Entrevistas

Mirko Macari: “Los periodistas chilenos hacen noticias y no entienden procesos”

Por ~ Publicado el 12 mayo 2011

El director de El Mostrador califica de “negligente” su decisión de publicar íntegramente el expediente penal del caso Karadima. Crítico del periodismo nacional, asegura que las fuentes en off son ineludibles en el reporteo político. Macari es pragmático, tajante, no esquiva ningún tema y dice que el rol del periodismo “no es la verdad si no la realidad”.

Mirko Macari dirige El Mostrador desde el año 2009 | Foto: Puroperiodismo

“La decisión fue negligente y fue mía, porque no reflexioné suficientemente sobre lo que tenía”. Franco, directo y sin pelos en la lengua. Así responde Mirko Macari, director de El Mostrador, cuando se le pregunta sobre su responsabilidad en la decisión de publicar íntegro —con nombres, direcciones y correos electrónicos de testigos y víctimas— el expediente penal del caso Karadima, el que luego de unas horas fue retirado de su web y vuelto a publicar con esos datos borrados.

“En anteriores publicaciones de este tipo hechas por el mismo periodista había tachado la información no relevante. Esta vez no hice el control. Fue un error. Sin embargo nosotros consideramos que el expediente en sí mismo es de interés público”.

—¿Era necesario publicar el expediente en su totalidad?
Sí. Por la serie de dudas y antecedentes que en ese minuto aparecían en torno a él no podíamos mediar como medio. Dijimos: “A esto le vamos a quitar periodismo y vamos a hacer un acto de transparencia más allá del periodismo, que cada uno juzgue, aquí está”. Hasta ahora hemos visto en los medios solo una interpretación del expediente, confiando en la credibilidad del trabajo periodístico.

—¿Llevaron un registro de cuántas veces se descargó? ¿Hubo un impacto en términos de audiencia?
No hubo tanto tráfico. Tuvimos más, obviamente, pero no fue desmedido.

—Si Wikileaks hubiese contactado al El Mostrador en vez de Ciper para entregarle los cables del Departamento de Estado Norteamericano relativos a Chile, ¿ustedes los habrían publicado íntegros, sin procesarlos?
No, porque todos los antecedentes del caso de Wikileaks eran nuevos y tampoco se trata de un caso, como el de Karadima.

—¿No pensó que quizá hay lectores de El Mostrador que quisieran saber cómo ustedes procesan esa información y no darse la lata de leer todo el expediente?
Es lo que se hace generalmente, pero esto era excepcional. Hubiera hecho lo mismo en el caso de Gema Bueno. El nivel de información asimétrica y de sospecha sobre su direccionamiento implicaba que era de absoluto interés público que se diera a conocer el expediente de ese caso. Los medios son parte del poder y hay que partir también de la sospecha respecto de ellos, por lo menos en un caso así.

PERSONAJE, CONFLICTO Y PODER + SEXY

Macari llegó a El Mostrador el 2008 y al año siguiente asumió como director. Tal como ocurrió en La Nación Domingo —suplemento del que fuera uno de sus fundadores y luego editor—, parte de su sello es sacar ronchas, zumbarle como mosquito en la oreja a parte de la sociedad chilena.

Algunos ejemplos: el artículo sobre la casa de $240 millones donde vivirá el Cardenal Errázuriz y la información sobre los vínculos con Colonia Dignidad de José Miguel Steigmeier, gobernador que duró poco más de una semana en su cargo. O, incluso, el “Piñerómetro”, una aplicación que marcaba los días que el mandatario llevaba incumpliendo su promesa de vender su propiedad en LAN.

La pauta que Macari llevó al diario electrónico exigía que la noticia tuviera, como él señala, personaje, conflicto y poder: “Es cómo veo que se está organizando la industria de los medios”, asegura. Quizá por eso el año pasado el Primer Estudio Nacional de Lectoría de Medios Escritos (UDP) consignó que El Mostrador era el medio electrónico chileno en el que los usuarios se quedaban por más tiempo: 47 minutos diarios, superando a Emol.

El Mostrador es exitoso —acota Macari— porque está conectado con su audiencia, hay energía, hay feedback, hay tensión permanente. Para mi audiencia, hoy El Mostrador es sexy”.

