Opinión

Las nanas, Inés Pérez y Chilevisión: ¿Cómo dijo que dijo?

Por ~ Publicado el 18 enero 2012

La polémica sobre la edición hecha por Chilevisión de las declaraciones de la propietaria del condominio El Algarrobal II de Chicureo es abordada en la siguiente columna. Como contexto dejamos los videos de la discordia: el primero, con la cuña de quince segundos de Inés Pérez; y el segundo, que muestra el diálogo completo que ella sostuvo con el periodista.

Inés Pérez tiene toda la publicidad del mundo para restablecer su honra. | Captura: Chilevisión

Una mujer que vive en un condominio de Chicureo es entrevistada por lo escandaloso que resulta para muchos que en ese lugar, aparentemente, las empleadas domésticas no puedan caminar libremente y estén obligadas a tomar un furgón para entrar y salir del condominio. Ella, la fuente, se llama Inés Pérez y se refiere al tema como cualquier mortal, aunque, claro, lo que dice es como una patada en la guata para el mundo: se refiere a la obligación que tiene diariamente su empleada de tomar dicho furgón y lo inconcebible que sería que las nanas y obreros circularan al final del día entre los niños que andan en bicicleta.

Discriminación pura, las nanas no se mezclan con los niños (¿aunque sí pueden criarlos?), qué se ha imaginado esta mujer, preparemos una ciber funa, publiquemos sus teléfonos, vayamos a su casa de cristal a lanzar huevos. Eso y peor fue comentado vía Twitter y Facebook, todos contra Inés Pérez. Pero resulta que Inés Pérez no dijo lo que mostró la nota de Chilevisión. O sea, lo dijo, pero no así.

¿El periodista eligió aquella cuestionable parte de su relato porque era incendiario o porque, a su juicio, reflejaba lo que ella quiso decir? ¿Importaba lo que ella realmente quisiera decir?

A las pocas horas se publica en las redes sociales la transcripción exacta de la entrevista, aquello que el público desconoce porque el periodista siempre hace entrevistas y después selecciona lo que es más relevante y clave que la gente sepa. Y aquí hubo selección, aunque ésta no captó la verdad completa. Sí, ella efectivamente se refiere a las nanas, las bicicletas con los niños y la necesidad de que exista el cuestionado furgón, pero —y esto es lo que CHV omite— ella no está de acuerdo con discriminar a las empleadas porque usan o no delantal (de hecho, no le importa si la suya sale a caminar con sus hijas de delantal o no), y su interés en el uso del furgón es porque su casa está lejos del portón y caminar 30 minutos hasta la puerta versus llegar en cuatro minutos usando el furgón es un mundo de diferencia.

Un mundo de diferencia es también el sentido del relato completo de Inés Pérez y la cuña seleccionada por el canal de televisión. El relato completo nos muestra cuál es su situación particular y nos explica por qué ella cree que para su empleada sería bueno usar el furgón; la nota de Chilevisión la muestra como una mujer desalmada y discriminadora que no tolera la idea de que sus niños se crucen con las nanas y los obreros del condominio donde vive. Dos historias, dos mujeres diferentes.

Imposible es para cualquier medio publicar ideas completas, párrafos eternos y sin editar. La cita completa de Inés Pérez no se podría haber transmitido, y en eso el periodista tiene todo el derecho a decidir cuándo cortar. Es más, muchas de las fuentes preparan discursos redondos y claros para que esa edición sea más difícil y porque, movidos por sus intereses, tienen muy claro cuál es el mensaje que deben instalar ante la opinión pública. En este caso puntual me atrevo a decir que estamos ante una fuente muy diferente a las políticas o económicas, que saben cómo funcionan los medios y se relacionan con periodistas con cierta periodicidad. En este caso, Inés Pérez, una ciudadana común, tiene una postura clara  (al ver el relato completo) que se enreda y cambia de forma radical porque ella se expresa mal, se equivoca o se confunde al mezclar los factores nanas caminando por el condominio + obreros + niños en bicicleta. Esa cuña en sí es extraña, y a juicio del periodista, fue la mejor.

¿El periodista eligió aquella cuestionable parte de su relato porque era incendiario o porque, a su juicio, reflejaba lo que ella quiso decir? ¿Importaba lo que ella realmente quisiera decir?

Hoy esta mujer anónima es portada de LUN, lo que en este país sí significa más que algo. Ayer era la mala de la película y hoy podría demandar a un canal de televisión por daño moral, pues después de la divulgación de esa nota periodística ha sido insultada a través de las redes sociales y hasta han publicado sus datos de Dicom. Algo similar a llevarla a la plaza pública, insultarla, escupirla y desnudarla.

Aunque no sabemos cómo se resolverá esto, la pregunta que me queda (y preocupa) es qué pasa con todas las selecciones periodísticas anteriores que han atentado contra la esencia de lo que verdaderamente se dice. Todas aquellas personas que hablan con los periodistas, que son tergiversados por ellos y que como lo que dicen tiene cero repercusiones, quedan con discursos e intenciones que no se apegan a la verdad.

Ellos me preocupan. Inés Pérez, pese a lo mal que lo ha pasado con esto, tiene toda la publicidad del mundo para restablecer su honra.

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