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Pablo Mancini: “La web tiene mucho que aprender del papel todavía”

Por ~ Publicado el 25 octubre 2011

El autor de Hackear el periodismo conversó con Puroperiodismo sobre la crisis de la industria, recomendó algunos experimentos regionales exitosos, valoró las enseñanza que los medios tradicionales aún pueden entregar y sugirió dónde “negociar” con la audiencia el futuro de los medios.

Ofrecer información útil y relevante es una de las preocupaciones de Mancini | Foto: Oscar Espiritusanto, Flickr

UN PERIODISMO ANFIBIO

Sus textos son concisos, elegantes y provocadores. El periodista argentino Pablo Mancini, Gerente de Servicios Digitales del Grupo Clarín de Argentina, vino a Chile para lanzar en la Universidad del Pacífico su obra Hackear el periodismo, que reúne ideas, bosquejos y axiomas ya planteados en su blog Amphibia.

Hackear el periodismo es un libro de prosa depurada —cada oración está dotada de estilismo tuitero— y de ideas sugerentes. El planteamiento central es que periodistas y medios deben estimular un “periodismo más útil” en un contexto híbrido como el actual. “La idea de hackear el periodismo —explica su autor— es la de reprogramar una pieza funcional, propiedad de un tercero, y adaptarla. Es la lógica del software libre, pero aplicada a un trabajo que no tiene que ver con el desarrollo de código, sino que con el desarrollo periodístico”.

Columnista de The Huffington Post y con una fructífera experiencia en el Grupo El Comercio de Perú, Mancini aclara que su idea de hackear no invoca una modificación negativa o perjudicial de los medios (eso sería crackear el oficio). Lo que pretende transmitir es más simple: una “actualización de prácticas profesionales” en cuatro puntos de referencia de las fábricas de noticias: tiempo, audiencia, valor y organización.

Mancini menciona algunos ejemplos que estarían innovando en esta línea: Al Jazeera en su versión web, especialmente The Stream y la confluencia entre audiencia y contenido; un experimento que realizó en El Comercio, llamado Reportube (curatoría del contenido de YouTube para contar las historias del día); el mencionado Huffington Post (“novedoso, creativo, ingenioso, riesgoso”) y una especie de símil peruano, Lamula.pe, entre otros.

Con Pablo Mancini conversamos de su libro y de sus propuestas, del protagonismo ineludible que tiene hoy la audiencia, de cómo los fracasos del periodismo anglosajón nos deben servir y de cuáles son a su juicio las principales rigideces de una industria que se debate entre el cambio y el statu quo. Como dice Gumersindo Lafuente en el prólogo del libro, Mancini sabe que el barco se hunde y es mejor saltar antes de ahogarse. Acá argumenta por qué.

ANGLOCENTRISMO MEDIÁTICO

—En la región el análisis de la crisis del periodismo suele centrarse en la experiencia anglosajona o europea, prescindiendo del contexto local.
De repente estamos más preocupados de lo que pasa afuera de lo que sucede en la región. Somos anglocentristas, y me parece que por un lado está bueno, porque algunas de las crisis o transformaciones que se dan allá están ocurriendo en otro momento, con otro grado, con otra profundidad —probablemente menor— aquí. La historia nos dice que en esta industria, cada vez que ocurre algo con las grandes cabeceras de medios en Europa o Estados Unidos, bueno, de algún modo llega ese coletazo a América Latina.

“No me imagino hoy a la sociedad argentina, peruana, chilena o uruguaya pagando por noticias generalistas”.

—Tenemos una ventaja: ellos lo padecen, nosotros podríamos prepararnos.
Absolutamente. Incluso, hay experiencias que no han funcionado que hoy las conocemos, y cualquier hombre de medios sensato no las va a aplicar, porque ya sabe que no funcionaron en otros lugares, aunque los modelos no se puedan trasladar linealmente.

—¿En qué experiencias estás pensando?
Me imagino todos los casos de pago por contenido online. Son casos de dudoso éxito en Estados Unidos. Y la verdad es que yo no me imagino hoy a la sociedad argentina, peruana, chilena o uruguaya pagando por noticias generalistas, como a lo mejor lo propone el New York Times, porque hay otras variables, como la cantidad de gente bancarizada. Todo eso repercute en el modelo de negocios.