—¿Que significa ser sexy?
Si a tu edad no sabes lo que es ser sexy, por favor, jubílate.

—Me refiero en términos periodísticos.
Atractivo, onda. ¿Tú sabes lo que es una mujer sexy? ¿Es una mujer linda necesariamente? ¿Tiene edad una mujer sexy? ¿Tiene estrato socioeconómico una mujer sexy? ¿Tiene onda o no tiene onda? ¿Es swing o no es swing?

El Mostrador es exitoso porque está conectado con su audiencia, hay energía, hay feedback, hay tensión permanente. Para mi audiencia, hoy El Mostrador es sexy”.

—Sin embargo, debe tener personaje, conflicto y poder.
Personaje, conflicto y poder es una pauta racional. Lo sexy tiene que ver con lo emotivo. Sexy es lo que te provoca, es una mujer con la que te pasó algo. Acá es lo mismo: antes de leer, tú ves la palabra o un juego de palabras. Eso tiene que resultar atractivo, ir un poco más allá. Tiene que haber una promesa de mostrar, de entretener, de interesar. Son cosas altamente subjetivas.

El Mostrador se ha caracterizado por hacer denuncias…
No me gusta la palabra denuncia, me da urticaria.

—¿Por qué?
Me gusta pensar que decimos más que otros, corremos más riesgos. Desde nuestras subjetividades, paradigmas y limitaciones elaboramos un marco interpretativo, le ponemos una frontera a la realidad que compartimos con nuestro público, quienes lo juzgan y por lo que nos premiará o castigará.

—¿Qué tipos de limitaciones tienen en El Mostrador para llevar a cabo la tarea de escrutadores del poder?
Las limitaciones en todos los medios son líquidas, van a depender de las circunstancias, relaciones personales, las propiedades, etc. Lo importante es que tenemos muchas menos limitaciones que el resto.

—¿Por qué?
Por nuestra realidad, tenemos menos compromisos para contar y decir cosas de actores relevantes. No tenemos problemas en enemistarnos con ellos.

PODER, AUDIENCIAS Y AGENDA

El poder es quizás uno de los temas de Macari: “En teoría, en la academia, el periodismo es un contrapoder. En la realidad los medios son parte del poder, aquí y en la Quebrada del Ají”. Reconoce que su trabajo como director es “hacer el marketing de este asunto”. “Los periodistas hacen las notas y yo los vendo bien a la audiencia. Fijo los marcos y construyo las tesis con las que salimos a reportear en función de algo que es muy básico, que es la agenda. Hay medios que dan pena porque están fuera de la agenda”.

—¿Qué medios le dan pena?
Bueno, cada uno juzgará.

—¿Qué significa estar fuera de la agenda?
Significa que no puedes dártelas de alternativo. Hay que saber meterse en la agenda. Es como saber cuándo subirse a surfear una ola: puedes decir que viene la media ola y estar parado en la playa porque no viene nada. Eso es poner temas en los que nadie va a estar. En El Mostrador no queremos ser un medio marginal porque no tienes influencia. Queremos ser un medio más del establishment, en el límite, en la frontera, pero no en la marginalidad”.

—¿El Mostrador es parte del poder?
No, pero somos un medio imprescindible para los actores de hoy.

—¿Conoce la agenda de los medios con los que compiten?
Sí. Esa es mi pega; más que andar reporteando, saber leer las agendas.

—¿Cuáles son las agendas relevantes que hay que tener en cuenta en un medio como El Mostrador, para tener influencia?
La política, primero que nada.

—Pero hay múltiples agendas en política: la agenda del Presidente Piñera es una, la agenda de la UDI es otra, etc.
La agenda es la misma desde los romanos en adelante: la lucha por el poder. Afortunadamente hemos progresado y ya nadie asesina a nadie. La guardia pretoriana no asesina al presidente.

—Pero le pega otros tipos de puñaladas
Hay otro tipo de puñaladas, hay pugnas, hay celos, hay envidia, hay maquinaciones, hay perfidia.

—¿Es sexy?
Eso es lo sexy, claro, eso vende. En política el conflicto es lo que vende.

