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	<title>Lyuba Yez &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
	<lastBuildDate>Fri, 28 Oct 2016 17:49:57 +0000</lastBuildDate>
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		<title>Veracidad y rumores en el periodismo: lo que tenemos que contar versus lo que deseamos contar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 23 Apr 2015 13:05:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Janet Cooke]]></category>
		<category><![CDATA[Miguel Wiñaski]]></category>
		<category><![CDATA[noticia deseada]]></category>
		<category><![CDATA[Rolling Stone]]></category>
		<category><![CDATA[rumores]]></category>
		<category><![CDATA[Sabrina Erdely]]></category>
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					<description><![CDATA[El papel de los medios en la explicación de los casos Penta, Caval y SQM ha sido fundamental y da muestras de un periodismo fiscalizador y activo que puede entregar seguridad a una ciudadanía que necesita confiar en la información para tomar sus decisiones. Sin embargo, la ansiedad y el deseo de conseguir una historia original o de golpear a otros medios nos pone en un escenario también vulnerable, expuesto a la manipulación de terceros. Aquí, algunas reflexiones sobre los desafíos para el periodismo, las autoridades y la ciudadanía.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El papel de los medios en la explicación de los casos Penta, Caval y SQM ha sido fundamental y da muestras de un periodismo fiscalizador y activo que puede entregar seguridad a una ciudadanía que necesita confiar en la información para tomar sus decisiones. Sin embargo, la ansiedad y el deseo de conseguir una historia original o de golpear a otros medios nos pone en un escenario también vulnerable, expuesto a la manipulación de terceros. Aquí, algunas reflexiones sobre los desafíos para el periodismo, las autoridades y la ciudadanía.</h3>
<div id="attachment_25695" style="width: 1376px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-25695" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2015/04/rumores.jpg" alt="Tomás Mosciatti a Camilo Escalona: &quot;¿Ha escuchado de que la Presidenta podría haber dicho que podría renunciar?&quot;. Revisa un extracto de la entrevista." width="1366" height="755" class="size-full wp-image-25695" /><p id="caption-attachment-25695" class="wp-caption-text">Tomás Mosciatti a Camilo Escalona en «Ahora Noticias» de Mega: «¿Ha escuchado de que la Presidenta podría haber dicho que podría renunciar?». Revisa la <a href="http://www.ahoranoticias.cl/noticiario/entrevistas/revive-la-entrevista-de-tomas-mosciatti-a-camilo-escalona.html" target="_blank">entrevista completa</a>.</p></div>
<p>La presidenta va a renunciar. El ministro de Interior emitió boletas supuestamente irregulares y su esposa también. Peñailillo ha urdido una trama intrigante y ambiciosa. En el segundo piso de La Moneda se tiran los pelos por la falta de coordinación y coherencia; ex funcionarios son traidores y se reúnen con el director de un medio para perjudicar a uno de los intocables. El caso Caval afectará a la presidenta más todavía, la tiene pendiendo de un hilo. Peñailillo saldrá del gabinete, pero no se irá solo. La presidenta, con una popularidad histórica a la baja, no soportará más y ocurrirá lo peor.</p>
<p>Lo anterior suena interesante para una descripción de país, aunque no es del todo cierto. Más bien, es un relato bien armado y que funciona con su perfecta estructura dramática. Chile, tan impune a escándalos de gran envergadura, bastante protegido por una cobertura periodística local y casi siempre demasiado cauta, ya no es lo que era. No somos honestos ni justos, nuestras autoridades nos engañan descaradamente y, para peor, cuando les pedimos explicaciones, el silencio es ley. El niño pródigo de América Latina se ha portado mal y eso no es un misterio para nadie. Ya hemos aparecido en <a href="http://www.nytimes.com/2015/04/10/world/americas/chile-joins-other-latin-american-nations-shaken-by-scandal.html" target="_blank"><em>The New York Times</em></a> y <a href="http://www.economist.com/news/americas/21646272-despite-epidemic-scandal-region-making-progress-against-plague-democracy" target="_blank"><em>The Economist</em></a> como una nación que no se libró de la corrupción, y hemos caído en comparaciones que a algunos avergüenzan, porque supuestamente éramos muy diferentes a nuestros vecinos.</p>
<p>El rumor de una <a href="http://www.ahoranoticias.cl/noticiario/entrevistas/revive-la-entrevista-de-tomas-mosciatti-a-camilo-escalona.html" target="_blank">posible renuncia de la Presidenta Bachelet</a> despertó las alarmas. Justo cuando ya aprendíamos a convivir con los nuevos detalles del negocio de Caval, con la complejidad de la participación de Penta en el financiamiento de las campañas políticas y con las listas de boletas supuestamente irregulares emitidas a SQM, llegaba el fin de todo. La guinda de la torta. El resultado de un bombazo a la ética nacional. El problema, eso sí, fue más de uno. No sólo podemos cuestionar y desmenuzar que los medios se hayan planteado enfrentar estos rumores, sino que, además, a esto se suma que la autoridad implicada, en este caso la Presidenta, no decía absolutamente nada.</p>
<p>No es mi interés referirme al origen del rumor de la famosa renuncia, porque lo cierto es que no hay una fuente única. Varias autoridades ya estaban deslizando, con y sin sutilezas, que la Presidenta estaba en la debilidad máxima y que lo de Caval le era inaguantable. Sí creo importante, sin embargo, discutir sobre cuál es el valor informativo real de un rumor, de un trascendido, de un “parece que” o “escuché que”. ¿La verdad? Cero. Un rumor no es noticia hasta que confirmamos que dejó de serlo, y en esa búsqueda estaban los medios cuando, tardíamente, Michelle Bachelet decidió desmentirlo. Aunque no a la prensa local, sino que, como por descuido, a un grupo de corresponsales extranjeros. No renunciaría, fin del rumor. ¿Fin en realidad?</p>
<h4>LA NOTICIA DESEADA (O LO QUE ELEGIMOS CREER)</h4>
<p>Una cosa es la noticia y otra es la noticia deseada, como bien explica el filósofo y periodista argentino Miguel Wiñazki en su investigación sobre la muerte del hijo de Carlos Menem, en 1995. Aquel accidente en su helicóptero todavía despierta suspicacias entre sus familiares. ¿Fue realmente un accidente o un atentado? ¿Fue un castigo para Menem, una vuelta de mano por decisiones políticas desafortunadas? Wiñazki plantea que no se trató de un atentado, aunque para la mayoría ésa sería la mejor historia que contar o, más aún, la verdad que el público eligió creer, y que en esto los medios cumplen un papel clave, pues no olvidemos que el periodismo construye realidades y lo que allí aparece como cierto (o casi cierto), lo es para la gente también.</p>
<blockquote><p>Ante el rumor vayamos a la fuente, chequeemos con otra y otra, verifiquemos como corresponde. Porque en preguntar no hay engaño.</p></blockquote>
<p>Ejemplos como éste hay varios: un niño adicto a la heroína en el reportaje <a href="http://www2.uncp.edu/home/canada/work/markport/lit/litjour/spg2002/cooke.htm" target="_blank">“Jimmy’s World”</a> de la periodista <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Janet_Cooke" target="_blank">Janet Cooke</a> en los 80 (<a href="http://www.pulitzer.org/awards/1981" target="_blank">Pulitzer incluido</a>) en <em>The Washington Post, </em>y el más reciente “A Rape on Campus” de Sabrina Erdely para <em>Rolling Stone</em> en noviembre de 2014, también una historia de alto impacto y de una prolijidad y rigurosidad aparentemente impresionantes, aunque sustentada principalmente en una fuente y su historia, la víctima «Jackie». Hay algo que une a estos dos trabajos, pese a la distancia temporal: el detalle. En ambos se encuentran detalles escabrosos y sorprendentes que abren nuestra mirada, nos hacen creer más en lo que se cuenta y nos hacen pensar que la realidad, en su crudeza, suele superar a la ficción.</p>
<p>El problema es que, en ambos, no estamos hablando totalmente de realidad. Cooke al poco tiempo reconoció —y por esto tuvo que, humillada, devolver su premio Pulitzer— que la historia de Jimmy era una mentira. Por su parte, <em>Rolling Stone</em>, dudando de la propia veracidad de su publicación sobre una violación múltiple en la fiesta de una fraternidad de la Universidad de Virginia, sometió el reportaje al chequeo de una comisión de expertos de la Universidad de Columbia, de lo que nació un informe que la misma revista publicó íntegro el pasado 8 de abril bajo el título <a href="http://www.rollingstone.com/culture/features/a-rape-on-campus-what-went-wrong-20150405?page=13">“A Rape on Campus: What Went Wrong?”</a>, en el cual se detalla la revisión de los especialistas con una gran conclusión: el artículo, dadas su falta de chequeo y escasa verificación, era un fraude y carecía del reporteo exigible para este tipo de historia, además de otras fallas. Es decir, la terrible historia de “Jackie” no era tan distinta a la historia de “Jimmy”. Mentiras verdaderas o como queramos decirlo, pero mentiras al fin.</p>
<p>En una mirada más local, no podemos olvidar aquella portada del año 2004 del diario <em>La Tercera</em> con aquella cita de Gema Bueno que desarmó una historia de intrigas, sexo, drogas y política: “Todo es mentira”. Aquel día, con esa declaración, la chica que ya estábamos acostumbrados a ver hablando con los medios sin descanso, reconocía que su historia de menor de edad adicta a las drogas, amante de un político reconocido y conservador y hasta testigo de un crimen a una niña llamada “Margarita” (otro personaje), era falsa. Un invento. Una manipulación con fines políticos que los medios de comunicación y el público nos tragamos con gusto. ¿Por qué? Nuevamente porque se trataba de una historia impactante, con buena trama, buenos personajes y el supuesto destape de una sociedad enferma y peligrosa que no dejaba a nadie fuera.</p>
