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	<title>Alfredo Sepúlveda &#8211; Puroperiodismo</title>
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	<description>La revista digital de Periodismo UAH.</description>
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		<title>Raquel</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 11 Oct 2012 19:22:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Raquel Argandoña]]></category>
		<category><![CDATA[reality show]]></category>
		<category><![CDATA[TVN]]></category>
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					<description><![CDATA[La protagonista del programa de <em>TVN</em> más criticado del año es el objeto de análisis de Alfredo Sepúlveda, director de la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl" target="_blank">Escuela de Periodismo</a> de la Universidad Alberto Hurtado: "Ha sido el camino mediático de Argandoña uno poco heroico, si se quiere, marcado por intereses financieros, personales y por la necesidad de escalar en la sociedad chilena. Pero no fue Argandoña quien inventó esa necesidad: solo construyó una escalera".]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>La protagonista del programa de <em>TVN</em> más criticado del año es el objeto de análisis de Alfredo Sepúlveda, director de la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl" target="_blank">Escuela de Periodismo</a> de la Universidad Alberto Hurtado: «Ha sido el camino mediático de Argandoña uno poco heroico, si se quiere, marcado por intereses financieros, personales y por la necesidad de escalar en la sociedad chilena. Pero no fue Argandoña quien inventó esa necesidad: solo construyó una escalera».</h3>
<div id="attachment_20733" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img fetchpriority="high" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-20733" class="size-full wp-image-20733 " title="Raquel Argandoña - Felipe Araos, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2012/10/Raquel-Argandoña-Felipe-Araos-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="338" /><p id="caption-attachment-20733" class="wp-caption-text">El primer episodio de «Las Argandoña» promedió 13,1 puntos de rating. Foto: <a href="http://www.flickr.com/photos/el_mimo/4703339778/" target="_blank">Felipe Araos</a></p></div>
<p>“Las Argandoña” es muchas cosas —un programa que tensiona la misión misma de <em>TVN</em>, una gran movida estratégica (al menos en el papel) para levantar puntos de rating—, pero sobre todo es un espacio sobre Raquel Argandoña, con toda la carga que eso significa.</p>
<p>Raquel Argandoña es hoy una figura de la farándula. No la desprecio por ello: en la práctica, como buena parte de este mundo virtual, responde de una manera bastante poco sofisticada, a veces violenta, aunque a la larga sin trascendencia ni discurso real de fondo, a necesidades de esparcimiento que millones de chilenos buscan en el sistema gratuito de entretención y gratificación emocional en que se ha transformado la televisión abierta.</p>
<p>Pero si Raquel Argandoña está donde está, es por su historia, por su pasado, no por sus declaraciones, sus enojos o lo que sea que haga en la pantalla hoy.</p>
<p>Y su pasado es importante. Su ascenso en fama coincidió con la masificación de la televisión en Chile, en los años setenta, y con la lápida que el nuevo orden le puso al proyecto de televisión cultural con que nació la industria en Chile (aunque aun en esa supuesta era “no comercial”, la TV no se restó de las posibilidades que le daba la publicidad). En este nuevo mundo supuestamente “comercial”, y también muy político, toda vez que nada en los medios de comunicación masivos escapaba del control de la dictadura, Raquel Argandoña creció y prosperó.</p>
<blockquote><p>Entiendo que es un programa absurdo, horrible, que posiblemente hace más mal que bien. Pero creo que es el reflejo de algo más antiguo y profundo, atávico, no necesariamente lindo, pero no por eso irreal.</p></blockquote>
<p>Pero lo que pudo haber sido una carrera basada en la extraordinaria belleza física y en la astucia innata del personaje no fue solo eso. Y aquí hay un punto para Raquel Argandoña, que supongo debería ser estudiado por especialistas en políticas de género. La sociedad chilena que los militares y sus civiles adictos construían, prometía la economía de mercado como la gran panacea a los problemas sociales endémicos del país, pero a la vez, en el ámbito de la cultura, la sociedad y qué decir de los derechos de las mujeres, no había mucha distancia con el Chile de antes. Es verdad que las mujeres habían conquistado la educación universitaria hacía años, y llenaban desde hacía décadas puestos de trabajo. Sin embargo, al final del día, se esperaba que la mujer fuera la piedra fundamental de la “célula básica de la sociedad”: la familia. Las mujeres podían hacer muchas cosas: pero se esperaba que se casaran, que trabajaran en forma discreta –casi siempre bajo las órdenes de un varón–, que su vida amorosa y sexual fuera un asunto privado y no demasiado agitado, y que básicamente se mantuvieran firmes junto a su hombre (o fueran sostenidas financieramente por él).</p>
<p>Raquel Argandoña, una chica de clase media, que provenía del Liceo 7 de niñas, y que había comenzado en la televisión como modelo del programa de Don Francisco, marcó una diferencia: en un mundo de hombres actuó como macho alfa. Fue más eficaz y brutal para negociar su carrera, su salario, sus condiciones, que la mayoría de las decenas de gerentes con las que se reunió, y qué decir de sus colegas (hombres y mujeres) que en algún momento fueron sus pares. Fue un camaleón impresionante. Del circuito de reinas de belleza pasó al de modelos de televisión, fue la seria lectora-locutora del noticiero «60 minutos»: la magnífica máquina de desinformación de la dictadura. Estuvo en todos los canales que existían entonces. Su vida sentimental alimentó a la prensa de farándula antes de que se usara siquiera la palabra: fue la “novia adolescente” en el principio de su eterna relación con “Lolo” Peña, “novia de Chile” al protagonizar el primer gran matrimonio mediático (con el automovilista Eliseo Salazar) y generó un interés mediático similar para cuando ese vínculo se terminó. Fue también actriz de teleseries.  Y cómo olvidarla: se transformó en una suerte de deseo público al aparecer en el Festival de Viña de 1981 <a href="http://www.youtube.com/watch?feature=player_detailpage&amp;v=jgiPlL8cSlo#t=411s" target="_blank">con un vestido metálico</a> (“Yo soy de ahí, de la galería: soy de ustedes”). Cerca de la llegada de la democracia proclamó a los cuatro vientos que tendría un hijo “con o sin libreta”, y luego la echaron del entonces canal de la Universidad Católica. Y cumplió con lo del hijo, y lo hizo sin libreta: es la chica que la acompaña hoy en el programa. Sostuvo una relación estable con el padre de su hija, se volcó a la política, militó en RN, fue alcaldesa de un pueblo en la VII Región (promovió a las jóvenes beldades de la zona) y luego entró a la farándula. O, más bien dicho, se reincorporó una vez que ese extraño mundo en el que ella siempre habitó fue bautizado como “farándula”.</p>
<p>Voy a detenerme aquí antes de decir que fue una revolucionaria. Lo hago solamente porque su “revolución” fue individual: si hay algo de feminismo en Raquel Argandoña, se trata de una versión capitalista de las luchas por la igualdad de género, una suerte de remedo neoliberal basado en el “yo” antes que en el “nosotros”. Ella luchó por su propio pescuezo y por cierto por el dinero que había en la industria y que ella quería, y fue fuerte, dura y ganadora como el más feroz de los gerentes generales. Sin embargo, gracias a la magia de los medios de comunicación, su actividad no fue privada, y hubo mujeres chilenas para quienes Raquel Argandoña fue un modelo que admiraron o con el que al menos se identificaron. La mujer autosuficiente, que no necesita un hombre a su lado, que va de igual a igual con los más fuertes y que compite y les gana en el plano económico y en el mediático. Sus virtudes no van por el lado de los esfuerzos comunitarios, ni por el de la superación espiritual, pero aunque la tipología del modelo no es muy feliz, el resultado está a la vista.</p>
<p>En fin. Dos cosas para terminar: Raquel Argandoña no me cae bien, acaso porque la ligo con la dictadura o porque soy un hombre que también pone distancia frente a estas máquinas de éxito. Sin embargo, creo que hay en ella un fenómeno social que tiene que ver con las posibilidades profesionales, sociales y vitales de las mujeres en el marco de una sociedad capitalista, supuestamente moderna, pero con grandes resabios de machismo. Ha sido el camino mediático de Argandoña uno poco heroico, si se quiere, marcado por intereses financieros, personales y por la necesidad de escalar en la sociedad chilena. Pero no fue Argandoña quien inventó esa necesidad: solo construyó una escalera.</p>
<p>Las redes sociales están tapizadas de piedras que se le han arrojado a propósito del docurreality. Entiendo que es un programa absurdo, horrible, que posiblemente hace más mal que bien. Pero creo que es el reflejo de algo más antiguo y profundo, atávico, no necesariamente lindo, pero no por eso irreal.</p>
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		<title>Todo un caso</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/todo-un-caso/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jan 2012 16:16:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[caso humano]]></category>
		<category><![CDATA[Jaime de Aguirre]]></category>
		<category><![CDATA[noticiero]]></category>
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					<description><![CDATA[El “caso humano” en los noticieros es atractivo, económico y efectivo. Por lo general, apunta a la curiosidad o a la indignación ciudadana. Más que por el afectado o la situación que relata, se lleva al aire porque emociona. No se trata de lagrimear, sino de experimentar ira, rabia, compasión, ojalá el catálogo completo de emociones humanas.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El “caso humano” en los noticieros es atractivo, económico y efectivo. Por lo general, apunta a la curiosidad o a la indignación ciudadana. Más que por el afectado o la situación que relata, se lleva al aire porque emociona. No se trata de lagrimear, sino de experimentar ira, rabia, compasión, ojalá el catálogo completo de emociones humanas.</h3>
