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La crisis de los oftalmólogos

Por ~ Publicado el 20 noviembre 2008

En una banca verde, ubicada entre un vendedor de hamburguesas de soya y un comerciante de libros se encuentra un hombre de estatura baja, pelo gris y bigote oscuro. Viste un pantalón negro y una polera azul algo gastada. En sus manos arrugadas y pequeñas tiene el suplemento de cultura de un diario de circulación nacional, que acerca cada vez más a su cara para leer la información que le interesa. Su nariz transpira, mientras se levanta a ordenar las artesanías creadas por él mismo gracias a una técnica especial que aprendió en Francia. Los minutos pasan y el calor lo lleva a posar bajo la sombra de uno de los edificios de la Universidad Alberto Hurtado. En el lugar se ve más tranquilo y sonriente. Su rostro ya no está afligido y el sudor que secó con sus manos ya no lo acompaña. Sus gafas negras y grandes cubren casi todo su rostro. Con su mano derecha levanta los lentes unos segundos. Sus ojos rojos y pequeños demuestran que su vista está dañada.

Su nombre, irónicamente, es Homero. Como el del escritor ciego de la Odisea. Su apellido es Figueroa. Y con angustia se ha percatado como su nombre no avanza en la lista de espera para consultas oftalmológicas.

La escasez de oftalmólogos en el sistema público y los pocos incentivos gubernamentales provocan que miles de chilenos pasen meses esperando una solución para los oscuros días que viven.

Figueroa tiene 51 años. Hace cinco años se percató de que algo pasaba en su vista. Acudió al consultorio y luego de varios intentos, consiguió la anhelada consulta oftalmológica. Su médico era el “doctor Pinilla”, recuerda el hombre. El diagnóstico fue concreto: cataratas. El doctor le explicó los procedimientos a seguir y le dijo que en el consultorio se encargarían de informales el día y la hora de la intervención. El tiempo transcurrió y nunca se comunicaron con él. Figueroa decidió que no se quedaría de brazos cruzados: “Iba todos los días a molestar al consultorio. Cuando veían que yo venía como que trataban de hacerse los tontos, pero yo estaba dispuesto a hacer cualquier cosa para que solucionaran mi problema”, señala mientras observa a las personas que pasan. Según Figueroa, pese a la insistencia no tuvo una respuesta positiva. “Me vi en la obligación de ir a la consulta particular del doctor Pinilla para exigir explicaciones. Ahí le reclamé y le pedí que me operara. Yo creo que el doctor se aburrió y me citó la semana siguiente para operarme”, recalca con orgullo demostrado en una sutil sonrisa que deja a la vista sus dientes amarillos. De ese entonces han pasado cuatro años y los problemas visuales volvieron a ocupar un papel protagónico en su vida. Desde enero que se encuentra en la lista de espera del consultorio por molestias y ardor en sus ojos que constantemente están rojos. Diez meses en los que la preocupación respecto a su salud ocular se ha intensificado. “Mañana mismo iré a molestar al consultorio. No es posible que las personas que no pagamos por salud nos veamos imposibilitados de tener una atención médica digna”, remató.

OFTALMOLOGÍA EN CHILE

En Chile existen cerca de 780 oftalmólogos para una población de más de aproximadamente 16 millones de habitantes, según la Sociedad Oftalmológica de Chile. Es decir, un especialista por cada 21.000 personas. Esta cifra, a pesar de que está por sobre los índices de otros países latinoamericanos es todavía deficiente para la cantidad de pacientes que presentan alguna anomalía. Los datos así lo confirman. De acuerdo a cifras del Ministerio de Salud, hasta diciembre del 2007 existían 323.928 personas que llevaban más de dos meses esperando atención en especialidades médicas. De ese número, 89581 casos –casi un tercio- pertenecía a pacientes en espera de consultas oftalmológicas.

En Chile existen cerca de 780 oftalmólogos para una población de más de aproximadamente 16 millones de habitantes, según la Sociedad Oftalmológica de Chile.

La Corporación Nacional Autónoma de Certificación de Especialidades Médicas, CONACEM, entidad privada que se encarga de “efectuar el reconocimiento de especialistas, en determinados campos o áreas del ejercicio profesional, a los médicos cirujanos que así lo soliciten”, como se informa en su página web, tiene a 10.676 profesionales inscritos, repartidos en 52 especialidades. El número de oftalmólogos acreditados alcanza los 393, cifra que representa solo el 3,68% del total, siendo esta una de las especialidades menos numerosas.