<h4>RESPONSABILIDADES COMPARTIDAS</h4>
<p>El rumor es peligroso en periodismo porque no tiene ni principio ni fin: no sabemos exactamente de dónde vino y tampoco tenemos certeza alguna de cómo terminará. Un rumor no debería ser considerado para una publicación, es cierto, pero al no hacerlo, deja un espacio de vacío y vulnerabilidad tal que son las mismas personas las que construyen y completan la historia, y sabemos que la imaginación da para mucho. Es así como surgen teorías conspirativas, la sospecha se instala como una amenaza permanente y hasta los medios dejan de creer en sí mismos. Nada peor que la incertidumbre para iniciar nuestra propia película. Por eso, en periodismo el rumor hay que seguirlo hasta descubrir si hay algo de verdad en él.</p>
<p>¿Un rumor es casual? Por supuesto que no, y eso es lo que nos compete como informadores. Tener ojo, ser cautos, excesivamente desconfiados, porque en momentos como éste es cuando todos los bandos necesitan instalar sus “verdades”, ya sea para liberarse de culpas o para golpear un poco más al adversario. Y para eso, nada mejor que dejar que algo “trascienda”, como un objeto inanimado por las salas de prensa, poniendo a prueba la ansiedad del periodismo nacional que, al ser también parte de esta rareza actual, busca más respuestas que nunca.</p>
<p>Si hay algo que exigen tiempos como éstos es que no se piense que las responsabilidades y los deberes son unilaterales. El público, el periodismo y las autoridades tienen deberes compartidos. El periodismo debe fiscalizar y verificar cada información que da a conocer como tal; la ciudadanía debe exigir que se satisfaga su derecho a la información y al mismo tiempo debe cuestionar a los medios y exigirles verdad y no ficción. Por otro lado, las autoridades deben asumirse como actores del proceso y ser capaces de hablar, ya que también son parte del contrato social.</p>
<p>Por lo mismo, las conferencias de prensa —que en realidad son lecturas de comunicados sin aceptar preguntas finales— no benefician a nadie. Nos dañan como sociedad, porque nos dejan con las dudas suspendidas, algo que es egoísta e injusto. Una autoridad tiene la obligación de referirse a asuntos que son relevantes para los ciudadanos. Y los ciudadanos, a su vez, deben ser más exigentes. Los periodistas, en tanto, tenemos hoy la oportunidad de desplegar todas nuestras habilidades y de cumplir con los deberes que nos otorga el mandato de las personas, porque la información les pertenece y, por lo mismo, el engaño, las ficciones y las noticias deseadas no tienen nada que ver con lo que se espera de nosotros: que no trabajemos para intereses particulares o personales, que no nos dejemos manipular y que le demos al público lo que necesita saber. </p>
<p>Y ante el rumor, que vayamos a la fuente, que chequeemos con otra y otra, que verifiquemos como corresponde. Porque en preguntar no hay engaño.</p>
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		<title>Terrorismo y medios: El silencio no es bueno; la incertidumbre, tampoco</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/terrorismo-y-medios-el-silencio-no-es-bueno-la-incertidumbre-tampoco/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Sep 2014 18:32:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura de tragedias]]></category>
		<category><![CDATA[incertidumbre]]></category>
		<category><![CDATA[Metro Escuela Militar]]></category>
		<category><![CDATA[SubCentro]]></category>
		<category><![CDATA[terrorismo]]></category>
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					<description><![CDATA[Silenciar un atentado terrorista puede ser una mala decisión editorial. "No se trata de alarmar, pero tampoco de callar", escribe Lyuba Yez en la siguiente columna, un texto que no sólo repara en los desaciertos sino que también apunta a fortalecer los flancos débiles de una cobertura periodística desafiante. Y, por cierto, necesaria para las audiencias.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Silenciar un atentado terrorista puede ser una mala decisión editorial. «No se trata de alarmar, pero tampoco de callar», escribe Lyuba Yez en la siguiente columna, un texto que no sólo repara en los desaciertos sino que también apunta a fortalecer los flancos débiles de una cobertura periodística desafiante. Y, por cierto, necesaria para las audiencias.</h3>
<div id="attachment_25052" style="width: 1610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-25052" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2014/09/Subcentro-Foto-de-RiveraNotario-Flickr.jpg" alt="SubCentro de Escuela Militar, 10 de septiembre de 2014. Foto: RiveraNotario" width="1600" height="1200" class="size-full wp-image-25052" /><p id="caption-attachment-25052" class="wp-caption-text">SubCentro de Escuela Militar, 10 de septiembre de 2014. Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/riveranotario/15196971231" target="_blank">RiveraNotario</a></p></div>
<p>El miedo paraliza. Como bien escribió alguna vez Tony Hillerman, si se cede al pánico uno a veces se pone a correr, y eso puede ser peor, porque “tenemos la impresión de que el mundo entero nos persigue y tenemos miedo de detenernos”.</p>
<p>Cuando el temor se adueña de nuestro cerebro es posible que no haya vuelta atrás, por eso es tan importante el lugar donde encuentro respuestas que reducen mi incertidumbre, que aterrizan el horror y permiten tener cierta perspectiva ante lo que ocurre. Y cuando esa angustia se debe a un inesperado ataque explosivo en la estación del metro de mi ciudad, de mi país, claramente se activa el botón de pánico de cada uno de nosotros y necesitamos saber qué ocurrió. Qué ocurrió <em>realmente</em>.</p>
<p>A cinco días del <a href="http://www.soychile.cl/Santiago/Policial/2014/09/08/273251/Fuerte-explosion-en-Metro-Escuela-Militar-dejo-seis-heridos.aspx" target="_blank">atentado en SubCentro</a> ese <em>realmente</em> cobra especial importancia. Un valor fundamental después de horas y días de teorías, especulaciones, mensajes anónimos por WhatsApp que anuncian nuevos (y falsos) bombazos, una portada de diario <a href="http://www.biobiochile.cl/2014/09/09/polemica-genera-provocativa-portada-de-la-segunda-por-atentado-en-el-metro.shtml" target="_blank">desacertada y ampliamente cuestionada</a>, además de un reportaje de televisión que acumula más de <a href="http://www.latercera.com/noticia/entretencion/2014/09/661-595331-9-cntv-recibe-90-denuncias-contra-canal-13-por-nota-que-vinculo-bombazo-con-el.shtml?utm_source=dlvr.it&amp;utm_medium=twitter">80 denuncias al Consejo Nacional de Televisión</a> por la inexacta —y para muchos irresponsable— relación que establece entre los colectivos estudiantiles, los encapuchados y los actos de violencia como esta bomba que dejó 14 heridos y el ataque repudiable a un periodista de Chilevisión en la marcha por la conmemoración de los derechos humanos.</p>
<p>A cinco días y después de esto, es importante hacer algunas precisiones.</p>
<p>Lo ocurrido el lunes en la estación del metro Escuela Militar es un hecho inusual en nuestro contexto. Salvo situaciones puntuales —en períodos específicos de nuestra historia también—, en Chile no estábamos habituados a ataques terroristas. Es más, hasta ese momento y en medio del debate sobre la Ley Antiterrorista, ni siquiera existía una definición del término socialmente aceptada y la discusión estaba a tiempo de aclararlo. Sin embargo, esa bomba instalada en un lugar público, a una hora de alta circulación de personas, en un lugar para comer y a la hora de almuerzo, nos hizo preguntarnos muchas cosas. Mucho sobre nuestra seguridad, sobre el terrorismo mismo y sobre a quién dirigir todas nuestras dudas y aprensiones.</p>
<blockquote><p>Los eventos trágicos activan la incertidumbre, y son los medios los encargados de entregar calma a través de una cobertura responsable, completa y seria de los hechos ocurridos.</p></blockquote>
<p>Los medios de comunicación cumplen un papel fundamental y necesario en este tipo de situaciones lamentables. Los eventos trágicos o de emergencia activan la incertidumbre, y son los medios los encargados de entregar calma a través de una cobertura responsable, completa y seria de los hechos ocurridos. Todo el resto, como las anécdotas, detalles escabrosos, rumores y teorías conspirativas se quedan en las casas, en la calle y en las redes sociales.</p>
<p>El periodismo, en este sentido, activa también el botón del mandato social y su importante papel en democracia. Si no lo hace, si cede al miedo o a la “conspiranoia” (le robo el concepto a Jorge Baradit), el ataque es al derecho a la información de las personas.</p>
<p>Lo mismo ocurre con el silencio. No se trata de alarmar, pero tampoco de callar. Lo importante es contextualizar el hecho y presentarlo tal como es o está siendo hasta este momento. Hasta hoy la realidad indica que ningún movimiento o grupo en particular se ha atribuido el atentado. En ese caso, todavía no se cae en propaganda ni en la publicidad que los grupos terroristas siempre han perseguido, y los errores han sido menos de los que parecen en la cobertura.</p>
<p>El terrorismo necesita de los medios de comunicación para multiplicar un mensaje que instale el pánico en la sociedad. Detrás de esto hay una actividad ilegal ejercida por un grupo organizado que persigue alguna demanda política, social o ideológica. En este escenario, el periodismo siempre está expuesto a ser manipulado por quien se atribuye el hecho, pues si lo nombramos, describimos e investigamos —es decir, hacemos la pega— le estamos dando tribuna. Pero como hoy no hay reivindicación de lo que ocurrió el lunes, el periodismo todavía no está en ese problema. El problema sí puede ser apuntar anticipadamente a alguien con el dedo. Aunque, claro, en medio de la urgencia, la prudencia no siempre está invitada.</p>