<div id="attachment_18432" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-18432" class="size-full wp-image-18432" title="Niña que estornuda" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2012/01/Niña-que-estornuda.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-18432" class="wp-caption-text">En julio Chilevisión llevó la nota de una niña que no paraba de estornudar | Captura: YouTube</p></div>
<p>Desde antes del terremoto, los noticieros de televisión han sido el territorio del “caso humano”. <a href="http://comunicaciones.uc.cl/prontus_fcom/site/artic/20101217/imag/FOTO_0420101217163732.pdf" target="_blank">Este estudio</a> de la Universidad Católica de 2009, citado hace poco en <a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/01/18/por-que-los-noticieros-de-tv-parecen-pura-basura/" target="_blank">este reportaje</a> de <em>El Mostrador</em>, da cuenta de un fenómeno que es evidente en los noticiarios: la mayoría de notas “testimoniales” en todos los noticieros de televisión abierta. Fucatel, <a href="http://www.observatoriofucatel.cl/noticieros-de-la-tv-chilena-superficiales-irrelevantes-y-populares/" target="_blank">al comentar el estudio anterior</a>, hace referencia a uno propio que llega más o menos a las mismas conclusiones. No he encontrado estudios más recientes, pero a partir de 2010, con la cobertura del terremoto y la ampliación de la duración de los telediarios, es posible que la tendencia, si no sigue igual, haya aumentado. De hecho, <a href="http://transparencia.cntv.cl/mecanismosparticipacion/6.TerremotoInformeCoberturaTelevisiva.pdf" target="_blank">este estudio</a> de Oyanedel y Alarcón da cuenta también del reinado del testimonio de los afectados en más de seiscientas horas de cobertura periodística inmediatamente posterior al terremoto.</p>
<p>Jaime de Aguirre, director ejecutivo de <em>Chilevisión</em>, es la persona que más ha establecido una suerte de marco teórico para esta televisión “cercana”. Se lo puede ver <a href="https://www.puroperiodismo.cl/?p=16967" target="_blank">aquí</a>, en <strong><em>Puroperiodismo</em></strong>, y escuchar en <a href="http://bit.ly/deaguirre-duna" target="_blank">esta entrevista</a> en radio <em>Duna</em>. En estricto rigor, es imposible no estar a favor de que el noticiero muestre que unos carabineros hacen abuso de autoridad y <a href="http://www.youtube.com/watch?v=EZdzsS7bk1M" target="_blank">atropellan a un civil</a> sin darle auxilio, o empatizar con una <a href="http://www.youtube.com/watch?v=cthMmDgOPXI" target="_blank">niña de Curicó</a> que sufre de estornudos constantes. Menos simpática resulta esta nota sobre una “presunta” <a href="http://www.youtube.com/watch?v=ad5YTHwTuDk" target="_blank">posesión demoníaca</a> en Meganoticias (el periodista pregunta a la dueña de casa donde ocurre el caso “¿Usted puede sentir la presencia de algún espíritu?”). De acuerdo al estudio de la UC de 2009, no había, hasta entonces, diferenciación entre los noticiarios de <em>TVN </em>y <em>Canal 13</em> con respecto al uso de cantidad de testimonios en sus pautas.</p>
<div class="citaderecha">Es muy difícil hoy sentarse a ver un telediario y reconocer cuáles son las cinco principales noticias del día (a excepción de las franjas deportivas). Uno queda perfectamente informado de cuáles son las más populares, o las más curiosas, o cuál el crimen más espantoso.</div>
<p>El “caso” es atractivo, económico y efectivo. Por lo general, apunta a la curiosidad o a la indignación ciudadana. Más que por el afectado o la situación que relata, se lleva al aire porque emociona. No se trata de lagrimear, sino de experimentar ira, rabia, compasión, ojalá el catálogo completo de emociones humanas. Otras veces, como en el caso de las notas sobre el mercado de los bikinis en el verano, o el de las estufas a parafina en invierno, el noticiero asume la misión de prestar un servicio. En muchas ocasiones el caso “humano” (aquel en que hay un o unos desdichados protagonistas en situación vulnerable) se transforma en un servicio: el semáforo se instala, el anciano abandonado es reconfortado, la institución recibe los aportes que necesita. No requiere, tampoco, de demasiadas fuentes, lo que coincide con lo que señalan los estudios: en general, en los telediarios chilenos, hay pocas fuentes por nota.</p>
<p>Uno podría pensar que el “caso” está dejando fuera a otro tipo de notas, a aquellas de relevancia. Tal vez no conviene apresurarse tanto: es objeto de un largo análisis determinar qué es “de calidad” en un noticiario de televisión. En todo caso, las grandes noticias siguen siendo cubiertas por los telediarios (los incendios, las movilizaciones estudiantiles, las catástrofes, los grandes cambios políticos), lo que es un argumento en “defensa” del estatus quo. Otro podría ser que simplemente “no hay otras noticias”, y que por lo tanto, los casos vienen a suplir esta ausencia de contenido noticioso.</p>
<p>Ambos argumentos son medio falaces. Si un telediario no cubre una gran noticia nacional, su existencia carece por completo de sentido: es el mínimo que uno espera. Por otra parte, es difícil pensar que “no hay más noticias”, no solo porque es inverosímil, sino porque es difícil enterarse de si “hay” o “no hay” otro tipo de noticias si los medios no las cubren.</p>
<p>El problema del “caso” es que es un caso: uno, y los telediarios en su concepción tradicional se conciben para juntar “muchos”. No solo por la masividad de sus audiencias y el deseo de conectar con ellas, que es la parte de la fórmula que hoy es popular en las redacciones, sino porque la concepción de la noticia —convengamos de que ya pasamos de la simple definición “hombre muerde perro”— debería estar centrada la búsqueda de fenómenos mayores: puntas de iceberg de las que el periodista se sirve para revelar, lo más que pueda, el hielo oculto.</p>
<p>Es muy difícil hoy sentarse a ver un telediario y reconocer cuáles son las cinco principales noticias del día (a excepción de las franjas deportivas). Uno queda perfectamente informado de cuáles son las más populares, o las más curiosas, o cuál el crimen más espantoso. Pero hay poca información relevante: aquella con la que la persona se pueda conectar no solo a nivel emotivo, sino racional, con su sociedad.</p>
<p>Desde luego, si uno es hincha de la información relevante, debe cuidar que ella  vaya acompañada de ética periodística y coraje para que, además de relevante, sea pluralista. No creo que haya habido en el pasado una época dorada en que esto se logró, pero al menos los telediarios no fueron conscientemente emocionales. Convertidos hoy en quillas de los barcos que cazan rating, el mejor arpón son estas emociones de fácil digestión, que niegan la posibilidad de discutir racionalmente con respecto a su pertinencia porque cómo se va a negar uno a darle un techo digno al abuelito, a disfrutar con las curvas del bikini veraniego, a aplaudir la empanada más grande del mundo.</p>
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		<title>El camino de Camiroaga</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/el-camino-de-camiroaga/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 06 Sep 2011 20:22:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[David Foster Wallace]]></category>
		<category><![CDATA[Felipe Camiroaga]]></category>
		<category><![CDATA[rostro]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[En la siguiente columna, Alfredo Sepúlveda aborda el rol de los rostros en la pantalla chica y las tensiones que surgen a partir de las lógicas de la industria. "La muerte de Felipe Camiroaga, su breve, interrumpida y eventual evolución hacia lo público y social, deja la vara alta a cualquiera que quiera seguir, y ojalá completar y definir, el complejo rol de un rostro de la industria televisiva, que es servir a dos patrones: la audiencia y las utilidades", escribe.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>En la siguiente columna, Alfredo Sepúlveda aborda el rol de los rostros en la pantalla chica y las tensiones que surgen a partir de las lógicas de la industria. «La muerte de Felipe Camiroaga, su breve, interrumpida y eventual evolución hacia lo público y social, deja la vara alta a cualquiera que quiera seguir, y ojalá completar y definir, el complejo rol de un rostro de la industria televisiva, que es servir a dos patrones: la audiencia y las utilidades», escribe.</h3>
<div id="attachment_15951" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15951" class="size-full wp-image-15951" title="Felipe Camiroaga - Felipe Araos, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/09/Felipe-Camiroaga-Felipe-Araos-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-15951" class="wp-caption-text">Camiroaga paulatinamente se escapó del &quot;deber ser&quot; del rostro de televisión | Foto: Felipe Araos, Flickr</p></div>
<p>Supuestamente “objetiva”, investida de la seriedad que le confiere ser la parte libre de la frase “libertad de prensa”, arropada en su misión de “informar a la gente”, la industria televisiva no funciona solo en el terreno de los grandes valores, sino que forma parte de una trama emocional que la conecta con los sueños, deseos y caprichos de sus audiencias. Es quizás este último terreno su base. Es “la gente” la que durante dos décadas ha venido pronunciándose con respecto a sus figuras favoritas a través de las mediciones de rating, lo que involucra sofisticados procesos posteriores de asignación de recursos a través de pautas publicitarias, y de credibilidad de estas figuras, a través —además y entre otros— de encuestas, columnas de prensa y portadas.</p>
<p>Los “rostros” son la base de la industria de la televisión, más que la línea editorial y los departamentos de prensa. Ellos catalizan los atributos de personalidad que las empresas no tienen y las audiencias aprueban, desean y premian: belleza física y simpatía; claridad y simpleza verbal a la hora de entregar mensajes; conexión con las vicisitudes de la gente común y corriente; algún grado de exposición de la vida privada, ojalá con complejidades, problemas y defectos similares a los del común de los mortales. No hay una receta para ser rostro, desde luego, pero sin alguno de estos atributos es muy difícil transformarse en uno. Sin rostros, los canales de televisión son envases vacíos, territorios muertos, carreritas de hormigas, incitaciones a usar el control remoto para pasar a otra cosa.</p>
