Actualidad

Contra la corriente: proyectos periodísticos autogestionados en plena crisis de los medios

Por ~ Publicado el 29 septiembre 2021

A pesar de la crisis que atraviesan los medios de comunicación tradicionales, la creación de nuevos proyectos periodísticos autogestionados en plena pandemia no cesa. Boletines, podcast y bookstagram son nuevas propuestas para acompañar, ayudar en el uso de nuevas tecnologías o leer reseñas en Instagram. Uno de los grandes desafíos para que perduren estas iniciativas es el financiamiento, aunque según el informe Reuters la “gente no común no comparte esas inquietudes”, y a nivel general en los países un 53% no siente preocupación sobre el futuro del periodismo local y nacional y sólo un 27% apoyaría una intervención gubernamental para ayudar a los medios comerciales.


 

No son tiempos fáciles para el periodismo, pero los tiempos de cambio rara vez lo son. Así lo consignan Reuters Institute y la Universidad de Oxford en su último informe Digital News Report, en el que exponen que “la crisis ha acelerado nuevos modelos de negocios como la suscripción y la membresía”. Bajo este contexto nuevos proyectos periodísticos autogestionados emergen para innovar en nuevos formatos y/o estilos para acompañar, entretener, informar o, en ocasiones, para adquirir nuevas herramientas en el uso de las tecnologías en plena pandemia. 

A pesar de la crisis de los medios, la ciudadanía aún parece desconocer las problemáticas y/o desafíos que enfrenta el periodismo. Según el mismo informe, a pesar de que un porcentaje de la población paga suscripciones, “la mayoría de la gente no muestra voluntad de pagar, dada la abundante información gratuita de proveedores privados y en algunos casos de medios públicos o sin ánimo de lucro”. En este último año diversos medios han diversificado sus fuentes de ingresos para no depender de la publicidad, entre ellos destacan El País de España y El Tiempo de Colombia; ambos lanzaron sus muros de pago en medio de la pandemia.

El periodista y académico Patricio Contreras aconseja sobre el modo de financiamiento de los medios en este contexto de crisis: “No hay que colocar todos los huevos en la misma canasta, es decir que hay que tener fuentes diversificadas de ingreso”. Y así lo ha realizado con su proyecto Sala de Herramientas, que emergió a inicios de la pandemia para ayudar el uso de nuevas tecnologías a profesores en clases remotas.

El reporte anual del Reuters Institute da cuenta de que uno de los grupos preocupados por el futuro del periodismo local y nacional son los “legisladores” y “académicos”. En tanto, la “gente común no comparte esas inquietudes”. De hecho, a nivel general en los países donde se aplicó el estudio “apenas un tercio (31%) es consciente de que muchos medios comerciales son menos rentables de lo que eran hace una década y la mayoría (53%) no siente preocupación por ello”. Además, sólo un cuarto (27%) apoyaría una intervención gubernamental para ayudar a los medios comerciales.

A pesar del escenario desfavorable, muchos periodistas luchan contra la corriente y se han esforzado para acompañar a la población en estos tiempos pandémicos. Constanza Vargas, periodista y creadora del podcast Weona, full sí comenta que una de sus motivaciones de emprender su proyecto junto a la estudiante de antropología María Ignacia Pérez, fue que “nosotras también fuimos las niñas chicas fanáticas de One Direction, de Justin Bieber, de Harry Potter, que eran fangirls y (eran) miradas en menos (…) Entonces queríamos que  niñas, niños, niñes  encontrarán un espacio en el que alguien los escuchara”. 

Puroperiodismo conversó con periodistas y estudiantes, quienes a pesar de la crisis de medios decidieron crear proyectos periodísticos autogestionados fuera del formato tradicional e incursionando en nuevas plataformas. Entre ellos destacan el podcast, boletines y bookstagram.

