Entrevistas

Patricio Bañados: “Yo creo que me comprenden muy bien y eso me hace un indeseable”

Por ~ Publicado el 26 marzo 2014

No se siente un referente para las nuevas generaciones, pero sabe que su trabajo ha sido una manera particular de hacer periodismo y, al mismo tiempo, de desafiar al poder. Previo al lanzamiento de su libro Confidencias de un locutor, el periodista que se abrió paso en el medio radial cuando aún estudiaba en el colegio Saint George, habla con Puroperiodismo sobre su historia laboral y de cómo ve en la actualidad la profesión que lo ha acompañado por más de 60 años.

Patricio Bañados en un detalle de la portada de “Confidencias de un locutor”.

El mes entre la difusión de la franja del “No” y su posterior triunfo fue el “de más insoportable tensión” de la vida de Patricio Bañados. Tras ser vetado durante la dictadura, la labor periodística también se le hizo cuesta arriba cuando la ansiada democracia llegó a nuestro país.

En “Confidencias de un locutor”, Bañados hace un repaso de su vida como periodista y cómo esta se entrama con la misma historia de la profesión en Chile. En ocho capítulos, el otrora conductor de “El mirador” de TVN, recuerda su paso por los principales medios del país, así como también del extranjero; entrega pasajes para muchos desconocidos sobre el periodismo chileno; y grafica con fotografías y documentos de su archivo personal sus memorias como locutor.

—Tras leer “Confidencias de un locutor” queda la sensación de que eres un periodista incomprendido, tanto por los medios, como por la clase política.
Yo creo que me comprenden muy bien y eso me hace un indeseable.

—Señalas que la figura del “compadre” y los amiguismos, a los que no adscribes, son las razones principales para surgir en Chile. ¿Crees que está presente en el periodismo? ¿Cómo se expresa?
No sé si son las principales, pero diría que ayudan mucho. En algunos casos, como los cargos bajo alguna influencia política, cada día más claramente se demuestra que son fundamentales. No creo que sea particularmente relevante en el periodismo. La gente que se ha destacado lo ha logrado por méritos reales e indiscutibles. Otra cosa es que si desafías demasiado frontalmente al “establishment” corres el riesgo de caer en el ostracismo. Pero eso depende de cómo vea cada uno la realidad del país.

La campaña del “No” significó un riesgo para el conductor, pero un riesgo que tomó para “sacudir a ese vasto rebaño que vivía como bovino, indiferente a la indignidad y el crimen que campeaban frente a sus narices”.

—Claramente fuiste uno de los que siempre ha desafiado al “establishment” del que hablas. ¿Por qué arriesgarse al destierro?
Creo que es simplemente producto de lo que uno lleva en las venas. Mi padre fue un político extraordinariamente respetado, senador y ministro de Estado durante las grandes luchas sociales de los años 20 del siglo pasado, bastante mayor cuando yo nací, y en mi casa siempre se habló de política en el mejor sentido: el destino del país, la forma de mejorar la situación de los más necesitados, la honradez y corrección personal como base de toda acción. Creo que me impregnó de ese concepto de la vida y para mí el sólo vivir en dictadura era una humillación personal; saber que se torturaba a compatriotas, una tortura personal; soportar los cotidianos atropellos, una vergüenza personal. Por el otro lado, la lucha por el poder de grupos que parecen satisfacerse solo con alcanzarlo, me es no sólo indiferente sino despreciable. Es obvio que mucha gente ha tenido una formación diferente, toma las cosas de diferente manera, con un realismo más aterrizado tal vez, y eso es perfectamente comprensible.

—Del libro se desprende que la envidia pareciera ser la razón principal de lo difícil que fue tu carrera en Chile durante y post Dictadura. ¿Qué es lo que encendía (enciende) tal animosidad en contra tuyo?
El problema principal, creo, más que envidia ha sido la desconfianza ante el que no acepta los dogmas imperantes ni reverencia a los líderes del momento. Por lo mismo, y producto del compadrismo [sic], los antecedentes, que representan lo que es una persona, no son tomados en cuenta. Indudablemente los designados (políticamente) como Directores de TVN siempre me vieron como una incomodidad o una amenaza.

—En el primer capítulo, dedicado a la franja del “No”, dices que –además de la campaña televisiva– tu presencia en ella fue decisiva en el triunfo. ¿Cómo te diste cuenta de tu importancia en ese éxito?
Porque lo leí en varias encuestas que se hicieron durante el desarrollo de la campaña. En ellas incluso se sugería importante que desempeñara un papel relevante en las comunicaciones de un futuro gobierno (que no habría aceptado, por supuesto). Tal vez por eso Jorge Navarrete, primer director de TVN bajo Aylwin, me pidió ser el conductor del noticiario principal de la estación, a lo que me negué sugiriendo a Bernardo de la Maza y Cecilia Serrano como alternativas.