<p>La importancia de los rostros es clave hoy para la industria televisiva. Hace años que la frontera entre contenido de “producción” (para acompañar y entretener) y de “prensa” (para informar y ayudar a los ciudadanos a tomar decisiones) se ha resquebrajado en toda su línea, y ha dado paso a una televisión centrada en la comunicación de emociones y estados de ánimo. La televisión es por naturaleza reacia al pensamiento abstracto y adicta a la imagen concreta y a las emociones, desde que existen las teleseries y Don Francisco preguntaba si disparaba él o el concursante. Lo ha sido mucho más en los últimos años, cuando la imagen emotiva ha gobernado nuestras pantallas casi sin contrapeso. “¿Qué es lo que usted siente?” debe ser la pregunta número uno en los matinales y debe tener una incidencia fuerte en las entrevistas que realizan los departamentos de prensa.</p>
<p>En este escenario emocional, reforzado en apenas un año por cuatro grandes episodios catastróficos: terremoto, mineros, cárcel y el accidente aéreo en Juan Fernández, el rostro es el mejor vehículo comunicacional que los canales tienen: una suerte de espejo que devuelve a la audiencia la imagen de sus propias emociones.</p>
<p>Ser rostro no es fácil. Hay pocos y los canales de televisión remuneran en consecuencia. David Foster Wallace, en su célebre <a href="http://www.liberatormagazine.com/community/showthread.php?tid=1077" target="_blank">ensayo sobre la televisión</a>, los describía así:</p>
<div class="cita">Solo una cierta y muy rara especie de persona… puede “ser apta para soportar la mirada de millones”… Una total ausencia de alergia a las miradas. Es heroico en una manera contemporánea. Da miedo y es fuerte. Es también, desde luego, una actuación, una impresión contrabandeada: porque tienes que ser anormalmente autoconciente y con autocontrol como para aparecer frente a las cámaras como alguien a quien no están mirando. La autoconciente apariencia de una no-autoconciencia es la gran ilusión de la sala de espejos que es la televisión.</div>
<p>Ojo: la última parte de lo que propone Foster Wallace es fácil: fingir que no están mirando. Es la primera la difícil: saber que sí están mirando… millones. Hay que conectar con esos millones. Esa conexión con las emociones que nutren a la industria televisiva tiene que tener algún grado de realidad. La cámara capta de inmediato las mentiras, y acaso esa sea la explicación del sistema de castas de las celebridades que, en su parte baja, tiene a los participantes de realities –malos para pretender que nadie mira, buenos para demostrar que son mirados–, y en la alta a los conocidos de siempre, impecables para actuar en forma natural.</p>
<p>Es evidente que no estamos hablando aquí de Gandhis, Tolstois o Teresas de Calcuta. Los rostros van con felicidad a las campañas publicitarias, e invitan, quiéranlo o no, a personas a cumplir sueños que aparentemente cuestan nada, hasta que llega la cuenta del crédito “blando”. Las empresas que contratan rostros para sus campañas, por su parte, capitalizan de esta manera el capital social alcanzado por sus contratados en la televisión.</p>
<p>Es evidente, también, que esa conexión con las audiencias, que ese “acompañar” que la industria televisiva proclama con tanta alegría, no resuelve la vida social ni ciudadana. Por más que quiera el ojo de la televisión no puede posarse en muchos lugares al mismo tiempo: debe elegir uno y ese uno debe traer rating. El “rol social” de la industria televisiva, si es que existe, no alcanza a reemplazar al rol del Estado y las instituciones, pero esto no se afirma con demasiada frecuencia ni en la industria… ni en las organizaciones sociales o públicas. Considerando que la mejor de las causas sociales debe competir –y derrotar– a otras causas para llegar a ocupar la pantalla, la visión crítica que existe sobre el rol social de la TV como industria es poco extensa.</p>
<p>El rostro es un engranaje, al fin y al cabo, de un negocio. Su trabajo, como el de cualquier empleado en cualquier empresa comercial, está orientado a maximizar las utilidades del dueño.</p>
<blockquote><p>«No sabremos qué hizo que Camiroaga tuviera estos acotados gestos de riesgo político, esta toma de posición excéntrica con respecto a su rol de rostro, o al libreto que ese rol tiene. Como sea, desde afuera parece que Camiroaga recogió la sensibilidad social del momento: un singular viaje en el que es la audiencia la que influencia al rostro y en el que el rostro está de acuerdo con que así sea».</p></blockquote>
<p>En una <a href="http://www.elmostrador.cl/noticias/pais/2011/09/05/por-que-camiroaga-es-mejor-que-don-francisco/" target="_blank">columna en <em>El Mostrador</em></a>, Felipe Saleh da cuenta de cómo Felipe Camiroaga, tras más de veinte años de carrera en televisión, había empezado a comprometerse públicamente con causas, había dado a conocer su posición política –apoyó públicamente al entonces candidato Eduardo Frei– y hasta había <a href="http://www.youtube.com/watch?v=DNUJMKsG01Y" target="_blank">interpelado por televisión</a> al ministro del interior con ocasión de la construcción de la central termoeléctrica de Barrancones. Un acontecimiento así, que yo recuerde, no había ocurrido nunca, con ningún gobierno. Y especulo que no le puede haber caído bien al gobierno. El último acto político conocido que tuvo fue <a href="http://www.eldinamo.cl/eldinamo_media/el-dia-que-felipe-camiroaga-apoyo-al-movimiento-estudiantil/" target="_blank">apoyar al movimiento estudiantil</a>.</p>
<p>No hay registros de prensa de por qué Camiroaga hizo estas cosas. No lo explicó. Pero es interesante dar cuenta de cómo estos últimos episodios de la carrera de Felipe Camiroaga —interrumpida por la fatalidad, el error humano o la desprolijidad mecánica, no lo sabemos aún— se escapan del “deber ser” rostro, y ciertamente de la “jurisprudencia” obtenida a partir de las actuaciones profesionales y públicas de otros rostros chilenos. Bolocco se casó con Menem y Morandé animaba los cumpleaños de Pinochet, es cierto, pero de alguna manera estas acciones eran marginales a la sensibilidad social del momento y representaban más bien opciones personales que venían en el ADN de los rostros. Araneda es políticamente neutro. Lo mismo se puede afirmar de Elfenbein, Cárcamo y Viñuela. Los rostros femeninos, como Tomicic o De Morás, tampoco están ligados a causas que impliquen tomar opción o correr riesgos.</p>
<p>No sabremos qué hizo que Camiroaga tuviera estos acotados gestos de riesgo político, esta toma de posición excéntrica con respecto a su rol de rostro, o al libreto que ese rol tiene. Como sea, desde afuera parece que Camiroaga recogió la sensibilidad social del momento: un singular viaje en el que es la audiencia la que influencia al rostro y en el que el rostro está de acuerdo con que así sea.</p>
<p>El recuerdo de la carrera de Camiroaga ha quedado, por el momento, cubierto de las velas de la emocionalidad, del recuerdo de su bonhomía y de su simpatía, todos estos atributos verdaderos y valiosos, pero que no alcanzan el fondo de la industria televisiva. Porque me da la impresión que Camiroaga había puesto su atención en un lugar que está más allá del me gusta o del no me gusta, de la simpatía o la antipatía, del caer bien o caer mal, de la ternura de Zafrada y del “¿cómo se siente?”, para iniciar un camino quizás político: lo que es innegable es que abrazó causas y se comprometió. No estoy diciendo, ciertamente, que estaba en lo correcto al tomar estas opciones: quede eso para que otros analicen. Tampoco estoy diciendo que fue, o quiso ser, un subversivo de la televisión. Lo que me interesa recalcar es que el rey de las emociones acaso estaba un poco cansado de ellas, y comenzaba a mirar hacia las razones.</p>
<p>En el marco de TVN, un canal de origen público, pero de comportamiento comercial, estos no son trozos de maní. TVN no ha resuelto su tensión entre ser una empresa adicta al rating —como todos los canales con los que compite— y ser el canal “de todos los chilenos”. Más allá de los estándares éticos —que los tiene, pero también su competencia posee—, ¿en qué se diferencia de canales de índole comercial, que tienen comportamientos similares “en la salud y en la enfermedad”? ¿Qué quiere decir “televisión pública” en 2011, revolución digital y empoderamiento ciudadano mediante? En esos pequeños episodios, algo caóticos, creo que el fallecido animador respondió un poco a esas preguntas: un canal público no puede ignorar la dimensión política de la vida en sociedad, no puede actuar “neutro”, no puede pretender que la vida social está en las tandas comerciales. Estuviera uno de acuerdo o no con las causas que Camiroaga promovió —y digamos que en sus propios programas se vieron poco—, no puede ignorar que esas causas existen.</p>
<p>En un marco de una industria televisiva volcada a las emociones, no solo a raíz de esta catástrofe, sino por definición, es sumamente difícil que los rostros televisivos asuman posturas marginales a la industria. Mal que mal, son empleados del sistema. La muerte de Felipe Camiroaga, su breve, interrumpida y eventual evolución hacia lo público y social, deja la vara alta a cualquiera que quiera seguir, y ojalá completar y definir, el complejo rol de un rostro de la industria televisiva, que es servir a dos patrones: la audiencia y las utilidades.</p>
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		<title>Los mejores reportajes desde 1960</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 26 Jul 2011 13:29:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[nuevo periodismo]]></category>
		<category><![CDATA[periodismo literario]]></category>
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					<description><![CDATA[Alfredo Sepúlveda, periodista, escritor y profesor de la Escuela de Periodismo de la UAH, quiere editar un libro que recopile los mejores reportajes publicados en diarios o revistas desde 1960. Acá pide la ayuda de los lectores de Puroperiodismo, quienes pueden sugerir piezas periodísticas en base a la calidad de su reporteo, estilo narrativo o por relevancia histórica.
