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Alberto Precht, director de Chile Transparente: “Lo que tiene que pasar es que la prensa pueda efectuar con libertad su trabajo y que el Estado no reprima su accionar, menos espiando a los periodistas”

Por ~ Publicado el 3 mayo 2021

Son días difíciles para la libertad de expresión en Chile. A la caída en rankings internacionales y el duro informe anual de la Relatoría Especial de la CIDH, se suman los centenares de periodistas agredidos y/o detenidos, las presiones de La Moneda contra un canal de TV, la ofensiva de las FF.AA. contra un programa humorístico y las falencias en el acceso a información pública. De todo eso conversamos en esta entrevista con el abogado y director de Chile Transparente, Alberto Precht. Con una visión menos fatalista que la de otros expertos, el docente de Periodismo UAH reconoce las falencias en todas esas materias, con deudas y avances, y reconoce que ya el hecho de que entidades como la CIDH empiecen a elaborar este tipo de análisis con mayor profundidad “demuestra que hay un resquebrajamiento del cuidado de los derechos fundamentales en nuestro país”.  


“La libertad de expresión es una de las manifestaciones más potentes que pueden existir de la dignidad humana. No existe un ser humano pleno si éste no puede efectivamente pensar, razonar y opinar de manera absolutamente libre. Recibir distintos tipos de información y formarse así una idea de la realidad”.

Con estas palabras, el abogado, director de Chile Transparente y académico de la cátedra de Derecho a la Información en la carrera de Periodismo de la Universidad Alberto Hurtado, Alberto Precht, expresa la importancia que tiene el derecho a la información para el desarrollo de las sociedades y la gravedad que reviste cuando éste se ve amenazado. Algo que en cierta medida está ocurriendo hoy en Chile.  

En el marco del Día Mundial de la Libertad de Prensa, Puroperiodismo publicó esta mañana dos artículos que dan cuenta de la preocupante situación actual del país en esta materia. En uno de ellos se muestra cómo ya son cerca de 300 los periodistas y comunicadores/as que han registrado ataques o detenciones arbitrarias e ilegales por el sólo hecho de ejercer su profesión durante el último año y medio (ver artículo). En el otro, se da cuenta de cómo Chile perdió en apenas un año tres posiciones en el ranking mundial que anualmente elabora Reporteros sin Fronteras, quedando en el puesto 54º, en el rango de naciones “con problemas significativos” en materia de libertad de expresión. 

Además, para entender en detalle el fenómeno, revisamos el duro análisis que hizo la Relatoría Especial sobre Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (RELE) en su último informe anual, donde da cuenta de graves y repetidos casos de agresiones, amenazas, censuras y diversas acciones efectuadas tanto por entes públicos como privados que vulneran el libre ejercicio de la prensa y el correcto acceso a la información pública (ver artículo). 

Es precisamente en ese último reporte que se señala que la pandemia ha afectado el acceso a información de organismos públicos, y que “el Consejo para la Transparencia (CPLT) detectó infracciones a la Ley de Transparencia por parte de organismos de salud y hospitales luego de haber fiscalizado a 25 de estos organismos. Según el CPLT, el 76,6% infringió la ley por ofrecer respuestas fuera del plazo determinado, ausencia de respuesta, prórrogas extemporáneas y prórrogas múltiples. La fiscalización también encontró que un 87,1% de las solicitudes se registraron como vencidas y sin respuesta”. 

Ante esta información, Precht da a entender en esta entrevista con Puroperiodismo que si bien el problema existe, comparativamente la situación no es tan mala, aunque asegura que “siempre se puede hacer mucho más”.

Alberto Precht, director de Chile Transparente y académico de la cátedra de Derecho a la Información en Periodismo UAH.

Alberto Precht, director de Chile Transparente y académico de la cátedra de Derecho a la Información en Periodismo UAH.

—La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH dedicó a Chile el capítulo más extenso y con mayor cantidad de casos de la región. Usted comentó que a pesar de la situación que vive Chile, considera que no estamos tan mal, pero cada vez son más notorios los problemas por los que atravesamos. ¿Qué lectura hace de esta situación? 

Hay que partir de la base que la RELE no hacía informes acerca de Chile, y que se empiecen a elaborar éstos con mayor profundidad demuestra que hay un resquebrajamiento del cuidado de los derechos fundamentales en nuestro país. Evidentemente, la libertad de expresión y la libertad de prensa se han visto afectadas por el abuso policial, por las señales de presión y, efectivamente, es una lástima que Chile vuelva a estar en el escenario global. 

Trabajando en una institución como Transparencia Internacional me toca ver todos los días cómo hay periodistas asesinados alrededor del mundo, y esperamos que en Chile no lleguemos a esa situación. Lo que están viviendo los periodistas, por ejemplo, de El Faro, bajo el gobierno de Nayib Bukele en El Salvador, son señales mucho más alarmantes que las nuestras. No significa que tengamos que dejar las nuestras de lado; acá lo que tiene que pasar es que efectivamente la prensa pueda efectuar con libertad su trabajo y que el Estado no reprima su accionar, menos espiando a los periodistas. 

