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	<title>cobertura de tragedias &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
	<lastBuildDate>Thu, 15 Jun 2017 21:01:13 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Lee los dos primeros capítulos de «Incendio en la Torre 5. Las 81 muertes que Gendarmería quiere olvidar»</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Tania Tamayo]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Oct 2016 17:50:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[#LecturasPuroperiodismo]]></category>
		<category><![CDATA[adelanto de libro]]></category>
		<category><![CDATA[cárcel]]></category>
		<category><![CDATA[Cárcel San Miguel]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura de tragedias]]></category>
		<category><![CDATA[Ediciones B]]></category>
		<category><![CDATA[investigación periodística]]></category>
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		<category><![CDATA[Tania Tamayo]]></category>
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					<description><![CDATA[La madrugada del 8 de diciembre de 2010 un incendio en la cárcel de San Miguel terminó con la vida de 81 personas. Durante dos años la periodista Tania Tamayo entrevistó a más de treinta personas, revisó documentos y tuvo conversaciones con autoridades, sobrevivientes y bomberos. Su investigación es un descenso al mundo carcelario: el negocio de las concesiones, la precariedad de la vida —tanto de reclusos como gendarmes— y la displicencia de la justicia para encontrar culpables. Agradecemos a Ediciones B que nos facilitó los dos primeros capítulos de su libro que será lanzado el domingo 30 de octubre, a las 17:30 horas, en la Feria Internacional del Libro de Santiago.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>La madrugada del 8 de diciembre de 2010 un incendio en la cárcel de San Miguel terminó con la vida de 81 personas. Durante dos años la periodista Tania Tamayo entrevistó a más de treinta personas, revisó documentos y tuvo conversaciones con autoridades, sobrevivientes y bomberos. Su investigación es un descenso al mundo carcelario: el negocio de las concesiones, la precariedad de la vida —tanto de reclusos como gendarmes— y la displicencia de la justicia para encontrar culpables. Agradecemos a Ediciones B que nos facilitó los dos primeros capítulos de su libro que será lanzado el domingo 30 de octubre, a las 17:30 horas, en la Feria Internacional del Libro de Santiago. » <a href="https://www.puroperiodismo.cl/?page_id=21341" target="_blank"><strong>Suscríbete a nuestro boletín mensual</strong></a>.</h3>
<p><img fetchpriority="high" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-27498" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/incendioenlatorre5_portada.jpg" alt="incendioenlatorre5_portada" width="667" height="1080" srcset="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/incendioenlatorre5_portada.jpg 667w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/incendioenlatorre5_portada-371x600.jpg 371w, https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2016/10/incendioenlatorre5_portada-469x760.jpg 469w" sizes="(max-width: 667px) 100vw, 667px" /></p>
<p style="text-align: center;"><strong>Contienda de peces gordos</strong></p>
<p>Desde el ala norte se escuchó que le habían pegado al <em>Taita Mario</em>, que se movieron camas, que hubo forcejeos. El <em>Cho</em><em>colo </em>también gritó. “¡Me metieron mano!”. Un puntazo con arma blanca. Desde lejos se veía que peleaban otros también: <em>el </em><em>Bryan</em>, <em>el Cototo</em>, <em>el Monstruo Julián</em>. Todos, dicen, de la población José María Caro. Los del grupo de la pieza uno se refugiaron allí, junto a otros dos internos avezados de los cuchillos. <em>El Diego Portugués, </em>hábil con las lanzas como nadie y tan asiduo a las riñas que ya había sufrido la pérdida de medio riñón; y el <em>María de los Perros, </em>amante de los animales y privado de libertad reiteradas veces desde la adolescencia. Ambos renombrados personajes del piso, los que tras ser acorralados se parapetaron, y comenzó la batalla con estoques que se acrecentó con un cruce de una litera de tres camas en la zona de la puerta.</p>
<p>El grupo del <em>Chocolo </em>había logrado encerrar a los otros. Sin embargo, el infierno comenzaría segundos después. El reo denominado <em>el Aguja</em>, Juan Escanilla Leiva, junto <em>al Alan</em>, Alan Ñanco Soto, los dos de la pieza cuatro, tomaron un cilindro de gas y lo transformaron en lanzallamas. “Se te acabó la playa”, fue uno de los últimos gritos de batalla mientras por el hueco del metal avanzaba el gas. En el momento se sintió un fuerte golpe en una lata y el sonido de la válvula del cilindro que junto a la llama —cuentan— fue disminuyendo con el tiempo.</p>
