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Proyecto Amar Migrar: La fundación que trabaja por la integridad de niños y niñas migrantes

Por ~ Publicado el 9 noviembre 2022

A base de aportes voluntarios, a comienzos de este año se formalizó la Fundación Proyecto Amar Migrar (PAM), que desde abril de 2021 trabaja con unos 80 niños, niñas y adolescentes de comunidades migrantes vulnerables en Maipú con el fin de aportar a disminuir las brechas sociales y educativas. Su foco de trabajo integral incluye además otros tipos de servicios para la población migrante y realizan actividades masivas en las que convocan a más de 200 niños y niñas que participan de jornadas culturales, deportivas o educativas. Son una organización todavía pequeña, pero con grandes ambiciones. Su meta: crecer, expandirse y ser un referente en Chile y Latinoamérica.

Por Rudy García y Carlos Olivares


 

Eran las cuatro de la tarde de un lunes de diciembre de 2020 y Diego González Valenzuela (25), estudiante de Administración Pública de la Universidad de Santiago (USACH), realizaba su segundo semestre de práctica en la Oficina Migrante de la Municipalidad de Maipú. En una hoja de word anotaba las ideas, objetivos y pilares de un proyecto que tenía en mente hace años. Estaba entusiasmado, con ganas, y mataba todos sus tiempos libres en desarrollar esa idea y sacarla adelante. “Lo tenía más claro en el papel, ya que no estaba muy seguro de cómo materializarlo, pero siempre tuve en mente crear una organización que trabaje en beneficio de las personas”, dice.

Todo comenzó en contexto de pandemia, cuando se agudizó el problema de la migración y los campamentos irregulares. El último Catastro Nacional de Campamentos realizado por el Ministerio de Vivienda y Urbanismo –cuyos resultados se presentaron a fines de octubre–arrojó que actualmente existen en Chile 1.091 campamentos, un 48% más de los que había en 2019. Eso se traduce en casi 72 mil viviendas precarias, y de todas ellas, cuatro de cada 10 corresponden a familias migrantes.

La relación migración-pobreza es una constante en el país. Para finales de 2021 se estimaba que en Chile había 1.482.390 migrantes y, según un análisis del Servicio Jesuita de Migrantes a partir de datos de la última Encuesta Casen, un cuarto de los niños y niñas que forman parte de esa comunidad está debajo de la línea de la pobreza.

“Cerca de mi casa hay un campamento –cuenta Diego– y me acuerdo de que llegué a una asamblea que ahí se estaba haciendo. Fue entonces que empezó a concretarse la idea, yendo a trabajo en terreno e iniciando vínculos, redes de contacto y a presentar mi propuesta”.

En ese momento, Diego comenzó a interiorizarse aún más con la población migrante, participando de forma activa con las casi 500 familias que habitan el campamento Vicente Reyes y Alberto Llona, ubicado en Maipú. Iba vestido de terno y les hablaba a los y las pobladoras, la mayoría originarios de Haití, en un creole bastante básico, como estrategia para ganarse su confianza.

“Cuando les presenté el proyecto, la gente se empezó a inscribir inmediatamente ya que iba en beneficio de los niños como apoyo académico en todas las materias, y también a crear instancias de grupo y actividades”, dice.

Ese fue el inicio de un proyecto que, de aquí en adelante, no haría más que tomar fuerza, crecer y que en febrero de este año se constituyó legalmente como una fundación cuyo objetivo principal es generar beneficios en niños, niñas y adolescentes (NNA) –con especial foco en los que integran comunidades migrantes– que apuntan a diferentes áreas en el desarrollo de su infancia a través de intervenciones educativas, deportivas y culturales: el Proyecto Amar Migrar (PAM).

Actividad del Día de la Niñez 2021 organizado por PAM. (FOTO: Valentina Mora)

Actividad del Día de la Niñez 2021 organizado por PAM. (FOTO: Valentina Mora)

Los pilares fundamentales

El interés de las personas por colaborar voluntariamente con el proyecto es lo que mantiene viva las actividades que se realizan con los niños y niñas. Un video que Diego publicó en junio de 2020 en su cuenta de Tiktok y que lo mostraba llegando al campamento a trabajar, se hizo viral y la gente comenzó a tener curiosidad por el proyecto. Eso lo llevó a crear un perfil en Instagram y a difundir un comunicado para reclutar voluntarios.

“Al llamado respondieron 80 personas a las que tuve que gestionar a través de lo que podían aportar. Entonces, se creó un modelo de voluntariado para sostener este proyecto en el tiempo en base de lo que podían aportar”, dice.

La fundación tiene cinco pilares fundamentales en los cuales se basa su estructura y estrategia de trabajo: apoyo en la etapa escolar, jornadas deportivas, intervenciones culturales, orientación para la regularización migratoria y, por último, visibilización y sensibilización de la migración en el país y el mundo. Diego explica que “todos estos pilares se van abarcando con múltiples actividades, tutorías, actividades recreacionales, salidas temáticas, intervenciones culturales y trabajo jurídico”.