 

—El Observatorio del Derecho a la Comunicación registra cerca de 300 periodistas y comunicadores/as agredidos o detenidos desde el estallido social de octubre de 2019.

Por eso también es importante que se pueda educar mejor a la ciudadanía en el rol de la prensa. Ha habido muchos periodistas que han sufrido por el solo hecho de ir a cubrir una manifestación y por trabajar en un determinado medio, y eso también -aunque no es una violación de derechos humanos- habla de una tensión con ciertos medios de comunicación. Al final, quien está ahí es un periodista haciendo su trabajo.  

Si hablamos de libertad de expresión tenemos que saber que los grandes medios tienen esa libertad editorial, y que así como hay que cuidar la de Interferencia, La Red, la de Opal o la de cualquier medio independiente, también hay que cuidar la de Mega y Canal 13, en el sentido de que el trabajo de un periodista es casi sagrado para que efectivamente una sociedad democrática pueda funcionar de buena forma. 

 

—Pero la mayoría de esos casos tienen que ver con acciones vulneratorias por parte de las fuerzas de orden y seguridad. ¿Qué efecto tiene este panorama represivo y violento sobre el ejercicio de la prensa? ¿Qué recomendación puede dar?

La Ley de Prensa permite que sea fácil constituir un medio de comunicación, por lo que les he recomendado a muchos periodistas de medios alternativos que inscriban sus medios bajo esa ley. Eso debiese hacer que el fiscal se inhiba de la persecución penal. Pero antes de la persecución penal hay una detención y represión de la prensa que es inaceptable, y cuando un periodista o un cámara está sacando fotos, Carabineros no debería caer en los abusos que ha caído. 

Más grave sería -y, lamentablemente, ha pasado- que un fiscal levante cargos contra ese periodista, cuando eso no debiese ocurrir. Por lo mismo, deberíamos formalizar todavía más el trabajo de la prensa, para que los fiscales puedan decir desde un primer minuto ‘esto no corresponde, lo archivo, y que la prensa pueda seguir haciendo su labor’. 

 

—¿A qué cree que se debe ese actuar policial? 

Los abusos contra la prensa no son nuevos, y eso habla de una falta formativa en Carabineros. También hay una ilusión del actuar policial que cree que se puede actuar con una determinada impunidad que ya no existe. El Estado debiera defender los derechos fundamentales, y cuando esos derechos son vulnerados, uno esperaría que tal como se ponen acciones contra alguien que quemó un edificio, se pusieran también con mayor firmeza por parte del Consejo de Defensa del Estado con aquellos carabineros que han vulnerado, en este caso, la libertad de expresión y el ejercicio libre de la prensa.

 

—La RELE también pone énfasis en las denuncias sobre la falta de acceso a la información y el manejo de la pandemia en Chile. ¿Cómo considera que estamos en materia de acceso a la información vía Ley Transparencia? 

Nunca es suficiente. Hay estudios que señalan que Chile es el cuarto país con mejor acceso a la información en cuanto a la pandemia. Y efectivamente acá hay estadísticas, hay números. Eso se debió a la presión de muchos periodistas, entre ellos Alejandra Matus, que llevaron a cabo investigaciones que lograron que el Estado expusiera. 

Lo que pasa es que vivimos en un mundo en el que no hay información en general. Desde Transparencia Internacional hemos solicitado en más de 80 países información de acceso a la vacuna, y en todos nos han negado la información de los contratos, por ejemplo. Es bastante frustrante, porque no hablamos solamente del entorno latinoamericano; cuando le pedimos documentos a la Unión Europea, lo que se nos entrega está completamente tarjado. Entonces, por distintas razones, los estados han optado por tener mayores niveles de secreto. Claramente el acceso a la información se ha visto afectado y los plazos han sido más largos no teniendo que serlo. Ha habido una ralentización en la entrega de esa información. Sí hay que valorar que, cuando uno ve comparativamente, incluso con países grandes e importantes, la data chilena es de bastante calidad. Pero bueno, siempre se puede hacer muchísimo más, sin duda.

 

De transparencia, Fuerzas Armadas y espionaje a periodistas

—Usted hizo una charla en el Ejército un par de días antes del estallido social, donde se refirió a los ‘porqués’ clave en la institución que no son respondidos, ¿cómo lo sopesa ahora?

Las instituciones armadas son fundamentales en los países; que a uno le gusten o no, es otro tema. Por lo mismo, creo que uno tiene que trabajar con y no contra ellas, y esto significa ser activo vigilante y denunciante a las mismas. Claramente, para el Ejército y el mundo armado y uniformado, el paso de la opacidad a la transparencia es un cambio cultural muy duro. Es mucho más complejo de lo que vivió el Estado desde 2009 [con la entrada en vigencia de la Ley de Transparencia], que ya fue un cambio bastante traumático. Estos cambios toman tiempo. 

