV seleccionó a escritores, corresponsales de radio y televisión, incluso documentalistas. No hay periodistas ni camarógrafos, pero la ONG promete que se realizará una lista aparte para incluirlos.</p>
<p>Algunos de los nombres destacados son Mónica González, directora de <em><a href="http://www.ciperchile.cl" target="_blank">Ciper</a></em>; Jon Lee Anderson, reportero de <em>The New Yorker</em>; Christiane Amanpour, histórica corresponsal de <em>CNN</em>; Carlos Dada, fundador del medio salvadoreño <a href="http://www.elfaro.net/" target="_blank"><em>El Faro</em></a>; y Marc Marginedas, corresponsal de <em>El Periódico de Cataluña</em> en Siria que se encuentra desaparecido desde el 4 de septiembre, entre otros nombres.</p>
<p>AOAV felicita a los periodistas de la lista por su trabajo y les solicita persistir en sus afanes: «Mantengan la fe», es el llamado.</p>
<p>Enlaces:</p>
<ul>
<li><a href="http://aoav.org.uk/" target="_blank">Action on Armed Violence</a> (AOAV)</li>
<li><a href="http://aoav.org.uk/2013/100-influential-journalists/" target="_blank">Lista de los cien periodistas influyentes en temas de violencia</a></li>
<li>Twitter: <a href="https://twitter.com/AOAV" target="_blank">@AOAV</a></li>
<li>Facebook: <a href="https://www.facebook.com/ActionOnArmedViolence" target="_blank">AOAV</a></li>
</ul>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<item>
		<title>Jon Lee Anderson: “Como periodista uno es sirviente del gran público»</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/jon-lee-anderson-como-periodista-uno-es-comunicador-ante-los-demas-eres-sirviente-del-gran-publico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Francisca Burgos]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Apr 2013 23:02:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[estudiantes de periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Time]]></category>
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					<description><![CDATA[En la inauguración del año académico de la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl" target="_blank">Escuela de Periodismo</a> de la UAH, Anderson repasó sus inicios en el periodismo, comentó su desencanto con la revista <em>Time </em>y abogó por un desarrollo profesional con ética. Acá presentamos la transcripción de su discurso.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>En la inauguración del año académico de la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl" target="_blank">Escuela de Periodismo</a> de la UAH, Anderson repasó sus inicios en el periodismo, comentó su desencanto con la revista <em>Time </em>y abogó por un desarrollo profesional con ética. Acá presentamos la transcripción de su discurso.</h3>
<div style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" src="http://farm8.staticflickr.com/7050/8688732767_575b9184bf_z.jpg" alt="" width="600" height="400" /><p class="wp-caption-text">Foto: Patricio Contreras</p></div>
<p>Felicidades a todos ustedes, los que están ya enfrascados en la carrera de estudiar periodismo y a los que entran este año, los que están por terminar…</p>
<p>Cuando me preguntan a mí «¿cómo entraste al periodismo Jon?», yo siempre digo, de forma un poco criolla, que yo caí en el periodismo. Era algo que justamente fue en el Perú, el país vecino de ustedes, hace un poco más de 30 años. Tenía veintipico de años, veintipocos años, yo había pasado varios años prácticamente de aventura, había dejado la universidad para ser líder de expediciones en la selva y los Andes, expediciones científicas, que para mí era vivir la aventura. Antes del ecoturismo, eran experiencias propias, sin que nadie hubiera estado ahí antes. Yo siempre tenía un afán desde chico de explorar el mundo como en los viejos tiempos. Entonces cada vez que tenía una oportunidad así, lo hacía.</p>
<p>Y mi madre era escritora de cuentos juveniles, es decir ella hacía ficción. Eventualmente era profesora de literatura para jóvenes. Creó una escuela en Estados Unidos para otros escritores y escritoras que querían hacer libros para jóvenes. Entonces el culto del libro, de la palabra, del lenguaje, de contar una historia bien contada, estaba muy dado en mi familia, que era una familia nómade, mi padre era diplomático, vivíamos por todo el mundo. Yo escribía desde muy chico y tuve mi primer periódico a los nueve años. Un periódico de barrio que fue inculcado un poco por mi madre, que me incentivaba a que ejerciera un poco la profesión, sabiendo que quizás me nacía.</p>
<p>Ocurre que cuando los padres le definen demasiado a uno a veces, uno lo elude, entonces yo nunca pensé en el periodismo como tal cuando ya era adolescente y un joven adulto, sino estaba empeñado en mi afán de ser explorador, sin una especie de fin o un camino muy certero en hacerlo. Como les decía, abandoné la universidad en el segundo año porque me ofrecieron trabajo en el Perú para andar en la selva, y así anduve durante un par de años y en otras partes de Sudamérica. Pero siempre llevé un diario personal y escribía cartas muy largas a mi familia, en donde —ahora me di cuenta— yo sí estaba ensayando mi profesión futura.</p>
<p>Soy alguien que a la lupa ahora me doy cuenta de que todo está unido, no he podido separar un impulso del otro. Ese afán de ser explorador también creó una ansiedad en mí por vivir la historia de mi tiempo. Entonces era esta junta de cosas que me trajo al periodismo. Entonces cuando digo que caí en el periodismo, es porque un poco fue así. Pero claro, había un subtexto; este bichito interior que tenía de ser escritor, de comunicar, de vivir la historia de mi tiempo y de vivir la vida como una aventura, era la junta o la santa trinidad —o en mi caso la no muy santa trinidad— que me llevó al periodismo.</p>
<blockquote><p>Algunos tenemos un poquito de poeta dentro o poeta frustrado, quizás, pero el hecho de sólo ser despachador de noticias a mí no me satisfacía.</p></blockquote>