Las universidades que imparten el postgrado son la Universidad de Chile, Universidad Católica, Universidad de Concepción, Universidad de Los Andes, Universidad de Valparaíso. En la Asociación de Facultades de Medicina de Chile (ASOFAMECH) afirman que los cupos entregados para oftalmología dependen de cada entidad universitaria. La Universidad de Chile es la que otorga más becas con 10 cupos, la sigue la Universidad Católica con 4, luego la Universidad de Concepción con 3, la de Los Andes con 2 y, finalmente, la Universidad de Valparaíso con 1.

Pueden postular todas las personas que tengan en su poder el título de médico cirujano aprobado en universidades nacionales como internacionales, además de ser menores de treinta años. El costo del postítulo es similar en las casas de estudio. En la Universidad de Chile el valor bordea los tres millones y medio de pesos, que multiplicados por los tres años que se prolonga la especialización asciende a casi once millones. Los métodos de financiamiento varían. Están los profesionales que costean el postítulo en forma particular. También están los candidatos que por su desempeño académico son becados por la casa de estudios a la que pertenecen, y finalmente están las becas entregadas por el gobierno, llamadas becas de retorno, que van dirigidas a los Médicos Generales de Zona, especialistas que trabajan en sectores aislados con la intención de obtener una especialización.

A comienzos de este año existió un conflicto entre estos últimos y el gobierno, porque el Ministerio de Salud no había otorgado becas de especialización. Los Médicos Generales de Zona amenazaron con detener sus funciones y las conversaciones con la cartera dirigida en ese entonces por María Soledad Barría dieron sus frutos. En el caso de la oftalmología el número de becas no subió, tampoco bajó: se mantuvo en 7. Desde el 2001 al 2008 las becas han ascendido solo en una unidad, a pesar de que la población en Chile crece cada vez más. Esa es la crítica que hace Figueroa frente al déficit de oftalmólogos en el sistema público. “Es el colmo que no se regularice esta situación, porque los que nos vemos más afectados somos aquellos que no tenemos dinero para acudir a las consultas de los oftalmólogos en clínicas privadas”. Y los cuestionamientos siguen.

¿PORTADORES DE LA VERDAD?

A la reunión congregada por la directiva de la Sociedad Chilena Oftalmológica en la sede de la institución ubicada en la calle Luis Pasteur, comuna de Vitacura, comienzan a llegar todos los miembros. El primero en la sala de juntas es el presidente de la entidad, el doctor Sergio Morales, quién está sentado en la punta de la mesa revisando algunos papeles. A momentos lo interrumpe Alejandro Siebert, vicepresidente de la sociedad quien espera su oportunidad para dar su opinión respecto a las acusaciones de ciertos sectores de la sociedad para contra su profesión.

“Existe un mito de que los oftalmólogos restringimos el número de especialistas, y ese es un mito lleno de falsedad y envidia, ya que los únicos que determinan el número de cupos son las universidades”, dice Sergio Morales, presidente de los oftalmólogos.

La Sociedad Chilena de Oftalmología nació en 1931. Desde ese entonces su principal tarea ha sido promover, perfeccionar, proteger, desarrollar y organizar a la Oftalmología, preocupándose del prestigio y de parámetros éticos. En ese marco es que deben preocuparse por proteger su profesión de las críticas de todos los sectores sociales. Tiempo atrás, el economista Claudio Agostini, en una columna llamada Los Privilegiados en Chile, señaló que se sabía que los oftalmólogos controlaban el número de becas que se asignaban anualmente, limitando así la oferta de estos especialistas. Él, al igual que muchos otros chilenos como Figueroa, ha sostenido una idea que se ha mantenido en la opinión colectiva.

Morales, el presidente de los oftalmólogos, contradice esa noción: “Existe un mito de que los oftalmólogos restringimos el número de especialistas, y ese es un mito lleno de falsedad y envidia, ya que los únicos que determinan el número de cupos son las universidades”.

Respecto a la posición sobre la espera de los pacientes, la sociedad afirma que en Chile el tiempo de espera es inferior a cuatro meses, mucho más rápido que en Londres y Canadá , lugares en los que los pacientes deben esperar más de un año, incluso seis para ser atendidos. Pero ¿es ese un consuelo para las personas que deben atenderse en el servicio público?