POLÍTICA:
UN BAILE DE MÁSCARAS EN OFF

El Mostrador en Providencia

El Mostrador es un medio que concentra sus fuerzas en reportear el poder político. Para ello recurre a fuentes cerradas, del mismo modo que El Mercurio y, en mayor medida, La Tercera: “Si no hubiera fuentes en off no se podría hacer periodismo político”, argumenta Macari.

—¿Por qué?
Porque la política es un espacio de mentiras. Es en esencia un baile de máscaras, dónde los actores tienen que tener un discurso público y uno privado. Las verdaderas intenciones de los políticos, el porqué se mueven -y esto no debe llamar a escándalo a nadie-  son inconfesables porque son, entre comillas ‘miserables’, esto es acumular poder. Un político muy bien ubicado en el gobierno me decía que la política es siempre una guerra. Implica que tú estás absolutamente alerta al enemigo y cuando se muestra débil tienes que propinarle un golpe, matarlo. Esos propósitos inconfesables en la política no son compatibles con la idea de la transparencia.

—En esa guerra o “baile de máscaras”, ¿qué debería hacer el periodismo político para no ser parte del juego?
No debe ser ingenuo. Ahora, el rol del periodismo tampoco es la verdad si no la realidad. Si haces prensa política, te aproximas a la realidad desde tu propia subjetividad, pero informada y distante, para que te permita entender los móviles de los actores. Todos en este negocio sabemos que cuando alguien dice “cercanos al Ministro de Hacienda”, es el Ministro de Hacienda el que habla. Es un baile de máscaras muy entretenido, pero no para el gran público. Es una suerte de espectáculo futbolístico para un público más reducido e informado.

—¿Qué hace la ciudadanía que lee solo “cercanos al Ministro de Hacienda”?
“No tiene que saberlo. Tampoco le interesa saber. Se informará por la televisión. La prensa política es para elites, para personas que están más informadas y que acceden a los códigos. Al que le interesa puede entrar. No es necesario hacer un curso para entender cómo funciona la política.

—¿No es muy reducido el mundo de los que pueden leer política en los medios escritos?
Como todo los mundos. El interés en el deporte es menos reducido, pero también tiene sus códigos.

“La prensa política es para elites, para personas que están más informadas y que acceden a los códigos. Al que le interesa puede entrar. No es necesario hacer un curso para entender cómo funciona la política”.

—¿El periodismo no se desperfila si todos los medios acuerdan tácitamente de entregar fuentes en off?
Eso te lo dicen las audiencias. No todos los medios cuentan los hechos de la misma manera, ni con la misma jerarquía, ni con el mismo énfasis, ni con la misma dinámica. Si estás desperfilado te dejan de leer”.

—¿Es una batalla perdida la del periodismo por obtener fuentes identificadas?
¿Por qué perdida? ¿Por qué operar desde la academia? Esto es la realidad. ¿Por qué las fuentes tienen que ser en on? Porque lo dice quién, en qué universidad, en qué manual acerca de la deontología del periodismo. Eso no es periodismo, eso es academia. Eso es para quedar bien con las premisas acerca de las cuales se construyen las cosas en otro mundo, el de lo académico, y eso no es periodismo.

—¿No le gustaría un periodismo en el que los políticos hablaran en on?
Sería una lata. Estaríamos en un mundo ideal, en la República de Platón. Yo creo que esto es El Príncipe de Macchiavello.

PERIODISMO EN CHILE: “NO ES DE BUENA CALIDAD”

Macari divide su tiempo entre El Mostrador y la Escuela de Periodismo de la Universidad Diego Portales, cuyo proyecto educativo lo atrajo. “Trato de no hacer perder el tiempo a mis alumnos. Cero reporteo: les abro la cabeza, les enseño a pensar”.

—¿No es contraproducente un periodista que no reportea?
Huevean tanto con el reporteo. El reporteo es un súper buen instrumento, pero no es todo. Es súper necesario, pero el exceso de énfasis en el reporteo hace que la gente quede casada con las coyunturas, que transforme al producto periodístico en algo efímero. Cree que todo lo que tiene que saber nuevo tiene que ir reporteado. Muchas veces se trata de recoger cosas del pasado, crónicas de archivo, de contexto, de entender procesos. Los periodistas chilenos hacen noticias y no entienden procesos. No vamos trabajando, no vamos contando las agendas como procesos. Ni la audiencia lo demanda en Chile.

