Actualidad + Reportajes

El camino de tierra a la constituyente

Por ~ Publicado el 6 enero 2021

El 11 de enero culmina el plazo para inscribir en el Servel las candidaturas para la Convención Constitucional. Según una encuesta de Espacio Público e IPSOS, un 75% de la ciudadanía está interesada en participar en la redacción de una nueva Constitución, aunque un 55% declaró estar nada o poco informado sobre la elección de convencionales constituyentes que se realizará en abril. Bajo un contexto de pandemia y carencia de espacios informativos para desplegar sus campañas, los y las independientes han innovado en foros virtuales y recolección de firmas en comunas que no estén en cuarentena, un esfuerzo tiene un fin claro: que la elaboración del nuevo pacto social no dependa de los partidos políticos tradicionales y posicionar las demandas de los diversos movimientos sociales en la Carta Fundamental que podría regir por las próximas décadas. 

Por Camila Torres y Polet Herrera 


“No son 30 pesos, son 30 años”, gritó la ciudadanía de norte a sur. Una frase breve pero potente, que resume la crisis de representatividad de los partidos políticos que ya venía arrastrándose desde hace un buen tiempo y que tras el estallido social del 18 de octubre de 2019, ya simplemente no dio para más. Y así, fueron transcurriendo semanas de manifestaciones autoconvocadas por redes sociales sin que nadie pudiera adjudicarse el liderazgo del movimiento.

Fue el origen de lo que ocurre hoy. En las calles, la población exigía el cambio de la Constitución y, a casi cuatro semanas del estallido, la Mesa de Unidad Social -conglomerado que reúne a representantes de sindicatos u organizaciones civiles- convocó una huelga general para el 12 de noviembre, una jornada de paralización que causó un dolor de cabeza para el Presidente Sebastián Piñera hasta el punto de casi decretar estado de excepción.

Las protestas siguieron esa noche en Santiago y regiones, mientras Piñera, a las 21:00 en su oficina en La Moneda, según publicó Ex-Ante, por medio del entonces ministro de Defensa Alberto Espina, se comunicó con el comandante en jefe del Ejército, general Ricardo Martínez, quien no compartió la idea de sacar los militares a la calle debido al “uso de armamento inadecuado” y la falta de “un amplio consenso e institucional”. Es así como el Presidente solicitó estar solo para llegar a una resolución que informó en un punto de prensa una hora después: la institucionalidad debía llegar a un acuerdo enfocado en la paz, justicia y la redacción de una nueva Constitución ratificada a través de un plebiscito. 

El oficialismo y la oposición empezaron a tener sus primeros acercamientos durante la mañana del 14 de noviembre de 2019. En tanto, afuera del Congreso nuevas movilizaciones se tenían previstas al cumplirse un año del homicidio por la espalda de Camilo Catrillanca a manos de Carabineros.

Tras 15 horas de tensas conversaciones en el Congreso, en la madrugada del 15 de noviembre, el entonces presidente del Senado, Jaime Quintana (PPD), anunció la firma del “Acuerdo por la paz y una nueva Constitución” por 11 partidos políticos y un solitario diputado de Convergencia Social que actuó por cuenta propia, Gabriel Boric. Se abría así un camino constituyente en el país que, con el tiempo, se iría complementando hasta ser el primero en el mundo con una composición 100% paritaria, el primero en Chile con participación directa de la ciudadanía a través del voto y el primero que garantiza mediante escaños reservados la participación de los pueblos originarios en una instancia clave para el futuro de la nación. 

Vino el plebiscito del 25 de octubre, realizado en plena pandemia y con la más alta participación desde el retorno de la democracia. Ganó el Apruebo y la Convención Constitucional. Y desde entonces, la carrera por ser parte de ese órgano se desató. 

Cada día que pasaba, un nuevo nombre aparecía en la prensa o en redes sociales postulándose para ser convencional constituyente. Ya sea bajo el alero de un partido político, por la vía independiente o por un escaño reservado, cientos -si no miles- de personas se pusieron a la fila para lograr estar en las papeletas, y el 11 de enero se definirá por fin quienes estarán ahí.

