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Juan Pablo Meneses: “Tengo idealizado el periodismo: sigo creyendo que es el mejor oficio del mundo”

Por ~ Publicado el 9 mayo 2016

Dice ser el único freelance al que le ofrecieron fundar y dirigir un diario y que, siguiendo un consejo de Juan Villoro, al cumplir cuatro años se despidió de esa tarea para emprender nuevos rumbos. Meneses, uno de los más reconocidos cronistas latinoamericanos actuales, nos habla de su periodo en HoyxHoy, de su futuro en la Universidad de Stanford —becado por la Fundación John S. Knight—, del futuro de su Escuela de Periodismo Portátil y de las historias con calle y entretenidas. Las que a él le gusta contar.

Foto: Daniela Fuentes

Foto: Daniela Fuentes

Aunque sea el que las cuenta, Juan Pablo Meneses es, en sí mismo, una buena historia. Un periodista creador de un concepto, el “periodismo portátil”, que lo lleva por todo el mundo. Dos experimentos —comprar una vaca y querer ser representante de un niño futbolista— que lo tienen como uno de los grandes cronistas latinoamericanos. Una rutina de vivir en hoteles, aprender idiomas y hacer de los cibercafés su oficina que, de repente, se rompe. Como el mejor de los guiones, el protagonista toma un rumbo que muchos encuentran raro. Y luego, tras años de la extraña determinación, renuncia para ser el de antes.

A principios de marzo de 2016 el periodista Juan Pablo Meneses renunció a la dirección del periódico gratuito HoyxHoy. Días después de su decisión se enteró de la obtención de una beca de la Universidad de Stanford que lo tendrá un año en Estados Unidos trabajando en la Escuela Móvil de Periodismo Portátil, proyecto que fundó hace siete años. Eso será en agosto, por lo que el autor de La vida de una vaca, Niños futbolistas y Una vuelta al Tercer Mundo, entre otros, presentará en junio un libro homenaje a su primera crónica que dio inicio a todo esto.

En un Starbucks del sector oriente de la capital recuerda que Juan Villoro, escritor y periodista mexicano, le dijo algo que le quedó dando vueltas. Que era adecuado estar cuatro años dirigiendo un medio. No más. Meneses lo imitó.

“Debería haber una ley en que los directores de diario renuncien a los cuatro años. En ese tiempo alcanzas a tener elecciones presidenciales, un Mundial de Fútbol y una Copa América. Cuatro festivales de Viña, cuatro discursos del 21 de mayo y cuatro años de marchas. Después de eso te repites y usas tu energía en moverte en la política de los medios, que es muy fuerte. Y que nunca me interesó”.    

—¿Cómo llegaste a la dirección del diario?
Un día me llamaron para que me hiciera cargo de La Estrella, una cadena de diarios regionales populares. Como todo freelance me gustan los desafíos, por lo que les propuse a los editores que sus periodistas hicieran una historia todos los días. Fue un proyecto que funcionó bien, por lo que me propusieron sacar un diario nuevo.

—El HoyxHoy.
Sí. Creo ser el primer freelance fundador y director de un diario en Chile. En términos estructurales era poco probable que me eligieran para ello, por lo que contraté gente a la que sería improbable llegar: otros freelance.

—Fue un cambio radical en tu carrera. 
Sí, pero necesario. En la crónica se vive una fantasía. Los grandes cronistas latinoamericanos de mi generación suelen decir que para un perfil necesitan tres meses, o seis para una crónica. Eso pasa porque nunca han tenido un contacto cercano con una redacción. Para mi carrera era fundamental estar en el engranaje del periodismo actual y acepté ser el director.

—¿Nunca perteneciste a una redacción?
Nunca. La primera vez que firmé un contrato en mi vida fue para hacerme cargo del Hoyxhoy. Me pasó una cosa loca. Me escribió una periodista que estaba trabajando en un buen medio al que renunció para ser freelance. La mamá le dijo que cómo se le ocurría renunciar por eso, a lo que ella respondió que siéndolo puede llegar a la dirección de un diario. Citándome. Obviamente, le respondí que no me echara la culpa después si es que no puede llegar a fin de mes.

—¿Qué encontraste en el diario que no habías experimentado antes?
De partida, recursos. Uno como freelance nunca los tiene. También gente talentosa que, a veces, no se la cree tanto. Tiene que ver con que están en una máquina burocrática del periodismo. Encontré un trabajo en equipo que nunca había tenido y que me pareció increíble. En el futuro me gustaría hacer proyectos independientes pero en grupo. El freelance es una persona solitaria y egoísta, porque si tiene un gran tema no lo comparte. En todos los años que estudié periodismo nunca me enseñaron a serlo y es la alternativa laboral número uno de la gente que quiere escribir.

