Entrevistas

Pedro Carcuro: “Bien regulada, la televisión pública es de un valor incalculable”

Por ~ Publicado el 4 julio 2016

Minutos antes de esta entrevista, Pedro Carcuro habla por teléfono. Al otro lado está su hijo, con quien dialoga sobre la selección. Es un 23 de junio con Chile clasificado a la final de la Copa América Centenario y esa vibración provoca algo extraño. Como si no pudiera salir del personaje, Carcuro parece estar relatando. Su ritmo es rápido y los énfasis notorios. El tono recuerda Francia 98, cuando los triunfos eran morales y celebrábamos empates. Su ahogada risa nos lleva al De Pé a Pá y sus invitados, en tiempos donde Twitter y Facebook eran ideas. Y esta sensación sigue cuando se despide, corta y saluda. Como si su vida fuesen las comunicaciones.

Pedro Carcuro - Foto Marcelo Salazar

Con 48 años ejerciendo el periodismo y con pasos en distintos medios, es inherente asociarlo a un estadio de fútbol, una Copa Davis o noches de boxeo. A la cobertura deportiva. Pero tener al frente a uno de los más longevos periodistas vigentes, Premio Nacional de Periodismo Deportivo y Apes, también es una oportunidad para hablar de lo que significa ser periodista. Algo que Carcuro asume como su vida.

“Si pudiera volver en el tiempo, volvería a serlo. Sin lugar a dudas”, expresa para luego aclarar que también hay espacio para los malos momentos. Como en 2011, cuando lo vetó un recién asumido Sergio Jadue.

—¿Por qué nunca quiso que lo entrevistaras?
Porque fui crítico del proceso y de cómo se generó la candidatura opositora a Mayne-Nicholls, de quien nunca me sentí militante. Hizo cosas buenas y malas con las que podía ganar o perder. Pero con Jadue hubo una especie de contubernio, se creó un aparato político y económico en que muchos participaron para obtener el poder de forma casi irregular.

—¿Cómo se tomó este requerimiento?
Esto sucedió el mismo domingo en que estaba citado a una entrevista en La Noche del Fútbol. Se lo dijo a Guillermo Muñoz, productor ejecutivo del programa. Y nosotros respondimos que por ningún motivo lo aceptábamos. Al final cedió.

—Con los colegas, ¿no hubo un mea culpa por no haber sido más rigurosos en investigarlo?
El rigor en el periodismo no sólo involucra a deportes, sino que a todas las secciones. Sin embargo, en esta falta para investigar temas duros porque nos dejamos llevar por el éxito. Jadue tenía una marquesina llena de luces, con muchas lucas por la venta de derechos. Nos tenía deslumbrados y no nos dábamos cuenta que debajo de la alfombra no era que existiera un poco de polvo. Había un cerro de tierra. En general, la falta de rigurosidad y de periodismo investigativo se nota cuando explotan estos casos. Lo podemos ver en otras áreas donde una hebra sale a luz. Mira el revuelo del caso Soquimich, afectando a tantos personajes y con un remezón grado 7 a toda la estructura política chilena.

—Danilo Díaz declaró que los periodistas deportivos son hinchas antes que periodistas. ¿Qué te parece eso?
No le doy mayor importancia. Es natural. No niego que soy de Audax Italiano, lo que no me inhibe de comentar un partido. Conozco pocos periodistas que comentan con la camiseta puesta, por lo que no me parece un tema capital. Sí es importante la rigurosidad y formar equipos para hacer periodismo de investigación en deportes. Cosa que en Chile, en general, no es de suyo desarrollado.

—¿Por qué?
En realidad, no hay un desarrollo general de ese tipo de periodismo, salvo Mónica González y Ciper Chile que dan un paso importante en esta materia.

—¿De qué nos habla que el Círculo de Periodistas Deportivos haya galardonado a Jadue como “Mejor Dirigente” el 2014?
Él aparecía como el mago porque trajo puros éxitos. Al fútbol chileno le fue muy bien en términos globales. Si hubiera existido una buena, severa, sólida, seria, prudente y honesta administración, los beneficios hubiesen sido fantásticos. No vale la pena enumerarte lo que estaba pasando, pero un sólo dato para que lo manejes: las utilidades del CDF eran superiores a las de todos los canales de la televisión abierta.