La Presidenta Michelle Bachelet en su discurso el 21 de mayo prometió que se contrataría a 500 especialistas con sueldos de 2,5 millones de pesos. Pese a los esfuerzos puestos por el gobierno, sólo un pequeño número de las vacantes se ha llenado. Es más, Michel Mehech, coordinador de Oftalmología de la Escuela de Medicina de la Universidad Andrés Bello sostuvo que el problema en el déficit oftalmológico en Chile era producto de que sólo el 26% se desempeña en el Sistema Público de Salud, situación que Morales descartó. “Los cargos que ofrece los servicios públicos están llenos”, dijo mirando a sus demás compañeros. “Y no hay más”, sentenció Alejandro Siebert.

LA CONTRAPARTE

Mac Iver 225 acoge a la Superintendencia de Salud. En el segundo piso está el superintendente Manuel Inostroza, quien luego de varias reuniones en la mañana, llega nuevamente a su oficina alrededor de la una de la tarde. En el interior hay cuadros que cubren las enormes paredes blancas. En su mesa hay unos papeles y tiene una biblioteca que sostiene fotos de él y sus hijos, un banderín de la Universidad de Chile, una foto con su egreso de medicina y un trofeo que simboliza su primer lugar en unas olimpíadas.

La falta de profesionales en el servicio público es un flagelo que ha sido difícil de erradicar por el Gobierno. Eso lo sabe bien el Superintendente, quien además de reconocer que existen pocos incentivos, es crítico con los oftalmólogos. “Hay una falta de claridad de cuál es la limitación, si es falta de voluntad para aumentar el número de especialistas o hay una suerte de querer controlar los números, por una razón simple de oferta y demanda, para que así no decaiga en nivel de remuneraciones que tienen hoy los oftalmólogos”, señala Inostroza.

Él, al igual que Claudio Agostini, reconocido economista, y Homero Figueroa, el usuario afectado por la falta de oftalmólogos ve con desconfianza la preparación de los profesionales que se encargarán de la salud visual de los chilenos. “El médico oftalmólogo que es miembro de la Sociedad de Oftalmología a su vez es académico y profesor de la facultad de medicina donde se forma el oftalmólogo. Es él el que define, en su doble condición de médico colegiado y miembro de la sociedad y médico decano o docente formador, cuando no hay estándares suficientes para formar más especialistas”.

Otro punto de desencuentro entre el Superintendente y la Sociedad Oftalmológica de Chile se da en la creación de la carrera de Optometría. En enero pasado, la diputada RN Karla Rubilar y el diputado PPD Marco Antonio Núñez, ambos diputados de la Comisión de Salud, anunciaron que entregarían un proyecto que permitiría crear la carrera de Optometría. La iniciativa de los parlamentarios nació para terminar con las interminables listas de espera existentes en el sistema público. Ante esto, la Sociedad Oftalmológica, apoyada por el Colegio Médico, criticó la creación del proyecto ya que consideraba que no era adecuado que una persona, “sin los conocimientos adecuados” recetara lentes sin pasar antes por el oftalmólogo. “Este proyecto, que apunta a beneficiar a los pobres, está destinado claramente al beneficio de la gente que vende lentes”, sentencia Patricio Meza, past president, de la sociedad oftalmológica.

Manuel Inostroza, Superintendente de Salud, lo ve de forma diferente: “En Estados Unidos ha tenido muy buenos resultados. Acá en Chile esa iniciativa ha sida torpedeada fuertemente, amparada en el argumento de que se les va a pasar algún glaucoma, algún diagnóstico grave y eso sería malo para la población. Yo no sé qué es más grave, si tener a tanta gente en lista de espera que altera su calidad de vida porque no tiene el lente adecuado, que destrabar la mayor cantidad de pacientes por la vida de la atención optometrista en problemas de refracción y reservar las horas oftalmólogas a los problemas más graves e importantes en patologías que sí requieren especialistas preparados”,

En la actualidad, este proyecto fue reemplazado por un proyecto sustituto que entregó el Ministerio de Salud, cuyo objetivo no considera la creación de la Optometría. En su lugar está el Tecnólogo Médico con mención en Oftalmología, quien trabaja directamente con el oftalmólogo.

Personas como Homero Figueroa, en el caso de que se les declarara algún problema ocular como la catarata, retinopatía diabética y el trauma ocular, deben esperar 180 días para que se les someta a una intervención quirúrgica. En caso de que se excediera ese plazo, las personas pueden concurrir a la Superintendencia de Salud para que ésta fiscalice y tome medidas en el asunto. “Si a esas personas no se le soluciona el problema en el servicio público, FONASA está obligado a comprar esa prestación eventualmente en el sector privado, sin mayores costos para las personas”, declara Inostroza advirtiendo que, gracias al AUGE, todos los chilenos pueden optar a una salud de calidad.

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