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La costura de la escritura (III): las herramientas de investigación

Por ~ Publicado el 11 septiembre 2015

La crónica, dice Óscar Durán Ibatá, periodista y docente de la Universidad Jorge Tadeo Lozano de Colombia, es como un rompecabezas. En la tercera parte de “La costura de la escritura”, Durán propone cuatro herramientas de investigación durante el reporteo: la entrevista, la revisión de documentos, la voz de los expertos y, finalmente, la observación, la más subjetiva de todas las herramientas y la que dará riqueza narrativa a nuestros relatos.

Foto: arbyreed (cc)

Foto: arbyreed (cc)

1. ENTREVISTAS

Para la entrevista debemos iniciar haciendo una especie de inventario de quiénes serían las personas, con cargo o referencia, nombres y apellidos, a las cuales estaríamos interesados acudir para obtener esa información de primera mano, personas en periodismo se denominan fuentes primarias. Esto no quiere decir que todas las voces vayan a figurar en el texto final, pero sí que serán de gran ayuda para el proceso de investigación.

¿Qué hay que hacer con ellas? Hay que dialogar a partir del planteamiento de preguntas que sean lo más abiertas posibles, para después identificar a partir de las respuesta posibles sub-preguntas que profundicen en particularidades, detalles o anécdotas. Un proceso de diálogo implica alejarnos de la frialdad de la encuesta que, coincidirán conmigo, suele ser muy distante.

En el proceso de investigación para una crónica, y pensando en términos narrativos para sus textos periodísticos, pueden sacar el mayor provecho a sus entrevistas – conversaciones en la medida que generen el espacio y el contexto adecuado para propiciarlas. Por ejemplo, tal vez la jornada y el espacio de la oficina del entrevistado no sea el mejor lugar para conversar; en cambio, pueden citar a su entrevistado a conversar mientras comparten un café o lo pueden llevar a algún lugar que se relacione con el tema por el cual lo desean entrevistar para conectarlo con las emociones y anécdotas que serán útiles al momento de reconstruir esa realidad en sus textos.

Ciertamente, se trata de ganarse la confianza, de entender que sí, es un trabajo científico, es una investigación que tiene un componente narrativo y en donde ese proceso de obtener información lo podemos hacer de una manera mucho más amena, sin coartar la posibilidad de que la gente nos hable ante la presencia de cámaras o la utilización de grabadoras. Aquí la estrategia que les sugiero es aclararle, con la grabadora o cámara encendida, que su mayor preocupación como periodistas es conversar e intercambiar información y que aquello registrado lo estamos utilizando simplemente como garantía de la transparencia sin dejar espacios a interpretaciones subjetivas, pero no como elemento para utilizar con fines distintos a los periodísticos.

1.1 QUE LAS VOCES CUENTEN LA HISTORIA

Al terminar este proceso con el entrevistado, esa grabación sí será un insumo muy importante como registro literal para evitar esas pérdida de memoria selectiva que aparece al escribir nuestro texto diciendo: “es que yo no me acuerdo bien, creo que esto fue lo que me dijo”, y entonces nos enfrentaríamos con la fuente: “esas no fueron mis palabras, usted me entendió mal”.

Como esa no es la idea, para eso hacemos transcripciones, incluso textuales, de apartes de la entrevista que van a enriquecer nuestros relatos. Esas transcripciones habrá que editarlas, porque si bien estamos haciendo un trabajo académico y científico, entenderán que una cosa es hablar, y otra cosa es escribir, o transcribir para leer. Entonces, las debemos pulir y editar; si la gente conjuga mal un verbo, si utiliza mal alguna norma semántica, será necesario corregir sin cambiarle el sentido, pero pensando siempre que alguien lo va a leer y que debemos hacerlo interesante.

