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Talca: Las grietas abiertas que dejó el terremoto

Por ~ Publicado el 12 septiembre 2010

Talca no es la misma. La fractura de febrero terminó con vidas humanas, destruyó materialidades y dejó sólo recuerdos, algunos idílicos, otros terribles. El terremoto afectó principalmente a los barrios Santa Ana y Seminario de Talca, donde se encuentra el casco antiguo. No todos han perdido familiares, pero sí han perdido años de sacrificio al mantener un hogar. Además de las casas particulares, los negocios derrumbados y oficinas caídas, difícilmente retomarán su lugar en  estos barrios tan dañados.

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Seis meses han pasado desde que ocurrió el terremoto en el país y la ciudad de Talca, una de las más dañadas, no es la misma. Difícilmente podrá tener las mismas características de antes en un corto y mediano plazo. Antes del sismo, se solían ver esas enormes casas de adobe en el barrio Santa Ana, donde vivieron generaciones de familias, y esos interminables paseos por la Alameda en el barrio Seminario, que hoy sólo son recuerdos para los talquinos que aún permanecen en la asolada ciudad, cuyo casco histórico está casi completamente en el suelo, siendo sólo escombros.

Ha sido una dura tragedia para sus habitantes (cercanos a los 220 mil de acuerdo al último Censo) y en sus rostros se refleja esa tristeza. Caminan  con pasos desgastados y fríos por el centro de la ciudad. La mayoría de las palabras que se escuchan son: subsidio, trámite, mediaguas, esperas, arreglos y stress en las  personas después del terremoto, que no sólo destruyó casas, sino que también una identidad que se formó durante años en la capital del Maule.

Nada se compara a la viva ciudad que antes del 27 de febrero llenaba de magia y tradiciones a los talquinos que perdieron algunas estructuras culturales como las torres de las Iglesias de Santuario de María Auxiliadora y Corazón de María, ubicadas en 2 Sur, una de las más centrales de la ciudad. El terremoto también se llevó consigo parte del folclore de la zona, como el que se creaba en el Mercado Central durante el día por el comercio, siendo casi un patrimonio cultural en donde las personas se juntaban amenamente a comprar pan, queques o frutas en el centro. Toda una identidad se perdió y el dolor se percibe fácilmente en los habitantes mientras intentan retomar sus antiguas rutinas en el día. Acaecida la noche, parece una ciudad fantasma, dos o tres locales abiertos de comida, el silencio se hace permanente y el único movimiento que se vislumbra es el de perros esqueléticos callejeando en busca de alimento, mientras la neblina hace casi imposible ver más allá de unos metros las locaciones que aparentan estar de pie entre el silencio y la neblina, pero por dentro están completamente vacías y llenas de escombros. Una escena que provoca escalofríos, pena y resignación a los pobladores, que no pueden olvidar la magnitud de la catástrofe.  Además, del sentimiento de impotencia al ver tanta destrucción.

El terremoto que afectó la ciudad y dejó la construcción de adobe por el suelo causó  consecuencias tales como el impedimento para cruzar por esas calles y la instalación de carpas luego del terremoto en cuyas viviendas se destruyó todo. En el barrio Santa Ana, es normal verlas en los patios traseros o antejardines de las propiedades. Pero provoca extrañeza que luego de casi seis meses aún se vean en el centro de la ciudad. En una calle solitaria del barrio, se encuentran cuatro carpas, seguramente la mayoría de los vecinos ha decidido emigrar del lugar por miedo a nuevos derrumbes o réplicas. La propietaria de éstas es María Bravo, una ex banquetera de unos cincuenta años, que vive en una junto a su esposo. Ellos perdieron su casa por el terremoto y pasan el estremecedor frío, típico del invierno sureño, durmiendo ahí. En las demás, guardan algunas de sus pertenencias o se las facilitan  a sus hijos cuando deciden pasar la noche ahí, cosa que difícilmente hacen por tener un bebé de un año y meses.

CARPAS EN EL BARRIO SANTA ANA

Lo que alguna vez fue su casa,  era lo suficientemente grande para cobijar al grupo familiar de once personas. Ahora sólo queda el muro que resguardaba la entrada de su antiguo hogar; lo demás es escombros y barro. En su interior tienen una mediagua que le entregó la Municipalidad de Talca hace tres meses para las personas que habitaban el terreno, pero ellos decidieron guardar algunos muebles en ella debido a los robos y comenta que es muy helada para dormir en ella, no obstante tiene dos camas de una plaza, una estufa y plástico que utiliza para abrigar el lugar.