—Esta crítica también es una autocrítica
Obvio, soy parte de. La prensa chilena no es de buena calidad. Trato de que El Mostrador sea de buena calidad dentro de lo posible. Los recursos son escasos. No es llegar y encontrar periodistas. No sobran periodistas, sobran noteros para trabajar en los canales de televisión. Todos los huevones van a hacer preguntas “¿qué pasó?”, “¿y usted qué piensa de esto?”. No hay capacidad de pensar, de discutir, no hay masa crítica. Pueden gastarse millones en publicidad de escuelas de periodismo y dar premios rimbombantes al premio periodismo de excelencia, pero no están haciendo la pega. Huevón: ¡piensen! La diferencia entre ser periodista y notero es pensar. Leer, pensar, leer, pensar, mirar, pensar, discutir. Agarrar tus premisas y destruirlas. Esa es la esencia del periodismo.

MEDIOS EN CHILE: CIVILIZACIÓN Y BARBARIE

Pese a que Macari hizo su práctica en El Mercurio y trabajó luego en la revista “El Sábado”, declara no leerlo: “Es muy aburrido. Lee El Mercurio del domingo: puras entrevistas. El cuerpo de “Reportajes” se debería llamar de “Entrevistas”. Son puros lugares comunes, preguntas obvias, pura coyuntura. No hay profundidad”.

Confiesa informarse con radio Duna y Bio-Bío, y lee La Tercera, el Diario Financiero, Qué Pasa. Sin embargo su favorito es El País de España: “Es inevitable no leerlo, sobre todo el fin de semana, “Babelia”, “El País Semanal”, son entretenidos, te dan perspectiva, te muestra la diferencia de lo que somos como sociedad en Chile y lo que es Europa. La diferencia entre la civilización y la barbarie”.

Del mismo modo, su diagnóstico sobre los medios chilenos no es optimista: “Bajo el paradigma de la sociedad post moderna, la información ha pasado a ser un producto de consumo y de entretenimiento. Hoy alumbramos cada vez más rincones, con más espectacularidad, y a la vez con menos profundidad y con menos capacidad de entender las cosas en un contexto”.

—¿Cómo analiza la crisis de los medios impresos, usted que ya está en lo digital?
Estoy en lo digital, aunque me gustaría que tuviéramos una edición impresa de fin de semana. Creo que los diarios van para allá. Es muy desangrador el negocio de impresión y distribución en la semana para el impacto que tienen en venta y de lo que es agenda. Haría un diario digital de lunes a jueves y con ediciones impresas viernes, sábado y domingo porque el avisaje se concentra el fin de semana.

—¿Están trabajando para eso?
No.

—¿Qué opina del duopolio El Mercurio/Copesa?
Ese concepto me da tirria, es súper trasnochado.

—¿No cree que exista ese duopolio?
No, a mí parece que eso es trasnochado, del siglo XX. Hay medios hegemónicos, pero hablar de duopolio tiene una carga peyorativa negativa.

—¿Por qué?
El duopolio es un concepto de la izquierda para esconder o disfrazar que han sido incapaces de construir un medio exitoso porque no han leído cómo cambió el país. Ser de izquierda significa ser triste, acontecido, con un aire de superioridad intelectual. Todo lo que sea conexión con las audiencias y las masas le parece frívolo o terrible. Por eso muchos medios de izquierda viven en esa marginalidad, se retroalimentan entre varios que siempre hablan de las mismas cosas, que repiten los mismos slogan. Desde ese mundo viene la acusación al duopolio.

—Sin embargo, ¿no sería mejor que existieran más medios?
Sí, siempre es mejor, pero hoy hay más oportunidades. Ya no hay excusa. Hoy, con la penetración de las nuevas tecnologías, El Mostrador es un ejemplo de eso, se puede ser un medio influyente siendo digitales. Un medio más del sistema de medios.

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