<p>Y me encontré en Lima, en el año 79, sin un rumbo certero, había terminado con liderar estas expediciones, pero había estado mucho en el Amazonas, había tenido experiencias muy interesantes, tenía historias que contar y de casualidad —estaba tratando de inventar cómo quedarme ahí para seguir este tipo de vida— vi un anuncio en un semanal en inglés en Lima, Perú, que se llama <em>The Lima Times</em>, que tiene mucho tiempo, desde 1860 está ahí, es el más antiguo de América Latina de idioma inglés de todos los periódicos. Y decía: «necesitamos reporteros».</p>
<p>Entonces dije «yo puedo ser reportero». Entonces me presenté en las oficinas, la secretaria me dio cita con el editor, me acuerdo que era un tipo inglés como de mi edad ahora, y entré y él muy afable me pidió que le comentara quién era, qué había hecho, y bueno, un poco con la ignorancia y la arrogancia —las dos cosas de la juventud— le comenté lo que estaba haciendo y mis andanzas en el Amazonas, y me dijo «bien, arranca, por qué no escribes las crónicas de tus aventuras». Entonces me pusieron en la sala de conferencias de este pequeño periódico&#8230; durante como tres semanas no hice otra cosa que escribir mis crónicas y las fueron publicando. No recuerdo bien si lo editaron mucho o no, pero salieron hasta con mis fotos, mi nombre, y eso es lo que me enganchó, me sentí por primera vez realizado, que mis experiencias sí valían la pena compartirlas con otros, porque un periódico había decidido publicarlas.</p>
<p>Recién en los últimos dos o tres años me he dado cuenta que la psicología que utilizaron conmigo fue muy sensata, porque en lugar de violentarme o asustarme o retarme mucho con lo que no sabía del periodismo, me dejaron a gusto escribiendo mis crónicas que al final es más o menos lo que hago. Y luego, una vez que estaba como compenetrado, me sentía en familia, me comenzaron a apretar un poco la tuerca, y enseñar qué era el periodismo de verdad, dándome pequeñas tareas en Lima, para cubrir esto o lo otro y así hacer notas menores intentando darme oficio, cosa que hicieron al final. Entonces desde estas alturas les agradezco muchísimo esa oportunidad porque fui privilegiado, es decir, me dejaron sentirme escritor, además de enseñarme ser periodista, y eso para mí ha sido la clave.</p>
<p>Del Perú me marché a Centroamérica con un afán ya más periodístico y de un afán de completar mi educación personal. Por mis andanzas sentí a los veintipico de años que había experimentado mucho pero que nunca había conocido la guerra y consideré que eso era parte de mi aprendizaje personal necesario. Creo que muchos jóvenes hombres en particular tienen o han compartido históricamente ese afán de curtirse como hombres, de enfrentar el miedo, esas cosas… el peligro y saber más o menos en dónde paran delante de esas cuestiones históricas. Eso seguramente fue parte, pero también en esa época estaban las guerras de Nicaragua, El Salvador y Guatemala, que eran muy cruentas y muy candentes en la época. Hasta cierto punto era tan candente como el Medio Oriente hoy. El presidente de Estados Unidos de la época había dicho que, por ejemplo, El Salvador era la prioridad número uno de la seguridad nacional de Estados Unidos; imagínense, El Salvador. Era el final de la Guerra Fría y estaban muy enfrentados en ese momento.</p>
<p>Entonces me marché a Centroamérica para probar mi suerte como periodista. Y ahí es donde, con el comienzo en Lima, y en Centroamérica, me forjé, como periodista como tal, y me curtí en sí, en el conflicto. Y aprendí como era ser periodista como tal. Y ahí ocurrió algo que es el meollo de lo que quería hablar hoy, es un poco saber quién eres. Todos ustedes están estudiando el periodismo y tienen inclinaciones hacia este tema u otro tema, me imagino, nociones y ambiciones de quién eres. Pero difícilmente lo sabrás de verdad hasta que salen y lo hacen. Y sabrás realmente para qué naciste hasta que salgas y ejerzas la profesión. Porque yo aprendí sobre el camino y creo que así es para la mayoría. Puedes aprender muchísimo y ustedes tienen el privilegio de alimentarse con un canon periodístico, literario, filosófico en la universidad antes de ir a la calle. Un poco yo lo aprendí a golpes en la calle, como les digo, me marché de la universidad, empujado por varias motivaciones.</p>
<p>Cuando llegué a Centroamérica, viví en El Salvador y también en Honduras, iba y venía de Nicaragua, salía al campo con ejércitos guerrilleros, entrevistaba gente de los escuadrones de la muerte, dictadores, cubría cosas muy cruentas, vi mis primeros muertos, vi la muerte cercana, vi mucha injusticia, y me encontré que estaba de corresponsal a lo pobre, como carne de cañón, para la revista <em>Time</em>, que en la época era muy poderosa. Hoy en día con el internet y lo demás, y un poco la crisis en el periodismo, ha desvanecido su poder, pero había una época en que el <em>Time </em>era un referente a nivel mundial en el idioma inglés, y todavía lo era en esa época.</p>
<blockquote><p>Mi escuela fue mi madre, la escritora, la que me alimentó de libros, la que me inculcó con la noción de que yo era escritor y periodista desde muy joven, y algo en la universidad. Pero la calle es donde me descubrí.</p></blockquote>
<p>Entonces por un lado —por un año o dos— me sentí muy realizado, es decir, vaya, me reconoce un tremendo órgano de los medios, importantísimo y me tienen en el meollo de las cosas. Yo tenía 26 años para entonces y teóricamente debía sentirme feliz, ¿no? Estaba como un testigo en la tierra de los acontecimientos de la historia de mi tiempo y podía teóricamente ayudar a moldear las opiniones y las percepciones del gran público a través de mi periodismo.</p>
<p>Pero resultaba que yo me sentía totalmente infeliz. Después de un año más o menos me di cuenta que estaba realmente extenuado, deprimido, no me sentía a gusto. La razón, poco a poco, fui dándome cuenta, era porque había una parte de mi que era natural que no estaba siendo, digamos, satisfecho, que era el escritor, el libre pensador y también ese ser creativo dentro de mí. O sea yo necesito expresarme, yo no digo siempre literariamente, pero uno tiene ese afán, uno no es periodista sólo por oficio, creo, aunque hay gente que sí, sino por un amor al lenguaje, a la palabra misma. Algunos tenemos un poquito de poeta dentro o poeta frustrado, quizás, pero el hecho de sólo ser despachador de noticias a mí no me satisfacía.</p>