—Durante tu dirección publicaste Niños futbolistas y Una vuelta al Tercer Mundo. ¿Cómo es ser director y a la vez investigar y escribir libros?
Lo que pasa es que fui un director de diario freelance. Esa es la esencia de mi definición. Nunca me interesó hacer carrera. Jamás algo así como que fundé este diario, le fue bien, así que buscaré otro más grande. Mi experiencia fue estar un tiempo ahí. Estos años fueron un doctorado para entender el otro lado del mostrador. Nunca dejé de escribir porque me moría y eso le transmitía a los periodistas que tenían buenos temas, que los motivaban, pero que no funcionaban en el diario. Les decía que los hicieran igual, por su cuenta, el fin de semana o cuando tuvieran tiempo. Ahora soy un defensor de las redacciones, pero antes era bastante crítico.

—¿Qué pensabas antes de ellas?
Que eran burócratas, con funcionarios que esperaban jubilar. Que los mandaban a una conferencia de prensa en Limache a las siete de la mañana, donde un político les decía lo mismo que sabían y que les podría haber dicho la gente de prensa. Hoy siento lo contrario. Una redacción es un gran lugar para quien entra a un medio sabiendo que es freelance. Que él es su medio. La idea de ser un periodista portátil es una manera de ser dueño de tu trabajo. Si en una reunión de pauta propones un tema te dirán que está interesante. Cuando propongas en la segunda y en la tercera, obvio, que los hagas. En la cuarta, tu editor partirá preguntándote qué tema traes.

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HISTORIAS QUE TENGAN CALLE

—¿El periodismo portátil puede ser aplicado por cualquier periodista? ¿O es el método de Juan Pablo Meneses?
Espero que sí. No me creo un elegido, sino alguien que lo hizo. El periodismo portátil es poder escribir historias desde cualquier lado para todo el mundo. Tener una mentalidad de que debes viajar y no necesariamente cruzando océanos o recorriendo miles de países. Puede ser una vuelta a la manzana o conocer la calle. Los periodistas de redacción llegan a estar con la cara verde por estar todo el día en un edificio con luz. Hay otros que la última vez que salieron fue por un ensayo de Operación Deyse o un amago de incendio.

—¿Qué caracteriza al periodismo portátil?
Que es muy tecnológico. Por un lado, tiene esto romántico de querer viajar por el mundo para escribir historias. Pero tiene también esa cosa moderna que lo hace híbrido. No me refiero a que debes saber cuál es el último pendrive que salió, sino que va de la mano con la tecnología. Mi primer libro, Equipaje de mano, lo escribí en distintos cibercafé del mundo. Fue mi primera redacción, a diferencia de otras en que ves las mismas caras todos los días; aquí nunca veía una dos días seguidos. Hoy no existen los cibercafé, pero están los smartphones para hacer periodismo portátil. Y el día de mañana será desde un cigarro.

—¿Qué es lo más impresionante que te has encontrado en el camino?
Todo. Tengo idealizado el periodismo: sigo creyendo que es el mejor oficio del mundo y que se puede vivir de una manera increíble. Que si no fuera por ello jamás la primera arma que disparé hubiese sido un fusil AK-47. No me habría subido a un auto de Fórmula 1 o haber tenido una vaca como La Negra. Siempre cuento que me pueden secuestrar, subirme a un avión  y soltarme en el Congo. Sin nada, trataré de conseguirme un computador para meterme a mi correo y escribirle a 10 editores de distintos países. Les diré que tengo una historia increíble, que me depositen en mi cuenta mientras busco hoteles con computador y piscina. Así, todos los días me meto al agua y después me pongo a escribir hasta que pueda hacer la plata para comprarme el pasaje de vuelta.

—¿Las historias siguen el calle o las puedes encontrar en redes sociales?
Están en todos lados, pero es importante que tengan calle.

—¿Te has encontrado algunas que no tengan?
Todavía no. Lo que pasa es que como periodista portátil tengo que sobrevivir escribiendo historias por el mundo. Digamos que es por el pan. Por ello, uno agudiza la mirada y sabe que tal no me sirve, pero esta sí. Uno lo hace en función de que la venderá. Cuando tengo una buena historia sé que no me moriré tranquilo hasta que la escriba. Después, si no sirve, es otro tema. Lo que me interesa es morir tranquilo.

—¿Han cambiado tus métodos de reporteo a lo largo de tu carrera?
Sí. Nunca dejo maneras, sino que le agrego cosas nuevas. Me gusta experimentar en las formas de reporteo. Por ejemplo, hace un año estuve 50 días en la India por un libro de búsqueda espiritual que estoy haciendo. Ahí innové con una manera nueva, aparte de entrevistar, grabar, tomar fotos y apuntes, que fue escuchar un único disco.

