Opinión

La muerte de la farándula y el imperio del rating

Por ~ Publicado el 24 junio 2014

La tesis de la “Muerte de la farándula” pareciera ser más bien el triunfo del rating no sólo en las decisiones editoriales, sino también en la conquista cultural que significó asimilar el éxito a la atracción masiva de audiencias.

El último selfie del programa Alfombra Roja, de Canal 13. Foto: @chico_perez

Durante varias semanas numerosos medios de comunicación que no cubren farándula han concluido con una comparación de mediciones de audiencias entre el año recién pasado y el actual, que este tipo de contenidos estaría muriendo debido a la estrepitosa caída del rating. Los principales programas de este tipo, de al menos cinco canales de televisión abierta, han descendido hasta 3,4 puntos en promedio.

La anterior pareciera ser una consecuencia beneficiosa para quienes insisten en posicionar un falso dilema al rechazar la inclusión de la farándula como un tipo de periodismo, ya que no se logra distinguir a la primera como un contenido que satisface una necesidad de entretención y no de información, más allá de cualquier debate moral que numerosas coberturas al interior de él han repercutido en la esfera pública por el posible detrimento a la dignidad humana y a los derechos fundamentales de las personas. Se expone ahí una posible “victoria moral” del periodismo para evitar que lo comparen con la farándula, que en su legítima libertad individual utiliza herramientas del reporteo para sus propios fines.

La tesis periodística del “fin de la farándula” pareciera ser un epitafio que honra a cualquiera menos a la posible difunta y, además, esconde en sus cimientos un criterio que el mismo periodismo debiera evitar: el imperio del rating. Una audiencia hiperactiva que hace modificar contenidos y programaciones a los medios de comunicación y decide el porvenir de equipos profesionales de la comunicación.

La tesis periodística del “fin de la farándula” esconde en sus cimientos un criterio que el mismo periodismo debiera evitar: el imperio del rating.

Por esta soberanía de las mediciones de audiencia es que la desaparición de un contenido específico se plantea inconscientemente como el efecto de la disminución de destinatarios que lo consumen. Una conclusión predecible y ganosa para los periodistas que han criticado –muchas veces con justas razones- la trivialización de herramientas del periodismo para invadir la dignidad de personas con mediana o alta visibilidad pública.

De alguna forma, la conciencia cultural de los profesionales de medios de comunicación ha asociado el éxito de un contenido con su nivel de audiencia, y descarta de plano otras variables que componen el criterio editorial: la satisfacción de múltiples necesidades del público objetivo al que un mensaje se dirige, la capacidad de un hecho de producir consecuencias, la relevancia subjetiva y objetiva de aquél, o la cercanía cultural o geográfica del mismo acontecimiento o de sus protagonistas.

Los niveles de audiencia no debieran ser el criterio unívoco para decidir los éxitos y fronteras de un contenido. Pareciera razonable que la democracia de las metas de una línea editorial equilibren las de una meta comercial; sobre todo en el noble fin del periodismo y su narrativa, que propician una entrega de momentos de verdad, significados de tal manera que no sean una insoportable secuencia de acontecimientos sin sentido.

La tesis de la “Muerte de la farándula” pareciera ser más bien el triunfo del rating no sólo en las decisiones editoriales, sino también en la conquista cultural que significó asimilar el éxito a la atracción masiva de audiencias.

#Etiquetas:

Comentarios.