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El sueño de Kindle

Por ~ Publicado el 12 mayo 2009

{*Profesor Escuela de Periodismo UAH. Director de Comunicar}

El sueño del papel digital lo vengo escuchando hace por lo menos diez años. ¿Cómo iba a ser ese futuro que se avizoraba en el comienzo del milenio? Era una suerte de pantalla electrónica, pero flexible, delgadísima, con la capacidad que un computador tenía para recuperar información de internet, y manipulable todo esto con los dedos, directamente sobre este papel electrónico.

Lamento no recordar exactamente quién fue el portador de estas buenas nuevas, pero se trató de una conferencia en Nueva York, en la que alguien exponía que el único problema que faltaba por solucionar era el de la flexibilidad. Si las personas se iban a cambiar a este tipo de papel, a esta plataforma en la que cabían todos los diarios y revistas del mundo, el adminículo tenía que ser flexible para poder guardarlo, bueno, debajo de la axila, si me perdonan el algo sudoroso ejemplo. El laboratorio de medios del MIT era en ese entonces quien la llevaba en las investigaciones.

Casi una década más tarde aparece Kindle (2007), el artefacto basado en la tecnología de papel digital desarrollado por la mega-librería virtual Amazon con el objeto de, bueno, conquistar el mundo vendiendo más libros. Es el artefacto que más cerca ha estado de cumplir con las expectativas de la electrónica de suplantar al papel.

Tiene todo lo que el sueño prometía: conexión a una base de datos gigantesca, capacidad para descargar libros, diarios y revistas y es tan portátil como un lápiz. En lo único que no cumplió con el sueño fue en la flexibilidad física. A cambio, cabe en la palma de la mano.

La principal crítica al primer Kindle fue que no era tan bueno como el simple y viejo papel, porque terminaba agotando los ojos del lector. El segundo Kindle (febrero de 2009) de algún modo remedió esto porque dispuso de una gama más grande de grises. El tercer Kindle, llamado Kindle DX, saldrá a la venta a fin de año y, con un tamaño más grande, está diseñado especialmente para leer diarios y revistas.

El punto de Kindle –y de otros lectores de libros electrónicos, como el iLiad, el Sony Reader o el Cybook Gen3– es que no se trata de una pantalla; no es la vieja y conocida LCD. Es papel electrónico. Es una pequeña revolución de esas que no nos damos cuenta. Nadie quiere leer por horas y horas frente a una pantalla de LCD. No queremos financiar a Migranol ni que las farmacias se coludan para subirnos el precio de ese remedio. Pero aparentemente el papel electrónico está superando este problema.

Las posibilidades de Kindle son infinitas, y hasta hermosas. Uno puede comprar libros más baratos que si los comprara en papel (aproximadamente a mitad del precio). Uno puede suscribirse al New York Times o al New Yorker. Uno deja de pagar por la distribución, para pena de Federal Express, pero para felicidad del ozono que esos aviones matan. Los árboles que se salvan de ser celulosa respiran aliviados: de hecho, aspiran el carbono que causa el aumento global de temperaturas y devuelven el oxígeno que respiramos.

Entonces, el futuro ya está aquí. Pero parece que justamente ese es el problema. ¿Y qué? Algunos críticos de Amazon ven con distancia la idea de que la gente comprará Kindles como compró Ipods. Aunque a finales de abril Amazon anunció un aumento de ingresos en 24% en el primer cuatrimestre en comparación con el cuatrimestre anterior: una gracia considerando que Microsoft, por primera vez en su historia, redujo sus ganancias.

Algo de esto lo puede explicar Kindle. Jeff Bezos, el CEO de Amazon, dijo hace unos días que cuando hay una versión Kindle para un libro, las ventas por esta vía constituyen el 35% de las ventas totales. El sitio TechCrunch dijo que se han vendido unas 300 mil unidades de Kindle, pero cita a una “fuente cercana a Amazon”, sin identificarla. El problema es que Amazon no ha hecho públicas las cifras de venta del adminículo, salvo para decir que “han excedido sus expectativas más optimistas”, así que la verdad es que no sabemos cómo le está yendo al Kindle.

La nerviosa industria de los diarios ha depositado de alguna forma sus esperanzas en Kindle. Si la figura que lanzó el Kindle 2 fue el escritor Stephen King –para dar una señal clara a la industria editorial–, el jefazo junto a Jeff Bezos para el lanzamiento del Kindle DX fue Arthur Sulzberger, el publisher del New York Times. “Hemos sabido por una década que un lector electrónico podría llegar a ofrecer la misma experiencia de satisfacción que un diario impreso”, dijo en la ceremonia.

Rupert Murdoch, dueño de… bueno, dueño de casi todos los medios imaginables, incluida la cadena Fox y el prestigioso Wall Street Journal, no ve tan fácil la relación entre el dispositivo y los diarios. Piensa, más bien, que se trata de un abrazo de oso. El cree que los editores de diarios han entregado tanto contenido gratis, a Google y a otros agregadores, que ya parece chiste. Además, dijo que el negocio que propone Amazon a sus socios es dividir el valor de la suscripción via Kindle en 70-30: setenta para mí (Amazon) y treinta para ustedes (diarios). Los dichos de Murdoch no son tan descabellados porque, además, el Kindle DX no da la posibilidad de poner avisos.

Está bueno el aparatito pero: ¿De qué vivirían los medios?

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