La  casa de emergencia, dice María, se la otorgaron gracias a que una amiga trabaja en la Municipalidad y le ayudó acelerar el proceso para que la visitara un asistente social. “Es la única ayuda que me ha llegado por parte de la alcaldía, ya que he tenido cero apoyo por parte de ellos y los únicos que nos han ayudado son personas comunes y corrientes. Además, cuando hablé con la asistente social no creyó que aquí vivían once individuos porque yo nunca dejé un registro de eso”, dice la señora, mientras barre un corredor de tres por dos metros que quedó de su ex casa. No ha podido postular al subsidio que otorga el gobierno ya que ella y su marido son propietarios del terreno que ahora es nada, aparte de que no cuentan con ahorros: “Vivíamos de lo que yo cocinaba aquí, mi marido perdió su trabajó porque la pastelería donde trabajaba también se vino abajo, esta es nuestra situación actual, no tenemos más que una mediagua y un terreno que aún no sabemos que hacer con él”, dice mirando lo que fue su casa.

Respecto a la labor de la Municipalidad, ésta otorgó a la Dirección de Desarrollo Comunitario —entidad que se preocupa del efectivo cumplimiento y ejecución de objetivos sociales para la comunidad— la función de hacer un catastro de las personas damnificadas para así entregar mediaguas. Para esto, asistentes sociales trabajaron en terreno, dividiéndose por sectores del centro de la ciudad, donde hicieron encuestas (Encuesta Familiar Única) en cada hogar para verificar e informar la situación de las personas.

La asistente social que se preocupó del caso de María Bravo fue Nelly Hernández, quien enfatiza que la perjudicada vivía solo con tres personas. “Yo en primera instancia fui sola a hablar con ella y me dijo que vivía en su casa con seis grupos familiares. Luego, la visité con el apoyo de un encuestador para poder confirmar la información. Finalmente revisé el registro de la señora Bravo y encontré que solo vivía con su esposo e hijo”, dijo Hernández con tono cortante y temeroso, ya que reconoce que la situación de María Bravo es trágica.

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Hasta el mes de agosto se han entregado un total de 1.040 mediaguas, escaso número considerando que en la comuna de  Talca se destruyeron 6.150 viviendas y 8.500 fueron dañadas severamente, la mayor parte de ellas en el sector céntrico de la ciudad (barrio Santa Ana y Seminario), donde hubo unas 4.000 viviendas destruidas y el 20% corresponde a la zona rural. La demora ocurrió principalmente por dos factores: desorganización y falta de materiales, según asegura Lorena Villalobos, asistente social de DIDECO (Dirección de Desarrollo Comunitario).  El primero sucedió por la inexperiencia ante tal catástrofe y por la confusión que se provocó entre DIDECO y “Un Techo Para Chile”. “Esa organización retrasó el trabajo que veníamos haciendo, ya que estábamos elaborando la ayuda de la misma forma, por lo que se tuvo que empezar de nuevo”, señala Villalobos. El segundo factor se dio por la sobre demanda de productos para la construcción de casas de emergencia, lo que llevó a que se agotaran los materiales.”El material en las barracas se acabó y hay que esperar a que lleguen de nuevo”, vuelve a decir.

Dentro del total de hogares que poseen deterioros, el Gobierno confirió la posibilidad de acceder al subsidio “Manos a la obra” que consiste en entregar una suma de trescientos mil pesos de materiales para la reconstrucción. El total nacional que se dispone para éste es de 8 mil millones de pesos. De ese total e destinarán 266.587.411 millones para Talca. El Gobierno hizo un convenio con las empresas Construmart, Easy y Homecenter Sodimac, a las que se les concedió un total de 88.862.470 millones de pesos a cada una. A través de la Ley de Transparencia se solicitó los documentos que acreditaban cuántas personas habían recibido este subsidio hasta la fecha, y la respuesta —tanto de la Intendencia como de la Municipalidad— fue que no se podía otorgar esa información, ya que alteraba el correcto funcionamiento del personal de la Dirección de Desarrollo Comunitario a pesar de ser información a la cual cualquier chileno tiene derecho a acceder.

A través de la Ley de Transparencia se solicitó los documentos que acreditaban cuántas personas habían recibido este subsidio hasta la fecha, y la respuesta —tanto de la Intendencia como de la Municipalidad— fue que no se podía otorgar esa información, ya que alteraba el correcto funcionamiento del personal de la Dirección de Desarrollo Comunitario a pesar de ser información a la cual cualquier chileno tiene derecho a acceder.

