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Karen Hermosilla: “El periodista hoy es un megáfono del poder y tiene que ser todo lo contrario”

Por ~ Publicado el 5 marzo 2015

En noviembre de 2014 lanzó El Reverde, un medio ecológico con esa mirada política que viene desarrollando desde sus tiempos de estudiante de periodismo. Karen Hermosilla, ex vocera de candidatos presidenciales, comunicadora polémica y ácida, no cree en la objetividad de los medios de comunicación chilenos, piensa que un periodista debe ser un analista de la realidad y que criticar en Chile es difícil, por el riesgo al veto. “En este país lo mejor es pasar piola”, dice.

Foto: Pablo Baeza Contreras

Foto: Pablo Baeza Contreras

Es frontal, directa y crítica, aunque admite que le encantan sitios misceláneos como Pijama Surf y Gamba.  Fue vocera de José Antonio Gómez y Marcel Claude en las últimas elecciones, a pesar de que su meta era debatir ciertos temas más que verlos en el sillón presidencial. Es colocolina. Tiene más de 10 mil seguidores en Twitter, donde se define como poeta y “macha alfa”. Asegura que el anticristo tiene “rostro de mujer”.

En noviembre de 2014 la periodista Karen Hermosilla lanzó El Reverde, un medio digital encargado de cubrir temas de ecología con una mirada política. Diez secciones en el sitio web, entre esas una sobre la marihuana, “Cannabis”. En la barra de navegación emerge una silueta humana a punto de levantar los brazos al cielo, expresando fuerza o ira. “Un monstruo que afloró de los residuos del capitalismo, hoy busca venganza”, como se define el medio.

En su departamento en el centro de Santiago Karen Hermosilla explica cómo fue criar a este monstruo y convertirlo en lo que es hoy. Qué piensa, aborrece y ataca. Y cómo logra sobrevivir como uno de los pocos medios “verdes” en nuestro país.

“NUESTRA LÍNEA ES DE PERIODISMO MILITANTE”

En sus primeros días El Reverde, que juega con el nombre de la revista del MIR en la Universidad de Concepción —El Rebelde—, tuvo alrededor de 7 mil visitas. Para Hermosilla el tráfico es importante, aunque lo primordial es crear comunidad. “Más que un medio de comunicación, esto es un movimiento”, explica con seguridad.

—¿Cómo definirías la línea editorial?
Es un medio completamente anticapitalista. Creemos que el capitalismo es la piedra angular de la devastación de los recursos naturales. Como dijo Evo: “no puede haber un fin al cambio climático si es que no tenemos el fin al capitalismo”. Y lo dice él, que también está explotando recursos naturales pero desde una perspectiva muy popular. Él trasladó el antropocentrismo hacia el ecocentrismo y eso es lo que nosotros queremos también replicar en este medio que, en el fondo, intenta ser un movimiento.

“El periodista, hoy, es un megáfono del poder y tiene que ser todo lo contrario. Debe ser el megáfono de la calle. Tampoco de los movimientos sociales, sino del ciudadano común y corriente”.

—¿Cómo es el trato de los medios de comunicación a los temas que El Reverde cubre?
Los medios de comunicación hablan de objetividad, pero se ciñen a la línea editorial que tiene un dueño con nombre y apellido. Los medios de comunicación hoy día se están liberando un poco de ese estigma gracias a internet, donde han podido proliferar nuevos medios que intentan dar su mirada, que incluso puede ser más objetiva que los que hablan de la objetividad como algo sacrosanto. Acá las empresas tienen dueño, el cambio climático lo producen ciertas situaciones de sobre producción y no tiene que ver con una cuestión de magia negra o que está en el abstracto. Y eso es lo que se elude.

—¿Internet es un espacio necesario?
No sólo necesario, ha suplido una carencia importante en el periodismo formal. Hoy tenemos el duopolio de la información, financiado por el Estado y que ni siquiera tiene una visión de lo público. Los medios en Chile y en el mundo tienen dueños que están con una pata en el capital y con otra pata en el Estado, generando este discurso de la verdad que no representa a las grandes mayorías. Nuestra línea es de periodismo militante, porque los otros medios más que informar hacen propaganda. Frente a eso estamos dando una respuesta, todavía muy humilde, de mostrar conflictos que son menos mediáticos.