Ahora les doy el siguiente ejemplo para justificar el nombre de este subtítulo. En uno de los textos que escribió Alberto Salcedo, periodista, considerado desde hace un buen tiempo como uno de los mejores cronistas que ha dado Colombia, trata sobre un joven indígena llamado Wikdi, de Unguía, en el Cauca:

“…diariamente tiene que caminar tres horas desde su casa hasta el colegio y tres horas desde el colegio hasta su casa para estudiar, entonces de las doce horas del día, seis se las pasa caminando, yendo y viniendo, entonces Prisciliano, el papá del niño, tiene 38 años, cuerpo menudo, espera que el sacrificio que está haciendo su hijo valga la pena, él cree que en la institución agrícola de Unguía el niño desarrollará habilidades practicas muy útiles para su comunidad, como aplicar vacunas veterinarias o manejar fertilizantes, además al terminar su bachillerato en ese colegio de libres, seguramente hablará mejor el idioma español.

Para los indígenas Cunas, libres son todas aquellas personas que no pertenecen a su etnia… después viene un pequeño diálogo, el colegio está lejos dice, pero no hay ninguno cerca, el que tenemos nosotros acá en el resguardo solo llega hasta quinto grado, y Wikdi que es el nombre del niño indígena, ya está en séptimo”.

Lo que quiero mostrarles es que, si se dan cuenta, en el primer párrafo  el cronista o el periodista está contando algo que alguien le dijo, pero que él encontró de primera mano. No quiere decir que nuestro relato debe convertirse en la transcripción de una entrevista, sino que nosotros también como narradores estamos obligados a obtener esa información y después pensar de qué manera lo podemos hacer mucho más interesante: si lo cuento yo, o decido hacer un diálogo y entrecomillo la información que me dice la persona con la que hablé, con la que obtuve todos esos datos, producto, precisamente, de esa conversación. Digamos que eso son decisiones que un poco más adelante vamos a entender mejor a partir de la técnica de la escritura de la crónica.

2. LOS DOCUMENTOS

Los documentos son nuestra siguiente herramienta de investigación, que en nuestro caso no necesariamente deben ser textos escritos ya que pueden ser múltiples objetos: imágenes, situaciones específicas en las cuales podamos encontrar algún tipo de elemento simbólico, un correo electrónico, una carta, un diario de campo. Debemos escudriñar entre bases de datos, entre libros o textos, en historiales de publicaciones de medios de comunicación, en páginas de internet que haya sobre el tema. Lo recolectado, una vez organizado, será información complementaria o documental útil en el proceso de la narración. Incluso imágenes que pueden ser icónicas o representativas para el entrevistado y que ustedes descubran y puedan establecer una conexión entre esto y el relato. Será útil documentarlo y, si es posible, tenerlo en fotografía para alimentar visualmente la crónica.

Un proceso de diálogo implica alejarnos de la frialdad de la encuesta que, coincidirán conmigo, suele ser muy distante.

Ahora un ejemplo más para entender cómo utilizar esa información documental en el texto. Una vez más, esto es una crónica que escribió Juan Gossaín, periodista y escritor colombiano, cuando lo mandaron a cubrir la primera vez que Antonio Cervantes, Kid Pambelé, se coronó campeón mundial de boxeo. Buscando cosas que le dieran sentido a su relato, Gossaín encontró en un libro la historia de que a Puerto Rico ya había ido a pelear un colombiano y se había proclamado campeón mundial de boxeo antes que Kid Pambelé.

Como ven esa fuente documental le aportó a Juan un giro para contar algo más; el personaje era Pambelé, la historia era la pelea para coronarse campeón, pero en el proceso de la investigación, el cronista identificó un libro que hablaba en una pequeña reseña de un boxeador colombiano que ya había pasado por la misma experiencia, entonces utiliza esta información y la pone en su crónica:

“Han pasado cuarenta años desde que llegó a Puerto Rico el primer pugilista colombiano. Se llama Fernando Fiorillo pero poca gente sabe en este país que hubiera existido un boxeador con ese nombre. Era un personaje de película. Durante la mañana hacía gimnasia en un caserón de la parte antigua de San Juan. Por la tarde colgaba los guantes y cambiaba la pantaloneta por un traje a rayas de caballero inglés. Llevaba siempre una flor en el ojal de la solapa, un sombrero de copa y unas polainas acordonadas que le daban la apariencia de un ministro británico”.