<p>Lo primero que prendieron fue un colchón de litera que los atrapados pudieron atravesar con sus lanzas y botar hacia adelante separándolo de la estructura, pero el colchón nuevamente fue ingresado a la pieza chica por <em>el Aguja, el Alan </em>y los otros. Y en cosa de segundos, adentro y fuera se prendieron las cortinas, las sábanas, los cables de conexiones hechizas y todo el material de plástico que había en el sector y que comenzaba a caer como líquido hirviendo en el cuerpo de los detenidos.</p>
<p>—Está mi hermano, loco, déjenlo salir —gritaba <em>el Palito </em>que con un cuchillo en cada mano trataba de hacer entrar en razón a sus amigos—. Me van a matar a mi hermano, conchesumadre.</p>
<p>El interno Víctor lo escribió así en su relato del día siguiente en un cuaderno que guarda hasta hoy como tesoro:</p>
<p>Y prendio [sic] el fuego y a punta de lansa [sic] se empeso [sic] a llevar a cabo la tragedia. Cada vez encendían mas cosas: frazadas, colchones, ropa, biombos. Y lo peor fue el lanzallamas en nuestro piso todos gritábamos: <em>loko no </em><em>peleen, conversen a lo vio, se van a matar entre ustedes</em>. Era algo que se había salido de control y se empesaba [sic] a incendiar el piso completo.</p>
<p>En la penúltima pieza del ala sur, un <em>perquin, </em>llamado Rasputín, informaba a los otros que permanecían acostados que afuera de la <em>carreta </em>había gente encapuchada encendiendo balones de gas. “¡Hay un <em>machuca’o </em>prendiendo fuego con una capucha amarilla!”. Esa alerta sirvió para que el resto reaccionara y saltara de los camarotes al suelo tratando de salvarse.</p>
<p>Al frente, los que gritaban y se apegaban a las ventanas para respirar entre las celosías de metal, se desmayaban de a poco por la inhalación de los gases y caían con sus cuerpos sobre los de sus compañeros. Ahí estaban el <em>Henry</em>, <em>el Ampolleta</em>, <em>el Ale</em>, <em>el Jorgito</em>, <em>el Churreja</em>. Los últimos dos habían tenido hace unas horas una pequeña discusión porque el <em>Churreja, </em>sin pedir permiso, había prestado un equipo de música, propiedad del <em>Jorgito</em>, al <em>Ricky </em>de la pieza sur.</p>
<p>Dentro del baño sur los internos se pisaban unos a otros y cuerpo a cuerpo luchaban por conseguir acercarse a alguna llave desde donde saliera un hilo de agua. Hubo quienes entraron gateando y otros que ya en el lugar se estiraban acostados entre la pileta y las duchas. Se revolcaban, se quemaban con el agua, ahora caliente, que se había juntado como una piscina en el suelo de cerámica. Los que estaban en las piezas, al ver llegar a los gendarmes, se asustaron sin pensar que era una ayuda. Corrieron hacia el fondo creyendo que los iban a castigar por participar en la gresca. “¡Vienen los pacos!”, gritaban. Y muy pocos se acercaron a la entrada.</p>
<p>Un sobreviviente del cuarto sur describió que al salir vio mucho humo negro y que por eso se tiró al piso. Que había olor a gas. Que encontró una bacinica y metió la cabeza. Que cuando llegaron los funcionarios, uno de ellos trató de abrir los candados, pero el candado de arriba fue imposible. Que otro gendarme metió su bota haciendo palanca y el primero gritó que empujaran la reja. Que con algunos reclusos hicieron fuerza en la parte inferior de las latas. Que en la parte de arriba el fierro de la reja estaba de color rojo. Encendido, incandescente.</p>
<p>El gendarme que generaría el espacio y que luego lloraría en el juicio al recordar lo ocurrido era Cesar Gómez Antipe. Después de que el cabo Bravo intentara hacer funcionar el equipo IFEX contraincendios desde la escalera tres veces y que el teniente Hormazábal ocupara en dos ocasiones el extintor, Veroíza —que posteriormente pasaría todo un día hospitalizado por la fuerte exposición al calor— entregaba las llaves del manojo a Gómez. El manojo era grueso y tenía doce llaves. Gómez encontró el cartón que decía “4”, pero al acercarse al candado e introducir por completo la llave, tras varios intentos esta no giró. El calor ya impedía respirar.</p>
<p>Ahí ordenó:</p>
<p>—¡Péguenle <em>pata’ </em>a la reja!</p>
<p>—Échenle las camas encima —gritaban otros funcionarios hacia adentro.</p>
<p>Y en uno de esos tantos intentos Gómez visualizó un movimiento en la parte inferior de la reja, gracias al cual algunos internos pudieron salir. El primero fue Fernando Panaguirre, seguido por Jaime Hernández. No obstante, un recluso que venía atrás no pudo pasar por el espacio de 20 centímetros que quedó entre puerta y puerta. Por eso retrocedió para que salieran Patricio Bastías, Nicolás Cáceres y Juan Carlos Ramírez. Ese hombre solo salió horas después sin vida y cubierto de hollín.</p>
<p>La estrategia de embriagar a los avezados del colectivo, cual táctica de guerra para luego expulsarlos, había llevado a los dos bandos a la muerte. Las peleas con arma blanca en recintos penitenciarios nunca dejarían de existir. Solo en los tres años siguientes (de 2011 a 2014), de 563 muertes en las cárceles chilenas, 290 serían por enfermedad, 79 por suicidio y 194 por riña. Hoy los porcentajes no varían.</p>