El trabajo remoto como nicho: la experiencia del boletín Sala de Herramientas

Patricio Contreras es periodista y ha impartido clases en diversas casas de estudios. Como herramienta pedagógica, en algunos de sus cursos elaboraba tutoriales para explicarles a sus estudiantes contenidos y/o actividades. Pero en marzo de 2020, con la llegada del Covid-19 y el confinamiento, cambió la modalidad de impartir clases. La presencialidad no era una opción y la virtualidad se convirtió en el nuevo espacio de encuentro educativo para adquirir conocimientos. Y en medio de ese cambio, muchos profesores, ya sea por motivos de brecha digital o escaso conocimiento del uso de herramientas digitales, enfrentaron diversas complejidades para impartir sus clases.

“Percibí la necesidad de muchos profesores de adaptarse a la nueva realidad y grabé un primer tutorial que era sobre cómo grabar pantallas en un computador y a ese tutorial le fue muy bien”, recuerda Contreras. Así fue como empezó a grabar tutoriales para enseñar el uso de herramientas digitales. Ya a fines de abril de ese año no solo eran tutoriales, sino que también un boletín semanal llamado Sala de Herramientas, disponible en la bandeja de correo durante los viernes en la mañana.

Patricio Contreras, periodista y creador del boletín Sala de Herramientas. (Foto: Pablo Baeza Contreras)

Patricio Contreras, periodista y creador del boletín Sala de Herramientas. (Foto: Pablo Baeza Contreras)

“Comparto ideas, recursos, lecturas y tutoriales pensando en profesores virtuales y trabajadores remotos, todo en el contexto de la pandemia”, dice.                 

Con el tiempo, el proyecto fue mutando, o creciendo. Sus publicaciones e interacciones en redes sociales le permitieron ir construyendo una comunidad en torno a su contenido, aunque Contreras reconoce que al principio “fue un proyecto que no partió con ninguna planificación, al contrario de lo que yo predico en los cursos de periodismo emprendedor”. Una de sus principales motivaciones, explica, era “ayudar o apoyar a otros profesores de periodismo”. Pero al poco andar, las mismas personas le escribían que su boletín y canal también servía a trabajadores remotos que se estaban adaptando a nuevas plataformas.

Conteras lo hace así: asigna un tiempo para leer distintas fuentes de información y revisar boletines sobre tecnología y educación, entre 45 minutos o una hora, para luego extraer esta información a una base de datos en una aplicación llamada Notion.

 “Los miércoles por la mañana me siento y abro la base de datos. Reviso lo que tengo y empiezo a escribir la edición del boletín que será enviada dos días después”, explica.

Respecto al financiamiento, el docente comenta que “hay que tener fuentes diversificadas de ingreso” y agrega que lo ha  empezado a hacer es  “explorar distintas vías: la primera fue las donaciones – yo solamente solicitó donaciones únicas-, no he explorado los modelos de membresía con aportes recurrentes”. Y reconoce que ha experimentado con “patrocinios”, es decir organizaciones y marcas.

Un concepto que acuña el periodista es la “transferencia del conocimiento” y explica que “todo lo que he aprendido haciendo el boletín y grabando los tutoriales, ahora lo ofrezco en forma de capacitaciones y talleres”, lo cual concluye que se ha transformado en una “nueva vía ingresos inesperada”.

Lecturalis, el bookstagram de una estudiante de periodismo

Catalina Fernández es estudiante de cuarto año de periodismo de la Universidad Alberto Hurtado y ha publicado reseñas de libros en medios feministas. A temprana edad empezó su gusto por la lectura. Dice que Crepúsculo, escrito por Stephenie Meyer, la dejó fascinada y entre sus preferencias literarias destacan los clásicos de Jane Austen, Mery Shelley y tramas de fantasía.

A inicios de mayo de este año, arribó al mundo de los bookstagram… ¿Qué es eso? Fernández explica que es como un “juego de palabras” entre book e Instagram, un espacio en esa red para compartir tu gusto y pasión por las lecturas, “como una especie de bitácora de lo que vas leyendo”.

En tiempos de desesperanza, la lectura puede cooperar creando mundos paralelos. Tras más de un año de pandemia, al igual que muchas personas, la estudiante enfrentó un periodo de tristeza, pero también descubrió una alternativa para mostrar su pasión por la lectura. Fue así que creó su bookstagram llamado Lecturalis.