<p>Si bien ha habido algunos desaciertos en la cobertura de este ataque explosivo, creo que es importante subrayar algo respecto de estos “hechos ruptura” (llamados así porque rompen con nuestra cotidianidad y también con el diario funcionamiento de un departamento de prensa): en situaciones de caos, la información se organiza considerando a testigos, sobrevivientes, otros medios, estimaciones extraoficiales, policía, gobierno y rumores. Esto puede generar sobreabundancia de información (que también puede desinformar: hay tanto que no entiendo nada), pero también es cierto que la demanda por saber es tan alta que si los medios se quedan en silencio esperando por aquello que es verdadero, el público puede pensar que le están ocultando algo. Nuevamente, la “conspiranoia”. Por lo mismo, es tan importante no caer en la exageración, en la redundancia o en los abusos, mucho menos en el aprovechamiento editorial para instalar sensaciones de mundo que están más en la cabeza de algún director o editor. Las palabras construyen realidades y los medios sí influyen en la forma en que entendemos el mundo.</p>
<p>El periodismo tiene grandes desafíos todos los días. Desde el lunes, el nuestro probablemente tiene más. Y la exigencia de satisfacer el derecho a la información de las personas respecto de lo verdadero, de lo real, también. Sigue ahí. Lo más seguro, más exigente y activa que antes.</p>
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		<title>El salto de un hombre y la injusticia de su transmisión</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/el-salto-de-un-hombre-y-la-injusticia-de-su-transmision/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 05 May 2014 02:00:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Chilevisión]]></category>
		<category><![CDATA[ética]]></category>
		<category><![CDATA[OMS]]></category>
		<category><![CDATA[prevención del suicidio]]></category>
		<category><![CDATA[suicidio]]></category>
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					<description><![CDATA[El suicidio de un hombre en el mall Costanera Center se convirtió en noticia el sábado 3 de abril. Un canal, Chilevisión, recibió videos que captaron el momento preciso y desde distintos ángulos. Un hombre que cae desde el piso 27 de una torre. Un hombre que se estrella contra el pavimento y muere. Un hombre anónimo que se convierte en el festín de la estupidez a través de las redes sociales, pero, lo que es peor, en la anécdota más cruel de un noticiero.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El suicidio de un hombre en el mall Costanera Center se convirtió en noticia el sábado 3 de mayo. Un canal, Chilevisión, recibió videos que captaron el momento preciso y desde distintos ángulos. Un hombre que cae desde el piso 27 de una torre. Un hombre que se estrella contra el pavimento y muere. Un hombre anónimo que se convierte en el festín de la estupidez a través de las redes sociales, pero, lo que es peor, en la anécdota más cruel de un noticiero.</h3>
<div style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" src="https://farm4.staticflickr.com/3828/9435186643_e7d96110bf_z.jpg" width="600" height="341" class /><p class="wp-caption-text">Entrada del mall Costanera Center. Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/riveranotario/9435186643" target="_blank">RiveraNotario</a></p></div>
<p>En los años noventa, un renovado departamento de prensa de Televisión Nacional de Chile mostró, en dos oportunidades, la imagen de una mujer cayendo desde El Morro de Arica. La nota mostraba, al principio, su silueta en lo más alto del cerro y cuando, segundos después, se dejaba caer. A su lado, algunos funcionarios de Carabineros habían llegado a persuadirla de no hacer lo que tenía en mente, pero, según explicaron sus familiares, ella estaba con una depresión muy profunda y eso hizo que el salto fuera inevitable.</p>
<p>La imagen, además, mostraba su cuerpo azotándose contra los peñascos del cerro en plena caída, hasta llegar a la calle. Después venían algunas declaraciones de testigos y de los carabineros que no pudieron hacer nada. Fin de la nota. La historia de esa mujer no era la de alguien que perdió el equilibrio. Su historia era la de un suicidio, con toda la carga moral y la complejidad del acto, y transmitirla fue un dolor de cabeza para TVN. Como era de esperarse, la decisión de mostrar esa situación y tan gráficamente fue considerada sensacionalista, truculenta y sin valor informativo. Y no hay ninguna duda de eso. </p>
<p>La imagen reiterada de un hombre cayendo el sábado pasado desde el piso 27 del Costanera Center no tiene nada de diferente. Es más, a mi juicio es mucho más cuestionable, porque quiere decir que no hemos aprendido nada de los errores de otros, de los ajustes en las líneas editoriales, de las discusiones en las salas de prensa o de los cuestionamientos del público sobre la falta de empatía de algunos periodistas y el exceso injustificado de duración de los noticieros de los canales de televisión. </p>
<p>¿Cuál es el real valor informativo de mostrar las imágenes de aquel hombre que saltó? ¿Lo tiene realmente o todo se reduce a lo impactante que es? Sí, más de alguien podría decir que aquel suicidio puede justificarse desde la conmoción pública, así como debe serlo ver animales destripados, cadáveres de víctimas de guerra, cuerpos desmembrados por ataques terroristas, escenas de abuso sexual, violencia en las calles. Sangre y muerte. Porque es necesaria la imagen, porque así funciona la televisión. Pero quedarnos en ese argumento sería facilista y absurdo.</p>
<blockquote><p>¿Cuál es el real valor informativo de mostrar las imágenes de aquel hombre que saltó? ¿Lo tiene realmente o todo se reduce a lo impactante que es?</p></blockquote>
<p>¿Este caso es diferente a mostrar los cuerpos destrozados de niños por una bomba? Sí y no. En ambos estamos ante la muerte, pero en el primero estamos ante una muerte que es buscada voluntariamente: un suicidio. Y sabido es –supongo, espero, asumo- por quienes están a cargo de los medios de comunicación en este país y en el mundo que el suicidio como acto informable es complicado y delicado por las repercusiones que puede tener en personas jóvenes y también en personas emocionalmente vulnerables por la posibilidad de imitación que se puede producir, además, por supuesto, del impacto injustificado que produce en la audiencia. </p>
<p>La Organización Mundial de la Salud <a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=24035" title="Prevención del suicidio: recomendaciones para medios de comunicación" target="_blank">ha planteado recomendaciones a los medios de comunicación</a> (no sólo a la televisión, a todos), justamente por las nocivas consecuencias sociales de una mala información al respecto. Lo peor, sin duda, es la explotación del sensacionalismo, la descripción del método utilizado y la publicación o transmisión de la imagen cuando se produce el acto suicida. Todo lo que hizo Chilevisión, que informó sobre el hecho, pero sobre todo, lo mostró, como si la muerte de ese hombre fuera un derecho que todos tenemos, como si ese momento fuera algo que las personas necesitamos presenciar.</p>
<p>Podríamos entrar, además, en el argumento de que la muerte es un acto privado y que este hombre, como todos, posee una dignidad que, una y otra vez, un canal de televisión pasó a llevar. La dignidad de ese hombre y también la de su familia. Ni hablar del festín de la estupidez que también está presente en las redes sociales al compartir y compartir videos que muestran lo que ocurrió como si fuera ficción o pura entretención. La muerte de un hombre, la invisible confusión y dificultad de quien decide morir y dejar que su cuerpo se estrelle contra el piso ante todas esas injustas cámaras de celulares.</p>
<p>Y claro, podríamos decir que muchos tienen la prensa que merecen, que nos hemos convertido en una sociedad tan fría y egoísta, que nos miramos el ombligo y más nos interesa saber cuántos seguidores virtuales tenemos que construir una sociedad real en la cual el otro nos importe. Pero creo que quedarnos en esa oscuridad es todavía más egoísta y cruel. Cruel con la sociedad que queremos formar, cruel con la exigencia mediocre que nos hacemos como profesionales y periodistas, y por cierto, sumamente cruel con un hombre que, como todos, tuvo una historia que, por lo que nos mostró el periodismo, sólo se reduce a ese salto.</p>
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		<title>Alarmismos y tragedias: el periodismo no debe hacer más daño</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/alarmismos-y-tragedias-el-periodismo-no-debe-hacer-mas-dano/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Apr 2014 18:27:23 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
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		<category><![CDATA[Valparaíso]]></category>
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					<description><![CDATA[Hoy, a sólo un par de semanas del terremoto en el norte y su extensa cobertura, el gigantesco incendio en Valparaíso pone a prueba a los medios y evidencia sus desaciertos, especialmente en el tratamiento que se da a las víctimas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>No ha bastado con las críticas, denuncias y acusaciones que se han hecho al periodismo nacional desde el año 2010 y la cobertura de sus tragedias. Hoy, a sólo un par de semanas del terremoto en el norte y su extensa cobertura, el gigantesco incendio en Valparaíso pone a prueba a los medios y evidencia sus desaciertos.</h3>
<div style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" src="https://farm8.staticflickr.com/7158/13812332345_765e73c45f_z.jpg" width="600" height="337" class /><p class="wp-caption-text">Foto: <a href="https://www.flickr.com/photos/leonardo_mh/13812332345" target="_blank">Leonardo Maldonado</a></p></div>