A diferencia de otras elecciones, éstas tendrán un foco primordialmente ciudadano. Un artículo de Contexto Factual da cuenta, a partir de distintos datos, que el valor de los políticos está en su nivel más bajo, que la gente no los quiere en la Convención y que es la hora de los independientes. 

Puroperiodismo conversó con precandidatos y precandidatas constituyentes que provienen de ese mundo y que surgieron tras el estallido: asambleas territoriales, coordinadoras feministas y espacios sociales, para conocer sus historias, el despliegue de sus campañas en este contexto de pandemia y sus vías para pavimentar por medio de firmas un camino a la Convención que todavía está hecho de tierra. 

Las mujeres por una Constitución paritaria

Aunque el Censo de 2017 arrojó que el 51,1% de la población chilena son mujeres, en la Constitución apenas se les menciona una sola vez. Pero ahora, esas más de 8 millones de mujeres del país tendrán un protagonismo inédito en la redacción de la nueva Carta Magna. 

Diversos países han aumentado la participación femenina en sus procesos constituyentes. De acuerdo con ONU Mujeres, Siria aumentó la participación de un 10% a un 30% de mujeres en cargos para redactar una nueva constitución. El mismo porcentaje se alcanzó en Túnez, en 2011; en Bolivia fue un 34% y en Islandia fue el 40%. Pero Chile ahora irá más allá que cualquier otro país en la historia y el órgano que escribirá una Carta Fundamental a partir del segundo semestre de 2021 será paritario. 

La paridad es clave. Según ONU Mujeres, cuando la diversificación en la toma de decisiones no existe es probable que los intereses que se traducen en políticas representen sólo a un grupo determinado en desmedro de otros. La democracia paritaria es una oportunidad para que las necesidades del 50% de la población sean atendidas a través de decisiones y políticas más inclusivas desde todos los poderes del Estado y en todos los niveles de gobierno”. 

A continuación, la historia de tres mujeres que buscan ser parte de esa mitad para redactar una Constitución con perspectiva de género.

Claudia Cáceres nació y se crió en Talca, la ciudad donde se firmó la Declaración de Independencia de Chile hace 202 años. Es comunicadora audiovisual, pero hace más de 10 años que se dedica a la gestión comunitaria. Trabaja en la ONG Domodungu, que se enfoca en temas de género, libertad y derechos de las mujeres, y participa en la Coordinadora 8M del Maule, desde donde salió su candidatura independiente junto a otras colectivas. 

Cuenta que en la Región del Maule está presente “la invisibilización del trabajo doméstico, la violencia machista. Tuvimos cuatro femicidios en 2020 en la región. Aquí todavía se da la dinámica del patrón de fundo”. 

Según cifras del Informe sobre el Desarrollo Humano, las mujeres dedican entre 1 y 3 horas más que los hombres a las labores domésticas; entre dos y 10 veces más de tiempo diario a la prestación de cuidados (a los hijos e hijas, personas mayores y enfermas), y entre 1 y 4 horas diarias menos a actividades de mercado. 

Afiche de campaña como precandidata de Claudia Cáceres

Pero desde el Acuerdo por la Paz se crearon muchas dudas. Cáceres dice que en las colectivas donde participa se generó “mucha crítica de cómo se gestó: a espaldas del pueblo, casi como un salvavidas a este gobierno. (Estamos) bien decepcionadas de los partidos políticos que aprobaron leyes que criminalizan la protesta”. 

La precandidata a convencional por el distrito 17 decidió participar del proceso tras largas conversaciones y debates en los lugares donde ejerce trabajo territorial. “No podemos estar marchando y denunciando eternamente si no somos capaces de disputar esos espacios. Es la manera de poder incidir de manera honesta sobre qué cambios queremos de ahora en adelante”, afirma.

