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La noche de los libros

Por ~ Publicado el 12 noviembre 2008

 1. “En Chile nadie lee”

La encuesta de Consumo Cultural y Uso del Tiempo Libre realizada por el Consejo Nacional del Libro y la Cultura y el Instituto Nacional de Estadísticas para 2004 – 2005 sacó a la luz que el 60 por ciento de los mayores de quince años no había tomado ni siquiera un libro en un año. A groso modo, unas seis millones de personas. Horroroso, pero no nos escandalicemos. El País de España:

“Según el estudio realizado por el Grupo de Investigación Europeo para la EBF en abril de 2002, “se destaca que en Europa un promedio del 42,1% afirmó no haber leído un libro en los últimos 12 meses”. Portugal, Grecia, Bélgica y España contribuyen a la baja en las estadísticas. Las cifras hablan por sí solas: en Portugal, un 67,3% de la población no leyó un libro; en Bélgica, un 58,3%; en Grecia, un 54,3%, y en España, un 52,7%”.

La misma encuesta dio cuenta de que el promedio de lectura para Chile es un libro al año (1,08). En un artículo publicado por Óscar Contardo en El Mercurio, el autor sostiene que en Canadá o Finlandia la cifra sube a 40 y que la Unesco recomienda 25.

Sin embargo, en esa misma pieza, Marcela Valdés, la directora ejecutiva del Consejo Nacional del Libro y la lectura reconoce que no sabemos hoy, 2008, cuánto leen los chilenos. Hay indicadores, como el aumento sostenido de préstamos en las bibliotecas públicas, que indican que se está leyendo cada vez más. Pero no son suficientes. Entrevista de Oscar Contardo a Marcela Valdés:

-¿Cuántos libros lee un chileno en promedio?
“Es uno de los indicadores que hay que sacar. Hay que calcular cuántos libros lee. Lo que sí se puede saber aproximadamente es qué lee un chileno. Los chilenos leen mucho cómic, mucha literatura chilena. Se lee mucho best seller…”
-¿Pero hay cifras que puedan determinar cuánto es ese “mucho”?
“No. Nosotros no tenemos cifras exactas: no podríamos decir cuánto está leyendo un chileno. Podemos, a través de todos los indicadores que existen y de las cifras registradas a la fecha, sacar la conclusión de que sí hay un promedio de lectura en el país. Y es un promedio que ha ido creciendo. Si se revisan las cifras que tiene la Dibam (ver recuadro) y cifras que tiene el INE, se puede llegar a la conclusión de que sí se está leyendo”.
-Le repito la pregunta entonces: ¿Cuánto lee un chileno anualmente?
“Nos encantaría saberlo. Hoy no lo sabemos”.

2. Aunque nadie lee, los libros son importantes

Al menos oficialmente creemos eso. El sentido común aun sostiene que los libros son importantes. ¿Por qué? A grosso modo, educan. Al menos nos hacen leer libros en el colegio y en la universidad. Pero también está la industria editorial que se dedica a los libros que uno lee por gusto. ¿Para qué sirven ellos? Es como preguntarse para qué sirve el arte. Para nada y para todo. Tal vez un indicador de la importancia que le damos a los libros es que la encuesta más grande realizada al respecto se llama “consumo cultural y uso del tiempo libre”. El hecho de que el tiempo libre y el consumo de cultura estén ligados nos está diciendo que tiene que ver con el necesario ocio. Pero al mismo tiempo nos está diciendo que la cultura no es tan en serio, que no tiene que ver con el mundo del trabajo o de la educación.

El Estado chileno ha decidido tener una Política Nacional del Libro y la Lectura. Allí lograron verbalizar por qué los libros son importantes:

“La lectura es esencial para alcanzar las competencias mínimas necesarias para vivir en el mundo actual. Es una actividad fundamental en el desarrollo de la imaginación y creatividad humana, en el aprendizaje y conocimiento del lenguaje, y en el cultivo de la capacidad de expresar ideas y desarrollar un pensamiento crítico. El avance de la cultura audiovisual, con todo lo importante y revolucionario que pueda ser como forma de conocimiento y aprehensión de la realidad, no reemplaza a la lectura y la escritura “como medio principal de expresión del pensamiento lógico y de transmisión del conocimiento de generación en generación”.

Esta política se propone algo “no menor”: hacer de Chile un país de lectores y lectoras. Buena suerte.

3. “Los libros son caros”

¿Caros en relación a qué? En relación a una comida en un restaurante para dos personas, son en general un poco más baratos. En relación a una ida al cine, un poco más caros. En relación a libros en otros países, aparentemente más baratos.