Actualmente, el proyecto cuenta con equipos jurídicos, de trabajo social, de sociología y de comunicaciones, entre muchos otros que colaboran como voluntarios con la fundación.

El trabajo con los NNA tiene un impacto directo e indirecto, según comenta el administrador público. Para él, la una vinculación debe ser integral, para así conocer cómo está realmente cada niño y niña y qué hace su día a día. Por eso, el equipo trabaja directamente con 80 niños, pero no sólo con ellos, sino también con su entorno, vinculándose introspectivamente con sus colegios, sus familias y el CESFAM en el que se atienden, entre otros.

El impacto indirecto, en tanto, se refiere a actividades masivas en las que participan gran cantidad de personas, alrededor de 200 niños o más. “Estas actividades, por ejemplo, son del día de la niñez, pascua, el carnaval. Con esto buscamos otorgarle cultura, danza, juegos. Esto ha llegado a muchos niños más niños y esperemos que llegue a muchos más”, cuenta el fundador del Proyecto Amar Migrar.

Una de esas actividades se llevará a cabo este sábado 12 de noviembre en Maipú: el Carnaval PAM. Será un recorrido que iniciará a las 15:00 horas en la plaza INSA y que, acompañado de distintos grupos de batucadas, comparsas bailes y samba, seguirá hasta el Campamento Alberto Llona/ Vicente Reyes.

 

La búsqueda de financiamiento para seguir construyendo

“El financiamiento en un 90% –por no decir el cien– llega por personas naturales que aportan mensualmente. Son como 30 personas aproximadamente. Hemos tratado de innovar en fondos públicos, pero sabemos que es un trámite y proceso largo”, dice Diego González.

La actual Ley de Donaciones permite que las empresas donantes puedan reducir su carga de impuestos con la ayuda a fundaciones u otras entidades sin fines de lucro. Para ello, es necesario que el organismo donatario le emita un certificado de donación para ser presentado ante el Servicio de Impuestos Internos y así poder hacer válido el beneficio tributario. Pero para poder emitir ese certificado, la fundación receptora de los fondos debe tener como mínimo un año de existencia legal, y ese requisito aún no lo cumple el PAM, por lo que esperan en un futuro poder obtener este certificado para poder obtener más recursos desde el mundo privado.

En cuanto al mundo público, han participado en mesas de trabajo con la Municipalidad de Maipú, específicamente con la Oficina de Migrantes o la Oficina de la Juventud. También son invitados a participar de las “Juntas Barriales”, una instancia participativa en la que se juntan todos los barrios de la comuna.

“Nos invitaron a que diéramos a conocer lo que estamos haciendo para darles una ‘mejor cara’ al campamento, ya que el barrio está constantemente relacionado con hechos delictuales y de violencia. Los niños no tienen la culpa de que pasen estas cosas”, lamenta Diego.

Instalación de una biblioteca social territorial en campamento de Maipú. (FOTO: perfil de PAM en Facebook)

Instalación de una biblioteca social territorial en campamento de Maipú. (FOTO: perfil de PAM en Facebook)

Si bien por ahora la fundación solo está presente en Maipú, su fundador cuenta que a veces realizan intervenciones y charlas en universidades o colegios para darle visibilidad. Su principal limitante para ampliar su rango de acción, de momento, es no contar con vehículos para movilizarse a otros campamentos y la dificultad para coordinar a sus casi 90 voluntarios. Sin embargo, Diego tiene claro que la iniciativa no puede quedar circunscrita a un territorio tan acotado, y asegura que aspiran a crecer y replicar el proyecto en otros lugares. La idea, dice, es escalar hasta tener distintos puntos a lo largo de todo Chile y también en Latinoamérica, apoyando en la construcción y cuidado de la niñez.

“Queremos ser referentes en el trabajo de apoyo a los niños migrantes y que sirva de modelo para otras fundaciones que se creen en el futuro. Nos gustaría poder incidir en políticas públicas que den apoyo a los niños migrantes y a los que vienen llegando al país”, sentencia.

 

 

RECUADRO:

El camino de Diego al trabajo con migrantes
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Diego González, fundador del Proyecto Amar Migrar

“Hay una historia de vida que condiciona todo esto”, comenta Diego González, al recordar cómo fue que partió el PAM.
Cuando entró a estudiar Administración Pública a la USACH, también ingresó a un voluntariado migrante evangélico que intervenía de diferentes formas a favor de la comunidad migrante. Allí trabajó como profesor de español para un nivel intermedio de personas haitianas.
“Ahí es donde me relacioné directamente con la migración, entendí las necesidades que tienen las personas, la crisis habitacional, un mundo laboral precario, falta de tiempo, las barreras del idioma, etc. Ese fue el primer acercamiento más duro con la materia”, cuenta.
Durante su época universitaria, en 2017, también levantó un proyecto enfocado en los auxiliares de aseo del establecimiento y que eran de nacionalidad haitiana, quienes tenían dificultades con la barrera del idioma y les impartió un curso de español.

 

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