Al igual que la señora María Bravo, Patricio Rojas, mecánico del sector céntrico de la ciudad, también recibió una mediagua en el mes de mayo, que no utiliza por ser demasiado fría y se la presta a un amigo que también se quedó sin hogar: “Es una lata tener que andar molestando a otros para tener donde dormir”, comenta sobre su situación actual.

También la señora Nelly Hernández lo inscribió en damnificados, y luego de dos meses le entregaron una mediagua. Por ahora, está esperanzado en que pronto le darán el subsidio para poder tener un lugar estable donde vivir, pero se dificulta aún más la situación porque él no es dueño del terreno, ya que fue heredado de sus padres. “Tengo derecho a postular a ese subsidio”, señala enfático. “No tengo rabia porque me regalaron algo. Todo lo demás depende de mí y de hacer los trámites”, asegura, a pesar de que sabe que será un proceso largo y de gran desgaste emocional.

A Patricio Rojas aún le cuesta hablar del terremoto, no por lo que perdió materialmente, sino porque el recuerdo de su padre fallecido no cesa. Una semana después del terremoto el progenitor de Rojas fue a su panadería a las 10:00 de la mañana para continuar con la labor de sacar los escombros. Estuvo dos horas acarreando grandes trozos de adobe, hasta que sacó uno clave y se le vino la pared de tres metros de altura encima. Murió al instante. Como ésta era su única fuente de ingresos, no quiso esperar a que los militares limpiaran lo derrumbado y prefirió hacerlo él solo.

La pérdida de su padre lo dejó absolutamente derrotado. Patricio habla despacio y casi susurrando, se detiene, respira y sigue. “No he tenido ganas de trabajar, tengo cuatros autos por arreglar desde antes del terremoto. Vengo al garaje y lo único que hago es tratar de ordenar, porque todo me quedó en el suelo, no tengo ánimo ni de levantarme, pero lo tengo que hacer por mi hijo de diez años, para que no se preocupe”, dice el mecánico. Para afrontar su falta de ingresos, su cuñada lo ayuda económicamente y también le da una habitación en su hogar para que viva con su hijo. “La casa es acogedora, pero no estoy cómodo porque no duermo bien y físicamente ando mal, uno se siente incómodo cuando no aloja en su propio techo, no me gusta sentir que puedo llegar a estorbar”, dice Patricio.

El terremoto afectó principalmente a los barrios Santa Ana y Seminario de Talca, donde se encuentra el casco antiguo. No todos han perdido familiares como Patricio, pero sí han perdido años de sacrificio al mantener un hogar. Además de las casas particulares, los negocios derrumbados y oficinas caídas, difícilmente retomaran su lugar en  estos barrios tan dañados. Para esto se necesita una reconstrucción urgente en la ciudad, la cual estará a cargo de  la inmobiliaria El Bosque S.A. de Hurtado Vicuña. Esta inmobiliaria debe, con su plan maestro, enfrentar las cifras que entregó la Consultora Polis, encargada también del plan: 928 mil m2 de terreno en construcciones con algún daño (54% son viviendas), y de 6.024 propiedades, deben ser demolidas el 28% y reparadas 33%.

Ante estas cifras deben trabajar, a pesar de que concejales no gubernamentales y juntas de vecinos rechazaban la idea de que un empresa lejana se hiciera cargo de la reconstrucción por la poca pertenencia identitaria para con la ciudad y por la dudosa entrada de la inmobiliaria a Talca debido al nexo que existe entre uno de los propietarios de está con la Ministra de Vivienda y Urbanismo, Magdalena Matte, lo cual podría ser un conflicto de interés.

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Luego de un mes del terremoto, las ONG “SurMaule” y “Reconstruye”, más la unión de todas las juntas vecinales de la zona y la participación de un grupo de profesionales y arquitectos que llevan años trabajando en la ciudad, conformaron propuestas ciudadanas para la reparación de la capital de la Región del Maule. Éstas se conversaron en el Concejo Municipal y el alcalde Juan Castro las aceptó. Pasaron tres días y el Alcalde recibe la visita del encargado de Reconstrucción del Ministerio de Vivienda, Pablo Allard, quien le habla de la Inmobiliaria y su proyecto. El Alcalde pide una audiencia con el Intendente de la séptima Región y con la inmobiliaria Hurtado Vicuña y se toma la determinación de que el responsable de esta labor será la mentada empresa.