—Tras el regreso de la democracia narras las peripecias que tuviste que pasar —tras ser vetado principalmente en la televisión— para seguir trabajando como periodista en un medio que no te dejó opciones. ¿La vocación siempre fue más fuerte para seguir perseverando en seguir desempeñándote como reportero?
Más que la fuerza de la vocación, el problema era bien simple. La TV es mi profesión. La dictadura me marginó y puso en lista negra. Vuelta la democracia, lo lógico era volver a trabajar en mi profesión. Pero nunca fui reportero. Conduje las transmisiones más trascendentes (Eclipse solar, homenaje a Claudio Arrau) de la televisión chilena y series de gran éxito como “El Mirador” y “OVNIS”.

DESAFÍO: MANTENER UNA ACTITUD ÉTICA

—Te caracterizas por tu respeto a los estándares éticos de la profesión. ¿Por qué crees que cada vez es más difícil mantenerlos en el periodismo actual? ¿Es una presión permanente de la profesión o se ha acentuado en el tiempo?
Todo en el mundo actual –y no digo que sea algo malo– tiende a lo mismo: popularización hacia las masas. Inevitablemente eso empieza a flexibilizar normas estrictas y vulgarizar muchas cosas, como el lenguaje en el arte dramático por ejemplo, en la medida que se quiere llegar auténticamente al público masivo que se sirve. Si esto alcanza hasta relativizar normas éticas estamos ante un problema porque ahí la actitud debería ser exactamente la contraria: establecer sistemáticamente estándares de conducta que enseñen a la población normas de conducta que, en último término, no son otra cosa que cultura y una manera de vivir mejor. Claro que la orden, la exigencia del modelo de sociedad que se nos ha impuesto, de dar sin freno todo lo que sea rentable empeora las cosas cada día más.

“Permíteme dar un solo ejemplo de alguien con méritos cien veces superiores a los que se me puedan atribuir a mí: Mónica González”.

—¿Te sientes un referente para el periodismo chileno?
Desde luego que no. En absoluto.

—Nombra lo mejor y peor del trabajo periodístico de antaño y el de hoy.
El periodismo de antaño, romántico y bohemio, era algo así como para héroes. Sobresalían notables ejemplos pero era bastante precario en su formación general. Actualmente veo una generación de muchos buenos periodistas, inteligentes y bien preparados, limitados solo por el dominio del incontrarrestable sistema político-económico que se nos ha impuesto.

—¿Algún periodista nacional que te parezca que siga la línea de lo que tú defendiste en tu trabajo?
Varios, pero temo hacer una lista y omitir nombres valiosos por lagunas en la memoria. Permíteme dar un solo ejemplo de alguien con méritos cien veces superiores a los que se me puedan atribuir a mí: Mónica González.

—¿Usas redes sociales?
No. Todo este asunto de la computación es un misterio para mí.

—Tu experiencia avala tu profesionalismo. ¿Qué aconsejarías a quienes están dando sus primeros pasos en el periodismo?
Excúsame de esta respuesta. ¿Quién soy yo para dar consejos a alguien? En la vida uno no tiene otro destino que tratar de conocerse para ser fiel a sí mismo. Algo nada fácil.

—Luego de la crítica que haces del contexto periodístico nacional, ¿vale la pena ser periodista en el mundo de hoy y en un país como el nuestro?
Es peligroso preguntarle eso a un viejo. Todo cambia tanto, cada vez más velozmente. Mirado desde mis años, no sé qué profesión vale la pena en un mundo que ha impuesto la codicia, el aplastar a quien tengas al lado, ganar, como único móvil legítimo de la existencia. Pero en el mundo entero soplan vientos de cambio. Instintivamente la gente quiere volver a la civilización. Ojalá quienes tienen la responsabilidad lo comprendan y todo se haga inteligente, serenamente. Como decía la franja del “NO”, sin odio, sin violencia, sin estallidos en que todos perdemos.


CONFIDENCIAS DE UN LOCUTOR
Patricio Bañados

Editorial Cuarto Propio
271 páginas

“Confidencias de un locutor es un libro sobrio, personal, rabioso, pero no menos lleno de datos desconocidos y reflexiones que aportan a mirar y, en lo posible, a entender la historia de los medios de comunicación en Chile durante los últimos 50 años”. Patricio Jara en Qué Pasa.

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