Allí, Fernández comparte publicaciones de reseñas de libros escritos mayoritariamente por mujeres. “Generalmente me llegan más las historias de escritoras”, dice, y agrega que “lo que más me interesa es que en las reseñas se abra el espacio de discusión”. Entre sus seguidoras destacan mujeres desde los 18 a 35 años, una comunidad que define como “diversa”, pero que tienen en común disfrutar historias de fantasía y clásicos con una perspectiva de género.

La estudiante de periodismo ha organizado sus tiempos para convalidar la carrera y su proyecto a la vez. Durante la semana realiza una publicación de una reseña y calendariza el mes con las reseñas que considera obligatorias. “Si alguien me quiere enviar colaboración de algo, yo feliz (…) También me voy fijando en los horarios de flujo de la cuenta”, comenta.

Ya ha tenido relaciones con editoriales para reseñar libros. Una de ellas fue con la editorial SM, a la que llegó a través de una publicación en Facebook. Fernández  recuerda que escribió a la editorial “muy en la parada de ‘en pedir no hay engaño’” y agrega que detrás de estos avances hay un trabajo para el cual ha tenido que adquirir “disciplina”, para que a futuro su proyecto pueda ser una puerta de entrada al mundo laboral.

“Yo me metí al periodismo para después dedicarme a la literatura. Entonces, en el camino me fui enamorando de la carrera, pero mi norte al final siempre ha sido la literatura”, concluye.

Catalina Fernández, estudiante de periodismo de cuarto año de la Universidad Alberto Hurtado. (Fotografía cedida por Catalina Fernández).

Catalina Fernández, estudiante de periodismo de cuarto año de la Universidad Alberto Hurtado. (Fotografía cedida por Catalina Fernández).

Actualidad según dos amigas: el podcast Weona, full Sí

María Ignacia Peréz es estudiante de antropología y Constanza Vargas es periodista. Ambas se conocieron en la Universidad Alberto Hurtado, y su podcast Weona, full Sí surgió a través de la amistad, militancia y humor desde la farándula y perspectiva feminista. 

En la casa de estudios ubicada en Almirante Barroso, a mediados del 2018, empezó a surgir la idea de un posible podcast. “Nosotras  nos encontramos en esta militancia que estuvimos y de repente  nos encontramos cachando que nadie encontraba importante lo que estábamos hablando”, recuerda Pérez. En ese entonces, Vargas estudiaba periodismo y recuerda que juntas llegaron a la conclusión de que “estábamos perdiendo material”.

En 2019 su proyecto se concretó. Recuerdan entre risas que buscaron en el sitio WikiHow cómo hacer un podcast y confiesan que el nombre de Weona, full sí tiene un propósito de burla hacia sectores de izquierda que menosprecian la farándula enlazada con política. “Burlarnos de que somos huecas, de que somos básicas, de un “weona, full sí”, es como, weón nosotras no hablamos así”, dice Pérez.

Los primeros capítulos del podcast se grabaron en un estudio de radio en la universidad, pero tras el estallido social y la pandemia cambió el flujo de trabajo. Los capítulos bajo el contexto de crisis sanitaria los han grabado a través de Zoom. María Ignacia Pérez explica que sus capítulos “son de análisis de la semana”: elaboran una “pauta” en conjunto de los temas que desean tratar y están “pendiente de las noticias”. Respecto a su sección llamada weona full sí, weona full no, Vargas explica que se trata de “ver qué aprobamos y qué no de las noticias de la semana”.

“Y también la otra parte, que no es sólo edición, sino que es publicar y publicitar el capítulo (…) De repente estamos horas pensando en el título de un capítulo”, agregó la estudiante de antropología. 

Uno de los capítulos que las convirtieron en uno de los podcasts más escuchados en Spotify fue el de “Nano Calderón prófugo de la justicia”. “Hicimos una línea de historias explicando todo lo que pasaba con Nano Calderón (…) Normalmente nuestras historias las ven entre 200 a 300 personas, esa vez nos veían 4.000 personas por historia. Creció mucho el podcast, por el manejo de redes sociales”, cuenta Pérez. 

