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Mea culpa de “O Globo” de Brasil: “Apoyo editorial al golpe del 64 fue un error”

Por ~ Publicado el 12 septiembre 2013

El 31 de agosto de 2013 el periódico O Globo de Brasil publicó un texto donde analizó su responsabilidad en el Golpe de Estado de 1964, el cual apoyó editorialmente. Compartimos, a continuación, una traducción del mea culpa del medio brasileño*.


La conciencia no es de hoy, viene de discusiones internas de años, en que las Organizaciones Globo concluyeron que, a la luz de la historia, el apoyo constituyó un equívoco.

RÍO – Desde las manifestaciones de junio, un coro volvió a las calles: “La verdad es dura, O Globo apoyó la dictadura”. De hecho, se trata de una verdad, y, también de hecho, de una verdad dura.

Ya hace muchos años, en discusiones internas, las Organizaciones Globo reconocieron que, a la luz de la Historia, ese apoyo fue un error.

Hace algunos meses, cuando Memoria estaba siendo estructurado, se decidió que sería una excelente oportunidad para tornar pública esa evaluación interna. Es un texto con el reconocimiento de ese error que fue escrito para ser publicado cuando el sitio estuviera listo.

No lamentamos que esa publicación no haya llegado antes de la oleada de manifestaciones, como debería haber sido posible. Porque las calles nos entregaron aún más certeza de que la evaluación que se hacía internamente era correcta y que el reconocimiento del error, necesario.

Gobiernos e instituciones tienen, de alguna manera, que responder al clamor de las calles. De nuestra parte, es lo que hacemos ahora, reafirmando nuestro incondicional y perenne apego a los valores democráticos, al reproducir en esta página íntegramente el texto sobre el tema que está en Memoria, a partir de hoy en el aire:

1964

“Frente a cualquier reportaje o editorial que les desagrade, es frecuente que aquellos que se sientan contrariados recuerden que O GLOBO apoyó editorialmente el golpe militar de 1964.

El recuerdo es siempre incómodo para el diario, pero no hay como refutarlo. Es Historia. O GLOBO, de hecho, en la época concordó con la intervención de los militares, al lado de otros grandes diarios, como “O Estado de S. Paulo”, “Folha de S. Paulo”, “Jornal de Brasil”, y el “Correio da Manhã”, para citar apenas algunos. La población entregó su cuota importante, en un apoyo expreso en manifestaciones y marchas organizadas en Río, Sao Paulo y otras capitales.

A la luz de la Historia, con todo, no hay por qué dejar de reconocer, hoy, explícitamente, que el apoyo fue un error, así como equivocadas fueron otras decisiones editoriales del periodo en que ocurrió ese desacierto original.

En aquellos instantes se justificaba la intervención de los militares por el temor de otro golpe, a ser concretado por el presidente João Goulart, con un amplio apoyo de sindicatos —Jango era criticado por intentar instalar una “república sindical”— y algunos segmentos de las Fuerzas Armadas.

La noche del 31 de marzo de 1964, por señal, O GLOBO, fue invadida por fusiladores navales comandados por el Almirante Cândido Aragão, del “dispositivo militar” de Jango, como se decía en la época. El diario no pudo circular el 1° de abril. Saldría al día siguiente, 2, jueves, con el editorial impedido de ser impreso por el almirante, “La decisión de la Patria”. En la primera página, un nuevo editorial: “Resurge la Democracia”

La división ideológica del mundo en la Guerra Fría, entre Occidente y Oriente, capitalistas y comunistas, se reproducía, en mayor o menor medida en cada país. En Brasil, esta era agudizada y profundizada por la radicalización de João Goulart, iniciada tan pronto consiguió, en enero de 1963, por medio de un plebiscito, revocar el parlamentarismo, a la salida negociada para que él, vice, pudiera asumir luego de la renuncia del presidente Jânio Quadros. Obtuvo, entonces, los poderes plenos del presidencialismo. Transferir parte del poder substancial del Ejecutivo al Congreso había sido condición exigida por los militares para la posición de Jango, uno de los herederos del “trabalhismo vargista”. En ese tiempo, se votaba al vice-presidente separadamente. De ahí el resultado de una combinación ideológica contradictoria y fuente permanente de tensiones: el presidente de la UDN y el vice del PTB. La renuncia de Jânio encendió la mecha de la crisis institucional. La situación política de la época se radicalizó, principalmente, cuando Jango y los militares más próximos a él amenazaban pasar por sobre el Congreso y Justicia para hacer reformas de “base” “na lei o una marra”. Los cuarteles quedaron intoxicados con la lucha política, tanto la izquierda como la derecha. Vino, entonces, el movimiento de los sargentos, liderado por los marineros –Cabo Ancelmo a la cabeza— la jerarquía militar comenzó a ser quebrada y el oficialismo reaccionó.