—Más de 900 millones de dólares.
Si lo miras desde afuera, es como una espléndida mujer. Joven, vigorosa, bella e inteligente. Todo bonito, pero detrás de ella había una estructura descascarándose. De ese panorama luminoso a esta oscuridad absoluta que se habla más allá de la propia ANFP. Se habla de una organización creada para delinquir.

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ENTRE EL VIEJO Y NUEVO PERIODISMO

—Los tuyos son casi 50 años en las comunicaciones. ¿Cómo ha sido el paso de las generaciones?
En este medio siglo me tocó vivir la transición entre el viejo y el nuevo periodismo chileno.

—¿Cómo los defines?
El viejo periodismo chileno es formado a través de la experiencia, el trabajo y de los antecesores, que eran los maestros de los que llegaban. De la vocación periodística, porque no había el respaldo de una carrera universitaria. El viejo periodismo era desordenado y de inspiración. Muy del tipo que se sienta frente a una tela y hace una pintura, a veces sin darse cuenta de lo que es capaz a través de su talento.

—¿Y el nuevo?
Comienza en los 60 con el desarrollo de las carreras de periodismo en las universidades. Me formé con viejos periodistas y después me di cuenta cómo todo cambió al incorporarse el profesional. Me encontré con características distintas. Podía haber menos vocación y talento, pero mejor preparación. Había algunos periodistas que estudiaron medicina o derecho como yo, pero también conocías otros que ni siquiera terminaron cuarto medio. Esta transición advirtió cosas buenas.

—¿Cuáles encontraste?
Incorporó rigor, preparación y conocimientos. Para mí fue beber de dos fuentes distintas, porque aprendí mucho de la vieja escuela y también me tocó aprender de periodistas jóvenes formados en la universidad. Hubo cambios paulatinos que hoy se notan, como en la conducción de los noticiarios. En los 60 eran locutores los que tenían esta tarea, como César Antonio Santis y Adolfo Yankelevich.  Hoy todos son periodistas.

—¿Es necesario estudiar periodismo para ejercerlo?
Tengo una visión particular. Creo que la formación universitaria es indispensable, pero me gustaría más el periodismo como un postgrado. Dos años a full para tipos que tengan título universitario. Me asusta la calidad de algunas escuelas que forman periodistas. He conocido a muchos que llegan a los medios con una paupérrima base cultural. Hablemos de lo más elemental: no conocen el lenguaje. Un periodista, para contar una historia o hacer un reportaje, debe tener el mínimo conocimiento y dominio. Y uno se encuentra con que no saben usar las palabras. ¡Que hablan con faltas de ortografía!

—¿Y cómo se mejora?
En la formación. Hay escuelas que son puro negocio, para qué vamos a andar con cuentos. Un tipo que se sacó la cresta estudiando cinco años, con esa solidez cultural que da la lectura y la vida, en un buen postgrado tendría la preparación necesaria para ejercer el periodismo. Esto se debe complementar con una sólida práctica en medios, que es como la terminación de una casa. No hay mejor manera de formar a un periodista que haciendo periodismo. Conozco a muchos buenos alumnos que terminan siendo malos profesionales.

—¿Cómo ves la figura del periodista en Chile?
La pregunta es requetecontra complicada. La figura del conductor de un noticiario es respetada porque implica un alto grado de credibilidad en la gente. El que te entrega la noticia se transforma en un personaje importante en tu vida diaria. Es el que te informa cuando llegas a tu casa a saber lo que pasó aquí y allá. Por otro lado, hay muchos que nos desacreditan con que somos poco rigurosos, que descalificamos con facilidad y que jugamos con la honra ajena. Se mezcla lo uno y lo otro, entre respeto y desprecio.

—Matías del Río declaró a La Segunda que el periodismo se ha degenerado, en parte, porque en televisión existen algunos que buscan ser estrellas. ¿Estás de acuerdo?
Yo llegué a la televisión cuando era un medio joven. Lo hago en el 68 cuando TVN no tenía ni diez años de vida. Los que partimos en esa época crecimos con la televisión en un Chile completamente distinto al de hoy. No se generaban las súper estrellas, los súper sueldos de ahora. No existía este afán de transformarse en estrella.