Cuando hay transparencia, lo que a primera luz se descubre son más las anomalías que las virtudes, y eso ha ocurrido en el Ejército. Por el buen trabajo de la prensa -toca sacarse el sombrero por el trabajo de Mauricio Weibel [quien destapó el llamado Milicogate]-, salieron a la luz estas cosas ocultas que permitieron develar otra serie de conductas. Eso lleva a que el Ejército tenga que tomar una decisión más bien institucional. Es una tensión permanente, y desde Chile Transparente tratamos de apoyar a que el Ejército resuelva esa tensión hacia la transparencia en su funcionamiento diario, sobre los privilegios que pueden tener y el por qué existen para así poder explicarlos de buena forma o ir eliminándolos.

 

—Respecto a los casos de espionaje por parte de la Dirección de Inteligencia del Ejército (DINE) hacia periodistas, y que el juez Juan Antonio Poblete, que aprobó las intervenciones, tuviese conocimiento de esto, pero que ahora lo revele de forma tal para exorcizar al Ejército, ¿qué opinión tiene sobre este tema particular?

Acá el juez Poblete o fue engañado o se dejó engañar, y ambas cosas son graves. Las leyes de inteligencia existen y tienen su razón de ser, y por lo mismo los criterios tienen que ser muy exigentes para que se autorice este tipo de operaciones. Lamentablemente, en este caso y también en el Caso Huracán, hemos visto como el civil que está a cargo de dar estas autorizaciones no ha sido lo suficientemente exigente ni riguroso al otorgarlas. 

Hay muchas explicaciones que tienen que dar tanto el Ejército como el Poder Judicial. Y ha habido un silencio importante de la Corte Suprema, que uno esperaría que fuese más activa en cómo los jueces de las cortes de Apelaciones están dando este tipo de autorizaciones. Quienes hemos trabajado denunciando los casos del Ejército tenemos la duda de si el día de mañana podemos ser espiados por hacer nuestro trabajo.

 

—Poco después de conocerse lo del espionaje, vino la sátira de un general en un programa humorístico en La Red y la polémica por las cartas del Ejército y las otras ramas de las FF.AA. criticando el contenido e incluso indicando cómo debe ejercerse el derecho de la libertad de expresión. El gobierno, a través del Ministerio de Defensa, respaldó ese actuar y al día siguiente el ministro vocero, Jaime Bellolio, expresaba que el interés del gobierno era defender y promover la libertad de expresión ¿Qué señales concretas cree que ha dado el Ejecutivo en cuanto a esta materia? 

Cuando el ministro Bellolio señala que las FF.AA. pueden opinar libremente cuando se sientan ofendidas por el caso de una sátira, hay una señal que consideramos incorrecta. Las Fuerzas Armadas tienen un valor simbólico y una posición constitucional que hace que su actuar en la esfera pública deba ser totalmente cuidadosa, tratando de evitar este tipo de señales. Sin embargo, soy de los que sostienen que en Chile gozamos de una libertad de prensa y libertad de expresión a niveles comparativos bastante amplia. Tenemos que avanzar hacia el perfeccionamiento, a una mayor diversificación de los medios, y a no retroceder a estados anteriores en los que existía censura. 

 

—Respecto al anuncio que hizo el CNTV de levantar cargos contra La Red por la entrevista al ‘Comandante Ramiro’, acusando falta de pluralismo en la entrevista y porque ésta pudo afectar la democracia y la paz social, los mismos argumentos que se habrían esgrimido desde La Moneda para ejercer presiones al medio a través de un “telefonazo”. ¿Cómo lee usted esta formulación de cargos del CNTV?

Lo rechazamos absolutamente. Demuestra el anacronismo que tiene el Consejo Nacional de Televisión. ¡Ya tener un órgano específico que regule la TV, cuando hoy tenemos un sistema multi-medial, es bastante anacrónico! Partiendo desde ahí, ya vemos una anomalía. Además, jurídicamente no hay ninguna vulneración a las normas de la Ley de Prensa o del funcionamiento específico de los canales de televisión. El ‘Comandante Ramiro’ está en todo su derecho de poder dar la entrevista, y el canal de tomar la decisión editorial que quiera. Uno podrá criticar como televidente que la entrevista no fue incisiva o que no hubo contrapunto, pero que eso afecte a la libertad de expresión o a las normas que regulan a nuestra televisión, creo que es absolutamente incorrecto y lamento que el CNTV, con esta señal, pueda afectar las líneas editoriales de los canales de televisión.

 

—¿Dónde está el límite? ¿Los hay?

Los únicos límites que tiene la libertad de expresión son muy específicos y están establecidos en los tratados internacionales de derechos humanos: en la Convención Interamericana de Derechos Humanos. ¿Cuáles son esos límites? El discurso de odio, que es distinto del discurso odioso, es decir la promoción activa de la violación de la dignidad de una determinada comunidad; el afectar el derecho de menores como la promoción de pornografía infantil, de la pedofilia; y el incentivar la guerra. Y en este caso, estando en contra de los dichos del ‘Comandante Ramiro’, como persona y televidente, ese es el único juicio que puedo hacer, pero él no promovió ningún discurso de odio, ni que afecte la infancia ni que promueva la guerra entre chilenos.

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