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“Pinochet: El otoño del Patriarca”: un documental inédito del periodista Alberto Pando

Por ~ Publicado el 29 agosto 2013

El trabajo audiovisual fue publicado el 16 de agosto en YouTube y ya lleva más de doce mil reproducciones. Su autor, corresponsal de NTN24, explica que el contexto de los 40 años del Golpe le pareció perfecto para difundirlo, “para sacarlo gratis, que se vea, que se comente, discuta, que provoque, que eduque”, afirma.

Hacia el final del documental Pinochet: El otoño del Patriarca, Alberto Pando —su director, guionista y narrador— dice: “Jamás lo entrevisté, nunca pude hacerle mis preguntas impertinentes ni exigirle contestar como un soldado con responsabilidad o quizás con orgullo por sus actos, en lugar de su pusilánime ‘No es cierto, y si fuese cierto no me acuerdo'”.

El trabajo audiovisual, de poco más de una hora de duración, fue subido a YouTube el viernes 16 de agosto y ya supera las doce mil reproducciones. Se trata de un registro sobre la huella de Pinochet y su dictadura en los chilenos, y abarca desde el Golpe de Estado hasta su muerte el 10 de diciembre de 2006, el Día de los Derechos Humanos.

“La gente quiere ver, quiere saber, quiere discutir”, dice Alberto Pando a Puroperiodismo, través de un correo electrónico. “No sólo hay audiencia para ‘Vértigo’ o ‘Alfombra Roja’ o ‘Mexico’s Nex Top Model’. Hacer periodismo de calidad es caro, hacer lo que hace Ciper es caro, hacer ‘Los 80’ es más caro que hacer ‘Los Carmona’, pero vale la pena. Aunque uno crea que pierde plata hay que mirar el largo plazo”.

Para este periodista el Chile que muestra El otoño del Patriarca es un país “reconciliado del horror, que lleva sus cicatrices a cuesta, pero que ahora sangra de otras heridas. Mirar a la historia reciente para reconocernos, para entender y tener más herramientas para enderezar lo torcido, en esa tarea me anoto con entusiasmo”.

“LA VERDAD NO ES UN LUGAR, ES UN VIAJE DONDE ESTÁN TODOS”

—¿Cuál fue la motivación para realizar este documental y cuánto tiempo te tomó?
Siempre vi el vínculo entre periodismo, historia, política y responsabilidad. Como corresponsal de CNN había sido testigo de primera línea de muchas cosas relativas a Pinochet y contaba con un archivo muy valioso, conocía mucho de lo que se había publicado, mucho del pietaje de cine de archivo y pareció una buena tarea contar todo desde cero. Contarlo con contexto, detallando el fenómeno, no sólo exponiendo hechos, tal como lo hacía como corresponsal para que me entendieran en Panamá, Salta o New Jersey. Partí revisando muchas cosas, repasando libros, en especial Operación Cóndor de John Dinges, y me decidí a entrevistar a Manuela Biedma. Cuando me dijo que en 15 años nunca le había preguntado nada de su padre desaparecido, ahí recibí esa justa puñalada como una misión, una tarea de memoria y justicia, la necesidad de dejar algo para el resto, los extranjeros, los que no supieron, los hijos, los que vendrán. Mis amigos me ayudaron, armamos un equipo de montaje, sonido y producción de gran nivel, y hubo que conseguir 10 mil dólares, que alguna vez creí que vería de vuelta, pero no. Volverán, seguro que no en billetes, pero volverán. Fue un gran trabajo que duró dos años.

—¿Te costó hacer referencias a tu propia historia (familia, amistades) o sentías que era necesario para el tono del documental?
No era mi idea inicial. Pensé en un formato más clásico, más Discovery Channel, pero Iván Torres (no el del tiempo, sino el gran camarógrafo amigo mío) me convenció que el matiz “reality” era un vehículo de comprensión, tal como lo es la música. También hablamos de transparentar los conflictos, las contradicciones, de no pasar por alto el asunto de la imparcialidad. Me gustó la idea, pero no fue nada fácil violar el anatema. “Nunca hay que interponerse entre la historia y el público”, nos enseñaba con sabiduría el maestro Guillermo Blanco. Detesto esos reportajes plagados de “yo” o de verbos en 1ª persona, plural o singular. Pero acá el paso doloroso estaba bien dado: ponerse y exponerse era hablar no de Pinochet el personaje, sino de su huella en nosotros, en los chilenos, los niños y los adultos, las familias de los 70′ y las del 2000. Y no tratar de vender la pescada de que esta sí que es la verdad. La buscamos, como al horizonte, pero la verdad no es un lugar, es un viaje donde están todos.

—Este trabajo es del 2008 pero permanecía inédito. ¿Estabas esperando los 40 años del Golpe para difundirlo? ¿Piensas exhibirlo fuera de internet?
El año pasado me decidí a hacerlo público del modo que fuera. Al comienzo equivoqué la estrategia de distribución y apunté directo a los canales de TV internacionales (FOX, History, HBO, Discovery), TVE) pero en lugar de ahorrar camino, quemé valiosas opciones por no hacer esa parte con alguien que supiera de distribución de documentales. Se me había acabado la plata. Lo correcto habría sido llevarlo a festivales, pasearlo, como se hace, pero yo no tenía tiempo para eso, así que reposó un rato largo. Lo mostré a un grupo de amigos, unos 200 en una función privada y fue bueno, fue emocionante verlo en una sala. También postulé a fondos del Consejo de la Cultura, pero lo encontraron “muy periodístico”. Tal vez querían algo más “artístico”. Ahora, obligado por la fecha, me pareció el momento perfecto para regalarlo, para sacarlo gratis, que se vea, que se comente, discuta, que provoque, que eduque. Y, curiosamente, las redes sociales (Twitter, Youtube) le han dado 5000 espectadores en 10 días, y también han traído ocasión de que vaya a otros canales, que en el pasado se cerraron. Ya salieron copias a Francia, Canadá, Australia y España. Ya veremos.

*Este artículo ha sido revisado para reflejar la siguiente modificación: se actualizó el número de reproducciones del documental, de las 5.100 del 29 de agosto a las más de doce mil del 11 de septiembre de 2013.

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