HACKEAR Y NEGOCIAR: EL PODER DE LA AUDIENCIA

—En la introducción del libro explicas que es necesario hackear la profesión para hacer “más útil al periodismo”. ¿En qué estamos fallando en este momento?
Eso tiene que ver con el valor de uso de la información para quien la consume, con el servicio que el periodismo ofrece a los ciudadanos para tomar decisiones políticas, económicas, domésticas, de toda índole. Cuando se inventaron los diarios había un ecosistema marcado por la escasez de información y el servicio que ofrecían los medios era conseguir información y distribuirla. Esa misión tiene vigencia, pero convive con otra: la de ofrecer información útil, relevante para la audiencia, pero en un entorno donde la información tiende a materia prima, no a un producto manufacturado. Vale la pena preguntarse qué otra misión puede agregarse al periodismo, o cómo se puede reformular su misión en un entorno donde hay información en todas partes, donde todos producen de algún modo información.

“Vale la pena preguntarse qué otra misión puede agregarse al periodismo”.

—¿Qué grado de aceptación percibes en los consorcios periodísticos para reprogramar el modo en que llevan adelante su trabajo?
En las organizaciones hay mucha resistencia al cambio. No sólo a este tipo de cambio, al cambio administrativo, financiero, profesional. Es un espacio pantanoso, tiene muchas fricciones. Hay medios que no están en el momento para hacerlo, pero vemos que hay colegas ahí que lo hacen desde lo individual, o desde sus equipos empujan a la organización a no quedarse, a avanzar. Eso impacta en todos lados, en el producto final, en los flujos y rutinas de trabajo, en las formas de compensación. Tiene una resonancia que tiende a expandirse, no tiende a concentrarse en el medio.

—El libro plantea la necesidad de “negociar con la audiencia” el futuro de la industria. ¿Dónde se da esa negociación?
Me parece que se da cada vez más visiblemente en las redes; es decir, la audiencia no solamente produce contenido y lo hace circular. También le hace saber al periodismo lo que le interesa, lo que no le interesa. Lo hace con herramientas que no son las que le proponen los medios; son herramientas que están disponibles —como Twitter— ajenas a una asociación periodística. Sin embargo, que se usa con fines periodísticos o, también, como un medio para comunicarse con la comunidad.

—¿Cómo “monitorear” las redes sociales y esas conversaciones que no tienen lugar en el medio?
Nosotros en tn.com.ar, el canal de noticias más visto de la Argentina, hicimos algo muy simple pero que funciona y nos da la temperatura de la audiencia. Después de cada nota hay algo que se llama ‘Resonancia en Twitter’: ahí se empiezan a agregar los comentarios que hace la gente en Twitter, no en el sitio nuestro, sobre esa nota. Lo que ves es que una nota tiene cuatro, cinco, cien comentarios, pero hay muchísima interacción sobre ese contenido que está producido en una plataforma que no está en el medio. Eso le da valor a una nota, porque sé cómo opinan los que leyeron, puedo saber qué contexto social tiene la nota, cómo repercute en una parte de la sociedad.

—¿Goza de buena salud el comentario o ha disminuido en relación a las redes sociales?
Se está transformando, y eso se lo debemos mucho a Facebook. Hoy por hoy un comentario anónimo no tiene ningún valor, aunque esté muy bien escrito o sea inteligente, creativo. Facebook de algún modo está educando a las audiencias a que pongan su nombre, apellido, su foto; que den la cara. Una web transparente es una web más valiosa para quien accede.

NUEVOS HÁBITOS DE CONSUMO, NUEVAS NARRATIVAS

—Otra cita del libro: “Estamos produciendo un cóctel explosivo: los soportes del futuro con las formas narrativas del pasado”. En ese punto hablas específicamente que se debería apostar por la brevedad. ¿Sólo en lo escrito o en todos los formatos?
No hay que ser un talibán de las formas. No me parece viable hacer un medio que sólo tenga brevedades, pero tampoco es viable producir un medio que ofrezca solamente contenidos demasiado extensos. La historia de los medios muestra que se estandarizaron las formas narrativas porque se estandarizaron las formas, los espacios y los tiempos de consumo. Y cuando ahora se diversifica la forma de consumir información, no podemos ofrecer la misma forma narrativa.