Ahora está en pleno proceso de lograr los 548 patrocinios que le permitirían aparecer en la papeleta del 11 de abril.

Por el Distrito 20 va Daniela Guzmán Huenchuleo. Se define a sí misma como “madre, pobladora y mujer mapuche”. Su historia en política comenzó a temprana edad. Estudió la básica en el colegio público Darío Salas, pero tras obtener una beca que se entregó por vez única y excepcional en la comuna de San Pedro de la Paz, llegó al colegio privado Concepción San Pedro. Ese cambio la hizo darse cuenta de las diferencias en el sistema educacional. 

Guzmán es evangélica. Cuenta que pasó toda su vida en la comunidad cristiana y actualmente es parte de la Primera Iglesia Bautista de Coronel. 

Así describe su primer paso en la ruta a ser convencional constituyente: “Cuando cumplí 18 sentí la necesidad de salir de las cuatro paredes de mi iglesia y salir a mi población. Me pilla justo octubre en esa búsqueda de mi lugar y llegué a la Asamblea Popular La Boca Sur del Bío Bío”. 

La asamblea de la que participa se gestó el 20 de octubre de 2019, y ahí ha participado tomando parte de las vocerías, la cual ha funcionado como acompañamiento para los presos de la revuelta. Ahora junta firmas para postularse al distrito 20. Necesita al menos 755.

Su principal motivación para estar en la Convención es la experiencia de desigualdad que le tocó ver cuando llegó a un colegio privado: ninguno de sus compañeros siquiera conocía su población. 

“Somos el mejor ejemplo del daño que nos hizo la dictadura y después la democracia en cuanto a políticas habitacionales. No sólo hablamos del tipo de vivienda, tamaño y calidad, las cuales son paupérrimas, sino que lo que acompañó estas medidas habitacionales: segregación, abandono, desigualdad y la narco cultura que se instaló”, enfatiza.

También por el distrito 20 va Valentina Torres. En Concepción comenzó su activismo social hace más de cinco años. Sin embargo, desde otra vereda: la maternidad. Fundadora de Madre Canguro, una organización que cuenta con una comunidad de alrededor de 5.000 madres, Torres define su rol como “un activismo social en cuanto a la crianza”.

Durante el estallido, Torres terminó sus estudios de antropología, criando y siendo dueña de casa. Comenta que fue un “proceso difícil porque quería estar en la calle, pero criar al mismo tiempo. Ahí comenzó el relevo de ayuda entre mujeres para que algunas nos pudiéramos acompañar en la crianza mientras otras iban a marchar o trabajar”. Durante la contingencia nacional también participaba como dirigente social de Convergencia Social en Concepción. Tras el acuerdo del 15 de noviembre renunció al partido y salió de la ciudad debido a supuestos amedrentamientos de parte de Carabineros. Dejó atrás la militancia y un recurso de amparo y protección. 

“Nunca nos habíamos organizado políticamente, pero después del estallido social nos dimos cuenta que tenemos que ser parte del proceso”, dice.

Escaños reservados: una deuda pendiente

El debate sobre los escaños reservados a los pueblos originarios en la Convención Constitucional se prolongó hasta diciembre. Chile Vamos no compartía la idea de los cupos supernumerarios ni la autoidentificación para la votación de los candidatos.

Una de las voces más críticas de esta discusión fue la diputada Emilia Nuyado (PS), presidenta de la Comisión de Derechos Humanos y Pueblos Originarios: “Aquí primó la herencia transversal de la derecha, la izquierda y del centro de tener actitudes discriminatorias, clasistas y racistas hacia los pueblos originarios”, comentó en conversación con El Mostrador. 

Al final, 17 escaños intranumerarios fueron asignados para los pueblos originarios, en un distrito único y con candidaturas individuales que pueden ser patrocinadas por agrupaciones indígenas o mediante la recolección de firmas de personas con pertenencia étnica acreditada por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (Conadi): 120 como mínimo para representantes mapuche, aimaras y diaguitas y 70 para los otros pueblos (ver artículo de Contexto Factual)

Puroperiodismo conversó con Ingrid Conejeros y Ricardo Inalef, ambos candidatos constituyentes mapuche. 