<p>Y por qué me ocurrió esto con <em>Time</em>, porque me suprimían en mucho de lo que reporteaba, no me lo publicaban, y era por razones políticas. Era como trabajar en un gran medio que tenía, imponía, lo que iba a ser la cobertura sobre esa zona de acuerdo al gusto del editor en jefe. Entonces, las primeras veces que a mí me engavetaron historias que consideré que eran importantes no las entendía, me sentí muy frutado y no lo comprendía hasta que finalmente un jefe chévere, un viejo irlandés, que vino y era jefe de la zona, me lo explicó. Me dijo: «Jon, es que te están censurando. Tú eres incómodo para ellos. Tú no entiendes, pero el actual jefe de la revista <em>Time </em>es muy, muy, muy conservador, es amigo íntimo de Kissinger, almuerzan todos los lunes y con este tema de América Latina tú eres incómodo».</p>
<p>¿Por qué yo era incómodo? No es porque yo había escogido bandos, no era porque yo era pro guerrillero necesariamente. No, anduve en todo, pero la realidad era de que el bando nuestro cometía muchas atrocidades, pero a la revista <em>Time </em>no les interesaba necesariamente cubrirlos así, más bien, querían moldear la opinión de otra forma, querían un poco darle buqué, de que las cosas iban a ser mejores.</p>
<p>Era la etapa mía. Y bueno, yo encontré que me saqué el clavo previamente, chorreando la información que yo tenía —y que no salía publicado en mi medio— a órganos de Derechos Humanos para que saliera y en periódicos sin importancia, donde me pudiera dar el lujo de escribir lo que me daba la gana. Recuerdo que uno de mis canales era un periódico, no se cuánta gente lo leía, del <em>San Diego Union</em>, era como cubrir Bosnia o Irak, para el periódico de Temuco o algo así, supongo. Pero ojo, me suplió una gran necesidad y yo me sentía más a gusto conmigo mismo a partir de estas experiencias, no importaba que no fuera <em>Time</em>.</p>
<p>Me fui conociendo, y a eso voy, y para más o menos completar, para no ahondar aquí toda mi vida, más o menos temprano, es decir, yo me descubrí, no estaba muy consciente de quién fui yo hasta darme cuenta de mis disgustos, de mis frustraciones, entonces es muy importante cuando puedes entender quién eres para que no te quedes frustrado, no te quedes engavetado, para que no aceptes ser lo que uno no es.</p>
<blockquote><p>Ojo en el camino, pero con ética, recuerden por qué escogieron la profesión y la carrera, y yo creo que si es por razones más allá del dinero, no hay pérdida.</p></blockquote>
<p>En la medida que puedes ayuda salir de la universidad, a lo mejor tienes alta opinión de ti mismo y de tus capacidades, eso está bien, pero es mejor siempre pensar que no sabes mucho a que lo sabes todo, porque la calle te enseña muchísimo. Y bueno, es lo que les puedo decir porque yo aprendí así y me conocí más bien en la calle. Mi escuela fue mi madre, la escritora, la que me alimentó de libros, la que me inculcó con la noción de que yo era escritor y periodista desde muy joven, y algo en la universidad. Pero la calle es donde me descubrí.</p>
<p>Entonces, mente abierta, y bueno, ética, porque al final, claro, volviendo nada mas a mi <em>impasse </em>con la revista <em>Time </em>—y no es para vilipendiar la revista <em>Time</em>, no, tiene sus virtudes, pero no funcionó para mí—, descubrí que yo no era un hombre de corporación, yo no podía ser simplemente un empleado de una gran corporación que imponía cierta pauta. Para algunos colegas ha sido bien y han funcionado muy bien dentro de estos sistemas, sería por mi formación y por el hecho de que para mí la palabra es sagrada, yo no puedo prestarme a reportajes y a un periodismo que no es propio, que no es mío.</p>
<p>Siempre hay un compromiso, hay un regateo entre lo que uno es y el medio para el cual trabaja, siempre hay. Y cuando uno es joven es hasta más abusivo, o sea, le explotan a uno un poco, es parte de la etapa necesaria. Primero le explotan económicamente, bueno, todos pasamos por eso, las famosas pasantías de verano en donde no te pagan nada y te subvencionan tus padres, qué sé yo, bueno eso es una cosa. Pero lo otro es que te echan guante a tu moral, a tu ética. Eso, otra vez, hay gente que lo acepta a cambio de oro y comodidades, pero yo les diría que estarán muchos más contentos a la larga, a estas alturas, a las alturas mías, si lo has pasado un poco más mal, pero con tu propia ética, porque si eres periodista, eres periodista para algo.</p>
<p>Hay una diferencia entre cubrir baloncesto y ballet que cubrir guerras y política, pero todo sale de una misma sociedad, todo es componente de una cultura, una sociedad, una vida en común con la cual como periodista uno es comunicador ante los demás, es sirviente del gran público, no solamente del medio, y yo no quiero decir que la profesión como tal, como Gabo [García Márquez] ha dicho —él es muy romántico—, es sagrada. He conocido pocos periodistas sagrados, pero sí he conocido un montón de periodistas que tienen alto sentido de la ética y de la moral y los que cubren el mundo más cruento tienen una responsabilidad mayor ante los demás, de tener una ética bien desarrollada, porque estás jugando con la vida y la muerte. Lo que tú reporteas es muy significativo, y al final hoy en día más que nunca eres lo único que hay entre el público, tus padres, tus tíos y tus tatarabuelos, los que viven, qué sé yo, en un piso tal, en el barrio tal o en el pueblo tal, y lo que acontece en el mundo. Si no es por ti, se encargan de contarles a tus padres, a tu hermana, a tus abuelos, los departamentos de relaciones públicas de las corporaciones, de los ministerios y de las casas presidenciales y de las guarniciones.</p>
<p>Eres el último interlocutor entre lo que es la mentira y la verdad, eres el único mediador de verdad posible, puro; los demás están interesados. Y ojo, vuelvo a decir, vas trabajar en medios que también están interesados, que a veces son propiedad de un solo hombre o mujer, o un grupo mediático que tiene un tinte político que a lo mejor no es el tuyo, ojo ahí, para que tengas independencia de espíritu y no lo pierdas en ese camino. Va a ser accidentado, vas a cometer errores, te van a utilizar, y te van a explotar, pero a la larga, puedes salir como tu propia persona y con tu integridad intacta.</p>