<p>“¿Cómo se siente?”, pregunta un reportero a un iquiqueño en plena evacuación por la alerta de tsunami en la ciudad. “Tranquilo”, dice él, una respuesta creíble si consideramos que esa ciudad está preparada hace años para un proceso de evacuación ante la amenaza de un tsunami. Sin embargo, el reportero insiste, como si lo que quisiera realmente fuera que el entrevistado  confesara que no está tan tranquilo, que la verdad es que siente pánico de la fuerza del tren de olas sobre él, y sobre todo, está aterrado ante la posibilidad de un terremoto de mayor intensidad, “el gran terremoto que todavía no ocurre”. </p>
<p>Un diálogo como el anterior exagera el valor de la noticia, no explota la calma del ciudadano, sino que espera y desea —desde el reportero— encontrar sufrimiento y catástrofe, como buscando grietas y desamparo, porque eso es más atractivo, porque eso es lo que se supone que deben mostrar los medios en medio de una catástrofe como ésa. Porque eso es lo que “marca”.</p>
<p>Más de algún habitante de Iquique se quejó a través de las redes sociales de la falta de tino y empatía de los periodistas, criticando principalmente su evidente intención de escarbar en los escombros y contar las historias desde allí, desde la oscuridad. Los micrófonos, siempre invasivos y temibles, invadieron albergues, espacios de descanso y hasta el sueño de las personas. Las preguntas no llevaban a nada, desde los “cómo se siente” hasta “¿pudo dormir?”. Poca información, pura búsqueda de emoción.</p>
<blockquote><p>Los medios a veces contribuyen a que se pierda algo más que una vida de trabajo y el techo que nos alberga: se convierten en responsables de la pérdida de nuestra dignidad.</p></blockquote>
<p>La reciente tragedia ocurrida en los cerros de Valparaíso despertó las alarmas de los medios de comunicación y de inmediato empezó el despliegue informativo para cubrir un hecho lamentable y doloroso. “Olas de fuego”, “tsunami de fuego” y la tan manoseada frase “imagen dantesca” plagaban nuestras pantallas. Rostros de noticieros y decenas de reporteros llegaron hasta los cerros, buscaron desde dónde informar y también buscaron a las fuentes que les entregaran más datos, pero sobre todo, que los alimentaran de historias. Ninguna de ellas positiva —cómo sería posible—, todos relatos dolorosos y francamente desgarradores. Entonces volvieron los “cómo se siente al perder su casa” y las afirmaciones innecesarias (“hay olor a humo”, “quedó con lo puesto”, “es terrible, ¿cierto?”). Todo desde el desatino y el sentido común, que no siempre sirve para abordar las crisis.</p>
<p>Quizás uno de los puntos más débiles de estas transmisiones televisivas extensas y en vivo es el tratamiento que se da a las víctimas, aquellos que han vivido las horas más negras de su vida y que probablemente no tengan todavía, al momento de ser abordados por un reportero, la conciencia absoluta de que lo que ocurrió es cierto. Están en estado de shock y no saben aún qué sienten. Por eso la pregunta está de más, por eso la palmadita en la espalda es inapropiada y por eso un “es lamentable” es innecesario. El periodista, en esta situación, es parte y no lo es. Es parte de la tragedia porque es un testigo, pero no es quien padece el dolor, y tiene un objetivo mayor: acercarnos a esa realidad y darnos los datos necesarios para entenderla. Sobre todo, poner orden en medio del caos. Esa es una de las funciones de los medios de comunicación: la socialización, ordenar las piezas del puzle que está desparramado en el piso. Un necesario ejercicio racional.</p>
<p>Un terremoto y un incendio de proporciones generan daño a todo nivel. Hay personas involucradas que sufren, se pierde algo que no se puede recuperar de inmediato, y los medios a veces contribuyen a que se pierda algo más que una vida de trabajo y el techo que nos alberga: se convierten en responsables de la pérdida de nuestra dignidad. Por rating, por ignorancia, por mandato “del de arriba”, por sentido común o una mala intuición. </p>
<p>Podríamos ahondar mucho más en este punto, pero me parece que lo que guía toda la discusión es una única y fundamental premisa: no hacer más daño. Y tener conciencia del trauma, de su definición y de sus consecuencias, sería importante a nivel de un departamento de prensa. De esa manera podríamos caer menos en el lugar común, en la pregunta innecesaria y en la re victimización de esas fuentes que, sin querer, exponemos y obligamos a sufrir más, lo que ya es demasiado para ellos.</p>
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		<item>
		<title>Las nanas, Inés Pérez y Chilevisión: ¿Cómo dijo que dijo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Jan 2012 18:06:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Chilevisión]]></category>
		<category><![CDATA[edición periodística]]></category>
		<category><![CDATA[Inés Pérez]]></category>
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					<description><![CDATA[La polémica sobre la edición hecha por <em>Chilevisión </em>de las declaraciones de la propietaria del condominio El Algarrobal II de Chicureo es abordada en la siguiente columna. Como contexto dejamos los videos de la discordia: el <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/403351/81/" target="_blank">primero</a>, con la cuña de quince segundos de Inés Pérez; y el <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/403773/81/" target="_blank">segundo</a>, que muestra el diálogo completo que ella sostuvo con el periodista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>La polémica sobre la edición hecha por <em>Chilevisión </em>de las declaraciones de la propietaria del condominio El Algarrobal II de Chicureo es abordada en la siguiente columna. Como contexto dejamos los videos de la discordia: el <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/403351/81/" target="_blank">primero</a>, con la cuña de quince segundos de Inés Pérez; y el <a href="http://www.chilevision.cl/home/content/view/403773/81/" target="_blank">segundo</a>, que muestra el diálogo completo que ella sostuvo con el periodista.</h3>
<div id="attachment_18520" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-18520" class="size-full wp-image-18520" title="Inés Pérez - Captura, Chilevisión" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2012/01/Inés-Pérez-Captura-Chilevisión.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-18520" class="wp-caption-text">Inés Pérez tiene toda la publicidad del mundo para restablecer su honra. | Captura: Chilevisión</p></div>
<p>Una mujer que vive en un condominio de Chicureo es entrevistada por lo escandaloso que resulta para muchos que en ese lugar, aparentemente, las empleadas domésticas no puedan caminar libremente y estén obligadas a tomar un furgón para entrar y salir del condominio. Ella, la fuente, se llama Inés Pérez y se refiere al tema como cualquier mortal, aunque, claro, lo que dice es como una patada en la guata para el mundo: se refiere a la obligación que tiene diariamente su empleada de tomar dicho furgón y lo inconcebible que sería que las nanas y obreros circularan al final del día entre los niños que andan en bicicleta.</p>
<p>Discriminación pura, las nanas no se mezclan con los niños (¿aunque sí pueden criarlos?), qué se ha imaginado esta mujer, preparemos una ciber funa, publiquemos sus teléfonos, vayamos a su casa de cristal a lanzar huevos. Eso y peor fue comentado vía Twitter y Facebook, todos contra Inés Pérez. Pero resulta que Inés Pérez no dijo lo que mostró la nota de <em>Chilevisión</em>. O sea, lo dijo, pero no así.</p>
<blockquote><p>¿El periodista eligió aquella cuestionable parte de su relato porque era incendiario o porque, a su juicio, reflejaba lo que ella quiso decir? ¿Importaba lo que ella realmente quisiera decir?</p></blockquote>
<p>A las pocas horas se publica en las redes sociales la <a href="http://twextra.com/abwnrt" target="_blank">transcripción exacta de la entrevista</a>, aquello que el público desconoce porque el periodista siempre hace entrevistas y después selecciona lo que es más relevante y clave que la gente sepa. Y aquí hubo selección, aunque ésta no captó la verdad completa. Sí, ella efectivamente se refiere a las nanas, las bicicletas con los niños y la necesidad de que exista el cuestionado furgón, pero —y esto es lo que CHV omite— ella no está de acuerdo con discriminar a las empleadas porque usan o no delantal (de hecho, no le importa si la suya sale a caminar con sus hijas de delantal o no), y su interés en el uso del furgón es porque su casa está lejos del portón y caminar 30 minutos hasta la puerta versus llegar en cuatro minutos usando el furgón es un mundo de diferencia.</p>
<p>Un mundo de diferencia es también el sentido del relato completo de Inés Pérez y la cuña seleccionada por el canal de televisión. El relato completo nos muestra cuál es su situación particular y nos explica por qué ella cree que para su empleada sería bueno usar el furgón; la nota de <em>Chilevisión </em>la muestra como una mujer desalmada y discriminadora que no tolera la idea de que sus niños se crucen con las nanas y los obreros del condominio donde vive. Dos historias, dos mujeres diferentes.</p>
<p>Imposible es para cualquier medio publicar ideas completas, párrafos eternos y sin editar. La cita completa de Inés Pérez no se podría haber transmitido, y en eso el periodista tiene todo el derecho a decidir cuándo cortar. Es más, muchas de las fuentes preparan discursos redondos y claros para que esa edición sea más difícil y porque, movidos por sus intereses, tienen muy claro cuál es el mensaje que deben instalar ante la opinión pública. En este caso puntual me atrevo a decir que estamos ante una fuente muy diferente a las políticas o económicas, que saben cómo funcionan los medios y se relacionan con periodistas con cierta periodicidad. En este caso, Inés Pérez, una ciudadana común, tiene una postura clara  (al ver el relato completo) que se enreda y cambia de forma radical porque ella se expresa mal, se equivoca o se confunde al mezclar los factores nanas caminando por el condominio + obreros + niños en bicicleta. Esa cuña en sí es extraña, y a juicio del periodista, fue la mejor.</p>