—¿Eso no se hace en los medios de comunicación?
No. El tema verde es muy de nicho o de futurismo. Se habla de grandes proyectos que se van a hacer y son puros demos, como le digo yo. Cuestiones que tienen que ver con un prototipo que jamás va a existir,  en base a una tecnología y voluntad política que no existen. Y hoy día, como estamos viviendo en este capitalismo que no tiene una propuesta alternativa, todo es sujeto a un negocio. Se juega mucho con la ilusión de que en el futuro todo va a ser verde y ecológico pero eso no es real. Los medios se equivocan porque generan expectativas que no van a ser cubiertas.

—¿Cuál es su manera de financiarse?
En este momento es a puro pulso. La idea es que en algún momento podamos gestionar algún modelo de negocio que no nos coarte la experiencia comunicativa. Que no tengamos ninguna corta pisa editorial y para eso uno necesita ser sumamente independiente. Las lógicas, en un primer momento, van a ser de trueque con emprendimientos pequeños para gestionar algún tipo de recurso. Lo otro es tener una figura de ONG para poder conseguir aportes públicos o privados, pero no nos quita el sueño hoy día.

—¿Cómo ha sido la reacción de la gente que habla contigo sobre el sitio?
Lo bonito que nos pasó después del lanzamiento es que la gente nos llamaba y decía: “se pasaron, se nota que le han puesto mucho corazón y convicción a lo que hicieron”. Esa gente ha seguido el sitio y se mete, comenta, difunde. Estamos uniendo para generar una comunidad. Hay cierta confianza a priori como una alternativa real para hablar temas de ecología desde un prisma político, porque no es netamente ecológico. El Reverde es un sitio de ecología y política, porque las respuestas a estas problemáticas no son de andar en bicicleta, tener huertos urbanos o reciclar. Es realmente un cambio político porque ahí se ven las soluciones a los problemas que te afectan en la vida.

—¿Qué opinas sobre eso que mencionas de los huertos urbanos o andar en bicicleta y el efecto que produce en los medios?
Son acciones individuales y en ningún momento han generado transformaciones. Son buenas acciones pero no queremos que sea un chupete para la conciencia. Yo las llamo modas. Cuando nosotros estamos haciendo un real aporte es cuando dejamos atrás la moda y lo convertimos en un estilo de vida y cambio cultural expansivo para una gran masa crítica. La otra crítica que yo le hago fuerte a la ecología es este mundo de iluminados frente a los demás. Por ejemplo, temas como el veganismo o el manejo de residuos. El cómo tengo una posición pontificante frente al otro más que de ayudarlo a convertirse realmente. ¿Cuál es la vocación real de estos grupos? ¿De que todo el mundo se transforme como ellos? ¿O mantenerse en la vanguardia de estos movimientos?

“EN ESTE PAÍS LO MEJOR ES PASAR PIOLA”

Karen se formó como periodista en la Universidad de Playa Ancha y colaboró en la Radio Placeres de Valparaíso haciendo programas. Ahí comenzó su vocación política, escribiendo columnas para Punto Final —donde publica hasta el día de hoy, quincenalmente—, El Mostrador, Clarín, entre otros.

El movimiento estudiantil del 2011 la encontró trabajando pero aportando con ideas: el “activismo de escritorio” como ella lo define. “La muletilla que existe hoy es que es muy fácil criticar, y no lo es. Es muy difícil porque te cierra puertas de un montón de lados. Al asumir una posición en Chile te haces vetable en un montón de espacios”, declara.