<p>Hoy en día más que nunca yo creo, y ahí termino, aunque por un lado nos está socavando la profesión, ofrece muchas posibilidades, el internet, todo esto de los medios sociales. Hay un panorama hasta cierto punto mucho más democrático de lo que había cuando yo era de la edad de ustedes. Si no me publicaban en el periódico tal, no me publicaban. Hoy en día ustedes con un blog y un botón pueden decir los que les da la gana y ser oídos no sólo en Chile, sino que también al otro lado del mundo. Eso es un gran poder, pero también impone una gran responsabilidad.</p>
<p>La misma soltura con que pueden intervenir en el gran argumento internacional, el gran debate, la gran conversación de nuestros tiempos, puede diluirse. Ustedes salen en un momento donde hay una Torre de Babel mundial, entonces a la misma vez que les ofrecen más caminos y más posibilidades de ser oídos, hay también quizás más baches y pistas falsas. Entonces ojo en el camino, pero con ética, recuerden por qué escogieron la profesión y la carrera, y yo creo que si es por razones más allá del dinero, no hay pérdida.</p>
<p>Pero recuérdalo.</p>
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		<title>Jon Lee Anderson: «Hay un deseo creciente por un periodismo escrito bueno, imparcial y creativo en A. Latina»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricio Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 17 Apr 2013 16:03:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Entrevistas]]></category>
		<category><![CDATA[consumo de medios]]></category>
		<category><![CDATA[dieta informativa]]></category>
		<category><![CDATA[equipamiento periodístico]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Latinoamérica]]></category>
		<category><![CDATA[redes sociales]]></category>
		<category><![CDATA[técnicas de reporteo]]></category>
		<category><![CDATA[The New Yorker]]></category>
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					<description><![CDATA[El periodista de la revista The New Yorker conversó con Puroperiodismo sobre su dieta informativa, a qué periodistas lee y qué implementos utiliza cuando reportea en terreno. Sus respuestas revelan la contundencia y regularidad de sus hábitos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El periodista de la revista <em>The New Yorker</em> conversó con <em>Puroperiodismo</em> sobre su dieta informativa, los periodistas que sigue y qué implementos utiliza cuando reportea en terreno. Sus respuestas revelan la contundencia y regularidad de sus hábitos. El 24 de abril Anderson participará en la entrega del <a href="http://periodismo.uahurtado.cl/ppe/" target="_blank">Premio Periodismo de Excelencia</a>.</h3>
<div style="width: 810px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://farm8.staticflickr.com/7050/8688732767_575b9184bf_c.jpg" width="800" height="531" class /><p class="wp-caption-text">Jon Lee Anderson en la Universidad Alberto Hurtado.</p></div>
<p>Cualquier intento por sintetizar el currículum de Jon Lee Anderson (California, 1957) asoma, a primera vista, como injusto. Sin embargo, acá mencionaremos cuatro aspectos que resaltan en su carrera periodística: eximio cronista de guerra, reconocido creador de perfiles, insigne maestro de la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano y célebre reportero de <em>The New Yorker</em>.</p>
<p>Nació en Estados Unidos, pero su infancia está amarrada a distintos países como Corea del Sur y Taiwán. También mantiene un vínculo poderoso con Latinoamérica. Vivió en Colombia, en 1979 dio sus primeros pasos reporteando para <em>The Lima Times</em> y casi dos décadas después publicó una portentosa investigación sobre un ícono político del continente: <em>Che Guevara: una vida revolucionaria</em> (1997).</p>
<p>Anderson accedió a contestar algunas preguntas a través de un intercambio de correos electrónicos. Nuestra opción editorial fue indagar en los aspectos más cotidianos de su vida periodística: qué medios y periodistas lee, con qué dispositivos consume información, qué lleva en su bolso cuando viaja a reportear y qué opina del periodismo latinoamericano actual.</p>
<h4>CONSUMO DE MEDIOS</h4>
<p><strong>—¿Cómo describiría su dieta informativa? ¿Combina medios tradicionales con digitales?</strong><br />
Sí. Todavía leo periódicos y revistas impresas, pero más que nada cuando estoy de viaje, en trenes y aviones, ese tipo de cosas, que en mi hogar. En términos diarios la mayor parte de mi lectura de periódicos es hoy digital, regularmente veo el <em>New York Times</em>, <em>The Guardian</em>, <em>Financial Times</em>, <em>Foreign Policy</em>, <em>Puercoespin</em> y, con un poco más de irregularidad, <em>El País</em>, <em>The Washington Post</em> y otros diarios. Leo los tuits de amigos, algunos de ellos freelancers, alrededor del mundo, “sigo” unas 350 cuentas por el momento, y tiendo a profundizar con algunas de ellas o en áreas, dependiendo de la historia en que estoy trabajando. Mi lectura en línea se complementa con suscripciones a una media docena de revistas y periódicos, incluyendo <em>The New Yorker</em>, <em>The New York Review of Books</em>, <em>Harper’s</em>, <em>The Economist</em>, <em>Granta</em>, <em>The Paris Review</em>, <em>Gatopardo</em>, <em>Etiqueta Negra</em> y algunas otras.</p>
<p><strong>—¿Usa algún dispositivo móvil o tableta para consumir medios?</strong><br />
Tengo un laptop, un iPhone y un iPad. Los voy intercambiando dependiendo si estoy en mi escritorio, en mi cama o viajando&#8230; para el baño prefiero el iPhone.</p>
<blockquote><p>«De Chile leo a Pato Fernández del Clinic y sigo los tuits de Andrés Azócar». </p></blockquote>
<p><strong>—¿Sigue historias y publicaciones de reporteros y escritores?</strong><br />