—¿Cuál?
El Álbum Blanco, de los Beatles. Lo grabaron en la India y no lo había escuchado mucho. Es espectacular. Lo puse los 50 días, todo el día. Tengo la idea de que puede servir como método para cuando empiece a escribir esa historia. Que no basta con mirar los apuntes, las fotos, el sentido de lectura o de las entrevistas. Escucharé el disco y volveré a ese lugar. A despertar sensaciones, sentimientos y sentidos que no estuvieron en el reporteo tradicional. Me pasa que escucho una canción y me recuerda el verano de tal año o cuando vivía en tal parte. Esa emoción puede servir para que a uno se le sacudan los sentidos al escribir. Lo llamo “reporteo musical”.

—¿Cuál sería la forma en que nunca contarías una historia?
Aburrida. La otra vez me comentaron de un libro aburrido sobre unos narcos que traficaban armas. Debes ser muy malo para hacer algo así, pensando en todos esos elementos para tu texto. El autor tiene el deber de hacer una historia entretenida, no desde el punto de vista del chiste o del efecto fácil, sino de que se lea entera. Puede ser política, dramática, reveladora, y entretenida. El lector promedio es una persona enferma que no pueda salir a la calle o que no tiene luz para ver tele, ni teléfono para estar todo el día en WhatsApp. E Incluso, si le pones una historia que no está bien contada, la dejará de lado.

—Recuerdo una entrevista en que hablas de un sueño que incluiste en una de tus crónicas. 
Lo que digo es que uno nunca puede mentir. Ahora, puedes escribir mentiras diciendo que lo son y no estás mintiendo. Un sueño, ¿es verdad o mentira?

—No lo sé. 
Pero por lo menos, diciendo que lo es, queda claro. Uno puede usar la imaginación diciendo que la está utilizando. Ahora, si sueño algo y pongo que pasó, es mentira. Si entrevisté al “Mamo” Contreras, se metió la mano en el bolsillo e imaginé que iba a sacar una pistola, ese hecho de imaginar que un entrevistado me pegará un balazo aporta porque transmite lo que esa persona hace sentir. Tengo que, obviamente, decir que imaginé eso cuando se metió la mano en el bolsillo. Es distinto a decir que tenía una pistola, que no es cierto. Estás siendo leal con el lector. Es un pacto, como dijo García Márquez.

—Un texto muy leal y que cumple 20 años en junio es “Una granada para River Plate”, el que catalogas como tu inicio en el periodismo portátil. 
En unos meses sacaremos, en formato de libro, esa historia con una segunda y tercera parte. La primera será la crónica original. La segunda, fotos de esa travesía. Y la última, un texto sobre qué pasó con algunos de los protagonistas, como el árbitro que nos robó ese partido, el bus y yo. Ese viaje fue el primero que hice fuera de Chile para hacer una historia.

—¿Y la granada? ¿Qué fue de ella?
Debes leer el libro.


A STANFORD A ENCONTRAR UNA GRAN HISTORIA

En agosto comienza otro capítulo. Durante un año Meneses estará en la Universidad de Stanford, California, trabajando en la Escuela Móvil de Periodismo Portátil. La beca JSK consta de una labor personalizada, con clases no centradas necesariamente en el periodismo, para fortalecer proyectos como el suyo, fundado hace ya siete años.

A Meneses le interesa buscar nuevas fórmulas de financiar medios independientes y que su plataforma pueda transformarse en una para toda Latinoamérica. Aunque, en un acto de sinceridad con matices de humildad, asume no saber a lo que va. “Es un salto al vacío. Voy dispuesto a perder todo”.

—Además del logro, ¿de qué nos habla de que seas el único latinoamericano?
Que no postularon más, supongo (ríe). Les gustó un proyecto latinoamericano. Hay un cambio en el periodismo regional muy fuerte. The New York Times  abrirá una oficina en México y está creciendo su versión en español. El País de España se irá a Estados Unidos para agarrar el mercado hispano. Univisión está creciendo comprando sitios gringos para darle un aire más joven y sacarlo de la mirada “Sábado Gigante”. Entre medio aparece un proyecto casi garage como el mío, que está hace siete años apuntando a la búsqueda de nuevos talentos. Que tiene hace seis el Premio Nuevas Plumas, donde han postulado mil trabajos y con un jurado conformado por los más grandes del continente. Apostaron más por el proyecto que por mí.

—¿Te gustaría que el proyecto sea mundial?
Tendría que ver. Capaz que termine allá y me den las ganas de que sea sólo del barrio Bellavista. Quizás me sorprendo con que el futuro es lo hiperlocal. Voy a Stanford tal como reporteo: sin expectativas salvo encontrarme una gran historia. Si tienes claro todo lo que va a pasar, no vas a reportear. Irás como un funcionario de ti mismo que querrá que te respondan esto y lo otro.

—¿Te falta un lugar por llegar?
Es que los lugares no importan tanto.

—¿No?
Es como un adelanto del libro. El único lugar que he querido ir en mi vida fue al Estadio Monumental de River Plate, para ver la semifinal de la U. ¿Cómo podía hacerlo si no tenía un peso y no conocía a nadie? Ofreciendo una historia. Lo vivido fue tan espectacular que comprendí al instante: me interesa más la historia que el lugar.

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