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Alfredo Sepúlveda, periodista, escritor y profesor de la Escuela de Periodismo de la UAH, quiere editar un libro que recopile los mejores reportajes publicados en diarios o revistas desde 1960. Acá pide la ayuda de los lectores de <em>Puroperiodismo</em>, quienes pueden sugerir piezas periodísticas en base a la calidad de su reporteo, estilo narrativo o por relevancia histórica-social.</h3>
<div id="attachment_15154" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15154" class="size-full wp-image-15154" title="Nuevo nuevo nuevo periodismo - Menomena, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2011/07/Nuevo-nuevo-nuevo-periodismo-Menomena-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-15154" class="wp-caption-text">&quot;El nuevo periodismo&quot;, de Tom Wolfe, y el &quot;Nuevo nuevo periodismo&quot;, de Robert Boynton | Foto: Menomena, Flickr</p></div>
<p>Me permito pedir un poco de sabiduría de las masas. Tengo ganas de editar un libro con los mejores reportajes desde 1960 (aparición del «nuevo periodismo», «periodismo literario», como se llame) hasta ahora.</p>
<p>No quiero definir mucho aún qué estoy considerando «reportaje», pero es más o menos la idea gringa del «feature» e inglesa del «reportage».</p>
<p>Condiciones: 1) que sean reportajes en formato diario o revista. Si son reportajes-libros, no sirve. O sí, siempre que me haga de la versión original, si es que apareció primero en revista o diario. 2) Entran en la lista en tanto calidad de reporteo, de estilo narrativo o por relevancia histórica-social.</p>
<p>Esta es la lista que llevo hasta ahora. En inglés:</p>
<ol>
<li>Profesor Gaviota / El secreto de Joe Gould. Joseph Mitchell. <em>New Yorker</em>, 1942 / 1964.</li>
<li>Superman va al supermercado. Norman Mailer. <em>Esquire</em>, 1960.</li>
<li>Ahí viene (¡Vruum! ¡Vruum!) ese embellecido cochecito aerodinámico (¡Rahghh!) fluorescente (¡Thphhhhh!) doblando la curva (¡Brummmmmmmmmmmmmmrnmm!)&#8230;. Tom Wolfe. <em>Esquire</em>. 1964.</li>
<li>Frank Sinatra está resfriado. Gay Talese. <em>Esquire</em>, 1966.</li>
<li>La guerra del fútbol. Ryszard Kapuscinski. <em>Granta</em>, 1969.</li>
<li>El Derby de Kentucky es decadente y depravado. Hunter S. Thompson. <em>Scanlan’s Monthly</em>, 1970.</li>
<li>Viajes por Georgia. John McPhee. <em>New Yorker</em>, 1973.</li>
<li>La caída de Saigón. James Fenton. <em>Granta</em>, 1985.</li>
<li>Cubrir a los policías. Calvin Trillin. <em>New Yorker</em>, 1986.</li>
<li>Niños en zinc. Svetlana Alexiyevich. <em>Granta</em>, 1990.</li>
<li>Las montañas de Pi. Richard Preston. <em>New Yorker</em>, 1992.</li>
<li>Muerte de un inocente. Jon Krakauer. <em>Outside</em>, 1993.</li>
<li>El ladrón de orquídeas. Susan Orlean. <em>New Yorker</em>, 1995.</li>
<li>Después del genocidio. Philip Gourevitch. <em>New Yorker</em>, 1995.</li>
<li>Mal de altura. Jon Krakauer. <em>Outside</em>, 1996.</li>
<li>El dictador. Jon Lee Anderson. <em>New Yorker</em>, 1998.</li>
<li>El hombre que cae. Tom Junod. <em>Esquire</em>, 2003.</li>
<li>Morir en Darfur. Samantha Power. <em>New Yorker</em>, 2004.</li>
<li>Perlas antes del desayuno. Gene Weingarten. <em>The Washington Post</em>, 2007.</li>
<li>Reglas de combate. William Langewiesche. <em>Vanity Fair</em>, 2007.</li>
<li>Un Imán en América. Andrea Elliot. <em>The New York Times</em>. 2007.</li>
<li>La niña en la ventana. Lane DeGregory. <em>St. Petersburg Times</em>, 2008.</li>
</ol>
<p>Y en idioma español, hasta ahora:</p>
<ol>
<li>La mansión de Lo Curro. Mónica González. <em>Cauce</em>, 1984.</li>
<li>Una granada para River Plate. Juan Pablo Meneses. <em>El Mercurio</em>, 1995</li>
<li>Los olvidos del desierto. Francisco Mouat. <em>El Mercurio</em>, 1999.</li>
<li>Se busca un tío. Alberto Fuguet. <em>Etiqueta Negra</em>, 2003.</li>
</ol>
<p>No sé donde se publicaron por primera vez ni en qué año:</p>
<ol>
<li>El traficante de armas. Daniel Santoro.</li>
<li>Caracas sin agua. Gabriel García Márquez.</li>
<li>Viaje al fondo de la biblioteca de Pinochet. Cristóbal Peña.</li>
<li>Adiós al Huáscar. Daniel Titinger.</li>
<li>Un viaje al voto latino. Diego Graglia.</li>
<li>Pollita en fuga. Josefina Licitra.</li>
<li>Tres tristes tazas de té. Leila Guerriero.</li>
</ol>
<p>Agradecería a todos los lectores de <em><a href="http://www.soho.com.co/home-edicion-impresa" target="_blank">Soho</a></em>, <em><a href="http://www.gatopardo.com/" target="_blank">Gatopardo</a></em>, <em><a href="http://etiquetanegra.com.pe/" target="_blank">Etiqueta Negra</a></em>, que me ayudaran en esto.</p>
<p>Otro insumo con el que ya cuento para cubrir «Chile» son todas las ediciones del libro <a href="http://periodismo.uahurtado.cl/ppe" target="_blank">Premio Periodismo de Excelencia</a> que editamos en la <a href="http://periodismo.uahurtado.cl/" target="_blank">Escuela de Periodismo de la UAH</a> desde 2003. Ya tengo mis preferencias ahí, pero necesito más sugerencias.</p>
<p>Otra cosa: ando tras un hit de principios de los ochenta, «La Tercera en la cárcel», en la que un periodista de <em>La Tercera</em> (no recuerdo su nombre) se metió a la cárcel pública como un mes.</p>
<p>Otra cosa más: me llora algo de Tomás Eloy Martínez, pero no sé qué cabe en este formato.</p>
<p>Muchas gracias!</p>
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		<title>La lección que dio Quique Neira</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 24 Nov 2009 15:56:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[Difamadores]]></category>
		<category><![CDATA[Quique Neira]]></category>
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					<description><![CDATA[El pasado domingo se celebró el Día de la Música y un integrante del sitio Difamadores.cl aprovechó la ocasión para "encarar" a los miembros de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor y preguntarles sobre la reforma a la Ley de Propiedad Intelectual. Sin embargo, cuando le tocó el turno a Quique Neira se produjo un altercado con golpes e insultos entre el músico y el reportero. En la siguiente columna el profesor <strong>Alfredo Sepúlveda</strong> reflexiona sobre el hecho. ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>El pasado domingo se celebró el Día de la Música y un integrante del sitio Difamadores.cl aprovechó la ocasión para “encarar” a los miembros de la Sociedad Chilena del Derecho de Autor y preguntarles sobre la reforma a la Ley de Propiedad Intelectual. Sin embargo, cuando le tocó el turno a Quique Neira se produjo un altercado con golpes e insultos entre el músico y el reportero. En la siguiente columna el profesor Alfredo Sepúlveda reflexiona sobre el hecho. </h3>
<p><object classid="clsid:d27cdb6e-ae6d-11cf-96b8-444553540000" width="600" height="344" codebase="http://download.macromedia.com/pub/shockwave/cabs/flash/swflash.cab#version=6,0,40,0"><param name="allowFullScreen" value="true" /><param name="allowscriptaccess" value="always" /><param name="src" value="http://www.youtube.com/v/rlsQOwlVnRs&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;color1=0x5d1719&amp;color2=0xcd311b" /><param name="allowfullscreen" value="true" /><embed type="application/x-shockwave-flash" width="600" height="344" src="http://www.youtube.com/v/rlsQOwlVnRs&amp;hl=es_ES&amp;fs=1&amp;color1=0x5d1719&amp;color2=0xcd311b" allowscriptaccess="always" allowfullscreen="true"></embed></object></p>
<p>Esto es lo que pasa cuando el periodismo se abandera con una causa y cuando el reportero emula los procedimientos, valores y estándares de calidad de los programas de farándula, como bien dijo Julio Osses en<a href="http://www.facebook.com/alfredosepulvedac?v=feed&amp;story_fbid=209737917159" target="_blank"> mi Facebook</a>.</p>
<p>La causa es la de los derechos digitales. Hay una tonelada de argumentos que debatir al respecto, y puedo entender que la SCD esté haciendo su trabajo: una asociación gremial que ve cómo el mundo digital está haciendo añicos el viejo modelo de negocios. De hecho, si llevamos la discusión a nivel cavernícola, es evidente que hay una contradicción entre la “buena onda” del reggae y el hecho de defender un modelo de negocios. Pero hace rato que salimos de las cavernas, gracias a Dios: la Escuela de Periodismo UAH invitó hace unos meses a una persona que es un ejemplo de cómo presentar, con altura y sofisticación, el mismo argumento en contra de la SCD (<a href="http://periodismo.uahurtado.cl/?p=13" target="_blank">entrevista a Claudio Ruiz</a>, de la ONG Derechos Digitales, para el ciclo Jueves de Reporteros).</p>
<p>Hasta ahora la ley está de parte de la SCD. Otra historia es que ese modelo de negocios tenga sus días contados y que los autores no tengan a mano otro.</p>
<p>Pero lo peor de este segmento de video es que efectivamente la discusión está a nivel antediluviano: música terrorífica, soundbites fuera de contexto y mucho, muchísimo, fascismo adolescente, esa creencia autoritaria de poseer derechos exclusivos y excluyentes sobre lo que es “bueno”, “justo”, “moral” y, por cierto, “con onda”.</p>
<p>Con respecto al periodismo, ¿alguien en su sano juicio le daría una entrevista a un sitio cuyo nombre es “difamadores”?</p>
<p>Ellos mismos se definen así:</p>
<p>«Nos trauma el hecho de que los jóvenes estén más preocupados del nuevo bailarín de Yingo que de la nueva ley de educación. Por eso, ejercemos el periodismo de la manera menos periodística posible. No queremos hablar mal de nadie, queremos hablar mal de todos, sobretodo de aquellos que creen que Chile es un país <a href="http://buscon.rae.es/draeI/SrvltGUIBusUsual?TIPO_HTML=2&amp;TIPO_BUS=3&amp;LEMA=insulso" target="_blank">insulso</a>«.</p>
<p>Si, como asegura en el video, Neira destinó dos horas a hablar con dicho sitio, efectivamente la armonía de amor está en buen pie. Neira no es periodista y está en todo su derecho de no querer hablar con el tipo y tomarle el micrófono porque se aburrió.. Ese gesto es suficiente indicio de que no va a haber entrevista. Pero el reportero continúa con el argumento de oro: “Lo quiere saber la gente”. En ese momento, Neira se arrebata y espeta que el periodista es un cara de raja, y está en todo su derecho. ¿Y qué hace el periodista? Flor de respuesta: le contesta lo mismo. “Tú soi un care raja, Quique”. Lamentablemente para el muchacho, los periodistas no tenemos ese derecho. Es en ese momento en que sale el golpe de Neira. El reportero, entonces, olvida que “es lo que quiere saber la gente”, y cual hincha con la panza llena de cerveza, ataca. Qué virilidad, señores, señoras. Para qué molestarnos en dictar leyes de prensa o de acceso a la información: un buen aletazo basta para castigar a esas porfiadas fuentes a las que no les gusta lo que hacemos y por lo mismo no nos quieren hablar.</p>