María Ignacia Pérez y Constanza Vargas, ambas creadoras del podcast Weona, full sí. (Ilustración realizada por Katze).

María Ignacia Pérez y Constanza Vargas, ambas creadoras del podcast Weona, full sí. (Ilustración realizada por Katze).

La comunidad del podcast, comenta Vargas, es “adolescente” de entre 14 y 25 años, en su mayoría de la comunidad LGBTIQ+. La periodista agrega que existe una “responsabilidad” ante el público, además para tratar temas complejos acuden a fuentes expertas y de forma constante verifican la información, ya que sus auditores y auditoras les han informado que han sido citadas en sus trabajos educativos. 

En cuanto, a la monetización, Vargas dice que se están “abriendo oportunidades para el mundo del podcast” y la clave es tener  “constancia”. Una de sus proyecciones explica Vargas es “quizás pertenecer a una radio más chica como Holística Radio, o incluso yo he llegado a pensar últimamente que no sería tan descabellado tratar de venderle el podcast a Spotify”.

“Tener un podcast es tener ruido, y escuchar gente es de repente compañía, es de repente te sientes solo, pones un podcast y te sientes menos solo”, concluyó la periodista.

 

Revista La Máquina

En una entrevista en vivo a través de Instagram, el periodista Nelson González presenta a la actriz Mariana di Girolamo, junto al director Leonardo Medel para conversar sobre el estreno de la película La Verónica

González presenta el filme con naturalidad, desde temprana edad ha estado vinculado al mundo de la cultura y a las artes por su historia familiar. Luego, en tercer año de carrera ya  pensaba en crear algún formato periodístico centrado en contenidos sobre cultura, idea que concretó en febrero de 2019 con excompañeros de la universidad. Entonces nació Revista La Máquina.


“Nuestro origen tuvo la orientación de apoyar al arte chileno, sobre todo independiente”, recuerda. 

El equipo de la revista recién estaba emergiendo poco antes del estallido social, y tras el 18 de octubre, González cuenta que detuvieron su actividad por cerca de un mes, y que luego, “tras intentar recobrar las actividades presenciales junto a proyectos puntuales, en marzo de 2020 la pandemia nos azotó a todos”.

Aportar sobre la discusión de las artes y cultura sin ningún tipo de discriminación, la aceptación, el respeto y la nula censura son algunos pilares de la revista. “Siempre estuvo en mente que la línea editorial tenía que (ser) lo más imparcial posible en términos políticos y religiosos. Sin embargo, con el tiempo se fue madurando más nuestra orientación político-social, especialmente en lo referido a situaciones culturales, como por ejemplo la actual designación de Alessandri en el GAM o las acciones reprochables de la ministra (de Cultura)”, explica González.

Con el transcurso de la contingencia nacional empezaron a desarrollarse en la revista discusiones sobre cultura en el marco del proceso constituyente a través de entrevistas escritas o transmitidas por redes sociales. Entre las participantes destaca la actual convencional y abogada especialista en derechos humanos y la defensa del pueblo mapuche, Manuela Royo

El flujo de trabajo de la revista comienza el día lunes a través de reuniones de pauta para definir qué temas desarrollar durante la semana, aunque depende del tópico si se le da o no más tiempo. El editor de la revista explica que “los periodistas y/o colaboradores son designados dependiendo de los intereses, aptitudes y también de los tiempos de cada uno, considerando que es medio independiente, aún sin recursos que permitan sustentarlo a largo plazo”.

En la revista han buscado diversos métodos de financiamiento, incluyendo banners y patrocinios. A pesar de los esfuerzos, Nelson González asegura que ha “sido tremendamente complejo desde el año pasado, por la escasa apuesta de las empresas por medios independientes digitales. Aún se mantiene el sistema que beneficia a los grandes conglomerados”. 

Actualmente la revista se sustenta por medio de una agencia vinculada al medio llamada CulturAcción, que -explica González- “provee algunos servicios como fotografía, sesiones audiovisuales, diseño digital, implementación de talleres y conversatorio, y pronto se anunciará un proyecto que tiene directa relación con lo académico”.

#Etiquetas:

Comentarios.