Pero la pregunta no es si los libros son o no caros en Chile. Es si pueden ser más baratos. Y aparentemente sí. Si se solucionan varias fallas de mercado que presenta la industria editorial. Solo un ejemplo: el hecho de que en general el costo de producir un libro disminuye mientras más libros se impriman, lo que crea una distorsión en el precio final del libro porque quienes compran ese ejemplar están pagando por los que están almacenados en una bodega o que no se comprarán jamás (y se picarán en pedazos para no pagar costos de almacenaje). Esta es una de varias fallas de mercado. En esta tesis del economista David Ceballos hay una cuenta completa de ellas.

Otro argumento a favor de que los libros en Chile son caros comparados con otras partes del mundo la entrega otro economista de la Universidad de Chile, Matías Cociña, en una tesis llamada “Determinantes de la lectura en Chile”. Como cada libro es distinto, es difícil comparar en general, pero Cociña sí comparó al menos los precios de dos best–sellers, “Harry Potter y la órden del Fénix” y “El código Da Vinci” en 15 países, incluído Chile. Pues bien. En ambos, efectivamente Chile es el país donde más caro cuestan. “Harry Potter” en España cuesta el 60% de lo que vale en Chile; en Argentina el 50% y en Estados Unidos el 39%.

Cociña saca un cálculo aún más interesante. En Chile el PIB per cápita aplicado a una familia promedio permite comprar 297 ejemplares de Harry Potter al año (suponiendo que la familia se gaste todo su ingreso en los ejemplares). En Estados Unidos la misma familia puede comprar 14 veces esa cantidad; en España unas cinco veces; y en México y Argentina más o menos lo mismo.

Sin embargo, en otro de los pocos estudios que se han hecho sobre consumo de libros, el de la Fundación La Fuente y Adimark, 47,3 % de los encuestados dijo que no lee libros porque simplemente no les interesa, lo que debilita el argumento del precio de los libros como factor para su bajo consumo.

4. “La piratería mata a los libros”

Lo que se maneja en la industria editorial es que el mercado pirata equivale al cincuenta por ciento del mercado formal. Pero no hay ningún estudio detrás que lo sostenga. Hay algunos hechos objetivos. Si el libro se vende en librerías, va a estar en la cuneta. Si no, no. Los libros escolares se piratean más que los no escolares. Y también está el tema de las fotocopias en las universidades, las “guías” que se hacen en los colegios con material protegido y por el cual los autores de estos documentos cobran un derecho que no les corresponde.

¿Qué problema hay entonces con la piratería? Ella “acerca” el libro a gente que no tiene acceso. Claro que sí. Pero también quita cualquier incentivo a la producción de libros. Los autores no van con los piratas, sino al mercado formal porque esperan ser remunerados. Y los libros piratas se despegan.

5. “Hay que eliminar el IVA al libro”

Esta es una de las banderas de lucha política en torno al libro. Se supone, dicen los partidarios de la eliminación del IVA al libro, que eso solucionaría el problema de los libros caros. Y considerando que la participación de la industria del libro en el PIB es ínfima, ningún niño se debería quedar sin almuerzo por esto.¿Pero quién garantiza que la industria traspase el menor costo que tiene producir el libro con IVA reducido o sin IVA a los consumidores?

En 2002 Suecia bajó el IVA al libro de 25 a 6 por ciento. Es una rebaja gigantesca. En términos generales, la industria traspasó la baja a los consumidores. Sin embargo, es difícil comparar el precio de los libros para establecer esa rebaja fehacientemente. Un reporte conjunto de las asociaciones de libreros y de editoriales sueca da cuenta de esas dificultades: ¿cómo se comparan los libros del año anterior con los del actual? Son, por definición, distintos. Distintos papeles, tamaños, encuadernaciones, tipografía. Otro efecto no esperado de esta rebaja fue que la industria editorial se atrevió a publicar libros más caros, que en el esquema anterior jamás hubiera publicado.

La tesis de Cociña da más luces al respecto. Parte reconociendo que la demanda por libros en Chile no reacciona a cambios en el precio (la encuesta La Fuente–Adimark revela que nadie aduce falta de dinero como razón para no leer). Sin embargo, Cociña descubre que la regla en el mundo es que no haya IVA a los libros o que haya un IVA menor. Es, de alguna manera, una manera en que los Estados reconocen que los libros tienen características especiales, sociales. Chile, con su IVA parejo para todo, es la excepción.

Algunos ejemplos. Nosotros, recordemos, aplicamos a los libros el mismo IVA que a todo: 19 %. Estados Unidos tampoco hace diferencia, pero su IVA general es más bajo: entre 1 y 7% dependiendo de Estados, condados, ciudades, etc. Entre los que no aplican IVA al libro están los argentinos, los brasileños, los mexicanos y los británicos. Entre los que aplican un IVA especial (menor) están los canadienses (en vez de 15%, 7%), los españoles (16% general y 4% para el libro), y los franceses (19,6% general y 5,4% para los libros).

Sin embargo, tengamos en cuenta el detalle de que aún con su 4% especial para el libro, más del 50% de los españoles no han tomado un libro en un año.

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