<p>En <a href="http://www.facebook.com/alfredosepulvedac?v=feed&amp;story_fbid=209737917159" target="_blank">mi Facebook</a> Felipe Bianchi comentó: “Llevamos demasiado tiempo disfrazando las persecusiones, la mala educación y las agresiones verbales bajo el paraguas de ‘hacer la pega’ o ‘hacer preguntas difíciles’. He visto a periodistas de farándula preguntando ‘¿es verdad que te acuestas con…?’ (…) Ese nivel de agresión, patudez y desubicación lo único que puede generar es más agresividad. Y muchos reporterillos la buscan para tener una exclusiva o hacerse famosos (…)”.</p>
<p><a href="http://www.difamadores.cl/?p=425#more-425" target="_blank">Aquí </a>está la secuencia completa del incordio, en el sitio difamadores.cl</p>
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		<title>¿Cuál es su principal defecto?</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/%c2%bfcual-es-su-principal-defecto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 11 Nov 2009 12:19:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[campaña]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[debate]]></category>
		<category><![CDATA[presidenciales]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>
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					<description><![CDATA[<strong>Por Alfredo Sepúlveda</strong><br>Si ya es difícil que un simple ciudadano “de a pie” esté dispuesto a hacer este singular ejercicio, qué montaña es intentar que un candidato presidencial se allane a tal requerimiento. ¿Por qué debería, en horario prime, con cobertura nacional, hacerse un <em>harakiri</em> y regalar al rival triunfos en bandejas de plata? El resultado de la pregunta fue el esperado: el reconocimiento de taras que en realidad eran virtudes.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #800000;">¿Qué tipo de defectos podrían eventualmente reconocer los candidatos en un foro público de esa naturaleza? ¿Qué defectos que sean realmente defectos, que incidan en el debate público y nos ayuden a elegir entre personas? ¿Egocentrismo? ¿Incapacidad de ponerse en el lugar del otro? ¿Falta de creatividad?</span></strong></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-3398" title="debate" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/11/debate1.jpg" alt="debate" width="550" height="209" /></a></p>
<p>En el debate presidencial de Canal 13 la pauta editorial destinó una apreciable cantidad de tiempo a la carta del “defecto” de los candidatos. La idea, en teoría, era atractiva: ellos siempre explotan sus virtudes y señalan los defectos del otro. ¿Por qué no revertir eso, entonces? Daniel Matamala y Constanza Santa María se dedicaron con mucha energía a “hackear” la respuesta típica. La idea, señalaron, era proclamar defectos “reales” propios, y no virtudes disfrazadas (como “mi defecto es que soy muy perfeccionista”).</p>
<p>Pero si ya es difícil que un simple ciudadano “de a pie” esté dispuesto a hacer este singular ejercicio, qué montaña es intentar que un candidato presidencial se allane a tal requerimiento. ¿Por qué debería, en horario prime, con cobertura nacional, hacerse un harakiri y regalar al rival triunfos en bandejas de plata? El resultado de la pregunta fue el esperado: el reconocimiento de taras que en realidad eran virtudes. Frei hasta se negó a responder respecto de las bondades de sus adversarios.</p>
<p>Un argumento a favor de la pregunta sobre el defecto podría ser que ese tipo de cuestionamiento hace que los candidatos se muestren más cercanos a los electores. En ese sentido, la respuesta evasiva es una oportunidad perdida.</p>
<p>¿Pero qué tipo de defectos podrían eventualmente reconocer los candidatos en un foro público de esa naturaleza? ¿Qué defectos que sean realmente defectos, que incidan en el debate público y nos ayuden a elegir entre personas? ¿Egocentrismo? ¿Incapacidad de ponerse en el lugar del otro? ¿Falta de creatividad? ¿Desmedida ambición por el dinero? ¿Bajo nivel de razonamiento? ¿Impetuosidad? ¿Travestismo político? ¿Nula capacidad de emprendimiento económico? ¿Que toda la vida ha vivido bajo la sombra del Estado?</p>
<p>Estas son meras suposiciones, claro. Y siempre lo van a ser porque nunca, jamás, un candidato a cargo público va a reconocer algo así ante el país.</p>
<p>En rigor, esto me hace pensar en la cultura colaborativa que viene adosada con la cultura digital, y el paso de eso al mundo de la realpolitik. El experimento hubiera resultado, probablemente, si la discusión hubiese ocurrido en una wiki y los candidatos hubieran “colaborado” entre sí: todos nombran un defecto propio fuerte, significativo, que es contrarrestado con una virtud fuerte pronunciada por cada “enemigo”. Sin embargo, el experimento igual hubiera sumado cero.</p>
<p>Con todo, la pregunta queda lanzada. ¿Cuáles son los principales defectos de los candidatos? Es tarea de una prensa seria y sin compromisos responderlo. No podemos esperar que lo hagan los propios candidatos.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El problema de TVN</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/el-problema-de-tvn/</link>
					<comments>https://www.puroperiodismo.cl/el-problema-de-tvn/#comments</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 Oct 2009 13:48:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Opinión]]></category>
		<category><![CDATA[columna]]></category>
		<category><![CDATA[educación]]></category>
		<category><![CDATA[televisión]]></category>
		<category><![CDATA[TVN]]></category>
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					<description><![CDATA[Cuando TVN se lanzó en 1969, parecía una buena idea que el Estado tuviera una señal. Era una época no comercial, en que se suponía que la televisión cumpliría funciones similares a la de la literatura en una sociedad. Está claro que no resultó así. ¿Cuál es el sentido actual -la razón para existir- del canal "de todos los chilenos"?]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Cuando TVN se lanzó en 1969, parecía una buena idea que el Estado tuviera una señal. Era una época no comercial, en que se suponía que la televisión cumpliría funciones similares a la de la literatura en una sociedad. Está claro que no resultó así. ¿Cuál es el sentido actual —la razón para existir— del canal «de todos los chilenos»?</h3>
<div id="attachment_15193" style="width: 610px" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-15193" class="size-full wp-image-15193" title="TVN - Dezeta, Flickr" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/10/TVN-Dezeta-Flickr.jpg" alt="" width="600" height="322" /><p id="caption-attachment-15193" class="wp-caption-text">«TVN no solo da estupidez, también tiene programas de calidad» | Foto: Dezeta, Flickr</p></div>
<p>¿Hay algún problema con TVN? Un problema real, grande digo, uno de esos problemones que no están en el día a día. A primera vista, no. TVN es un canal público, pero no hay un peso de dinero fiscal en él. Un experimento, entiendo, casi único en el mundo.</p>
<p>TVN es una institución que proclama ajustarse a grandes valores y poseer visión de avanzada (<a href="http://www.tvn.cl/corporativo/2009/mision.html" target="_blank">click aquí</a>). Su misión es, nada más y nada menos, «reflejar a Chile en toda su diversidad, contribuir a fortalecer su identidad nacional y conectar a los chilenos en todo momento y lugar». Y todas estas maravillas debe realizarlas sin succionar un solo peso fiscal: sola, sola con su alma, con los recursos que ella misma sea capaz de generar. Es más: en caso de que TVN genere utilidades, ellas pasan al fisco íntegras, salvo que el ministerio de Hacienda autorice a la empresa a quedarse con la totalidad o una parte. Es decir, el mejor mundo posible, y gratis, para todos los chilenos.</p>
<p>Sin embargo, aún así, creo que TVN tiene un problema.</p>
<p>Y no tiene que ver con incumplir su misión, visión, valores, o ni siquiera las orientaciones programáticas (que, dicho sea de paso, están escritas con graves faltas de ortografía, puntuación y concordancia de género y número, lo que me obliga a especular que en el canal las leen bien poco [<a href="http://www.tvn.cl/corporativo/2009/documentos/orientaciones.pdf" target="_blank">versión leída el 27 de octubre</a>]). Tiene que ver con algo más simple y quizás más profundo.</p>
<p>¿En qué se diferencia TVN de los otros canales? Hasta donde sé, ningún canal desprecia la familia, la dignidad de la personas, la objetividad, el medio ambiente o la creatividad de los niños, todos valores que sostiene TVN. Tampoco sé de estaciones de televisión que quieran estar a la retaguardia de la industria de contenidos (TVN proclama que quiere estar a la vanguardia).Y entiendo que la gran mayoría de los canales abiertos llega a todo el país.</p>
<p>Dos de las cosas que TVN ha sostenido que sí la diferencian de otros canales son el pluralismo y el porcentaje de programación cultural. No encuentro estudios sobre pluralismo, pero tomemos «diversidad», un concepto cercano. La fuente más confiable que encontré para medirla es un estudio del Consejo Nacional de Televisión (<a href="http://www.cntv.cl/medios/Publicaciones/InformeNoticiariosCNTV.pdf" target="_blank">click aquí</a>) sobre la diversidad de temas y actores sociales representados en noticieros de televisión abierta. Salvando el hecho de que el estudio mostró que en general los noticiarios no son demasiado diversos, y que se realizó hace rato ya (julio de 2008), el noticiario de TVN no fue el campeón de la diversidad: salió cuarto de siete tanto en «diversidad temática» como en «actores sociales». En cuanto a la programación cultural, en el informe noviembre-diciembre 2008 del Consejo Nacional de Televisión (último disponible, <a href="http://www.cntv.cl/medios/Publicaciones/Cultural-NovDic08.pdf" target="_blank">click aquí</a>), TVN salió segunda en cantidad de minutos culturales; claro que en el informe anterior (<a href="http://www.cntv.cl/link.cgi/Estudios/" target="_blank">click aquí</a>), resultó primera.</p>