“Sin darnos una excusa, desvalorizando y mirando en menos la posibilidad de restablecer la ciudad con actores, técnicos y profesionales locales que tienen identidad local que conocen la ciudad. Esta situación es muy fea. Nosotros trabajamos en formular proyectos sociales, pero también hay un tema ideológico-social que nos vincula con el tema desde la ciudadanía”, dice Carmen Muñoz, encargada del área de comunicación, de la ONG SurMaule. Por otro lado, la concejala socialista y ex candidata a alcalde de la ciudad de Talca, Paulina Elissetche, dice que el Alcalde se equivocó con el tema de la Inmobiliaria, ya que le parece que la propuesta ciudadana era mucho más completa que la de la inmobiliaria. “A nosotros los concejales no se nos preguntó nada sobre la inmobiliaria cosa que debía ser aprobada también por el Consejo Municipal al cual pertenezco. El trabajo de esa empresa será incompleto, ya que es una propuesta de diseño insuficiente y aún no se lleva a la práctica”, dice Elissetche, mientras la sociedad de Hurtado Vicuña no se había pronunciado respecto al tema. Aparte el problema es que no se sabe donde y qué es lo que se va a construir.

Lo que incomoda y perjudica a los habitantes es la lentitud con que se ha desarrollado todo esto. Y no sólo el Plan Maestro, sino que todos los procesos,  desde la demolición tanto de lugares públicos como privados y la entrega de casas de emergencia.

Por otro lado, a principios de junio el senador de la Región del Maule y presidente de la UDI, Juan Antonio Coloma,  dijo: “Recién no cumplimos ni tres meses y claramente las prioridades han sido en tres órdenes: el primero la recuperación de los servicios públicos, cosa que está resuelto. Segundo, terminar con los escombros. Se ha hecho un esfuerzo tremendo y ya está resuelto y ahora la reconstrucción que para la municipalidad es una gran tarea, trabajando y contribuyendo con mucha participación y con un plan de reconstrucción sustentable en el tiempo. Esto es el plan maestro que lo está haciendo un grupo privado pero con participación muy activa del municipio y todos los organismos públicos de la región”. Claramente hay una gran discrepancia respecto a los dichos de Paulina Elissetche en cuanto a la Inmobiliaria El Bosque S.A, a lo que el Senador señaló que existía una gran divergencia de opiniones con ella. “Yo he estado en las reuniones muchas veces, he estado con todas las fuerzas vivas y en general y a diferencia de ella —uno en la vida puede tener discrepancias— creo que está bien formulado, bien socializado, tiene realismo y orden fundamentales para cualquier reconstrucción”, dijo el presidente de la UDI.

Sin embargo, y a medida que ha pasado el tiempo, los ánimos se han calmado. La concejala socialista, mediante la Ley de Transparencia, pidió el documento que se refiere al proyecto a cargo de Hurtado Vicuña. En éste se destaca que la operación del Plan Maestro se hará en conjunto con la Municipalidad y no con ayuda a nivel comunal como se quería en un principio. Tal como ocurrió hace una semana, esta última convocó la formación de un Directorio Urbano para la Reconstrucción donde estuvieron representadas todas las instituciones y organizaciones sociales de la ciudad, llamado Encuentro por la Reconstrucción. El objetivo era discutir y opinar acerca del Plan, que no sólo quiere restaurar la ciudad de manera moderna,  sino que además aumentar el turismo incrementando las áreas verdes, pero manteniendo su identidad tradicional. Para esto, el plan debe intervenir las 315 manzanas del casco histórico, partiendo por 12 Norte con 14 Sur hasta la ribera del río Claro por la Ruta 5 Sur. El plan Maestro debería estar listo dentro de una semana.

A estas alturas se conocen algunos de sus objetivos, como por ejemplo la construcción de propiedades de hasta sólo cinco pisos, para mantener la línea tradicional de los barrios centrales. Pero más allá de conocer algunos detalles, lo que incomoda y perjudica a los habitantes es la lentitud con que se ha desarrollado todo esto. Y no sólo el Plan Maestro, sino que todos los procesos,  desde la demolición tanto de lugares públicos como privados y la entrega de casas de emergencia, hasta los temas administrativos como todo el papeleo para que un asistente social revise el caso, la entrega de subsidios y lo que se relaciona con el Plan que aún, luego de seis meses del terremoto, no se pone en práctica.