<hr />
<p style="text-align: center;"><strong>Códigos de penal</strong></p>
<p>El siete de diciembre de 2010, día anterior a la tragedia, se realizó en ese piso y esa torre un allanamiento a las 15.30 horas. Inspecciones que se intensificaban en el mes de diciembre por los feriados, las fiestas de fin de año y la recordada fuga de cuatro integrantes del Frente Patriótico Manuel Rodríguez en helicóptero el 31 de diciembre de 1996. Con ese objetivo, los internos del Centro de Detención Preventiva de San Miguel (CDP de San Miguel) eran bajados en forma rápida y reducidos por los guardias en columnas al medio del patio.</p>
<p>La Unidad de Seguridad Especial Penitenciaria (USEP) no vendría ese día con sus uniformes especiales y sus perros, pues aquello era solicitado solamente cuando el procedimiento se realizaba en una torre completa.</p>
<p>En aquel allanamiento, a cargo del teniente Eduardo Medel, encargado de la cruceta —nombre que se les daba a las torres por su forma de cruz—, se encontraron 40 litros de chicha en un balde dentro del baño, 16 estoques de distintas dimensiones y dos teléfonos celulares en el pasillo. No había <em>chips </em>ni carcasas de teléfonos como otras veces. Y nada comparado a los uniformes de Gendarmería descubiertos en la torre tres, un par de meses atrás, dentro de las tazas turcas de los baños. Un hallazgo que dejó a los vigilantes con la idea de una fuga inminente y la necesidad de remodelar los baños con inodoros normales, un cambio que estaba en pleno proceso y tenía la escalera caracol de la torre cinco inutilizada, llena de materiales de construcción. Además, trascendía una información de carácter “informal” sobre la tenencia de armas de fuego a manos de la población penal.</p>
<p>Pero, aunque esa tarde se incautaran varias especies, en la noche del siete de diciembre y la madrugada del día ocho los teléfonos no dejaron de funcionar en el piso, y la chicha y la pasta base continuaron pasando de mano en mano.</p>
<p>Los presos “del cuarto” tenían estrategias, similares a las del resto del penal. Una era el llamado <em>correo</em>, mecanismo gracias al cual se trasladaban conchos de <em>pájaro verde </em>(bebida alcohólica hecha con fruta y útiles de carpintería que necesitaba por lo menos 15 días de fermentación), cigarros y lanzas. A través de cordones, tiras de género o pitillas, subían y bajaban el elemento prohibido. Pero la estrategia más conocida era la del <em>pelotazo</em>, una bola envuelta en scotch que contenía teléfonos, sierras de diez centímetros para hacer los cuchillos, droga, dinero, dibujos de los hijos o cartas de amor. También chicota, la pastilla conocida como “píldora del olvido”.</p>
<p>Víctor, recuerda: “Todo dependía de la calidad del pelotero. Este se tenía que parar en la calle Frankfurt, cerca de nuestra cancha, y tirar el <em>pelotazo</em>. De esos <em>pelotazos </em>no todos llegaban. Algunos volaban con mucha fuerza y pasaban de largo al patio de la torre cuatro, mientras que otros eran interceptados por los pacos. De un total de diez <em>pelotazos</em>, uno podía alcanzar cuatro, apenas”. Aún así, si no tenían suerte con recibir el envío, los mismos reos compraban en el interior de la cárcel tres pedazos de sierra por diez mil pesos para hacer cuchillos.</p>
<p>Con las herramientas subían a las piezas, cortaban los fierros de los camarotes, medían el arma de acuerdo a la cantidad de baldosas (tres o cuatro), las marcaban en el suelo y terminaban de afilar, demorándose un día en eso. Finalmente, le adherían al cuchillo un palo de dos por dos centímetros de ancho y con ello se transformaba en lanza. Si no quedaba apretada, el fierro afilado se amarraba con elásticos de calzoncillos.</p>
<p>La vida en el CDP de San Miguel tenía mañas y códigos. Si había que armar cuchillos era porque siempre podía ser necesario <em>agarrarse a tajos </em>después de que se cerraban las rejas y se pasaba la última cuenta a las 17.00 o 17.30 horas. Los problemas se solucionaban en el momento. Si alguno no tenía el valor de pelear, iba a venir un amigo suyo y lo iba a <em>tajear </em>por <em>poco vivo. </em>El mundo era de los <em>vivos </em>en San Miguel y la limpieza, también. “Limpieza es viveza” se le decía al <em>perquin </em>para que hiciera la pega. Que hiciera las camas, que ordenara los <em>camaros, </em>que limpiara el baño. El dueño del <em>perquin </em>no podía dar muestras de suciedad. Tenía que oler bien, usar ropa de marca, mantener un buen ambiente.</p>
<p>“El <em>perquin </em>te hacía de todo. También le podías llamar ‘hijo’ y él te podía decir ‘papi’ o ‘tío’. Te traía los platos con la <em>cagá </em>de comida del <em>rancho </em>(palabra con la que se denomina la comida entregada por el Estado en prisión). Te cocinaba, o el <em>hueón </em>se echaba la culpa si venían los pacos y te encontraban algo escondido. Pero no era gratis. Había que alimentarlo y vestirlo, porque nunca andaban con plata: no los iba a ver nadie. Lo más seguro es que los <em>perquins </em>estaban ahí por <em>vo</em><em>laos</em>, por andar en la calle <em>paveando</em>. Entonces siempre estaban agradecidos. Yo quería a mi <em>perquin</em>”, asegura Roberto, otro de los sobrevivientes.</p>