<p>Es cierto: dos o tres datos aislados no sirven para sacar conclusiones. Sin embargo, y por lo mismo, la pregunta creo que se mantiene: ¿en qué se diferencia TVN de los otros canales? Uno podría asumir que es más «liberal» que Canal 13 o Mega, menos centrada en la delincuencia y el sexo que Chilevisión, y que da más programación hecha en Chile que RedTV. Pero ¿y? A estas alturas del partido, con medios digitales de por medio, con la multiplicación del acceso a la información por muchas otras vías, con los celulares, con la apertura en general de la sociedad&#8230; ¿son estos parámetros que realmente marquen una diferencia en 2010? ¿Realmente alguien va a tomar o dejar de tomar la píldora del día después -si es que la puede encontrar, claro- porque se lo diga TVN o no se lo diga Canal 13? En un mundo en que las noticias lo alcanzan a uno vía Tweeter y Facebook, ¿importa tanto la pauta editorial de un canal de televisión?</p>
<h4>TVN EN UN NUEVO PARADIGMA</h4>
<p>El canal «de todos los chilenos» podría seguir como está sin ningún problema: proclamando en las palabras (ojalá con mejor redacción) sus valores y sus misiones, traducidos en cómodos horarios como las 10 de la mañana de un sábado o el domingo en la tarde, o a las titantas de la noche en los fines de semana. Total, no hay impuestos involucrados.</p>
<p>De hecho, es el mercado el que está involucrado. Por más que TVN quisiera incrementar su, digamos, programación cultural, no podría, por el sencillo hecho de que debe funcionar igual que el más comercial de los canales comerciales. Aunque hay excepciones, parece ser que la regla es que mientras más ordaca sea la programación, más público la ve, o al menos garantiza un nivel de sintonía que se compadece con las necesidades financieras de las empresas televisivas. No quiero entrar en el por qué: el fallecido escritor David Foster Wallace escribió un fantástico ensayo que explica por qué la televisión apela a lo más común de nosotros (<a href="http://jsomers.net/DFW_TV.pdf" target="_blank">click aquí</a>). Es una paradoja cruel. Quiero mostrar inteligencia, pero nadie quiere pagar por ella, entonces necesito dinero para exhibirla, entonces programo estupidez, que sí trae dinero, pero al hacerlo dejo fuera la inteligencia (o la relego a horarios imposibles).</p>
<p>Desde luego, la descripción anterior es una caricatura solamente para dejar claro el punto. TVN no solo da estupidez, también tiene programas de calidad. Pero cuando deciden ser los primeros en transmitir sexo en un reality, y cuando la protagonista de esa primigenia actividad es una muchacha que recién es mayor de edad, y para más remate hija de una conocida ex prostituta, uno se preocupa no solamente por las audiencias, que de sexo saben bastante ya, sino también por la chica, a quien una decisión editorial del canal la dejó como «la primera chilena que tuvo sexo en televisión», lo que si no la condena a seguir obligadamente los pasos de mamá, la ayuda bastante a carecer de otras opciones en la vida.</p>
<p>En rigor, TVN sí es diferente, pero no por su programación, sino por su «espíritu», a falta de una palabra mejor. TVN es un emprendimiento desde el Estado, y por lo tanto, desde el bien común. Y aunque cueste «cero peso» al bolsillo de los chilenos, eso no significa que uno tenga que permanecer impávido frente a ella. TVN es pública, y por más que se autofinancie, está inserta en una sociedad y esa sociedad tiene derecho a exigirle cosas.</p>
<p>Algunas de esas cosas podrían ser las que TVN públicamente proclama: diversidad, cultura, etcétera. Lo que está muy bien.</p>
<p>Pero podría haber más.</p>
<p>Y ese más nace de darse cuenta del nuevo paradigma que la sociedad de la información ha puesto a TVN y, por qué no, a toda empresa de comunicaciones que se origine en el Estado y por lo tanto en el bien común (atención diario La Nación).</p>
<p>Sorpresa: TVN no es el único camino para ser diversos, tolerantes, para ser, no sé, cualquier valor que usted quiera señalar aquí. A principios de los noventa había un valor que TVN encarnaba con mucha fuerza, mientras los otros canales iban más atrás: la aceptación de la democracia. Hoy ningún canal podría proclamar tibieza frente al sistema democrático. Además de ser un suicidio estúpido, ha sido la democracia la principal causa de una industria de la televisión aporreada pero dinámica.</p>
<p>Esta simple ecuacion, TVN = democracia, fue la energía atómica que el canal usó para funcionar mucho tiempo. Pero esa situación política ya no existe, y con distintos grados, algunos más a regañadientes que otros, todos los canales han debido incorporar cuotas de cultura, diversidad, pluralismo, lo que sea. Por supuesto que esto no es el paraíso, pero TVN tampoco hoy lo es.</p>
<p>Por el contrario, la sociedad tiene otros caminos para acceder hoy a la información, y quizás otros caminos para «verse reflejada» (en su misión, TVN se asigna este rol, el de reflejar a la sociedad chilena). Hay tanta identidad nacional en YouTube como en TVN, claro que con peor imagen. Los pingüinos en 2006 no necesitaron medios de comunicación para organizarse y salir a la calle: emplearon blogs y celulares. La blogósfera chilena es tan activa en dar a conocer los problemas de la gente como cualquier canal.</p>
<p>¿Cuál sería entonces, hoy, el rol de TVN en la sociedad chilena?</p>
<p>¿El mismo que hasta ahora?</p>
<p>Yo creo que no.</p>
<h4>UNA PROPUESTA DE MISIÓN PARA TVN</h4>
<p>Chile ha sido exitoso porque ha limitado la acción del Estado en aquellos lugares de la economía a los que los privados no entrarían ni a palos porque no es rentable. ¿Por qué, entonces, TVN tiene que estar metida en un negocio, la industria de la televisión, donde los privados no solo han sido eficientes en términos de explotación comercial a través del rating, sino en el que también han sido medianamente decentes para promover valores sociales?</p>
<p>Una respuesta -desde el ala progre- podría ser «ah, pero es que tú quieres que la derecha sea dueña de todo». No, no lo quiero. Quiero que haya competencia y muchos medios con muchos propietarios. Pero no nos hagamos trampas en el solitario tampoco. La televisión chilena, con canal público y todo, no tiene hoy mayores diferencias en sus vertientes derecha, izquierda, arriba o abajo. No hablo de las proclamas. Hablo en general de la programación. El modelo «canal progre enquistado en un bosque de canales conservadores» es una falacia hoy: ni tan progre, ni tan conservadores.</p>
<p>Y eso suponiendo que «lo progre» es el tipo de comunicación deseable para toda la sociedad. Desde mi punto de vista lo es, pero no tengo por qué imponérselo a otro.</p>
<p>Por mientras, creo que una misión de TVN acorde con los tiempos es justamente «subvencionar» aquellas áreas en las que los privados no entrarían ni a palos. Y la más importante de ellas, y la más efectiva, es la educación.</p>
<p>TVN debería ser un canal que, mientras todos hablan y hablan de mejorar la educación, se meta en ese mundo y actúe.</p>
<p>Su impacto sería inmediato.</p>
<p>El rating sería, desde luego, catastrófico.</p>
<p>¿Quién vería «Proezas matemáticas» a las diez de la noche de un miércoles, mientras al otro lado dan, no sé, cualquier reality?</p>
<p>Nadie.</p>
<p>O casi nadie.</p>
<p>Pero ese «casi» en televisión son cientos de miles de jóvenes. O de viejos, no importa. Cientos de miles de personas que mejoran sus capacidades matemáticas, que tienen la posibilidad -una posibilidad rara, es cierto, una posibilidad informal- de mejorar la mala educación que reciben en las congestionadas y deprimidas aulas del sistema público.</p>
<p>¿Qué tal «Inglés para todos» a las ocho de la noche, mientras en los «canales amigos» dan teleseries? ¿No sería bueno eso para el chico de estrato socioeconómico D que jamás ha escuchado la buena pronunciación que dan los colegios bilingües? ¿Y qué decir de «Ases de la programación»? ¿No mejorarían las oportunidades de quienes se hicieran fanáticos de ese programa?</p>
<p>Bueno, la pregunta del millón: ¿quién financia todo esto? Mi respuesta: no tengo idea. No sé si TVN debería volver a depender de las arcas fiscales, no sé si habría que sacar plata de Codelco para echar a andar un canal educacional, no sé si la televisión digital permite un TVN1 comercial y un TVN2 educativo, no sé si tal vez pueda haber auspiciadores privados para todo esto si el asunto prende y sorprendentemente genera rating.</p>
<p>Para eso están ustedes, señores candidatos.</p>
<p>No les he escuchado una palabra sobre TVN.</p>
<p>Tal vez es porque piensan que está todo bien.</p>
<p>¿Lo está?</p>
<p>No soy un experto en educación, pero esto es algo que he pensado mucho tiempo. Creo que esto es, al final, una pregunta sobre el sentido de TVN, sobre la razón de su existencia. Cuando la lanzaron en 1969 existía la televisión y parecía una buena idea que el Estado tuviera una señal. Era una época no comercial, en que se suponía que la televisión cumpliría funciones similares a la de la literatura en una sociedad. Está claro que no resultó así.</p>
<p>¿Vieron la película The Truman Show? ¿Se acuerdan del final? La lección es: nadie realmente echa de menos los programas que se acaban, así duren toda nuestra vida.</p>
<p>Siempre podemos pasar a lo siguiente.</p>
<p>Esa es la idea.</p>
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		<title>Cisarro en el blog de El Mercurio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Aug 2009 20:50:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[Cisarro]]></category>
		<category><![CDATA[delincuencia]]></category>
		<category><![CDATA[El Mercurio]]></category>
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					<description><![CDATA[ <strong>Por Alfredo Sepúlveda</strong>
<p>Los comentarios en los blogs de los diarios pueden ser peligrosos. Todo se legitimiza y generalmente, nadie responde.  Un ejemplo es el caso del niño conocido como Cisarro.</p><br>