En aquel contexto, el golpe, llamado de “Revolución”, término adoptado por O GLOBO durante mucho tiempo, era visto por el diario como la única alternativa para mantener en Brasil una democracia. Los militares prometían una intervención pasajera, quirúrgica. En la justificativa de las Fuerzas Armadas para su intervención, sobrepasando el peligro de un golpe a la izquierda, el poder regresaría a los civiles. Tanto que, tal como lo prometido, fueron mantenidas, en un primer momento, las elecciones presidenciales de 1966.

El desenvolvimiento de la “revolución” es conocido. No hubo elecciones. Los militares se quedaron en el poder 21 años, hasta que salieron en 1985, bajo el mando de José Sarney, vice del presidente Tancredo Neves, electo aún por voto indirecto, fallecido antes de recibir la banda presidencial.

En el año en que el movimiento de los militares completó dos décadas, en 1984, Roberto Marinho publicó el editorial asignado en la primera página. Tratábase de un documento revelador. Este, resaltaba la actitud de Geisel, el 13 de octubre de 1987, que extinguió todos los actos institucionales, el principal de ellos el AI5, reestableció el habeas corpus y la independencia de la magistratura y revocó el decreto de ley 477, base de las intervenciones del régimen en el medio universitario. Destacaba también los avances económicos obtenidos en aquellos veinte años, pero, al justificar su adhesión a los militares en 1964, dejaba clara su creencia de que la intervención fuera imprescindible para la mantención de la democracia y, después, para contener la irrupción de la guerrilla urbana. Y, además, revelaba que la relación de apoyo editorial al régimen, aún duradera, no fuera todo el tiempo tranquila. En las palabras de él mismo: “Hemos permanecido fieles a sus objetivos [de la revolución], aún en conflicto en varias oportunidades con aquellos que pretendieran asumir la autoría del proceso revolucionario, olvidándose de que los acontecimientos se iniciaron como reconoció el mariscal Costa y Silva, ‘por exigencia ineludible del pueblo brasilero’. Sin el pueblo, no habría revolución, sino que apenas un ‘pronunciamiento’ o ‘golpe’ con el cual no estaríamos solidarizando”

No eran palabras vacías. En todas las encrucijadas institucionales por las que pasó el país en el periodo en que estuvo al mando del diario, Roberto Marinho siempre estuvo al lado de la legalidad. Cobró de Getúlio una constituyente que institucionalizase la Revolución del 30’, fue contra el Estado Nuevo, apoyó con vigor la Constitución de 1946 y defendió la pose de Juscelino Kubistchek en 1955, cuando esta fue cuestionada por sectores civiles y militares.

Durante la dictadura de 1964, siempre se posicionó con firmeza en contra de la persecución a periodistas de izquierda: como es notoria, se hizo cuestión de dar abrigo a muchos de ellos en la redacción de GLOBO. Son muchas y conocidas las declaraciones que dan cuenta de que él hacía cuestión de acompañar a funcionarios de O GLOBO llamados a declarar: los acompañaba personalmente para evitar que desaparecieran. Instando algunas veces a dar lista de los “comunistas” que trabajaban en el diario, siempre se negó, de manera desafiante.

Se hizo famosa su frase al general Juracy Magalhães, ministro de Justicia del presidente Castello Branco: “Cuide a sus comunistas, que yo cuido a los míos”. Los veinte años que duró la dictadura, O GLOBO, en los períodos más agudos de la crisis, aún sin retirar el apoyo a los militares, siempre les cobró el restablecimiento, en el menor plazo posible, de la normalidad democrática.

Contextos históricos son necesarios en el análisis del posicionamiento de personas e instituciones, más aún en rupturas institucionales. La Historia no es apenas una descripción de hechos, que suceden unos después de otros. Esta es el más poderoso instrumento de lo que el hombre dispone para seguir con seguridad rumbo al futuro: se aprende con los errores cometidos y se enriquece al reconocerlo.

Los hombres y las instituciones que vivieron 1964 son, hace mucho, Historia, y deben ser entendidos en esa perspectiva. O GLOBO no tiene dudas de que el apoyo a 1964 pareció a los que dirigían el diario y vivieron aquel momento la actitud certera, velando por el bien del país.

A la luz de la Historia, con todo, no hay por qué dejar de reconocer, hoy, explícitamente, que el apoyo fue un error, así como equivocadas fueron otras decisiones editoriales del periodo en que ocurrió ese desacierto original. La democracia es un valor absoluto. Y, cuando está en riesgo, sólo se salva por sí misma.

* Traducción de Rosario Bernaschina.

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