<p>Los que saben de estadísticas carcelarias entienden que las fichas de clasificación de los reclusos no siempre daban cuenta de la realidad. Que un reo tuviese, dentro de la Unidad Penal, más infracciones o castigos que otro en los papeles, no significaba que fuera peligroso. A veces eran sus jefes o dueños quienes cometían las infracciones y el <em>perquin </em>asumía la culpa.</p>
<p>Cuando el <em>rancho </em>llegaba a la reja en fondos de comida hirviendo, el <em>perquin </em>se acercaba con los platos y se lo llevaba a los demás que esperaban en las <em>carretas. </em>“Nosotros le sacábamos la <em>tumba </em>(carne) al plato y con eso nos hacíamos algo mejor. O las papas. Cocinábamos tallarines con salsa. Cazuela. Algo rico. Por último, freíamos todo y le poníamos ensalada. Nadie se comía el <em>rancho</em>”, reconoce José, sobreviviente del ala norte. En general, la comida fiscal traía “sopas de misterio”, aseguran. Sopas con fideos, verdura o papas. Todo recocido.</p>
<p>Porque comer comida de cárcel era y sigue siendo de poco estatus. Que el <em>rancho </em>lo comieran los que <em>no sonaban en el piso</em>, los que tenían <em>poca ficha </em>y no <em>buena ficha, </em>como se le denominaba al <em>choro</em>, al más <em>vivo</em>. Comer <em>rancho </em>implicaba que ningún familiar les ingresaba comida o no había dinero para comprar en las <em>movidas </em>con los presos que trabajaban en el casino, que vendían a escondidas los kilos de porotos, tallarines, arroz y carne. Por eso el <em>choro </em>acogía a quienes tenían “buena situación”, porque este recibía más encomiendas y así alimentaba a los demás y a sus jefes.</p>
<p>Las <em>casas </em>o <em>carretas </em>—espacios en los que se organizan los reos para vivir— estaban separados por sábanas, frazadas fiscales, forro de colchones fiscales celestes, y toallas, afirmadas en cordeles. Así se juntaban grupos por amistad, por barrios, poblaciones o afinidad. Y cuando no había cocinilla con balón de gas, se quemaban zapatillas o ropa, todo lo que fuera combustible, en un fogón. La espuma de los colchones tenía además la utilidad de funcionar como papel higiénico, aunque con esto se tapara el alcantarillado. Los gendarmes se quejaban con ellos, pero nunca hubo cambios de conducta.</p>
<p>En la noche se jugaba a las cartas mientras tomaban mate. Algunos apostaban con billetes. Sobre esas jornadas, Roberto, uno más de los sobrevivientes del incendio, describe: “Generalmente era tranquilo, no hacíamos tantos carretes, más bien compartir. Porque pa’ carretear tenías que preparar la chicha como tres semanas y, si te la pillaban antes, el copete <em>se iba en cana</em>, o sea, se lo llevaba el paco y ahí uno perdía no más. Pero sí poníamos música fuerte o veíamos tele. Jugábamos carta hasta bien tarde”.</p>
<p>Ahí se conversaba sobre las parejas, sobre las peleas con ellas. Se decían “andabai con el carro”, “andai con el trineo”, “andai con el trineo salvaje”. Si habían hablado con las novias y discutían, lo otros se burlaban. “Quedaste bravo con la bruja”, en son de broma. Pero si se veía alguna riña el tono de la discusión cambiaba, porque además de cuchillos, se manejaban cilindros de gas en casi todas las <em>casas, </em>cilindros que eran comprados con el sistema regulado de Economato, aprobado por el jefe interno, el director regional y admitido a nivel nacional por la institución. Aún cuando en el cuarto piso de la torre cinco de San Miguel el uso de los balones en peleas no se daba por primera vez.</p>
<p>Para eso se mandaba a un <em>perquin </em>al patio de carga con el balón de gas vacío y tras el pago de 5.900 pesos por uno de cinco kilos o 10.900 pesos por uno de once, el interno volvía con combustible para cocinar. Práctica criticada por riesgosa, al igual que el uso de parafina dentro de las celdas porque facilitaba los levantamientos en los penales. En los motines, los internos también se <em>monreaban. </em>Ese término significaba amarrar las rejas con cables y paños para que Gendarmería no pudiera ingresar. También introducir palos de fósforos en los candados. Mientras que para transformar el balón en un “soplete” solo había que adherir una manguera o tubo a la válvula y prender la punta con un encendedor. Lo otro era lanzar el balón completo en medio del fuego por si soltaba gas y aumentar así el tamaño de la hoguera.</p>
<p>En las mañanas, la vida comenzaba temprano con la cuenta. Entraban los gendarmes, los internos salían de las <em>carretas </em>y se volvían un número. Una ficha pequeña de cartón con un timbre del Gobierno de Chile se completaba con el número de internos de cada colectivo, de cada piso, de cada torre. Luego, los que participaban de la escuela municipal “Hugo Morales Bizama”, que funcionaba dentro de la cárcel, se levantaban. De los que murieron en el incendio, 19 privados de libertad estudiaban en ella.</p>