Dependiendo de la historia en que trabajo, o si estoy atento a una región en particular, sí, sigo a determinados colegas. Por ejemplo, para Siria, hasta el momento, tengo un ojo en los tuits y artículos de <a href="http://www.raniaabouzeid.com/Rania_Abouzeid/Main_Page.html" target="_blank">Rania Abouzeid</a> (<em>TIME</em> y <em>New Yorker</em> en línea); <a href="http://cjchivers.com/aboutcjchivers" target="_blank">Chris Chivers</a> (NYT); <a href="https://twitter.com/LizSly" target="_blank">Liz Sly</a> (<em>Washington Post</em>) y <a href="https://twitter.com/javierespinosa2" target="_blank">Javier Espinosa</a> (<em>El Mundo</em>), así como a Mikel Ayestaran, un freelance vasco con su <a href="http://www.mikelayestaran.com/" target="_blank">propio sitio</a>. Para los asuntos políticos de la Latinoamérica contemporánea, me gusta mucho la revista digital argentina <em>Puercoespin</em>, y también <a href="http://blogs.elpais.com/pamplinas/" target="_blank">Martín Caparrós</a> como comentarista ocasional. De Chile leo a <a href="http://www.theclinic.cl/author/pfernandez/" target="_blank">Pato Fernández</a> del <em>Clinic</em> y sigo los tuits de <a href="https://twitter.com/andresazocar" target="_blank">Andrés Azócar</a>. En Venezuela hay un excelente sitio, <a href="http://prodavinci.com/" target="_blank"><em>Prodavinci</em></a>, donde escriben colegas como Boris Muñoz, y también Albinson Linares de <em>Últimas Noticias</em>. Sergio Ramírez es mi voz en Nicaragua, al igual que su protegido, Carlos Salinas Maldonado. Mi periódico favorito de Brasil es <em>Piauí</em>; hacen contenido excelente. Para cosas de la Amazonía siempre sigo lo que Felipe Milanez tiene que decir, él tuitea y también cubre las injusticias en los bosques del interior de Brasil, y lo hace de forma fiable y con valentía. <a href="http://www.elfaro.net/" target="_blank"><em>El Faro</em></a> es una fuente de primera para El Salvador y Centroamérica, y su equipo de investigación <a href="http://www.salanegra.elfaro.net/" target="_blank">Sala Negra</a> es asombroso. En Colombia, el equipo del semanario <em>Semana</em> proporciona cobertura consistentemente, y he llegado a confiar en <em>El Espectador</em>. <a href="http://www.lasillavacia.com/" target="_blank"><em>La Silla Vacía</em></a> de Juana León es estupendo, tanto como <a href="http://www.animalpolitico.com/#axzz2QivphqPC" target="_blank"><em>Animal Político</em></a> en México. Para una aproximación más joven, más excéntrica hacia la vida y la sociedad, <a href="http://www.spleenjournal.com/" target="_blank"><em>Spleen Journal</em></a> es inteligente y refrescante. Y así sucesivamente.</p>
<h4>INVESTIGACIÓN, ESCRITURA Y REDES SOCIALES</h4>
<p><strong>—¿Cómo organiza su reporteo? ¿Sigue siempre las mismas rutinas o varían de acuerdo a los eventos?</strong><br />
En un sentido es siempre lo mismo. Trato de ponerme al tanto sobre el lugar o el tema a partir de recortes de prensa, libros y a veces también ficción, para preparar el ánimo. Pero trato de no hacerme una idea sobre la historia antes de empezar; para mí gran parte del propósito de lo que hago es la sensación de que estoy explorando lo desconocido, un deseo de hacer descubrimientos por mi cuenta sin sesgos o mitigaciones de influencias externas. Si hay personas con las que puedo hablar antes, ya sean colegas o protagonistas, a veces los contacto, no siempre. Y dependiendo de la historia (un lugar en tiempos de guerra o de paz, principalmente) me tomo mi tiempo, entrevistando a una amplia gama de personas y viajando alrededor para “explorar” el lugar o me sumerjo inmediatamente. Creo que siempre es bueno y saludable intentar, si hay tiempo, hacer algo descentrado, paralelo o distinto al propósito principal que se tiene; puede ser iluminador ver cosas desde el lado o el margen; te permite pensar claramente al sacarte de una rutina que te encierra, o te permite un marco de referencia alternativo que puede enriquecer tus percepciones y, en último término, la pieza que estás escribiendo.</p>
<blockquote><p>«Llevo libretas, bolígrafos y lápices y un buen sacapuntas, sí, y cuando puedo conseguir, blocs amarillos. En terreno prefiero pequeñas libretas con el espiral arriba».</p></blockquote>
<p><strong>—Mientras reportea, especialmente en tiempos de guerra, ¿qué cosas lleva? ¿Prefiere viajar ligeramente?</strong><br />
Soy supersticioso, por lo que depende de cómo me siento antes de ir a una guerra. Tengo todo el equipamiento: una <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Flak_jacket" target="_blank">chaqueta flak</a> con placas anti-francotirador, gafas de protección contra balas, un casco de Kevlar y también un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Thuraya" target="_blank">teléfono satelital Thuraya</a> y un <a href="http://www.inmarsat.com/" target="_blank">receptor-transmisor portátil Inmarsat</a>, para conectarme a internet dondequiera que esté en el mundo. Incluso tengo un pequeño generador portátil en caso de que no haya electricidad donde esté, y así puedo ser completamente autónomo, aunque rara vez lo he usado. Tengo un bolso especial donde cabe la mayoría de mi equipo militar/de sobrevivencia —todo lo anterior más un saco de dormir, etc. (excepto el generador)— y a veces lo llevo conmigo y a veces no. De nuevo, depende de cómo me sienta. Hoy en día no llevo cámara —el iPhone hace eso y también ha reemplazado la necesidad de una grabadora. Llevo libretas, bolígrafos y lápices y un buen sacapuntas, sí, y cuando puedo conseguir, blocs amarillos. En terreno prefiero pequeñas libretas con el espiral arriba, pero en la práctica uso cualquier cosa que pueda tener en mis manos. No soy un tipo Moleskine; encuentro pobres sus encuadernaciones y en todo caso son muy caras para usar al ritmo que yo uso las libretas. Hay muchas imitaciones buenas por ahí.</p>
<p>» Sí, prefiero viajar ligeramente, pero si llevo el bolso militar/de sobrevivencia no, por supuesto, aunque a veces lo cargo y lo subo a aviones, en la parte trasera de camionetas y en hoteles, y nunca lo abro. Hoy mientras reporteo suelo cargar una mochila pequeña en mi hombro donde llevo mi laptop, iPhone, cargadores, pasaporte, mapas, libretas y dinero y otros objetos de valor, aquellos que ya no están distribuidos en mi ropa.</p>