—Con la irrupción de las tabletas, ¿ves un futuro auspicioso para las piezas periodísticas más extensas?
Sí, pero sobre todo lo veo para los sábados y los domingos, nada más. Fijáte que yo tengo ganas de hacer un sitio que tenga dos tiempos narrativos. Hasta ahora los sitios que hacemos todos, me incluyo, tienen un tiempo narrativo. Habría que pensar en un sitio que tenga un tiempo narrativo muy veloz de lunes a viernes y un tiempo narrativo de otra cadencia, sábado, domingo, feriados. La misma marca, el mismo medio, la misma URL, con plantillas distintas para plantear esa información, contenidos y temas distintos.

“El próximo paso que va a terminar dando la industria tiene que ver con empezar a cambiar la forma de la noticia”.

—Ahí la web rescataría los hábitos de consumo del papel.
La web tiene mucho que aprender del papel todavía. Es una industria que tiene muchos años, que entiende muy bien el mercado. Los directivos de los grandes medios no son ingenuos. A priori pareciera que toda la web tiende a Twitter, a la brevedad, compresión. Eso en parte es cierto, pero hay momentos en que la web no es útil ni es divertida.

—¿Cuál sería la principal rigidez de los medios?
El embrión de la rigidez me parece que está en la narrativa, en la forma de la noticia, en que haya  título, bajada, cuerpo, desenlace.  La forma narrativa estructura el modo de trabajo y la visión de una organización. Aún los medios más innovadores, como el Huffington Post, conservan la forma narrativa. El próximo paso que va a terminar dando la industria tiene que ver con empezar a cambiar la forma de la noticia, porque cuando vos empezás a cambiar la forma de la noticia, cambiás las prioridades de la información, las rutinas de trabajo, los roles de los editores, de los redactores, de los jefes, cambiás la forma en que empaquetás un producto, y eso tiene un impacto directo en cómo se consume el periodismo. Al final del día a nosotros nos interesa que el periodismo sea algo relevante.

—¿Tienes alguna idea de alternativa narrativa?
Eliminar la redundancia. Históricamente la prensa gráfica fue muy redundante, porque así lo exigía el contrato de lectura que había con la audiencia. Si vos ves cualquier diario, el título, la imagen y el primer párrafo cuentan lo mismo. Cuando trasladás eso a la web, la experiencia como lector es frustrante, estás haciendo perder el tiempo. Un paso esencial es eliminar la redundancia, porque no aporta. No así cuando la redundancia es generada de un modo colectivo, como en el caso de Twitter, donde la redundancia está compuesta por un hashtag, pero esa redundancia se termina transformando en un índice de relevancia.

—Y hablan de distinta forma.
Al final lo redundante es el tema, pero no el contenido, no la “línea editorial” o el sentido de sus mensajes. Me parece que hay exigencias vinculadas a la extensión de las narrativas que se heredan de los programas de tele porque hay que llenar el aire, o de las revistas y diarios, porque no puede salir una página en blanco. Y a veces en la web leés artículos que tienen cinco, seis, diez párrafos, y si sos muy riguroso y lo analizás, se podría haber contado con la mitad de palabras. Eso en el gremio periodístico es temido. ‘Una nota de dos párrafos es poco serio’, diría cualquiera. Y todo lo contrario, yo creo que es muy serio, tomarse a la audiencia en serio es entender cómo va a consumir el contenido.

LANZAMIENTO HACKEAR EL PERIODISMO

El siguiente video muestra el diálogo entre Pablo Mancini, Arturo Catalán (Observatorio de Comunicaciones Digitales), Guillermo Culell (Medios regionales de El Mercurio) y Cristián Villarroel (La Tercera TV) en el lanzamiento de Hackear el periodismo, realizado el jueves 20 de octubre en la Universidad del Pacífico.

Video publicado en el blog Amphibia.

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