<p>El alcalde de la comuna, Julio Palestro, el mismo ocho de diciembre después de la tragedia, comunicó a los medios que lamentaba “la muerte de los 19 alumnos de la escuela municipal”, pero inmediatamente a ello afirmó que desde el 2000 estaba haciendo gestiones con los vecinos para trasladar el recinto penal de su comuna “por la delincuencia”.</p>
<p>El edil Palestro se refería a la escuela que funcionaba de lunes a viernes, con ciclos y capacitaciones en la mañana y, en la tarde con dos primeros niveles (de 1º a 4º básico), cuatro segundos (de 5º a 6º) y cuatro terceros (de 7º a 8º). Eran 303 alumnos en total, con cinco profesores, un jefe de la Unidad Técnico Pedagógica (UTP) y un director de Escuela. El CDP en total albergaba 1.956 prisioneros el día del incendio y su capacidad era de algo más de 700. No hubo forma de esconder el hacinamiento aquel día.</p>
<p><strong>Artículos relacionados:</strong><br />
<a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=10300">Incendio en cárcel de San Miguel: No es fácil ser periodista, tampoco ser espectador</a>, por Lyuba Yez.<br />
<a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=10288" target="_blank">El incendio en la TV: ¿dónde están los editores?</a>, por Andrea Vial.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Terrorismo y medios: El silencio no es bueno; la incertidumbre, tampoco</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/terrorismo-y-medios-el-silencio-no-es-bueno-la-incertidumbre-tampoco/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Sep 2014 18:32:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura de tragedias]]></category>
		<category><![CDATA[incertidumbre]]></category>
		<category><![CDATA[Metro Escuela Militar]]></category>
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		<category><![CDATA[terrorismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Silenciar un atentado terrorista puede ser una mala decisión editorial. "No se trata de alarmar, pero tampoco de callar", escribe Lyuba Yez en la siguiente columna, un texto que no sólo repara en los desaciertos sino que también apunta a fortalecer los flancos débiles de una cobertura periodística desafiante. Y, por cierto, necesaria para las audiencias.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Silenciar un atentado terrorista puede ser una mala decisión editorial. «No se trata de alarmar, pero tampoco de callar», escribe Lyuba Yez en la siguiente columna, un texto que no sólo repara en los desaciertos sino que también apunta a fortalecer los flancos débiles de una cobertura periodística desafiante. Y, por cierto, necesaria para las audiencias.</h3>
<div id="attachment_25052" style="width: 1610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-25052" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2014/09/Subcentro-Foto-de-RiveraNotario-Flickr.jpg" alt="SubCentro de Escuela Militar, 10 de septiembre de 2014. Foto: RiveraNotario" width="1600" height="1200" class="size-full wp-image-25052" /><p id="caption-attachment-25052" class="wp-caption-text">SubCentro de Escuela Militar, 10 de septiembre de 2014. Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/riveranotario/15196971231" target="_blank">RiveraNotario</a></p></div>
<p>El miedo paraliza. Como bien escribió alguna vez Tony Hillerman, si se cede al pánico uno a veces se pone a correr, y eso puede ser peor, porque “tenemos la impresión de que el mundo entero nos persigue y tenemos miedo de detenernos”.</p>
<p>Cuando el temor se adueña de nuestro cerebro es posible que no haya vuelta atrás, por eso es tan importante el lugar donde encuentro respuestas que reducen mi incertidumbre, que aterrizan el horror y permiten tener cierta perspectiva ante lo que ocurre. Y cuando esa angustia se debe a un inesperado ataque explosivo en la estación del metro de mi ciudad, de mi país, claramente se activa el botón de pánico de cada uno de nosotros y necesitamos saber qué ocurrió. Qué ocurrió <em>realmente</em>.</p>
<p>A cinco días del <a href="http://www.soychile.cl/Santiago/Policial/2014/09/08/273251/Fuerte-explosion-en-Metro-Escuela-Militar-dejo-seis-heridos.aspx" target="_blank">atentado en SubCentro</a> ese <em>realmente</em> cobra especial importancia. Un valor fundamental después de horas y días de teorías, especulaciones, mensajes anónimos por WhatsApp que anuncian nuevos (y falsos) bombazos, una portada de diario <a href="http://www.biobiochile.cl/2014/09/09/polemica-genera-provocativa-portada-de-la-segunda-por-atentado-en-el-metro.shtml" target="_blank">desacertada y ampliamente cuestionada</a>, además de un reportaje de televisión que acumula más de <a href="http://www.latercera.com/noticia/entretencion/2014/09/661-595331-9-cntv-recibe-90-denuncias-contra-canal-13-por-nota-que-vinculo-bombazo-con-el.shtml?utm_source=dlvr.it&amp;utm_medium=twitter">80 denuncias al Consejo Nacional de Televisión</a> por la inexacta —y para muchos irresponsable— relación que establece entre los colectivos estudiantiles, los encapuchados y los actos de violencia como esta bomba que dejó 14 heridos y el ataque repudiable a un periodista de Chilevisión en la marcha por la conmemoración de los derechos humanos.</p>