<p><strong>—Cuando empieza a escribir, ¿busca cumplir una cuota diaria? ¿Es un proceso estresante o lo disfruta?</strong><br />
No tengo una cuota diaria, como las 500 palabras de Hemingway (¿o eran 250?). Pero sí intento y avanzo. Es muy agotador en las primeras mil palabras —suelo odiar esa parte— y luego se vuelve mucho más fácil después de eso, lo disfruto y, más aún, lo <em>vivo</em>.</p>
<p><strong>—La semana pasada escribió sobre <a href="http://www.newyorker.com/online/blogs/comment/2013/04/neruda-pinochet-thatcher-chile-murder-exhumed.html" target="_blank">Neruda, Pinochet y Thatcher</a>. En Twitter alguien le rectificó el nombre del estadio donde murió Víctor Jara. ¿Cómo han cambiado las redes sociales su forma de hacer periodismo?</strong><br />
Las redes sociales no han cambiado mi forma de hacer periodismo fundamentalmente, no para mis piezas extensas para-la-revista, pero su aparición sí significa que ahora blogueo, como la reflexión sobre Neruda/Pinochet/Thatcher, y, obviamente, su instantaneidad significa que los lectores pueden replicar inmediatamente y, como tú has apuntado, indicar mis errores también. Hay algo de <em>reality show</em> pequeño o de circo romano sobre este tipo de periodismo en tiempos que definitivamente no me gustan, pero reconozco que tiene un poco de encanto y definitivamente disfruta de un rol ascendente en el periodismo diario. Pero no estoy seguro, al final, que sea para mí.</p>
<h4>SOBRE LATINOAMÉRICA</h4>
<p><strong>—¿Cómo evalúa la calidad del periodismo latinoamericano?</strong><br />
Cada vez más impresionante. Mira mi lista (que entregué arriba) con nombres de medios independientes, digitales o impresos, alrededor del hemisferio. La gran mayoría no existía hace una docena de años; esto demuestra un deseo vigoroso y creciente por un periodismo escrito bueno, imparcial y creativo en América Latina; es muy emocionante.</p>
<p><strong>—¿Hay algún tema en nuestra región que le gustaría investigar en este momento?</strong><br />
Me interesa trabajar más para cubrir la última gran frontera del mundo, la cuenca del Amazonas. Es el Salvaje Oeste de nuestro tiempo. Hay más temas, también, pero no quiero mostrar demasiado mi mano.</p>
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		<title>Jon Lee Anderson es el invitado internacional del Premio Periodismo de Excelencia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Apr 2013 13:31:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Hugo Chávez]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[ppe2012]]></category>
		<category><![CDATA[Siria]]></category>
		<category><![CDATA[The New Yorker]]></category>
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					<description><![CDATA[El destacado periodista estadounidense compartirá con académicos de la Escuela de Periodismo de la UAH, asistirá al seminario "Historia, Periodismo y Biografías" y participará en la ceremonia de entrega del PPE.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El destacado periodista estadounidense compartirá con académicos de la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl/" target="_blank">Escuela de Periodismo</a> de la Universidad Alberto Hurtado, asistirá al seminario «Historia, Periodismo y Biografías» y participará en la ceremonia de entrega del PPE, galardón que cumple una década de vida en su versión escrita.</h3>
<div style="width: 210px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" src="http://periodismo.uahurtado.cl/wp-content/uploads/2013/04/Jon-Lee-Anderson_lisbeth-salas.jpg" alt="" width="200" height="300" /><p class="wp-caption-text">Foto: Lisbeth Salas</p></div>
<p>Cronista de guerra, <a href="http://www.fnpi.org/maestros/directores-de-talleres/jon-lee-anderson/">maestro de la Fundación Nuevo Periodismo</a> y <a href="http://www.newyorker.com/magazine/bios/jon_lee_anderson/search?contributorName=Jon%20Lee%20Anderson" target="_blank">reportero de la revista <em>New Yorker</em></a>: Jon Lee Anderson, autor de una biografía fundamental sobre el Che Guevara, es el invitado internacional para celebrar los diez años de vida del Premio Periodismo de Excelencia.</p>
<p>Durante su estadía en Chile, Jon Lee Anderson participará en distintas actividades. El martes 23 de abril compartirá un desayuno con académicos de la Escuela de Periodismo y al mediodía será parte de una conversación guiada por Alfredo Sepúlveda, director de la Escuela de Periodismo, y Soledad Zárate, directora del Departamento de Historia de la UAH, en el seminario “Historia, Periodismo y Biografías”.</p>
<p>El miércoles 24 de abril Anderson inaugurará el año académico de la Escuela de Periodismo en el Aula Magna de la UAH (Cienfuegos 41) y en la noche asistirá, como invitado internacional, a la ceremonia de entrega del Premio Periodismo de Excelencia.</p>
<h4>SOBRE JON LEE ANDERSON</h4>
<p>Anderson nació en 1957 en California, Estados Unidos, pero creció en distintos países: Corea del Sur, Taiwán y Colombia son algunos de los destinos de una infancia errante. En 1979 dio sus primeros pasos como reportero en Perú, trabajando en <em>The Lima Times</em>. Ahí germinó su vínculo con la política latinoamericana. Desde entonces ha extendido su abanico de interés a los conflictos internacionales más recientes, como los de Afganistán, Siria e Irak.</p>
<p>Reconocido como un gran creador de perfiles —Fidel Castro y Augusto Pinochet figuran en su currículum—, Anderson también es autor de numerosos libros: <em>La caída de Bagdad</em> (2004), <em>Che Guevara: una vida revolucionaria</em> (1997) y <em>La tumba del León: Partes de guerra desde Afganistán</em> (2002).</p>
<p>Actualmente Jon Lee Anderson es periodista de la revista <em>The New Yorker</em>. Ahí colabora con publicaciones breves en el blog del medio y también realiza sus reconocidos reportajes, como el reciente perfil de <a href="http://www.newyorker.com/reporting/2013/01/28/130128fa_fact_anderson" target="_blank">Hugo Chávez</a> y su despacho desde la <a href="http://www.newyorker.com/reporting/2012/08/27/120827fa_fact_anderson" target="_blank">convulsionada Siria</a>, a mediados del año pasado.</p>