Evidentemente es un lenguaje rico, descriptivo, narrativo, pero mi punto es que Juan no estuvo hace cuarenta años cuando vivió el primer campeón de boxeo, sino que encontró esa información, la puso en su relato, y le dio un sentido mucho más amplio y profundo a lo que tenía que contar. Es decir, utilizó los documentos en función del texto que contó.

Con lo que les acabo de ilustrar —y con el permiso de ustedes— voy a tumbar el siguiente discurso de algunos, que hablan de la habilidad para hacer crónica como algo innato y llegan a considerarlo casi un don. Hay muchos elementos que pueden ser adquiridos, pero el don solito no te resuelve problemas, porque terminarías haciendo poesía; si Juan Gossaín, Alberto Salcedo o cualquier cronista tiene todas esas cosas, me refiero al olfato y la curiosidad por llegar a los datos, al contexto, documentos, entrevistas y los pone en la mesa al momento de sentarse escribir, le va a ser mucho más fácil transmitirlo, porque tiene insumos para hacerlo. Pero si no hay esta tarea y prende el computador, en su época la máquina de escribir, y pretende sacar un texto así, lo que va terminar haciendo es una novela y eso sí es evidentemente un tema que nos va separar totalmente de la realidad: es decir, lo que vamos a contar, y lo que vamos a encontrar, no debe ser producto de la ficción ni de la inventiva ni de la imaginación, porque en esos terrenos no solamente corre el riesgo el texto, sino nosotros, nuestra credibilidad, nuestras instituciones en caso que escribamos siendo la voz de alguna.

3. ESTUDIOS Y EXPERTOS

Dicho esto pasamos a la tercera herramienta narrativa que son los estudios especializados y la voz de expertos como otro tipo de fuente. Aquí es valioso destacar la importancia de hacer uso de una muy buena agenda de nombres de profesionales que nos puedan traducir, ayudar a entender, o profundizar mejor un tema. También podemos encontrar en internet estudios y personas que se pueden declarar expertos en las redes sociales. A ese tipo de fuentes debemos hacer la misma corroboración que a las demás fuentes, porque en caso de mostrarlas en el relato sin establecer un filtro o comprobación, incurriríamos en una falta absoluta de profesionalismo.

La investigación de fuentes especializadas la debemos hacer sin temor a abrir con esto el panorama del trabajo, pues muchas veces estaremos frente a temas sobre los que no sabemos nada. En la medida en la que vayamos avanzando encontraremos cosas que nos pueden generar dudas, por lo que desde el inicio debemos pensar cuáles podrían ser los estudios o los expertos con los cuales hablar, y al momento de citarlos en nuestros textos lo debemos hacer incluso bajo sus propias palabras, sin lugar a modificaciones a la hora de transcribirlos. Esto es, además de entregarle un sentido no solamente responsable al trabajo, se trata también de seriedad, a partir de estudios que avalan y certifican que eso que yo me encontré no es un fenómeno aislado, sino que responde una coyuntura, según los datos de sus fuentes.

Ahora bien, cuando no somos expertos, ¿cómo hacemos para contactar a los expertos en un tema? Lo primero es identificar en qué temas no somos expertos de lo que hemos encontrado, pues, y sin ánimo de ofender, digamos que los periodistas usualmente somos expertos en contar, pero no sabemos nada de nada. Sin embargo, después de leer un texto como los de Gabo o de Salcedo uno queda convencido y dice “estos sí que saben” pero, en realidad, no es que sepan de todo: es que ellos se obligaron a encontrar qué contar; y para hablar de pájaros tuvieron que haber buscado expertos en pájaros, para que les contaran cómo suenan los sonidos de los pájaros en tales partes, solo que al poner eso en el relato, la gente cree que saben de esas cosas, gracias a la genialidad con la que involucran términos y tecnicismos en sus textos.