Esta misma lentitud es la que impacientó a los propietarios de “La Chanchería”, el único local de cecinas que hay en el centro de Talca perteneciente a Cecilia Mesías y  familia. A la mujer no la encuestaron para obtener una mediagua, pese a que su casa se derrumbó. “En la Municipalidad hay mediaguas y no sé por qué no las entregan”, dice la señora que se aburrió de esperar y decidió mandar a hacer una por un costo de 800 mil pesos. “La compré de inmediato, mi mamá está viejita y no quise esperar, ya que el frío que hace aquí es terrible”, dice. “La Chanchería” después del terremoto quedó con grandes daños. “Gracias a unos ahorros que teníamos logramos reparar todo y abrimos el 28 de abril”, dice Mesías, quien agrega que ha gastado ocho millones de pesos para reconstruir todo el negocio.

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Efectivamente su local lucía radiante, limpio, pintado de color blanco brillante y sin ningún rastro de grietas. Ella, junto con su familia, fueron los primeros del sector del centro en levantarse y ponerse de pie. Recibieron muchas felicitaciones por parte de sus vecinos, y eso la tiene contenta; sin embargo está molesta. “No hemos recibido ayuda de ninguna índole. Ni los escombros nos vinieron a sacar”. Tuvo que gastar 180 mil pesos para sacarlos, aparte de los 300 mil que le costó demoler el lugar donde vivía junto a su madre e hija. Cecilia prefiere gastar dinero para mantener el local, no en vano se ha sacrificado durante años levantándose a las dos de la mañana varios días a la semana para ir en busca de cecinas. Sabe que la ayuda es lenta y prefiere ni hablar de subsidios. “No nos dan porque creen que por tener este negocio tenemos plata. Además soy dueña del negocio, pero no del terreno”. Su familia lleva arrendando hace más de 60 años. Cuando se le pregunta acerca del trabajo de la Municipalidad, dice que no quiere referirse al tema. Pero el que sí lo hace es Hugo Rojas, quién vive a una cuadra del local de cecinas. Su casa, que arrendaba, se destruyó y ahora está cesante. “Ir a la Municipalidad es perder el tiempo. He hecho todo por mi cuenta. Él alcalde no ha hecho nada”, señala molesto.

Muchas quejas se han realizado en torno al alcalde. A esto se suman los rumores de que tuvo la intención de ir con su hijo al mundial de Sudáfrica, mientras los talquinos realizaban todo tipo de trámites.

Muchas quejas se han realizado en torno al alcalde. A esto se suman los rumores de que tuvo la intención de ir con su hijo al mundial de Sudáfrica, mientras los talquinos realizaban todo tipo de trámites. En la Municipalidad, cada mañana se reúnen habitantes para obtener algún subsidio, realizan largas filas para que los puedan atender, mientras no hay rastros del alcalde ni de autoridades que den soluciones factibles y rápidas. La molestia de los talquinos  se debe principalmente a que quieren soluciones más eficientes por la lentitud de los procesos de reconstrucción o subsidios y que se cambien los planes para éste y que todos los damnificados puedan acceder al subsidio habitacional costos0 que luego de visitar la Feria Inmobiliaria de la Región del Maule, queda claro que la calidad de las casas es mala ya que se aprecian en ellas los clavos y son como pequeñas cabañas. Como comenta una mujer que pregunta por el  costo de una de ellas: “Este piso fácilmente se mojará”, a lo que la vendedora responde que ahí el propietario debe invertir, lo cual desde un punto de vista moral es cruel ya que nadie tuvo la culpa de perder su hogar.

Por otro lado, el subsidio no es  costos0 ya que para acceder a mejores viviendas —o sea una construida no sólo de madera— se deben invertir hasta 200 UF. El sector del centro histórico fue el más afectado y corresponde a personas de clase media que no tenían ahorros previos y heredaron casas muy grandes, por lo que ganarse el subsidio que otorga una “cabaña grande” como nuevo hogar, es realmente desmoralizante.  “En estos momentos no se ve nada transparente. Yo creo que muchos de los dineros de afuera (extranjero) se los metieron al bolsillo”, termina diciendo Hugo, quien duda que pueda mejorar su situación, al menos este año.

Con respecto a esto, el plazo para postular al subsidio es hasta el 27 de agosto por lo que muchos quedaran afuera de este proceso y la Inmobiliaria el Bosque aún no ha entregado la ayuda para el supuesto “plan maestro”. Falta mucho por construir y reparar, a pesar de la ayuda que se ha entregado,  lo que provoca que los talquinos aún no puedan superar esta catástrofe que los afectó.

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