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			</item>
		<item>
		<title>FNPI ofrece taller con Jon Lee Anderson</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/fnpi-ofrece-taller-con-jon-lee-anderson/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Puroperiodismo]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Jun 2010 23:04:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[FNPI]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
		<category><![CDATA[Reportaje]]></category>
		<category><![CDATA[taller]]></category>
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					<description><![CDATA[<img src="http://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2010/06/fnpi.jpg"><br>Se realizará en Buenos Aires entre el 6 y 10 de julio.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignleft size-full wp-image-6425" title="FNPI" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2010/06/fnpi.jpg" alt="FNPI" width="230" height="230" />La Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano —FNPI— y la Fundación PROA, con el apoyo de Fundemas, convocan al <a href="http://www.fnpi.org/actividades/2010/taller-de-reportajes-con-jon-lee-anderson/" target="_blank">Taller de Reportajes con el periodista estadounidense Jon Lee Anderson</a>, que se realizará en Buenos Aires, Argentina, entre el 6 y el 10 de julio de 2010. El 16 de junio se cierran las inscripciones y dos días después se publican los seleccionados.</p>
<p>El sitio de la FNPI entrega una descripción del encuentro: «Durante cinco días, 16 periodistas de Latinoamérica estarán con <strong>este reportero que se destaca por su especialidad en el oficio de perfilar personajes, explicar conflictos armados entre pueblos, y mostrar verdades a partir de sus víctimas</strong>. Anderson hablará de sus experiencias, expondrá sus métodos de reportería y escritura, y estará al lado de los talleristas mientras éstos hacen trabajo práctico, en busca de historias públicas o anónimas para reportearlas y descubrirlas de verdad».</p>
<p>Los profesionales que postulen deben acreditar una experiencia en medios de al menos tres años. Seis cupos serán reservados para periodistas argentinos. El resto de los requisitos pueden conocerlos <a href="http://www.fnpi.org/actividades/2010/taller-de-reportajes-con-jon-lee-anderson/" target="_blank">acá</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Jon Lee Anderson habla sobre Jon Lee Anderson</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/jon-lee-anderson-habla-sobre-jon-lee-anderson/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Marisol Garcia]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 26 Mar 2009 22:31:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Jon Lee Anderson]]></category>
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					<description><![CDATA[<b>Por Marisol García desde Boston.</b>
Su padre obligó a la familia a mudarse entre Liberia, Indonesia, Corea del Sur, Taiwán, Colombia, Inglaterra y Estados Unidos. Decía que era un consejero agrícola para el gobierno de Estados Unidos, pero hoy Jon Lee Anderson deja abierta la puerta a que pueda haber sido...]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p class="MsoNormal"><span style="font-size: medium; font-family: Times New Roman;"><span style="font-size: 13.5pt;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1123" title="jon_lee_anderson_04" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/03/jon_lee_anderson_04-300x225.jpg" alt="" width="300" height="225" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/03/jon_lee_anderson_04-300x225.jpg 300w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/03/jon_lee_anderson_04.jpg 420w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px" /></a></span></span></p>
<p><strong>Por Marisol García desde Boston.</strong></p>
<p>Su padre obligó a la familia a mudarse entre Liberia, Indonesia, Corea del Sur, Taiwán, Colombia, Inglaterra y Estados Unidos. Decía que era un consejero agrícola para el gobierno de Estados Unidos, pero hoy Jon Lee Anderson deja abierta la puerta a que pueda haber sido, quién sabe, un spook, un espía. A los diez años de edad, el hombre que este sábado habló ante no menos de cuatrocientos periodistas en Boston organizó un diario junto a unos amigos, y a los 14 viajó solo por dos meses por el Este de África.</p>
<p>-No conocía el miedo, y nada malo me sucedió, dijo.</p>
<p>-¿Acaso eres adicto al peligro?, le preguntó la moderadora en su presentación en la <a title="http://www.nieman.harvard.edu/Microsites/2009NiemanConferenceOnNarrativeJournalismTellingTrueStoriesInTurbulentTimes/Home.aspx" href="https://www.puroperiodismo.cl/exchweb/bin/redir.asp?URL=http://www.facebook.com/note_redirect.php?note_id=143306345563%26h=71f039ded2c3b2210bc56385c7942601%26url=http%253A%252F%252Fwww.nieman.harvard.edu%252FMicrosites%252F2009NiemanConferenceOnNarrativeJournalismTellingTrueStoriesInTurbulentTimes%252FHome.aspx" target="_blank">Nieman Conference for Narrative Journalism</a>.</p>
<p>-A la aventura, no al peligro, respondió Jon Lee Anderson, estrella de la jornada, corresponsal favorito del New Yorker y biógrafo definitivo del Ché Guevara. Su currículo es el de un narrador de asombrosa precocidad y de un corresponsal de conflictos aparentemente predestinado.</p>
<p>«Descubrí tempranamente que la gente estaba dispuesta a hablarme. Que si alguien se comportaba mal, se sentía cómodo contándomelo. Me di cuenta que tenía esa facilidad, esa herramienta. No tengo para qué mentir para introducirme en un determinado ambiente; sólo lo hago y trato de suspender el juicio. Quizás ayuda que haya crecido en diferentes países y culturas. Quizás no emano el mismo bagaje cultural».</p>
<p>Dejo un punteo general sobre sus dos intervenciones de este fin de semana, con no pocas alusiones a Pinochet, y a la espera de una nota más ordenada:</p>