—¿Y qué te parece ese afán?
Evidentemente que la estelaridad y ser rostro significa una serie de beneficios. Popularidad, fama, bienestar económico. Cosas que vuelven loca a la gente con facilidad. Sin lugar a dudas que para conseguirlas se debe tener capacidad, talento y trabajo. No es que se lo regalen a alguien por su rostro bonito, aunque influya.

—¿Y eso afecta a los periodista?
El ambiente que rodea a la televisión genera esta estelaridad que habla con precisión Matías. Desenfoca al periodista y lo transforma en un personaje más de la farándula que del trabajo profesional. Desvirtúa lo que debes cometer. Ya no trabajas con la acuciosidad y seriedad del que es un periodista, sino que de responder como rostro televisivo.

—Apareces en una publicidad de retail. ¿No tuviste reparos en aceptarla?
¿Por qué me lo dices?

—Por mantener independencia de ciertos grupos económicos.
No me lo he planteado. No es primera vez que hago una publicidad y nunca lo he asociado a que me toque criticar a una empresa. Uno como periodista deportivo tangencialmente debe tocar a los grupos económicos, y no me inhibiría en ningún caso. No se me plantea una situación de dependencia porque hago cosas puntuales. Tan corto es el plazo que el vínculo dura 15 días. Comienza y termina.

—Como tu campaña del día del padre.
A lo mejor me lo plantearía si estableciera una relación a largo plazo con el retail. Ahora, sé que los conductores de noticias tienen impedido estos vínculos de carácter comercial. No sé si es afortunado que esto no corra para los periodistas deportivos. Me generas una duda respecto al tema que la masticaré.

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“LA PRESIDENTA DE LA REPÚBLICA EQUIVOCÓ EL CAMINO”

—¿Qué te parece la querella de la presidenta Bachelet contra la Revista Qué Pasa?
Hay dos caras. Por un lado, es evidente de que todo se debe enfrentar con rigurosidad profesional, hasta lo más simple. El medio tiene una responsabilidad permanente: frente a todo asunto que se trate, chequear sus fuentes. Tú, yo y el presidente merecemos el mismo respeto en el tratamiento de temas que se exponen a la opinión pública. Por otro, Bachelet debe tener un cuidado con lo que significa su investidura y entender que no es una persona común y corriente cuando accede a los Tribunales de Justicia.

—Como argumentan quienes no están a favor…
En ese sentido, la Presidenta de la República equivocó el camino porque había otros. Si señalaba el error cometido tenía más peso y gravitación en la opinión pública que la misma querella. Esto generó mucho daño a su imagen.

—¿A qué nos llama este caso como periodistas?
A revisar lo que es la libertad de expresión, la censura y la autorregulación en los medios. Hay conceptos legales, filosóficos, jurídicos y éticos. Es un temón de alto  vuelo que requiere más estudio que una conversación de nosotros dos. Es importante que los periodistas defendamos la libertad de expresión como también que la gente tenga acceso a la información. Que no esté condicionada. Que exista libertad para informarse.

—En el último tiempo, ¿se ha vulnerado el acceso a la información? Sumándole a Qué Pasa, tenemos la Ley Mordaza.
Hay grupos de interés. Cada grupo trata de protegerse y eso implica cercenar la información, impedir que te llegue. Y eso es una forma de censura, porque se aplica en muchos casos y, casi siempre, antes. ¿Cuánta información se tapa? Esa es la censura para mí: lo que nunca se llega a saber. Es el aparato del poder: manipular y cortar el oxígeno. Por eso me parece importante la televisión pública en nuestro país.

—¿Qué rol debe tener?
No debe tener intereses mezquinos que la prohíban y coarten en su desarrollo informativo. Bien regulada, es de un valor incalculable. Es la única que no está ligada a grupos económicos. El pluralismo y la verdad son valores difícil de materializar pero que están presentes.

—¿No deben ser así todos los canales? Más allá de que sean públicos o privados.
Los valores existen en el trabajo periodístico, pero tú sabes. Todo se condiciona. El dueño del medio lo hará. En cambio, la televisión pública es un bien de cada uno de nosotros. No de los partidos políticos o del gobierno de turno, porque se transforma en una estatal. Queremos una al servicio del país. Tampoco estamos hablando de un ladrillo, porque como te informa también debe entretenerte. Educarte.

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