<p>¿El periodista eligió aquella cuestionable parte de su relato porque era incendiario o porque, a su juicio, reflejaba lo que ella quiso decir? ¿Importaba lo que ella realmente quisiera decir?</p>
<p>Hoy <a href="http://www.lun.com/Pages/NewsDetail.aspx?dt=2012-01-18&amp;PaginaId=1&amp;bodyid=0" target="_blank">esta mujer anónima es portada de <em>LUN</em></a>, lo que en este país sí significa más que algo. Ayer era la mala de la película y hoy podría demandar a un canal de televisión por daño moral, pues después de la divulgación de esa nota periodística ha sido insultada a través de las redes sociales y hasta han publicado sus datos de Dicom. Algo similar a llevarla a la plaza pública, insultarla, escupirla y desnudarla.</p>
<p>Aunque no sabemos cómo se resolverá esto, la pregunta que me queda (y preocupa) es qué pasa con todas las selecciones periodísticas anteriores que han atentado contra la esencia de lo que verdaderamente se dice. Todas aquellas personas que hablan con los periodistas, que son tergiversados por ellos y que como lo que dicen tiene cero repercusiones, quedan con discursos e intenciones que no se apegan a la verdad.</p>
<p>Ellos me preocupan. Inés Pérez, pese a lo mal que lo ha pasado con esto, tiene toda la publicidad del mundo para restablecer su honra.</p>
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		<title>Discriminación en los medios: ¿A quién le importa el ciudadano común?*</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/discriminacion-en-los-medios-%c2%bfa-quien-le-importa-el-ciudadano-comun/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Dec 2011 13:38:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[discriminación]]></category>
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					<description><![CDATA[Los medios están más cerca de los intereses de unos pocos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Los medios están bastante más cerca de los intereses de unos pocos que de una sociedad que necesita que le expliquen procesos desde lo básico. Luego, se genera una distancia con los medios, o más bien ellos se distancian de nosotros, y los perdemos.</h3>
<div id="attachment_17634" style="width: 610px" class="wp-caption alignright"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-17634" class="size-full wp-image-17634" title="Indigente - Jcarlosbulas, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/12/Indigente-Jcarlosbulas-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-17634" class="wp-caption-text">Indigente | Foto: Jcarlosbulas, Flickr</p></div>
<p>Sí, los medios discriminan, y lo hacen siempre. Discriminan cuando nos entretienen y también cuando nos informan. Lo hacen a través de caracterizaciones burlonas y hasta irrespetuosas de mal pensados estereotipos sociales como la rubia tonta o el personal trainer afeminado y vulgar de los programas de la noche, así como con las familias entrañables y populares que nacen en la ficción vespertina y que después no funcionan al darles un programa propio.</p>
<p>La información también discrimina, cómo no va a hacerlo si esto se trata de seleccionar, jerarquizar y construir mensajes desde un punto de vista y para un público masivo. Eso en términos generales, refiriéndonos al universo informativo. Si lo aterrizamos a lo local, a nuestro periodismo chileno, se produce una doble o triple discriminación, qué duda cabe. Primero hay una selección legitima, aquella que es previa y propia del ejercicio periodístico: no todo lo que ocurre es noticia, las agendas de los medios son acotadas y los cambios de última hora en las pautas dejan varios muertos en el camino. Luego, los medios abordan una parte de la realidad desde un prisma determinado y eso indica que el mundo con toda su magnitud está lejos de estar completamente reflejado allí. Los medios no funcionan como espejos de la sociedad, creo que esa sería una tarea inmensa e imposible; eso sí, existe el esfuerzo, el intento de ser capaces de detectar un número de eventos importantes y trascendentes que la sociedad debe conocer.</p>
<blockquote><p>«El periodismo también es clasista y el mea culpa estuvo en el aire cuando ocurrió el trágico accidente de las alumnas del Colegio Cumbres y varios colegas se preguntaban si la cobertura habría sido tan cuidadosa y extensa en el caso de un accidente de alumnas de un colegio cualquiera».</p></blockquote>
<p>La “doble tributación” en este caso —entendida como un reforzamiento a la discriminación— se da cuando, por ejemplo y sin ninguna razón justificada, establecemos diferencias entre la señora Juanita que fue asaltada ayer en una plaza de Macul y Juana Reyes, de la misma edad que la “señora Juanita” anterior, que vive en Providencia y nos cuenta del susto que pasó en un asalto en la plaza Las Lilas desde la comodidad de su living. Probablemente la señora Juanita nos dará la cuña en la calle, apoyada en la reja de su casa, despeinada y sin maquillaje; Juanita Reyes de Providencia (siempre Juanita+apellido y comuna) lo hará frente a una taza de té y con un estupendo brushing.</p>
<p>Suena caricaturesco y lo es. El periodismo también es clasista y el mea culpa estuvo en el aire cuando ocurrió el trágico accidente de las alumnas del Colegio Cumbres y varios colegas se preguntaban si la cobertura habría sido tan cuidadosa y extensa en el caso de un accidente de alumnas de un colegio cualquiera, una escuela municipal, un particular subvencionado tipo o un colegio de clase media. En realidad, un colegio que no fuera de elite. Porque ¡por Dios que nos importa la elite! La elite que lee los diarios, la elite que se divierte con nuestros noticieros en TV (pues realmente no busca informarse a través de ellos), esa elite a la que le habla la misma elite a través de columnas de actualidad, líderes de opinión que quieren ser parte de ella, programas de discusión y análisis político y social que no son más que discusiones entre especialistas que le hablan a un público reducido y no al pueblo como tal. La ciudadanía versus el público, la audiencia versus el ciudadano común.</p>
<p>El ciudadano común y silvestre se informa a medias a través de medios híbridos que siempre están en el límite entre la noticia y la entretención. Se aburre con las discusiones ególatras y aparentemente sesudas de algunos canales de información y prefiere el circo, que es harto más dinámico y cercano. La elite, el poder y lo que les pase está muy, muy lejos de su vida real.</p>
<p>¿Y dónde están los medios entonces? Bastante más cerca de los intereses de unos pocos más que de una sociedad que necesita que le expliquen procesos desde lo básico. Luego, se genera una distancia con los medios, o más bien ellos se distancian de nosotros, y los perdemos. Entonces pasa lo del “descuartizado de Puente Alto” (¿alguien recuerda que su nombre era Hans Pozo y que fue asesinado de manera brutal?), la poca delicadeza con que se abordó en un principio la desaparición de varias niñas en Pozo Almonte que, en un principio, fueron tildadas de prostitutas porque las autoridades deslizaron irresponsablemente esa teoría a través de los medios de comunicación… Y así una larga lista. Eterna y vergonzosa.</p>
<p>Sí, los medios discriminan y lo hacen todo el tiempo.</p>
<div class="cita">*Un <a href="http://diario30.com/destacados-diario30/discriminacion-en-los-medios-%c2%bfa-quien-le-importa-el-ciudadano-comun/" target="_blank">extracto de este artículo</a> fue publicado en un debate sobre la discriminación en Chile en el medio digital <em>Diario30</em>.</div>
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			</item>
		<item>
		<title>Portada de LUN y tragedia en Juan Fernández: La indignación del público y el azar periodístico</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/portada-de-lun-y-tragedia-en-juan-fernandez-la-indignacion-del-publico-y-el-azar-periodistico/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 09 Sep 2011 14:13:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[cobertura]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Camiroaga]]></category>
		<category><![CDATA[Las Últimas Noticias]]></category>
		<category><![CDATA[portada]]></category>
		<category><![CDATA[tragedia]]></category>
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					<description><![CDATA[Probablemente esta no sea la portada más irrespetuosa o polémica de <em>LUN</em>. Quizás esto se deba a que en otros casos no fue la emoción del público la que chocó con la emoción informada. O quizás el azar no estuvo del lado del diario antes y la apuesta no fue como ahora  —querámoslo o no— un acierto, por poco oportuno que parezca. Ese acierto que, en la breve portada de <em>LUN</em> en la madrugada del sábado, fue pura y dura realidad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Probablemente esta no sea la portada más irrespetuosa o polémica de <em>LUN</em>. Quizás esto se deba a que en otros casos no fue la emoción del público la que chocó con la emoción informada. O quizás el azar no estuvo del lado del diario antes y la apuesta no fue como ahora  —querámoslo o no— un acierto, por poco oportuno que parezca. Ese acierto que, en la breve portada de <em>LUN</em> en la madrugada del sábado, fue pura y dura realidad.</h3>
<p style="text-align: center;"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-full wp-image-16032 aligncenter" title="Portada LUN y Camiroaga" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/09/Portada-LUN-y-Camiroaga.jpg" alt="" width="362" height="456" /></p>
