Recorrer el pasado en el Cementerio General.


Por Gonzalo Ellis, Ian Kuo y Benjamin Toro 

Registro de Patio 29. (FOTO: Daniel Riveros)

Registro de Patio 29. (FOTO: Daniel Riveros)

Las lápidas del Cementerio General de Santiago yacen como espectadores mudos de un pasado oscuro. Aquí reposan líderes políticos y ciudadanos anónimos que formaron parte de la resistencia a la dictadura; cada paso de nuestro recorrido evoca sus luchas. Esta crónica es un viaje emocional a través de las historias que quedaron bajo tierra en las tumbas del Patio 29, donde fueron enterrados cientos de ejecutados durante la década de los ’70 y ’80.

El Cementerio General era un lugar que ninguno de los tres conocía. Aunque lo habíamos visto en fotografías, decidimos explorarlo en persona. Al ingresar, y aunque está en medio de la ciudad, se siente de inmediato el poco ruido y el ambiente más frío. No sentimos particularmente miedo ni tampoco nos atemorizamos, pero sí mantuvimos un profundo respeto hacia el lugar.

Cuando llegamos a la enorme pared que se alza en memoria de los detenidos desaparecidos, quedamos sorprendidos. Teníamos una noción sobre la cantidad de víctimas, pero ver esos cientos de nombres plasmados en un muro nos impactó profundamente. La magnitud de la tragedia se hizo aún más evidente ante nuestros ojos.

Fue en ese momento que conocimos a Marisol Vega, la encargada de cuidar el memorial, compartir su historia y transmitirles a los visitantes la perspectiva de los familiares de los desaparecidos y asesinados por el régimen cívico-militar que encabezó Pinochet. Nos relató que el mural fue fundado en 1994 y que tiene inscrito alrededor de 3.200 nombres; el del Presidente Salvador Allende se encuentra en el centro. Nos explicó que el memorial está repleto de simbolismos, como las rocas que están colocadas debajo de él, las cuales provienen de diferentes rincones de Chile.

También reflexionó sobre cómo los seres humanos se complementan a través de rituales. Por ejemplo, mencionó las celebraciones de cumpleaños o la Navidad, pero también destacó que los funerales son rituales esenciales en la vida de las personas. Y ahí está el punto: las familias de los detenidos desaparecidos nunca tuvieron la oportunidad de realizar funerales adecuados a su seres queridos. 

Lo que comentó después hizo que sus reflexiones adquirieran mayor relevancia: es nieta de Julio Roberto Vega, militante del Partido Comunista que fue arrestado en 1976 y nunca más vuelto a ver.

Marisol nos relató la conmovedora historia de cómo su abuelo Julio había sido analfabeto hasta que conoció a su esposa, quien le enseñó a leer y escribir. Tiempo después, alcanzó a ser presidente del Sindicato de Obreros Municipales de Renca. Si bien han transcurrido 49 años desde su desaparición, ella sigue luchando por conocer su paradero, al igual que muchos familiares de detenidos desaparecidos. Ella nos transmitió el profundo vacío que sienten al no saber qué les sucedió a sus parientes, la impotencia de no poder despedirse dignamente y la constante duda sobre qué fue realmente lo que les ocurrió. 

Terminada esa conversación nos enfilamos al famoso Patio 29. Antiguamente, solía destinarse como fosa común para enterrar a indigentes, pacientes psiquiátricos y personas que fallecían en la calle y no eran identificados, una especie de botadero de seres humanos por los que nadie vuelve a preguntar. Contempla más de 2.000 tumbas y fue por eso que la dictadura vio en ese espacio un lugar idea para, desde septiembre de 1973, ocultar a las víctimas de la represión. La mayoría de esas tumbas está sin nombres, solo una cruz que simboliza que una persona desconocida fue muerta y enterrada allí.  

Al finalizar nuestra visita, nos encontramos con dos tumbas que representan polos totalmente opuestos frente a este periodo de la historia del país. En primer lugar dimos con el mausoleo del Presidente Allende, el cual se encentra en el Patio 50 y en perfectas condiciones. Más adelante, estaba la tumba del exsenador Jaime Guzmán, uno de los civiles más influyentes para la dictadura de Pinochet, cubierta de rayones e insultos escritos en su parte trasera.