<p>Blog de El Mercurio. Comentario 38 a la editorial “Cisarro y una política insostenible”, posteada por Alejandro Ruz Carrasco, a las 11:13 del 4 de agosto. “La solucion es simple, hay que matarlo. Ese cabro chico no tiene vuelta y nunca dejará de ser ordinario y falta de respeto. PD: Antes que salten las voces de alerta contra la intolerancia, les señalo que esta es solo mi manera de expresar de que (sic) cualquier tipo de inversión en ese energúmeno es pérdida”.</p>]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><strong><span style="color: #800000;">Los comentarios en los blogs de los diarios pueden ser peligrosos. Todo se legitimiza y generalmente, nadie responde.</span><br />
</strong></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-2046" title="blog Merc" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/08/blog-Merc.jpg" alt="blog Merc" width="494" height="146" /></a><strong></strong></p>
<p>Blog de El Mercurio. Comentario 38 a la <a href="http://emol.com">editorial</a> “Cisarro y una política insostenible”, posteada por Alejandro Ruz Carrasco, a las 11:13 del 4 de agosto. “La solucion es simple, hay que matarlo. Ese cabro chico no tiene vuelta y nunca dejará de ser ordinario y falta de respeto. PD: Antes que salten las voces de alerta contra la intolerancia, les señalo que esta es solo mi manera de expresar de que (sic) cualquier tipo de inversión en ese energúmeno es pérdida”.</p>
<p>Hace unos días, Eduardo Arriagada divagaba sobre los blogs en el periodismo chileno y de alguna manera profetizaba lo que ocurrió días después en El Mercurio:</p>
<p>Hay dos problemas serios en los blogs característicos de nuestros diarios: muchos no son más que la publicación en internet de una columna idéntica a la del papel y los comentarios que se publican no son profesionalmente moderados. Cómo los columnistas no reciben la instrucción de comentar las reacciones a sus post (de hecho la mayoría trabaja en forma casi ad honorem) y esa labor tampoco es encargada a un tercero de la redacción, los comentarios de los lectores no son respondidos, por lo que no hay una buena conversación, que es lo que resulta de en un buen blog.</p>
<p>El problema es que esa opción además provoca, creo, un círculo vicioso de participación frustrada de muchos lectores: la experiencia comparada con otros blogs de diarios como otros blogs chilenos muestra que algo en esos diarios provoca que terminen siendo espacios bastante tóxicos dominados por intolerantes que valoran una discusión altamente ideologizada y descalificadora. Al no existir moderación se publican expresiones completamente disonantes con esos medios, que no tienen relación alguna con la línea editorial de ellos. Los grados de xenofobia, desinformación y agresividad permitidos condicionan las características de sus más asiduos usuarios.</p>
<p>Tal cual. Más de veinticuatro horas después, veo que el comentario del señor Ruz sigue ahí, muy campante, confundido y legitimado como parte de la “conversación” que los blogs permiten.</p>
<p>El comentario es, por cierto, el más fuerte de los 121 publicados al momento de revisar, un día después. Pero no está totalmente solo. Diego Espinoza Chávez, comentario número 30, propone, sin mucho respeto por la ortografía, algo parecido, aunque operado más bien por el azar: “el esta perdido ya no es un caso que se pueda salvar es un futuro delicuente y asesino, lo mejor es que justo cuando valla (sic) por la calle, un auto accidentalmenete (sic) lo atropelle y lo haga pedazos&#8230; seria lo mejor para el pais&#8230; y asi uno a uno los delincuentes que gastan fondos de gobierno en alimentacion y techo manteniendo las carceles&#8230;. saludos muerte a los delincuentes que aterran la vida de los que trabajamos dia dia&#8230;”. Gera Ruiz Exeverría, otra persona inmune a las reglas ortográficas, expone lo siguiente en el comentario 41: “por favor juzguenlo como una persona normal, pa qe aprenda y despues se kgue llorando en la cana, yo voy a estar sentao en mi casa trankilo viendo la tele y mas encima kgao de la risa !”. Matilda Samaniego (comentario 46) le echa la culpa a la prensa y caracteriza así al muchacho: “Son ‘semillas de maldad’ que no tienen arreglo”. Alfonso Loyola Contreras (comentario 53): “No se preocupen tanto por el Cisarro: sigan dándole soga y al final se va a ahorcar solito. Va a salirle otro más choro y hasta ahí va a llegar”.</p>
<p>Estoy 80% de acuerdo con lo que propone Arriagada. Comentarios como los anteriores, o al menos como el del señor Ruz, que derechamente llama a cometer un crimen, no deberían formar parte de una comunidad de bloggeros a quienes se les pide registrarse justamente para controlar a los descerebrados y mantener la conversación en un nivel adecuado. Pero soy más optimista. Si la organización periodística no modera, al menos la misma comunidad de opinadores, incluso aquellos que están por la tesis de la “mano dura” contra el menor, aplica una cierta etiqueta bloggera y aísla al estúpido: más de 24 horas después nadie había contestado directamente la proposición de Ruz, lo que transformó a su posdata en algo ridículo. Por lo demás, los comentaristas más moderados lograron establecer un diálogo entre ellos, que si bien tenía mucho de descalificación personal e intolerancia, al menos dejaba ver las ideas.<br />
Para cerrar, creo que el mejor ejercicio periodístico con respecto a la historia de este niño lo ha hecho La Segunda, al entrevistar el martes a la enfermera que recibió al lloroso y demolido niño en la unidad de Psiquiatría del hospital Calvo Mackenna:</p>
<p>Lo único que hice fue estirarle la mano y él la cogió”, relató AdrianaVega (27 años), oriunda de Los Angeles y egresada de la Universidad de Concepción. Ella calificó de “cariñoterapia” la estrategia que utilizó para ganarse la confianza del menor.</p>
<p>“Después lo llevé de la mano y lo orienté en la unidad. Lo que hice fue tratarlo como niño, amorosamente y por su nombre”: una actitud que fue clave para que C.C.M. se calmara, pues apenas arribó al recinto médico se puso a llorar pidiendo a su mamá.</p>
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		<title>El sueño de Kindle</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/el-sueno-de-kindle/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 12 May 2009 23:14:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
		<category><![CDATA[digital]]></category>
		<category><![CDATA[Kindle]]></category>
		<category><![CDATA[libro]]></category>
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					<description><![CDATA[<strong>Por Alfredo Sepúlveda</strong>
El sueño del papel digital lo vengo escuchando hace por lo menos diez años. ¿Cómo iba a ser ese futuro que se avizoraba en el comienzo del milenio? Era una suerte de pantalla electrónica, pero flexible, delgadísima, con la capacidad que un computador tenía para recuperar información de internet, y manipulable todo esto con los dedos, directamente sobre este papel electrónico... ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-1489" title="800px-kindle_2_-_volume" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/05/800px-kindle_2_-_volume.jpg" alt="" width="300" height="175" /></a></p>
<h5 style="text-align: left;"><strong>{</strong><strong>*Profesor Escuela de Periodismo UAH. Director de Comunicar</strong><strong>}<br />
</strong></h5>
<p>El sueño del papel digital lo vengo escuchando hace por lo menos diez años. ¿Cómo iba a ser ese futuro que se avizoraba en el comienzo del milenio? Era una suerte de pantalla electrónica, pero flexible, delgadísima, con la capacidad que un computador tenía para recuperar información de internet, y manipulable todo esto con los dedos, directamente sobre este papel electrónico.</p>
<p>Lamento no recordar exactamente quién fue el portador de estas buenas nuevas, pero se trató de una conferencia en Nueva York, en la que alguien exponía que el único problema que faltaba por solucionar era el de la flexibilidad. Si las personas se iban a cambiar a este tipo de papel, a esta plataforma en la que cabían todos los diarios y revistas del mundo, el adminículo tenía que ser flexible para poder guardarlo, bueno, debajo de la axila, si me perdonan el algo sudoroso ejemplo. El laboratorio de medios del MIT era <a href="http://www.media.mit.edu/micromedia/elecpaper.html">en ese entonces</a> quien la llevaba en las investigaciones.</p>
<p>Casi una década más tarde aparece <a href="http://en.wikipedia.org/wiki/Amazon_Kindle#Kindle_2">Kindle</a> (2007), el artefacto basado en la tecnología de papel digital desarrollado por la mega-librería virtual Amazon con el objeto de, bueno, conquistar el mundo vendiendo más libros. Es el artefacto que más cerca ha estado de cumplir con las expectativas de la electrónica de suplantar al papel.</p>
<p>Tiene todo lo que el sueño prometía: conexión a una base de datos gigantesca, capacidad para descargar libros, diarios y revistas y es tan portátil como un lápiz. En lo único que no cumplió con el sueño fue en la flexibilidad física. A cambio, cabe en la palma de la mano.</p>
<p>La principal crítica al primer Kindle fue que no era tan bueno como el simple y viejo papel, porque terminaba agotando los ojos del lector. El segundo Kindle (febrero de 2009) de algún modo remedió esto porque dispuso de una gama más grande de grises. El tercer Kindle, llamado Kindle DX, saldrá a la venta a fin de año y, con un tamaño más grande, está diseñado especialmente para leer diarios y revistas.</p>
<p>El punto de Kindle –y de otros lectores de libros electrónicos, como el iLiad, el Sony Reader o el Cybook Gen3– es que no se trata de una pantalla; no es la vieja y conocida LCD. Es papel electrónico. Es una pequeña revolución de esas que no nos damos cuenta. Nadie quiere leer por horas y horas frente a una pantalla de LCD. No queremos financiar a Migranol ni que las farmacias se coludan para subirnos el precio de ese remedio. Pero aparentemente el papel electrónico está superando este problema.</p>
<p>Las posibilidades de Kindle son infinitas, y hasta hermosas. Uno puede comprar libros más baratos que si los comprara en papel (aproximadamente a mitad del precio). Uno puede suscribirse al New York Times o al New Yorker. Uno deja de pagar por la distribución, para pena de Federal Express, pero para felicidad del ozono que esos aviones matan. Los árboles que se salvan de ser celulosa respiran aliviados: de hecho, aspiran el carbono que causa el aumento global de temperaturas y devuelven el oxígeno que respiramos.</p>