En la videollamada, aparece Conejeros con trenzas y joyas tradicionales, y a sus espaldas, una bandera azul acompañada de un guñelve (Wüṉyelfe), la estrella de ocho puntas, símbolo de la cosmovisión mapuche. Han sido días agitados para la profesora y artesana que se encuentra en plena recolección de firmas para la inscripción de su candidatura en el Servel. 

“Fue una lucha bien dura el tener los escaños que tenemos ahora. Pese a que no nos gusta como quedó, es un avance y estamos agarrando lo poco que nos está quedando y buscando la forma para, en esos espacios reducidos, poder hacer algo”, comenta.

El despliegue de su campaña se ha realizado en dos frentes: el digital, centrado en redes sociales; y el territorial, en comunas que no estén en cuarentena para lograr las 120 firmas digitales que le exige la ley para oficializar su candidatura.

Ingrid Conejeros (Foto: Facebook)

Ingrid Conejeros (Foto: Facebook)

No es la primera vez que recorre La Araucanía con apuro. Es conocida en la región por participar en varios colectivos mapuche de índole social y cultural, y por el rol que tuvo desde 2016 como ex vocera (werken) de la machi Francisa Linconao -también precandidata por un cupo a indígena- . “Voy a asumir ese rol, si usted confía en mí”, recuerda Conejeros que le dijo a Linconao cuando estaba en prisión, acusada de haber participado en el asesinato del matrimonio Luchsinger-Mackay (cargo del cual fue absuelta definitivamente en 2018).

Ingrid Conejeros oficializó su precandidatura en una ceremonia realizada en una comunidad en Licanco Chico, en la comuna de Padre Las Casas, y su ruta la ha seguido acompañada del colectivo Trawun mapuche político, resaltando la plurinacionalidad como un eje que pretende llevar a la Convención si sale electa. Lo considera “un reconocimiento histórico y eso se refiere a la invasión hacia nuestro pueblo y usurpación de territorios, además exigir reparación y generar una relación distinta, un Estado en el cual cohabitamos con otras naciones originarias y con el pueblo chileno”.

El derecho a la lengua, salud y educación desde un enfoque intercultural son otros temas que busca plasmar en una nueva Constitución. “Estoy con mucho ánimo y ganas porque detrás de esta candidatura hay mucho trabajo. Nuestra estrategia es llegar como una especie de infiltrado, mostrar lo que sucede y denunciar cuando el proceso no se realice con transparencia”, dice.

Por su parte, Ricardo Inalef tiene una voz fuerte y gesticula para hilar sus ideas. Su precandidatura es apoyada por organizaciones comunitarias y comunidades mapuche y huincas, y dice que de resultar electo, su rol será parlamentar como mapuche en un proceso que es chileno. Aun así, explica:  “No representamos al pueblo mapuche, ninguno de nosotros puede ir con ese timbre; yo voy en representación de las organizaciones que me respaldan, pues atribuirse eso tiene implicancias históricas y políticas”. 

Inalef es psicólogo y dirigente, aunque para él, la historia de donde proviene es lo importante: su lof -comunidad de origen- está en Karilafquén, cerca del río Toltén. Luego vivió en Concepción para después migrar a Santiago, a La Florida, la cual acuñó como su “segunda comunidad”. Actualmente es parte de la organización mapuche Los Sin Tierra, que surgió para reunir a generaciones mapuche que quedaron sin territorios tras un decreto dictado en dictadura, donde cada integrante tiene una ficha que contiene su historial familiar, y la restitución territorial se realiza a través de una demanda colectiva contra el Estado chileno.  

“Nuestros puntos centrales son la restitución de nuestro Wall Mapu, la liberación de nuestros presos políticos y la desmilitarización de nuestras comunidades”, dice. 