<p>A cinco días y después de esto, es importante hacer algunas precisiones.</p>
<p>Lo ocurrido el lunes en la estación del metro Escuela Militar es un hecho inusual en nuestro contexto. Salvo situaciones puntuales —en períodos específicos de nuestra historia también—, en Chile no estábamos habituados a ataques terroristas. Es más, hasta ese momento y en medio del debate sobre la Ley Antiterrorista, ni siquiera existía una definición del término socialmente aceptada y la discusión estaba a tiempo de aclararlo. Sin embargo, esa bomba instalada en un lugar público, a una hora de alta circulación de personas, en un lugar para comer y a la hora de almuerzo, nos hizo preguntarnos muchas cosas. Mucho sobre nuestra seguridad, sobre el terrorismo mismo y sobre a quién dirigir todas nuestras dudas y aprensiones.</p>
<blockquote><p>Los eventos trágicos activan la incertidumbre, y son los medios los encargados de entregar calma a través de una cobertura responsable, completa y seria de los hechos ocurridos.</p></blockquote>
<p>Los medios de comunicación cumplen un papel fundamental y necesario en este tipo de situaciones lamentables. Los eventos trágicos o de emergencia activan la incertidumbre, y son los medios los encargados de entregar calma a través de una cobertura responsable, completa y seria de los hechos ocurridos. Todo el resto, como las anécdotas, detalles escabrosos, rumores y teorías conspirativas se quedan en las casas, en la calle y en las redes sociales.</p>
<p>El periodismo, en este sentido, activa también el botón del mandato social y su importante papel en democracia. Si no lo hace, si cede al miedo o a la “conspiranoia” (le robo el concepto a Jorge Baradit), el ataque es al derecho a la información de las personas.</p>
<p>Lo mismo ocurre con el silencio. No se trata de alarmar, pero tampoco de callar. Lo importante es contextualizar el hecho y presentarlo tal como es o está siendo hasta este momento. Hasta hoy la realidad indica que ningún movimiento o grupo en particular se ha atribuido el atentado. En ese caso, todavía no se cae en propaganda ni en la publicidad que los grupos terroristas siempre han perseguido, y los errores han sido menos de los que parecen en la cobertura.</p>
<p>El terrorismo necesita de los medios de comunicación para multiplicar un mensaje que instale el pánico en la sociedad. Detrás de esto hay una actividad ilegal ejercida por un grupo organizado que persigue alguna demanda política, social o ideológica. En este escenario, el periodismo siempre está expuesto a ser manipulado por quien se atribuye el hecho, pues si lo nombramos, describimos e investigamos —es decir, hacemos la pega— le estamos dando tribuna. Pero como hoy no hay reivindicación de lo que ocurrió el lunes, el periodismo todavía no está en ese problema. El problema sí puede ser apuntar anticipadamente a alguien con el dedo. Aunque, claro, en medio de la urgencia, la prudencia no siempre está invitada.</p>
<p>Si bien ha habido algunos desaciertos en la cobertura de este ataque explosivo, creo que es importante subrayar algo respecto de estos “hechos ruptura” (llamados así porque rompen con nuestra cotidianidad y también con el diario funcionamiento de un departamento de prensa): en situaciones de caos, la información se organiza considerando a testigos, sobrevivientes, otros medios, estimaciones extraoficiales, policía, gobierno y rumores. Esto puede generar sobreabundancia de información (que también puede desinformar: hay tanto que no entiendo nada), pero también es cierto que la demanda por saber es tan alta que si los medios se quedan en silencio esperando por aquello que es verdadero, el público puede pensar que le están ocultando algo. Nuevamente, la “conspiranoia”. Por lo mismo, es tan importante no caer en la exageración, en la redundancia o en los abusos, mucho menos en el aprovechamiento editorial para instalar sensaciones de mundo que están más en la cabeza de algún director o editor. Las palabras construyen realidades y los medios sí influyen en la forma en que entendemos el mundo.</p>
<p>El periodismo tiene grandes desafíos todos los días. Desde el lunes, el nuestro probablemente tiene más. Y la exigencia de satisfacer el derecho a la información de las personas respecto de lo verdadero, de lo real, también. Sigue ahí. Lo más seguro, más exigente y activa que antes.</p>