—¿Estuviste vetada?
Sí. Todo el rato. Pasa y uno se lo tiene que bancar y con orgullo. Eso es lo que hace falta hoy día: asumir posición. Hoy día estamos en un no-lugar político. Hablamos de una transición de más de 20 años, es una vergüenza que todavía estemos sin asumir posiciones. Eso reproduce una sociedad sin clases pero en el aspecto del que siempre está en tránsito. El aspiracional. Que no quiere ser pobre y por eso huye hacia más arriba, compra el respeto en base al consumo. En este país lo mejor es pasar piola.

—¿Qué es lo más importante a trabajar en un periodista “activista”?
El fetiche de la objetividad, cuando esta objetividad además no existe. Los periodistas son funcionarios de un periodismo que es propaganda política, que acude siempre a la fuente oficial. Un periodista debería ser un analista de la realidad, no solamente un transmisor de datos. Eso te lo puede dar una agencia. Un buen periodista es capaz de tener una mirada jugada. A lo mejor no militante ni de trinchera, porque eso es mucho pedir, pero que sí tenga una vocación de verdad, de discurso de verdad. Que no sea vocero de la hegemonía.

—¿Esa es una mayoría en los periodistas que trabajan en los medios? ¿Ser un “discurso de”?
En los medios formales, sí. Acá tenemos un problema de la propiedad de los medios, del avisaje estatal y toda una cuestión que cae como cascada y que nos hace ser marginales dentro del discurso. Hay que dar la pelea y yo creo que se está dando, aunque todavía no se da dentro de los lugares de poder dentro del periodismo. Por ejemplo, nosotros nos hicimos ilusiones con el Colegio de Periodistas pero uno no puede tener en este caso una doble militancia. Porque ahí tienes al Partido Comunista metido al medio, y cuando el PC se ha transformado en un funcionario de gobierno cuesta que eso sea real, auténtico. El periodista, hoy, es un megáfono del poder y tiene que ser todo lo contrario. En estos tiempos debe ser el megáfono de la calle. Tampoco de los movimientos sociales, sino del ciudadano común y corriente que no es capaz de llegar a estos lugares de influencia.

—Gleen Greenwald, abogado que colaboró en The Guardian y que ayudó a Edward Snowden a destapar el espionaje de la NSA, dice que “todo periodismo es una manera de activismo”. ¿Estás de acuerdo?
Sí, sin duda. Es una oportunidad de movilizar a las masas. El periodismo debería hacer ese trabajo de convocar, analizar. De hacer la bajada. No solamente transmitir lo que dice el poder sino que hacer un contrapunto.

—Fuiste vocera de dos candidatos en la última elección presidencial, en distintos momentos. ¿Qué significa eso?
El mensaje es el mismo. No me importaba mucho el candidato. Por ejemplo, con José Antonio Gómez yo lo pensé bastante y siempre dije que yo no era concertacionista ni militaba en el Partido Radical. Que a mí lo que me interesaba era poner en primarias y sobre la mesa los temas de la Asamblea Constituyente y los derechos sociales para los chilenos. Había un momento político e ideológico inmejorable donde había que ponerle todas las fichas a ese tipo de temas y no a otros.

—¿Qué nivel de confianza tienes en los medios de comunicación chilenos?
Están sujetos al rating. Por ejemplo, lo que pasa con los periódicos y los medios de comunicación alternativos, que están por el click si lo llevamos a internet o a la lectoría de los suscriptores. Por ese lado aparecen los intereses empresariales de quienes te financian.

—¿Y de los medios digitales?
Yo creo que falta en lo digital. Todavía está lo del retuiteo rápido, del comentario antes de la lectura. Eso hay que educarlo y es un desafío para el periodista, porque el periodismo digital es completamente distinto al papel. El gran problema de los medios digitales es su tasa de rebote. Es alta, la gente no pasa más de treinta segundos en una página, lo que quiere decir que no se lee nada. Ese es nuestro desafío como comunicadores, poder enganchar a la gente y lograr que la gente lea en los aparatos móviles. El ideal es pasar de una noticia a otra, generar un ecosistema dentro del sitio. Así, más allá de la noticia, ves lo que te quiere entregar el medio de comunicación como discurso de verdad.

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