Si creían que acudir a expertos les complicaba la tarea, ahora les planteo otro reto mayor, con esta pregunta que un periodista le hace a otro cronista colombiano: ¿Cómo hace usted, Germán Santamaría, para encontrar el equilibrio entre la información fría, digamos la de fuentes especializadas, y esa parte amena del relato que uno cuenta? Parafraseándolo, dentro de su propio estilo le preocupa más  el aspecto de la atmósfera y de la narración; el dato frío no le importa mucho, porque de alguna manera sacrificaría ritmo y capacidad de lectura al lector. Sin embargo, es cuestión de estilos.

4. OBSERVACIÓN

Hasta el momento tenemos insumos, pero todavía no tenemos crónica. Sólo con la observación, que es la cuarta herramienta para obtener información, la más subjetiva de todas, y de la cual tendremos que hacer una especie de arqueo durante toda nuestra investigación, hallaremos la riqueza literaria de nuestro relato. Yo les digo con total honestidad que aunque tengamos un inventario de 25 entrevistas, 7 documentos y 10 investigaciones o información especializada, ahí todavía no tendríamos crónica, porque sería simplemente una serie de preguntas y de respuestas, una información muy específica de documentos, y unos datos fríos de unas investigaciones. De donde sale la crónica y en donde está el relato, es en todo el proceso de observación, que lo he denominado así para simplificar.

Se trata de un ejercicio en donde nuestros cinco sentidos deben estar puestos al servicio del proceso, pues todo lo que nosotros vemos, escuchamos, sentimos, olemos, palpamos, es lo que nos va a permitir, después, contar y narrar. Indiscutiblemente partimos en algunos casos de prejuicios e hipótesis, pero la observación es la que nos va a permitir acercarnos con evidencias a los calificativos que queremos plantear. Y aquí cabe otra máxima del periodismo: es mejor mostrar las cosas que decirlas, porque cuando uno las muestra, el adjetivo o el calificativo le queda en la mente al lector, pero uno no se lo dice. Es como empezar una descripción diciendo que apenas ingresa uno a la casa, hay un olor a comida, las paredes tienen manchas de restos de alimentos, en el piso hay dos bolsas de basura abiertas con moscas rondando; ahí estoy mostrando suciedad, pero en mi relato yo no dije que entré en una casa sucia, simplemente mostré la suciedad con la descripción de mi observación. Mostrar, no decir.

Bien, llegamos hasta acá. Ya hemos hablado de la información inicial y de narrar los extremos. Entonces, ¿cuál debería ser nuestro quehacer una vez que iniciemos el proceso de investigación? Para eso me gusta mucho la metáfora del rompecabezas, porque una crónica en últimas es un rompecabezas, y el primer paso sería encontrar los elementos, a partir de las herramientas que enumeramos, de lo que se va a componer la crónica. Planear la investigación, tener documentos, estudios, personajes, por supuesto hacer algún tipo de recorrido, porque caminar y untarse es también parte del proceso de observación.

Es en ese momento que le doy a cada una de mis fichas un nombre y empiezo a armar el rompecabezas, puedo poner una pieza de antecedentes de mi tema, luego otra que me ponga a pensar qué pasaría más adelante, y en función de esa proyección, debo encontrar documentos, debo entrevistar personas, debo entender el concepto y la connotación, las consecuencias y la importancia de un tema como el que decidamos abordar.

Parte 1: Apuntes para la creación de una crónica
Parte 2: Buscar y narrar los extremos
Parte 3: Las herramientas de investigación
Parte 4: El enfoque y la intimidad al escribir
Parte 5: El caracol de los géneros
Parte 6 y final: Identificar, describir, interpretar

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