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		<title>La experiencia del canal japonés NHK News durante la cobertura del terremoto y tsunami del 2011</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/la-experiencia-del-canal-japones-nhk-durante-la-cobertura-del-terremoto-y-tsunami-del-2011/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Patricio Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 20 Mar 2014 14:14:58 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura de tragedias]]></category>
		<category><![CDATA[Japón]]></category>
		<category><![CDATA[Manual de verificación]]></category>
		<category><![CDATA[NHK]]></category>
		<category><![CDATA[Takashi Ōtsuki]]></category>
		<category><![CDATA[terremoto]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://www.puroperiodismo.cl/?p=23724</guid>

					<description><![CDATA[¿Cómo trabaja un medio de comunicación después de un terremoto y una devastadora sucesión de tsunamis?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>¿Cómo trabaja un medio de comunicación después de un terremoto y una devastadora sucesión de tsunamis? ¿Y qué aprendizajes desprende de la experiencia? El recientemente publicado <em><a href="http://verificationhandbook.com/book" target="_blank">Manual de verificación</a></em> arroja algunas luces sobre el siempre complejo trabajo de la televisión durante eventos de este tipo.</h3>
<p>Takashi Ōtsuki, encargado del Centro Meteorológico y de Desastre de <a href="http://www3.nhk.or.jp/nhkworld/spanish/aboutus/index.html" target="_blank">NHK</a> News —la única corporación de radiodifusión pública de Japón—, relata la cobertura que realizaron ese 11 de marzo de 2011 y qué cosas debieron mejorar para futuras catástrofes. Acá presentamos un <a href="http://verificationhandbook.com/book/chapter8.1.php" target="_blank">resumen de sus principales ideas</a>:</p>
<ul>
<li>El terremoto ocurrió a las 14:46, hora local; la emisora estaba transmitiendo un debate político en vivo.</li>
<li>Ōtsuki explica que la Agencia Japonesa Meteorológica (JMA) emitió una alerta treinta segundos después de que se detectó el movimiento y NHK desplegó en su pantalla la alerta correspondiente, con un mapa de las zonas posiblemente afectadas por el terremoto. El siguiente video muestra cómo la alerta se anticipa al movimiento; tres minutos después de eso apareció la alarma de tsunami.</li>
</ul>
<p><iframe width="600" height="450" src="//www.youtube.com/embed/24KfBwkMw_M" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>
<ul>
<li>NHK no sólo se vale de la información de la JMA; también opera y monitorea unas 500 cámaras automatizadas dispuestas en ciudades, zonas costeras y alrededor de plantas nucleares.</li>
<li>Adicionalmente, NHK contó con grabaciones desde helicópteros apenas una hora después del terremoto. Para este año esperan tener 15 helicópteros estacionados en doce locaciones a lo largo de Japón, lo que les permitirá llegar a cualquier zona del país en sesenta minutos.</li>
<li>Para ampliar sus transmisiones televisivas y radiales, NHK también utilizó <a href="http://www.ustream.tv/" target="_blank">Ustream</a> y <a href="http://www.nicovideo.jp/" target="_blank">Niconico</a>.</li>
<li>Ante las preguntas de auditores por el paradero de seres queridos, NHK dejó toda información que disponía en <a href="https://google.org/personfinder/global/home.html" target="_blank">Google Person Finder</a>, el servicio de Google que se activa después de catástrofes y tragedias.</li>
</ul>
<h4>CINCO INICIATIVAS PARA MEJORAR</h4>
<ul>
<li>Hasta el terremoto del 2011 la cobertura de NHK enfatizaba los detalles del evento: epicentro, altura del tsunami, etc. En adelante se centrarán en indicar medidas de evacuación a sus auditores —de ser necesarias— y que mantengan la calma. Además, cada vez que haya orden de evacuación se desplegará una barra informativa destinada a personas con discapacidad auditiva.</li>
<li>Para reportear los problemas en las plantas nucleares los medios sólo contaban con información oficial. NHK ha capacitado a sus reporteros en tópicos de ciencia para poder contextualizar los comunicados y vocerías.</li>
<li>Para asegurar un buen uso de redes sociales por parte de sus periodistas, NHK desarrolló nuevos protocolos para trabajar con contenido generado por usuarios (UGC en inglés) y advierte la necesidad de verificar la información. También se estableció un equipo llamado «Social Listening» que utiliza intensivamente las listas de Twitter para monitorear a fuentes confiables previamente establecidas.</li>
</ul>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone" alt="" src="http://verificationhandbook.com/book/images/8.1.5.jpg" width="600" height="337" /></p>
<ul>
<li>NHK desarrolló su propia plataforma para contenido generado por el usuario. ScoopBox (disponible para <a href="https://itunes.apple.com/sv/app/nhk-scoopbox/id612898985?mt=8" target="_blank">iOS</a> y <a href="https://play.google.com/store/apps/details?id=jp.or.nhk.scoopbox&amp;hl=es_419" target="_blank">Android</a>) recaba la localización e información personal de quien sube contenido, facilitando el contacto y la verificación. Ōtsuki cuenta que para el <a href="http://www.japantimes.co.jp/news/2013/09/05/reference/data-show-twisters-form-over-kanto-in-september/" target="_blank">tornado que afectó la región de Kanto en septiembre de 2013</a> recibieron 14 informes de usuarios que posteriormente fueron distribuidos en canales y emisoras locales.</li>