<p>-Sobre Zimbabwe: «En cualquier encargo que tenga que ver con el mundo del poder, creo que lo que me interesa llegar a captar es la sicología que sostiene todo. En el caso de Zimbabwe, intentaba entender la sicología del regimen de Mugabe. Es inusual encontrarse con un país tan devastado por la decisión de una persona. Jamás llegué a entrevistarlo, en parte porque yo estaba en el país clandestinamente. Sí entrevisté a su sobrino, un sociópata completo que resultó un muy buen representante de su tío. Pero me parece muy interesante intentar entender por qué un antiguo luchador por la libertad termina convertido en un paria internacional».</p>
<p>-Sentimiento antiestadounidense: «Ser americano no te ayuda en ninguna parte, la verdad. La relativa ventaja que puedes tener porque representas a un gran medio, en comparación con un kiwi o un serbio, por ejemplo, es menor que los incontables problemas que te da tener un pasaporte de Estados Unidos. Hay mucha gente, incluso en altos puestos de algunos gobiernos, que no tienen idea qué es el New Yorker» [N. de la R.: ¿Pensará en nuestra Jupi, que lo ninguneó hace un par de años?].</p>
<p>-Su encuentro con Pinochet: «No sé por qué me dio la entrevista que me dio. Antes de encontrarme con él tuve que pasar dos semanas de asombrosas reuniones con pinochetistas: seguidores, ex ministros; y fue interesante conocer esa sicología, gente que ha creado una verdadera red, una suerte de territorio que es una amenaza para el resto de los chilenos. Creo que en los perfiles es muy importante saber previamente lo más posible sobre el personaje. Sabía que con Pinochet no podía entrar con el tema de los derechos humanos. Entonces averigüé sobre su fascinación con Julio César y Napoleón. A él lo fascinaba el poder absoluto, tanto así que había bautizado a sus hijos con nombres de emperadores romanos y había construido una larga carretera en el Sur equivalente al camino romano. Por eso comencé a hablar con él sobre sus hobbies. Me pareció muy revelador saber que él había visitado la tumba de Mao, y que lo admiraba profundamente. Al hablar sobre eso, creo que fue la única vez que lo atrapé con la guardia baja, en esa epifanía que se produce sólo a veces, cuando sientes que suena una campana y tienes un vistazo claro de una vida que suele estar muy resguardada».</p>
<p>-En New Orleans: «Katrina es la historia más rápida que he escrito. Fueron tres días de reporteo y una noche insomne de redacción. Creo que cada vez escribo más rápidamente, siento que los plazos de entrega se han vuelto dacronianos, pero una situación ideal para mí es tener al menos tres semanas de reporteo. Luego de esas tres semanas comienzo a adaptarme a una rutina, y mis sentidos se cierran: ya no veo ciertas cosas, ya no huelo lo mismo. El grueso de mis reportajes es lo que recojo en los primeros días, que es cuando tengo todos los sentidos despiertos, porque todo a mi alrededor es fresco».</p>
<p>-Ché, el libro: «Me di cuenta de que no se había escrito una buena biografía sobre él. Y, al investigar, sentía que estaba frente a algo completamente único; tanto así, que de pronto me pellizcaba: ¿cómo puede ser que nadie haya escrito esto antes? Ché Guevara es una figura tan relevante para tantos hitos del último medio siglo, y yo me iba dando cuenta de esto a medida que se despejaba el humo de la Guerra Fría. Nunca pensé que sería una investigación tan larga: se suponía que serían dos años y medio, y terminaron siendo cinco».</p>
<p>«Fue muy difícil superar el mito oficial del Ché. En Cuba tuve acceso a diarios suyos nunca publicados, que me dieron un vistazo de su autotransformación, que yo sostengo que fue una transformación consciente, intencional: de Ernesto Guevara a Che. Fue entonces que pude darme cuanta del viaje interno que hizo, además del externo. Entonces fue que decidí irme a Cuba a vivir con mi familia, pues era allí donde estaba el grueso de sus secretos. Durante la escritura, pasé por diferentes fases; al principio, no sabía bien qué iba a escribir. Al final di con una estructura que era una amalgama de otras que había visto, pero que era mía. No quería hacer algo tipo “en la huella del Ché”; hay muchas bios en que eso sucede: autores que se obsesionan y enamoran de tal modo de su sujeto, que lo pierden. Decidí que la mía tenía que ser una biografía muy convencional para un hombre muy poco convencional».</p>
<p>-Ché, la película: «Creo que Diarios de motocicleta es dulce, y funcionó. Walter Salles consiguió allí algo cinematográfico, que no tenía la pretensión de un biopic, y que creo que se iba un poco por el lado tierno, pero que era un reflejo fiel de los diarios que habían quedado. En la película de [Stephen] Soderbergh tuve un crédito como consultor, lo cual no necesariamente signifca mucho. Ya sabes: puedes hablar con la gente y no necesariamente te escuchan».</p>
<p>-Riesgos de asesinato: «Recuerdo el perfil que hice sobre Charles Taylor, el dictador de Liberia. No fue un perfil nice, porque él no es un hombre nice. Luego su gente me amenazó, y el New Yorker tuvo que intervenir y hablar con su abogado en Washington. El propio Taylor entendió las consecuencias que tendría para él no detener la amenaza. Pero, claro, no pude regresar a Liberia por un tiempo; y fue duro, porque amo ese país, y sentía my profundamente lo que estaba sucediendo allí. El día que abandoné el país, el jefe de la policía se me acercó y me dijo: “Señor Anderson, ¿ya se va? Good”. “¿Qué quiere decir con good?”, le pregunté. Y me respondió: “Bueno, se va en una sola pieza”».</p>
<p>-Costos familiares: «A medida que se fueron casando, muchos de mis amigos comenzaron a llevarme a un viaje de culpa: ya tienes esposa, ya tienes hijos, no puedes seguir trabajando de este modo. Y yo no estuve dispuesto a entrar ahí. Es mi vida, yo soy así. Además, ¿qué alternativa tengo? ¿Dejar de viajar? ¿Y en qué trabajo, entonces? Incluso para los padres con un trabajo convencional, la culpa está ahí: tienes un hijo, llega la culpa. No es fácil. Las mujeres deben pasar por muchas decisiones que los hombres no, lo reconozco. Es un tema muy complejo».</p>
<p><strong>*Colaboradora de diversos medios nacionales. Profesora Escuela de Periodismo UAH.</strong></p>
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