<p>Entonces, el futuro ya está aquí. Pero parece que justamente ese es el problema. ¿Y qué? Algunos críticos de Amazon ven con distancia <a href="http://joeduck.com/2008/05/15/analysts-drinking-badly-kindle-profit-nonsense/">la idea de que la gente comprará Kindles como compró Ipods</a>. Aunque a finales de abril Amazon anunció un aumento de ingresos en 24% en el primer cuatrimestre en comparación con el cuatrimestre anterior: una gracia considerando que Microsoft, por primera vez en su historia, redujo sus ganancias.</p>
<p>Algo de esto lo puede explicar Kindle. Jeff Bezos, el CEO de Amazon, dijo hace unos días que cuando hay una versión Kindle para un libro, <a href="http://www.businessinsider.com/henry-blodget-kindle-sales-now-a-shocking-35-of-book-sales-when-kindle-version-available-2009-5">las ventas por esta vía constituyen el 35% de las ventas totales.</a> El sitio TechCrunch dijo que se han vendido unas 300 mil unidades de Kindle, pero cita a una “fuente cercana a Amazon”, <a href="http://www.techcrunch.com/2009/04/16/300000-kindle-2s-sold-to-date/">sin identificarla</a>. El problema es que Amazon no ha hecho públicas las cifras de venta del adminículo, salvo para decir que “han excedido sus expectativas más optimistas”, así que la verdad es que no sabemos cómo le está yendo al Kindle.</p>
<p>La nerviosa industria de los diarios ha depositado de alguna forma sus esperanzas en Kindle. Si la figura que lanzó el Kindle 2 fue el escritor Stephen King –para dar una señal clara a la industria editorial–, el jefazo junto a Jeff Bezos para el lanzamiento del Kindle DX fue Arthur Sulzberger, el publisher del New York Times. “Hemos sabido por una década que un lector electrónico podría llegar a ofrecer la misma experiencia de satisfacción que un diario impreso”, dijo en la ceremonia.</p>
<p>Rupert Murdoch, dueño de… bueno, dueño de casi todos los medios imaginables, incluida la cadena Fox y el prestigioso Wall Street Journal, no ve tan fácil la relación entre el dispositivo y los diarios. Piensa, más bien, que se trata de un abrazo de oso. El cree que los editores de diarios han entregado tanto contenido gratis, a Google y a otros agregadores, que ya parece chiste. Además, dijo que el negocio que propone Amazon a sus socios es dividir el valor de la suscripción via Kindle en 70-30: setenta para mí (Amazon) y treinta para ustedes (diarios). Los dichos de Murdoch no son tan descabellados porque, además, el Kindle DX no da la posibilidad de poner avisos.</p>
<p>Está bueno el aparatito pero: ¿De qué vivirían los medios?</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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		<title>Y de pronto, los blogs</title>
		<link>https://www.puroperiodismo.cl/y-de-pronto-los-blogs/</link>
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		<dc:creator><![CDATA[Alfredo Sepúlveda]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2009 05:44:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Actualidad]]></category>
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					<description><![CDATA[<strong>Por Alfredo Sepúlveda</strong>
Por años los medios tradicionales, sobre todo los de papel, dieron vueltas a la manera en la que se insertarían en la web 2.0. La actitud en general de la industria fue percibir las posibilidades que brindaba internet como una amenaza, para luego iniciar una lenta etapa de adaptación... ]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p><img loading="lazy" decoding="async" src="https://www.puroperiodismo.cl/wp-content/uploads/2009/05/800px-microsoft_keyboard-300x225.jpg" alt="" title="800px-microsoft_keyboard" width="300" height="225" class="alignnone size-medium" /></p>
<p><strong>Por Alfredo Sepúlveda</strong></p>
<p>Por años los medios tradicionales, sobre todo los de papel, dieron vueltas a la manera en la que se insertarían en la web 2.0. La actitud en general de la industria fue percibir las posibilidades que brindaba internet como una <a href="http://www.concernedjournalists.org/print/1031">amenaza</a>, para luego iniciar una lenta etapa de adaptación. </p>
<p>	Se pensaba que era una amenaza bajo el argumento de que Internet haría bajar el “valor” de una noticia a cero. Si no había que “pagar” por el diario en internet, ¿quién en su sano juicio iba a querer pagar por el diario en papel? La oscura realidad, sin embargo, era que las noticias hacía rato que costaban “cero”: progresivamente habían sido subvencionadas por los ingresos de publicidad. Es más, al mantener una “tarifa” por el diario de papel, en cierta manera eran los lectores quienes “compraban” el insólito privilegio de recibir una publicidad que, es cierto, en el cierre del círculo financiaba al contenido, pero al costo de muchas veces poner en jaque valores periodísticos como independencia y transparencia. </p>
<p>          En Chile, a nivel de agenda pública, casi no nos hemos enterado, por ejemplo, de los problemas sindicales de las grandes tiendas. Y una industria como la farmacéutica tuvo que portarse muy, muy mal –al nivel de ser investigada por la autoridad y después confesar, al menos una de las cadenas–, para que ese mal comportamiento fuera noticia nacional, como debió haber sido desde el día uno. Grandes noticias que, de haber sido tratadas con independencia, habrían golpeado dos de las grandes fuentes de financiamiento que hacen posible que los diarios cuesten 400 pesos diarios y no dos mil.</p>
<p>	Tal vez, más allá de los formatos y las promesas de independencia y autoempleo que brindan los blogs, esa sea la principal diferencia entre ellos y los medios tradicionales. Mientras en los segundos hay una manera de entender y realizar la industria, en los primeros no hay industria. Y por lo tanto tienen más libertad.</p>
<p>	Pero por lo mismo tienen menos recursos. Un vistazo al ranking de blogs más visitados de Chile, que mantiene actualizado siempre el sitio orbitando.com, revela que ningún blog importante de Chile responde al formato de un medio tradicional (actualidad variada, opinión política, ¡reporteo!, influencia en la opinión pública o creación de la misma). Lo que no quiere decir que en sus acotados mundos estos blogs no sean importantes. </p>
<p>         Mientras sean específicos, en Chile los blogs gozan de excelente salud. Allí están los ejemplos de FayerWayer (tecnología), ArchDaily o Plataforma Arquitectura; Zancada (“cosas de minas”); Me pongo de pie (fútbol); El Blog Verde (ecología); Alberto Montt (ilustrador) o Podcaster, que es una plataforma de podcasts chilenos.</p>
<p>	Por eso es que la alianza entre blogs y medios es siempre un camino difícil. Los medios generalmente quieren sacar el máximo provecho de los blogs: formar comunidades, recibir retroalimentación, mostrar transparencia; pero no pueden realmente transformarse en blogs porque su esquema de negocios, como está hoy, se muere.</p>
<p>	No obstante lo anterior, en Chile tenemos hoy interesantes intentos de adaptar el formato a las variantes electrónicas de los medios tradicionales.</p>
<p>	El Mercurio, por ejemplo, tiene una suerte de “<a href="http://blogs.elmercurio.com/_portada/">sección</a>” electrónica en la que acumula todo aquello de su edición impresa que, según el criterio editorial, pueda recibir comentarios, y mientras más, mejor. De partida emplean a todos sus columnistas o editorialistas y abren la posibilidad de que reciban comentarios, que muchas veces se transforman en una radiografía del país tanto o más reveladora que la opinión misma. También, en determinadas circunstancias, publican noticias o reportajes, también sometidas al escrutinio del público. El contenido, eso sí, es el mismo que el de la edición impresa del diario: lo único propiamente web 2.0 que hay aquí –que no es poco– es la posibilidad de dejar comentarios: moderados, desde luego, aunque quién sabe con qué eficacia desde el momento en que algunas columnas reciben sobre los dos mil comentarios. </p>
<p>	¿Cambiar para que nadie cambie? Sí y no. Es cierto que El Mercurio no hace lo que en algunos momentos han hecho otros diarios, como por ejemplo, albergar bajo su égida puntocom a blogs de ciudadanos cualesquiera. Pero el hecho de abrirse a que el público comente –muchas veces con gran virulencia– a los columnistas y editorialistas, no es algo como para descartar simplemente por no estar de acuerdo a la teoría –si es que la hay– de lo que debe ser un blog.</p>
<p>	Me parece, eso sí, un poco más arriesgado lo que La Tercera está haciendo con sus <a href="http://www.latercera.com/canal/658.html">blogs</a>: básicamente lo mismo que El Mercurio con sus columnistas y firmas que funcionan en papel, pero además ha hecho una labor de captar firmas que funcionan exclusivamente en los blogs albergados bajo La Tercera puntocom, y no en el papel. Aunque no es una apertura total a cualquier ciudadano que disponga de una conexión a Internet, hay aquí una estrategia de irrumpir en la blogósfera con opiniones que no están propiamente en el diario de papel, pero sí en la web: y tratarlas a ambas igual.</p>
<p>	Más reciente es la incursión del nuevo Teletrece en el formato blog. Los conductores Carolina Urrejola, Soledad Onetto e Iván Valenzuela tienen blogs en los que dan a conocer su opinión sobre las noticias que presentan… u otras opiniones. También las dan a conocer –algo– en cámara, pero en el blog tienen oportunidad de precisar y dar más argumentos. Esto es nuevo e insólito. En los diarios es una vieja costumbre el “poseer opinión”. En la tele este papel no ha estado reservado a los presentadores, en teoría neutros introductores de segmentos audiovisuales. Si bien estos son blogs en el sentido en el que El Mercurio emplea la palabra, hay también una ganancia para el programa porque abre la posibilidad de que el público comente. No lo hace mucho (20, 25 comentarios como máximo), pero el proyecto recién empieza. Es muy pronto para saber cómo terminará todo esto; pero por lo pronto sería bueno recordarles que los blogs realmente exitosos en términos de audiencia actualizan varias veces al día sus contenidos. Si no, pregúntenle a FayerWayer.</p>
<p><strong>*Director COMUNICAR. Profesor Escuela de Periodismo UAH.</strong></p>
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