<p>Lo pregunté en una de mis clases a comienzos de esta semana. Después de buscar en la web la polémica portada de <em>Las Últimas Noticias</em> que daba cuenta del “último viaje del Halcón” y que nunca vi en papel aquí en Santiago, pude conseguirla, la imprimí rápidamente, la llevé a la sala y la pegué en la pizarra. Un trocito de <em>scotch</em> sostenía la imagen de uno de los animadores más importantes de la televisión chilena y por quien muchos y muchas han llorado desde el viernes 2 de septiembre. Así, el perfil de Felipe Camiroaga quedaba expuesto ante mis alumnos y despertaba en ellos reacciones diversas: silencio total, rostros compungidos, cuchicheos indescifrables y en la mayoría, el efecto más claro de todos: indignación.</p>
<p>Esta reacción fue la que primó en las audiencias la noche del viernes, cuando <em>Las Últimas Noticias </em>publicó la portada que iría el sábado y que para muchos fue como un cachetazo que los obligaba a pensar en algo a lo que se negaban: la muerte. La trágica muerte de Felipe Camiroaga y también de las 20 personas que iban en ese avión.</p>
<blockquote><p>«¿Por qué tanta indignación? El titular apostaba a que Camiroaga estaba muerto, lo daba por hecho, basándose en la información disponible, pero sin la oficialidad que, en casos como estos, es la que brinda las certezas».</p></blockquote>
<p>Habían pasado sólo 3 horas desde la declaración oficial que las autoridades hicieran del accidente ocurrido en Juan Fernández. Desde las siete de la tarde de ese día, cuando se informaba sin muchas certezas que un avión había desaparecido, las reacciones, comentarios y especulaciones aumentaban en las redes sociales y los departamentos de prensa de los distintos medios se activaban para romper con las sospechas e informar, lo más pronto posible, sobre los nombres de los tripulantes del avión. Las fuentes de Gobierno ya anticipaban un panorama extremadamente adverso y el alcalde de la isla declaraba que era muy difícil que en una situación como ésta, sumada a las condiciones del clima y del mar, hubiera sobrevivientes.</p>
<p>En este escenario y con esa información disponible, <em>Las Últimas Noticias</em> publicó en su portal digital la portada que tanto enfureció a gran parte del público. Muchísimas personas, que en ese momento vivían aún el shock de una tragedia posible, cuestionaron la decisión de este diario “sensacionalista” —en las declaraciones de varios— e incluso llamaron a no comprarlo y muchos menos leerlo al día siguiente (y probablemente nunca más). Las redes sociales fueron la plataforma ideal para cuestionar el “pésimo periodismo que se hace en Chile” por una decisión editorial específica y confirmar, además, que son herramientas que si bien permiten opinar y discutir, se guían en muchos casos por la postura que se instala en un principio (el cuestionamiento a la portada, un lado de la vereda) y dejan fuera los matices, pues plantear la opinión contraria te deja al otro lado de la discusión y desvía las críticas hacia tu propia opinión cuando ésta no calza con la percepción general.</p>
<p>¿Por qué tanta indignación? El titular apostaba a que Camiroaga estaba muerto, lo daba por hecho, basándose en la información disponible, pero sin la oficialidad que, en casos como estos, es la que brinda las certezas. Recordemos que en tragedias anteriores, como el incendio de la cárcel de San Miguel en 2010, los periodistas dependían de la oficialidad, la desinformación fue extrema en un comienzo y la especulación siempre es perjudicial. Quizás por lo mismo, los medios —sobre todo la televisión— actuaron con cautela y siguieron las recomendaciones del ministro de Defensa y del vocero Chadwick: esperar el comunicado de la Fach y el que ellos darían una vez que los familiares de las víctimas del accidente hayan sido informados.</p>
<p>“Yo encuentro que esa portada está mal. Me da rabia”, respondió una alumna cuando le pregunté que le había parecido el viernes y qué le parecía ahora que volvía a verla. Estaba molesta y dijo que aquella noche había chequeado las impresiones de rostros de televisión, periodistas y amigos suyos en Twitter y la mayoría coincidía en que lo que el diario había hecho era una vergüenza para el periodismo. “Pero dime por qué te da rabia”, insistí. Ella se quedó callada unos segundos, esperé a que alguno de sus compañeros aportara desde su propia experiencia, pero el silencio continuaba. “¿Sabe qué?”, dijo al fin, “La verdad es que no sé por qué me da rabia, pero me molesta, así como a todos les molestó el viernes en la noche”.</p>
<p>¿Cuál podría ser el argumento o la razón para su rabia? Otra alumna quiso explicarlo un día después: “Es que el diario dio por muerto a Felipe cuando todavía no estaba confirmado, y eso está mal”. “El diario se adelantó”, dijo otro alumno. “¿Y el diario se equivocó?”, les pregunté después. Silencio y finalmente, un casi inaudible “No poh”, de alguien que temía sonar impopular.</p>
<p>Probablemente yo les parezca impopular si digo que, después de chequear los comentarios de la gente en Facebook, entré inmediatamente al sitio de LUN y vi la portada. Sinceramente, estaba predispuesta a algo extremo, vulgar, desatinado o más allá del sensacionalismo tolerable, y me encontré con este “Último vuelo del Halcón” que para muchos era tan ofensivo. ¿Por qué no me producía la misma indignación?  Ahora que he tenido días para pensarlo, creo mi reacción se debe a que, a esas alturas, yo asumía que estaban todos muertos (siempre antepongo la tragedia al milagro) y la noticia que esperaba no era la de una cantidad de sobrevivientes sino la que sigo esperando hasta hoy: que todos los cuerpos sean encontrados para que sus familias y amigos puedan despedirse como uno espera hacerlo de los que quiere. Porque ser un “desaparecido” es injusto y puede despertar esperanzas dolorosas, pues sabemos que “hasta que no lo veo, no lo creo”, y tantas otras ideas fijas que dificultan los duelos. Quizás en <em>LUN</em> pasó algo similar: ellos contaban con información existente y decidieron con esas cartas sobre la mesa. No esperaron la confirmación oficial. Apostaron a una portada según los datos conocidos hasta ese momento y cuando el sábado se confirmó que no había sobrevivientes, era un hecho que el diario había acertado. Aunque también es cierto que una decisión editorial de ese tipo no se hace lanzando una moneda al aire, porque esto no se trata de “achuntarle”.</p>
<blockquote><p>«La nuestra es una audiencia que ya se habituó alguna vez a la idea de un milagro con la experiencia de “los 33” y —por qué no— el viernes esperaba que en este accidente, esas 21 personas sobrevivieran también».</p></blockquote>
<p>Al poco rato, <em>LUN</em> cambió el título de su portada por “Desesperada búsqueda del vuelo de Camiroaga”, y publicó una carta en la cual pidió perdón a aquellos lectores que se hubieran podido sentir ofendidos o afectados por la decisión del viernes. El pecado (la antigua portada) estaba sólo en regiones y en Santiago había quedado la nueva. Una portada menos ofensiva, menos directa y también menos emocional. Lo curioso —y esto no es algo que esté resuelto— es que en un contexto de emoción pura como éste (un accidente de estas características, incertidumbre sobre sus causas, 21 desaparecidos que a las pocas horas se confirma que están muertos, rostros de televisión entre ellos), surge cierta intolerancia a la explotación de esta misma emoción desde los medios. Aquello se interpreta como una falta de respeto en algunos casos y puede activar el motor de la furia de las audiencias. Una emoción se enfrenta a la otra, la racionalidad queda guardada.</p>
<p>Por otro lado, no sobra decir que la nuestra es una audiencia que ya se habituó alguna vez a la idea de un milagro con la experiencia de “los 33” y —por qué no— el viernes esperaba que en este accidente, esas 21 personas sobrevivieran también. El milagro de los mineros de la mina San José es otro rasgo emocional que se suma al contexto, es un antecedente que, de una u otra manera -y más allá del fanatismo o cariño del público por Camiroaga-, instaló en muchos la posibilidad de un nuevo milagro. Le dio posibilidades a la esperanza.</p>
<p>Probablemente esta no sea la portada más irrespetuosa o polémica de <em>LUN</em>.Si miramos hacia atrás encontraremos algunos ejemplos que no trajeron consigo las disculpas del dueño del diario. Quizás esto se deba a que en otros casos no fue la emoción del público la que chocó con la emoción informada. O quizás el azar no estuvo del lado del diario antes y la apuesta no fue como ahora  —querámoslo o no— un acierto, por poco oportuno que parezca. Ese acierto que, en la breve portada de <em>LUN</em> en la madrugada del sábado, fue pura y dura realidad.</p>
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		<item>
		<title>James Hamilton  en «Tolerancia Cero»: Las preguntas incómodas</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/james-hamilton-en-tolerancia-cero-las-preguntas-incomodas/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Mar 2011 22:35:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Chilevisión]]></category>
		<category><![CDATA[Fernando Karadima]]></category>
		<category><![CDATA[Informe Especial]]></category>
		<category><![CDATA[James Hamilton]]></category>
		<category><![CDATA[Tolerancia Cero]]></category>
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					<description><![CDATA[El invitado a “Tolerancia Cero” era un invitado con una historia oscura que todos conocemos. Sin embargo, la sensación que me queda es que los dueños de casa estaban igual o más impactados que nosotros, el público, y que faltaron preguntas incómodas y también aquellas que son claves para entrar en el entrevistado y romper su cáscara. amilton estaba lo suficientemente empoderado y seguro como para haberlas respondido. Y ya está bueno que los periodistas dejemos de andar pisando huevos cuando se trata de incomodar al poder o estar en sintonía con lo que complace al público.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El invitado a “Tolerancia Cero” era un invitado con una historia oscura que todos conocemos. Sin embargo, la sensación que me queda es que los dueños de casa estaban igual o más impactados que nosotros, el público, y que faltaron preguntas incómodas y también aquellas que son claves para entrar en el entrevistado y romper su cáscara.</h3>