En la revuelta de octubre promovió, al igual que gran parte del pueblo chileno, la realización de una Asamblea Constituyente, y aunque el acuerdo del 15 de noviembre abrió un proceso para redactar una nueva Constitución, él aún lo ve como “una traición a los pueblos en lucha”, un pacto realizado en un contexto de violaciones a los derechos humanos.

Un sentimiento parecido le provocó la discusión de los escaños reservados, que califica como “una decepción total”. Dice: “El análisis que hacemos es que el Estado desde nuestro nacimiento ha actuado así. El racismo es brutal, no nos sorprende, y por la defensa de nuestra reconstrucción de la nación mapuche y por nuestros derechos, vamos a asumir los costos”.

Su grupo de apoyo se extiende desde Chiloé hasta Valparaíso, a pesar de que  considera que el escenario es adverso,“hemos aprendido a través de nuestras familias y pueblo  históricamente a subvertir las condiciones que nos impone el Estado, y en eso trabajamos todo para saltar el cerco o torniquete como saltaron los chiquillos en el metro”, recalcó Inalef. 

Los nudos en la Convención Constitucional

En enero de 2020, Espacio Público publicó un documento llamado Recomendaciones para fomentar inclusión en el proceso constituyente. Allí, dice: “Es indispensable tener un proceso de participación ciudadana bien diseñado, ampliamente convocante e inclusivo, tanto en el periodo entre el plebiscito y la elección de los convencionales constituyentes, como durante el funcionamiento de la convención constituyente”.

Tras el plebiscito de octubre, el mismo centro de estudios publicó una encuesta junto a IPSOS para responder una pregunta específica: ¿Qué perfil de constituyentes queremos en la Convención? A pesar de que un 75% se manifestó interesado en el proceso constituyente, el 55% declaró estar nada o poco informado sobre la elección de convencionales que se realizará en abril de 2021.

“Hay desconocimiento sobre el proceso de elección de las y los constituyentes, el plebiscito de salida y sobre el contenido que regula una constitución, desconocimiento que se atribuye desigualmente en la población, afectando principalmente a mujeres, grupos socioeconómicos más bajos y personas residentes en regiones”, concluye la consulta.

En tanto, los perfiles que generan mayor confianza para participar en el órgano que redactará una nueva Carta Magna son personas expertas en temas constitucionales (53%) y profesionales en diversas áreas y dirigentes que representen demandas de movimientos sociales, ambos perfiles con 36% de las preferencias. En contraste, los que generan menor confianza son personas con trayectoria política y/o experiencia en cargos públicos (52%) y rostros de personas conocidas (42%).  Además, un 64% de los encuestados prefiere que los candidatos constituyentes no tengan militancia política.  

La cientista política y académica de la Universidad de Valparaíso, Javiera Arce, concuerda con que existe un problema de acceso a la información en el proceso constituyente, acompañado de una “expectativa” por parte de la ciudadanía por el “desconocimiento de mecanismos de democracia participativa y democracia directa”, lo que ha impulsado la candidatura de independientes. 

Otro factor importante es el ambiente de desconfianza institucional que ha manifestado la población. “Se observa hace ya 10 años, es decir, los partidos se encuentran entre 2 a 3% de confianza, lo mismo el Congreso. Es así como los partidos han sido declarados casi intrascendentes (…) Este desgaste responde a que no están cumpliendo su función en el sistema político: filtrar demandas y comunicar a la sociedad con el gobierno”, asegura.

El 11 de enero termina el plazo para la inscripción de las candidaturas de independientes e indígenas en el Servel. Luego, en abril es la elección de los convencionales. Y a pesar de las altas expectativas que ha mostrado la ciudadanía, Arce advierte: “El proceso puede ser medio decepcionante, porque  la oposición va a ir media dividida más los independientes, mientras que a la derecha le va a ir súper bien”.

 

#Etiquetas:

Comentarios.