<li>Para el terremoto de 2011 —y fundamentalmente con los cortes de energía producto del tsunami—, NHK perdió conexión de muchas de sus cámaras automatizadas. La extensión del daño y los problemas de radiación en Fukushima impidieron que los equipos del medio recargaran los equipos. Para evitar fallas futuras, NHK desarrolló un sistema de energía solar y eólica para mantener activas sus cámaras.</li>
</ul>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone" alt="" src="http://verificationhandbook.com/book/images/8.1.6.jpg" width="600" height="393" /></p>
<h4>SOBRE NHK</h4>
<p>NHK empezó su servicio de radiodifusión en 1925 y hoy es la única corporación pública de este tipo en Japón. Su financiamiento proviene de cuotas de recepción que paga cada hogar que posee televisión. Actualmente transmite en cuatro canales de televisión y en tres de radio.</p>
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		<title>Esther Vargas: «El periodismo de anticipación no es periodismo»</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/esther-vargas-el-periodismo-de-anticipacion-no-es-periodismo/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Patricio Contreras]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Nov 2011 12:59:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[Clases de periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura de tragedias]]></category>
		<category><![CDATA[Esther Vargas]]></category>
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					<description><![CDATA[En una presentación en la UDP sobre periodismo, redes sociales y el accidente aéreo en Juan Fernández, la directora de Clases de Periodismo abogó por verificar la información en todo contexto y llamó a considerar la opinión de los usuarios sobre el trabajo que los medios y están haciendo.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>En una presentación en la UDP sobre periodismo, redes sociales y el accidente aéreo en Juan Fernández, la directora de <a href="http://www.clasesdeperiodismo.cl" target="_blank">Clases de Periodismo</a> abogó por verificar la información en todo contexto y llamó a considerar la opinión de los usuarios sobre el trabajo que los medios y sus reporteros están haciendo. Seleccionamos algunas de sus frases.</h3>
<div class="cita">
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-17142 alignright" title="Esther Vargas" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/11/Esther-Vargas.jpg" alt="" width="200" height="200" /></p>
<p>«Cubrir una tragedia aérea no es fácil. Yo he cubierto varias.  Es muy fuerte para los periodistas, para la redacción, que no está preparada para cubrir una tragedia aérea. Es muy complicado porque la información no sale tan rápido, porque no hay datos oficiales, porque llegar a la zona donde cae el avión nunca es fácil, salvo que ocurra en el aeropuerto».</p>
<p>«Estamos viviendo un situación bastante peculiar en los medios en general, no solamente en América Latina. A nivel mundial se da esa situación de &#8216;publica y corrobora después'».</p>
<p>«Nos estamos acostumbrando muchísimo a hacer un periodismo de anticipación, decimos &#8216;esto va a pasar&#8217;, se sacan conclusiones sin muchos argumentos. Eso es habitual en los medios de comunicación (&#8230;) El periodismo de anticipación no es periodismo. Creo que estamos jugando muy malas cartas, los lectores lo saben bien y se dan cuenta cuando el objetivo es vender diarios o alarmar a la gente».</p>
<p>«Antes los periodistas no estaban en el ojo de la gente. Ahora es increíble cómo la protesta ciudadana a través de redes puede cambiar una portada, un enfoque, o puede llevar a un alto directivo de un medio de comunicación a pedir disculpas».</p>
<p>«Se está dando una fuerza muy grande en redes sociales que algunos medios menosprecian o algunos periodistas ignoran (&#8230;) Creo que es importante que los medios y los periodistas tengamos muy claro que ya no vale &#8216;hacerse los locos&#8217;, como que hoy no pasó nada. Eso ya no se puede hacer, y es importante y bueno para la profesión que los usuarios nos pongan contra la pared y nos obliguen a tener buenas prácticas y cada vez mejores».</p>
<p>«Si la gente piensa tan mal de los periodistas y de los medios es porque nos hemos olvidado de hacer periodismo».</p>
<p>«Si dejamos de pensar en las víctimas dejamos de hacer buen periodismo (&#8230;) Una tragedia no es un reality show. Sin embargo, en diferentes sucesos los periodistas o los medios han dado un enfoque que hace parecer que estamos viviendo el show de Laura Bozzo».</p>
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