<p style="text-align: left;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-11206" title="James Hamilton" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/03/James-Hamilton.jpg" alt="James Hamilton" width="600" height="322" /><br />
<small><span style="color: #808080;"><em>«Hamilton respondió todas las preguntas que le hicieron, incluso aquellas que están de más»</em> | Captura:</span> <a href="http://www.youtube.com/watch?v=LXdOeV9j8Rc" target="_blank">YouTube</a></small><span style="color: #c0c0c0;"><br />
</span></p>
<p>James Hamilton apareció por primera vez en televisión en una <a href="http://www.24horas.cl/videos.aspx?id=69385&amp;tipo=51" target="_blank">investigación de la periodista Paulina de Allende Salazar para el programa “Informe Especial”</a>. El programa destapaba una realidad por muchos oída, pero nunca antes enfrentada tan directamente por los medios de comunicación: los abusos sexuales por parte de altos miembros de la Iglesia Católica en nuestro país. Sí habíamos visto reportajes sobre las acusaciones contra Marcial Maciel en México, pero no teníamos conciencia real —es decir, aquella que va más allá del rumor al que se tiene acceso— de que en Chile tuviéramos a nuestro propio posible/supuesto Marcial Maciel. “Informe Especial” nos reveló, en aquella emisión del 26 de abril de 2010, su nombre: Fernando Karadima. James Hamilton apareció como uno de los denunciantes.</p>
<p>La dolorosa, inquietante y conmovedora historia de Hamilton se sumó a la de otros hombres que se atrevieron a dar la cara y acusar directamente a Fernando Karadima de abusar física y sicológicamente de ellos cuando formaban parte de un grupo católico liderado por el sacerdote. Los testimonios fueron impactantes. El de James Hamilton fue demoledor.</p>
<p>Ese mismo hombre que hace casi un año apareció en pantalla contándonos de lo que fue víctima, incluso hasta después de casado, que lloró en pantalla al recordar y narrar aquello que los seres humanos nunca queremos vivir (y mucho menos relatar a otros), ese hombre que se desarmó en nuestros televisores con todos los costos que puede significar desnudarse en público, es exactamente el mismo que anoche se instaló en el set de “Tolerancia Cero” y dejó noqueados a los panelistas. Hamilton dejó de ser sólo una víctima y se sentó en esa mesa con voz firme, segura y con la intención de no guardarse nada, porque lo cierto es que no tiene nada que perder. Como él mismo lo dijo, es un veterano de guerra y ésta, su guerra, es tan sucia como cualquiera.</p>
<blockquote><p>«El invitado a “Tolerancia Cero” era un tremendo invitado: medido, con ideas claras y articuladas, con una historia oscura que todos conocemos y que por lo mismo, le arrebata a él una porción de la intimidad que es tan importante proteger para superar eventos tan traumáticos como el suyo».</p></blockquote>
<p>Hamilton respondió todas las preguntas que le hicieron, incluso aquellas que están de más, como la de Villegas sobre cuál es la prevalencia de los abusos sexuales a niños por parte de miembros de la Iglesia. Curiosa pregunta, porque lo cierto es que me cuesta pensar que alguien maneje el dato estadístico de una situación de la que, por lo general, nadie habla porque prefiere olvidarla para siempre, y si lo hace, otros se encargan de acallarla. La excepción está en quien denuncia y sabemos que esos son los menos. Ante esta pregunta, Hamilton no se indignó, pero respondió que eso —la cifra, el número— no era lo importante. Y tiene razón. ¿Importa si es un niño el abusado o si son diez? Lo importante es que ocurre, ¿no? Ocurre y alguien tiene que revelar que esto pasa para que otro reaccione y pueda frenarlo.</p>
<p>La polémica de hoy sobre la <a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=11170">advertencia/sugerencia de Juan Carlos Eichholz</a> al invitado sobre el hecho de estar en televisión y que algunos interpretaron como un intento de frenar sus dichos, puede leerse de dos maneras: una, que Eichholz defendió, como pudo, al círculo cercano que quiere y respeta, o dos, que legítimamente le tiró un salvavidas a su invitado para evitar que se desmadrara en acusaciones que podrían complicar aún más su escenario personal. Pero es imposible evaluar intenciones y si lo pensamos mejor, ese momento del programa no es lo más relevante, no es de lo que debemos hablar hoy. Si bien es un momento tenso, con un Hamilton que interpela a Eichholz de manera impecable respecto de la necesidad de mostrar la verdad, creo que más valioso periodísticamente hablando habría sido que, al menos, uno de los panelistas del programa hubiera sido capaz de lanzar una de las preguntas necesarias, aunque incómodas. Saber más de las situaciones que Hamilton revela dentro del colegio Verbo Divino, precisar en las acusaciones contra el círculo cercano de Karadima, ir más allá en la acusación que Hamilton desliza contra la familia Matte, indagar en aquella escala moral trastocada que Karadima y su círculo trabajaron sobre sus víctimas, entender ese <em>modus operandi</em> que recién a los 39 años y  a su pesar, Hamilton reconoció como algo perverso; cómo trabajaron su mente, cómo enfrentó él mismo su propia vida familiar y sobre todo, matrimonial al estar en una situación tan difícil como ésa. Y así, tantas preguntas más.</p>
<p>Siempre es un buen ejercicio ponerse en los zapatos del otro, empatizar, como se dice. Anoche, el invitado a “Tolerancia Cero” era un tremendo invitado: medido, con ideas claras y articuladas, con una historia oscura que todos conocemos y que por lo mismo, le arrebata a él una porción de la intimidad que es tan importante proteger para superar eventos tan traumáticos como el suyo. Sin embargo, la sensación que me queda es que los dueños de casa estaban igual o más impactados que nosotros, el público, y que más allá de la actitud displicente (¿solidaria?) de Eichholz faltaron preguntas, de las incómodas y también de aquellas que son claves para entrar en el entrevistado y romper su cáscara. Hamilton estaba lo suficientemente empoderado y seguro como para haberlas respondido. Y ya está bueno que los periodistas dejemos de andar pisando huevos cuando se trata de incomodar al poder o estar en sintonía con lo que complace al público, como si al hacer una pregunta que pueda sonar “poco amable” o “poco <em>cool</em>”, tuviéramos la obligación de pedir perdón. Sabemos que cuesta e imaginamos lo difícil que debió haber sido reaccionar bien en el panel de “Tolerancia Cero”, pero el periodismo siempre debería hacer el intento de guardar distancia profesional respecto del público, del entrevistado y como ya sabemos, de los propios intereses, porque de esa manera será posible hacer todas las preguntas que deben estar sobre la mesa.</p>
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		<title>Incendio en cárcel de San Miguel: No es fácil ser periodista, tampoco ser espectador</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 10 Dec 2010 20:44:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Cárcel San Miguel]]></category>
		<category><![CDATA[incendio]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[Un periodista tiene que lidiar con la crítica constante de quienes ven con malos ojos esta profesión y piensan que disfrutamos con la tragedia ajena. Nada más lejano a lo que nos pasa cada vez que enfrentamos el dolor de otro.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Un periodista tiene que lidiar con la crítica constante de quienes ven con malos ojos esta profesión, con quienes creen que la farándula nos define y sobre todo, con quienes piensan que nos gusta hacer show y que disfrutamos con la tragedia ajena. Nada más lejano a lo que nos pasa cada vez que enfrentamos el dolor de otro.</h3>
<p>Hay dos preguntas que un periodista debe esforzarse en responder constantemente, casi como un karma. Por lo general, cuando alguien las hace sentimos una mezcla de desconcierto y vergüenza, al menos en mi caso. “¿Por qué estudiaste periodismo?” es una pregunta que supe responder varios años después de titularme, cuando entendí más o menos para dónde iba este trabajo y en qué sentido valía la pena hacerlo. Cabe destacar que la pregunta siempre es hecha con un gesto de desprecio implícito que, inevitablemente, invita a la duda existencial (por qué me metí en esta, una profesión mal mirada, mal pagada, que no deja tiempo y produce, al menos, una úlcera, en su ejercicio) y que, en la mayoría de los casos, por más clara e inteligente que suene la respuesta, nos deja en desventaja frente al resto del grupo.</p>
<p>Ni hablar de la segunda pregunta: “Oye, tú que eres periodista, ¿me puedes explicar por qué ustedes siempre hacen la misma pregunta tonta cuando alguien está sufriendo: ‘¿cómo se siente?’”. Y qué quieren que les diga, sé que la pregunta está de más, pero desconozco por qué la seguimos haciendo. Quizás fuera de una escena de dolor, en la comodidad de mi escritorio y conversando con colegas, la crítica al gremio salga fluida y sensata, pero no estoy tan segura de ser capaz de mantener esa claridad en una situación límite. Porque convengamos en que hechos como el terremoto de febrero, el rescate de los mineros y el incendio de la cárcel de San Miguel son situaciones límites para quienes las padecen y también para nosotros.</p>
<blockquote><p>Los periodistas somos intrusos en todas partes. Unos extraños que entran en lugares privados o abordan a sus fuentes aprovechando las oportunidades porque, de lo contrario, la gente no se enteraría de lo que ocurre.</p></blockquote>
<p>No es fácil ser periodista. Uno tiene que lidiar con la crítica constante de quienes ven con malos ojos esta profesión, con quienes creen que la farándula es lo que nos define (y la farándula no tiene nada que ver con lo que realmente hacemos) y sobre todo, con quienes piensan que nos gusta hacer show y que disfrutamos con la tragedia ajena. Nada más lejano a lo que nos pasa cada vez que enfrentamos el dolor de otro. ¿Qué puede tener de agradable plantarse con un micrófono y un camarógrafo dentro de la iglesia donde están velando a una persona que no conocemos y nos vemos obligados a informar sobre eso? Hablar con la viuda (y en lo posible, tragarnos la incomodidad de la situación y evitar aquel inútil “¿cómo se siente?”), invadir un espacio privado, escuchar llantos y lamentos, sentirnos totalmente fuera de lugar, porque somos extraños allí y la verdad es que cada uno sabe lo desagradable que puede ser estar pasándolo muy mal y recibir la pregunta de un intruso. ¡Qué le importa a este intruso lo que me pasa!</p>
<p>Los periodistas somos intrusos en todas partes. Unos extraños que entran en lugares privados o abordan a sus fuentes aprovechando las oportunidades porque, de lo contrario, la gente no se enteraría de lo que ocurre, es cierto. Si el incendio no hubiera sido cubierto por los medios seguramente nada se habría sabido más allá de San Miguel, y eso sería una injusticia. Pero hay que dejar muy claro que eso no significa que a la gente le sirva ver el desgarro, la impotencia y la rabia real de las personas (esto no es una película) y que no les afecte.  Para el espectador tampoco es fácil digerir una cobertura non stop como la de los últimos días, conocer las historias de los muertos, adentrarse en las ironías e injusticias de la vida, y no exigir nada a cambio. Quizás el público no lo defina específicamente, pero lo que piden es algo muy cercano a eso que los periodistas llamamos “información de calidad”, y allí no caben los despachos de relleno, las preguntas sin respuesta o los desatinos, tampoco la imagen del incendio acompañada del audio de los gritos desesperados de los reos mientras se quemaban, o aquella escena eterna que muestra por largos segundos la furia de una madre que exige obtener información sobre su hijo, sin saber todavía si está vivo o muerto (¿no aprendimos nada en la cobertura de la tragedia de Antuco?).</p>
<p>La verdad es que todo esto me parece mil veces peor que un tonto: “¿Cómo se siente?” a los familiares de las víctimas. Y tampoco sé por qué eso sigue pasando.</p>
<p><strong>Artículos relacionados:</strong><br />
<a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=10288" target="_blank">«El incendio en la TV: ¿dónde están los editores?»</a>, por Andrea Vial<br />
<a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=27497" target="_blank">Lee los dos primeros capítulos de “Incendio en la Torre 5. Las 81 muertes que Gendarmería quiere olvidar”</a>, de Tania Tamayo.</p>
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		<title>¿La prensa está de vacaciones?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Lyuba Yez]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Jan 2010 18:03:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[vacaciones]]></category>
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					<description><![CDATA[La pauta noticiosa de fin de año en los noticieros parece seguir una estructura inmutable, pese a que este enero nos encontramos a las puertas de una elección presidencial, ni más ni menos.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #800000;">La pauta noticiosa de fin de año en los noticieros parece seguir una estructura inmutable, pese a que este enero nos encontramos a las puertas de una elección presidencial, ni más ni menos.</span></strong></p>
<p>Hay fechas del año en las que no me gusta ver noticias, entonces caigo en una especie de rebelión y chequeo de reojo los titulares y luego apago la televisión. Ocurre cada marzo cuando, año tras año, me encuentro con imágenes de archivo mezcladas con algunas nuevitas del primer día de clases; en abril, cuando todos los noticieros nos muestran el retorno de los automóviles a Santiago después de Semana Santa (con las infaltables cifras de accidentes); las Fiestas Patrias y por supuesto, las celebraciones de fin de año.</p>
<p>Fue justamente después de estas fiestas que me encontré con una carta al director publicada en El Mercurio el 2 de enero, en la cual su autor critica la cobertura periodística de estas fechas y cómo, todos los años, los noticieros recurren a una maqueta tipo para mostrar este tipo de noticias:</p>
<p>“Primer acto: aproximadamente 10 días antes de las Fiestas Patrias y de las de fin de año, los noticieros de la televisión chilena comienzan un gran despliegue verbal y con expresivas imágenes instando a la gente a pasarlo bien y divertirse (lo cual no está mal), pero lo hacen poniendo todo el énfasis en las toneladas de carnes y de bebidas alcohólicas que se deben consumir para lograr el objetivo de pasarlo bien. (…).</p>
<p>Segundo acto: en un súbito arranque de responsabilidad, en la víspera de las fiestas “algunos noticieros” advierten a los conductores que deben ser cuidadosos en la conducción y no lo deben hacer “cuando hayan consumido bebidas alcohólicas” (…).</p>
<p>Tercer acto: a partir del primer día del período de las fiestas en todos los noticieros comienza el recuento de muertos y heridos que van hasta ese momento, comparando las cifras con las de los años anteriores (…).</p>
<p>Cuarto acto: llega el término de las fiestas y en todos los medios de comunicación comienza el balance final de muertos y heridos ocurrido durante el período (…). Por supuesto que la mayor parte de los accidentes han tenido como factor principal la ingesta excesiva de alcohol, tanto de conductores como de peatones (…).”</p>
<p>El autor también insinúa que existe una correspondencia entre la forma en que los medios muestran cómo se debe celebrar (mucha comida, alcohol, serpentinas, bailes hasta el amanecer) y los accidentes que ocurren después, producto de la irresponsabilidad de los conductores y también de los peatones, como si de alguna manera lo que muestran las noticias pudiera incitar a las personas a beber o celebrar irresponsablemente. De esto surgen varias preguntas: ¿Podemos exigir que los medios se responsabilicen de lo que  muestran y de lo que estás imágenes podrían provocar, como plantea el autor de la carta? ¿Necesitamos que los conductores de los noticieros deslicen consejos sobre la ingesta de alcohol a las audiencias?</p>
<p>Lo cierto es que es difícil apoyar una relación de causa y efecto sin pruebas empíricas que vayan más allá de la especulación. Sin embargo, cabe preguntarse por la forma en que se tratan estos temas. Por algún motivo (llámese flojera, falta de originalidad o quizás la legítima incapacidad de hacer algo distinto) el periodismo cae en “notas tipo”, sobre todo en televisión, cuando se trata de eventos como el primer día de clases, la PSU, la Navidad, el Año Nuevo, las Fiestas Patrias, llegando a veces al extremo de utilizar las imágenes del año anterior captadas en plena algarabía a los pies de la Torre Entel, y pasarlas como si fueran actuales. Total, nadie se queja y aparentemente, entre un año y otro nada ha cambiado mucho.</p>
<p>Por otro lado, es curioso que esta situación se repita en un año electoral como fue el 2009. Pese a las urgencias informativas evidentes igual caemos en la “nota tipo fin de año”. Estos eventos se siguen robando minutos en la pauta y los noticiaros se debaten entre lo importante y lo interesante una vez más, mezclando lo relevante con lo que nos entretiene, porque para qué andamos con cosas, la Navidad en sí no es un hecho noticioso, tampoco lo es el Año Nuevo, salvo que, obviamente, estas fiestas traigan consecuencias de algún tipo para la sociedad. Al parecer, según lo que los medios nos muestran, estas consecuencias siempre se relacionan con accidentes y tragedias, situaciones claramente más informativas que el descorche de las botellas de champaña a los pies de la Torre Entel, el abrazo con funcionarios de carabineros o la larga fila de autos esperando en los peajes el domingo.</p>
<p>La “nota tipo” no se remite sólo a estas situaciones. ¿Cuán creativas u originales son las noticias sobre el IPC? Estamos hablando de un hecho relevante que, con suerte, tiene 15 segundos en la pauta informativa de los canales. Mucho más cobertura tienen las notas sobre la cantidad de calorías que se pueden llegar a consumir en Navidad y Año Nuevo, las dietas sugeridas (comentario de nutricionista incluido), y las infaltables “noticias” sobre el verano musicalizadas con “Un verano naranja”, cómo olvidarlo: bikinis por doquier, playas, sol, arena, siliconas varias, argentinos en Chile y la disputa chileno-trasandina por los mejores cuerpos de la temporada. ¿No será mucho?</p>
<p>Una de las explicaciones para esto es que a partir de diciembre aparentemente no pasa nada en Chile. ¿Somos un país tan estructurado que en diciembre botamos el lápiz y nos tomamos vacaciones hasta de la contingencia? Curioso, insisto, porque en pocos días tendremos segunda vuelta presidencial y aun así anoche me agoté haciendo zapping para huir de las “informaciones” sobre las nuevas tendencias en trajes de baño para 2010, los balnearios de moda y las cuñas de turistas extranjeros… Estamos a días de elegir presidente pero estas notas siguen apareciendo. En Chile pasan cosas, pero las estructuras no cambian. ¿Será porque los periodistas salen de vacaciones y los practicantes siguen un molde ya establecido?</p>
<p>Habrá  que ver si en la próxima fecha emblemática se repite el “formato tipo”. Veremos si en marzo valdrá la pena ver noticias en televisión o terminaremos comentando, con lata, “uf, parece que esta película ya la vi”.</p>
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