El zarpe de la Esmeralda #2: La Navidad

Publicado por Patricio Contreras el 24-12-2009 en Izq, Medios y Sociedad | Permalink | 1 Comentario

Todos los años el Buque Escuela Esmeralda zarpa de nuestros puertos e inicia un crucero de instrucción. Todos los años es el mismo ceremonial y los medios de comunicación hacen un calco del anterior. “El zarpe de la Esmeralda” es una columna que aborda los lugares comunes y clichés de aquellas noticias cuyo principio, desarrollo y fin —como la partida de la Esmeralda— ya está anunciado. Su autor es El Grumete, un anónimo romántico de la vieja escuela que aún aspira al cambio metodológico, conceptual y espiritual de medios y periodistas de este terruño.

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grumetePor El Grumete

Mi muy magnífico Viejito Pascual:

Debo ser sincero. Hace unas décadas dejé de creer en usted. El motivo de mi desencanto fue la inoportuna confesión de uno de mis progenitores, quien lo acusó de ser un embaucador de conciencias y, peor aún, el producto más deleznable de ese brebaje burbujeante y acaramelado que fabricó, con sus postales idílicas, la Navidad.

Pero la necesidad, dicen, tiene cara de hereje, y en este momento de turbación abjuro de mi negación pasada y vuelvo a encomendarle una plegaria de fin de año. La atmósfera de esta festividad religiosa, nublada a ratos por la ceguera consumista, se cierne sobre nuestra comarca y nuestra prensa, que, imbuida del espíritu navideño, se esfuerza en renovar, año a año, el confite de este pan de pascua informativo. Pero incluso mi inexperimentado paladar rechaza el exceso de frutas que cada diciembre, junto al insoportable calor del estío, sabe peor. En esta hora de recogimiento espiritual, le pido — mejor, le imploro— por un regalo: sáquenos del estupor navideño y libérenos de esta agonía.

Ya sabe usted: el peregrinaje noticioso comienza con las infaltables misivas que los inocentes niños de mi patria depositan, a su nombre, en los buzones del correo; la nota se adoba con las declaraciones del encargado de Correos, quien certifica el aumento de cartas, y la emotividad  de las mismas [2004, 2007, 2008, 2009]. Pero como Chile es una tierra baldía, azotada por la mentira y el engaño —ya lo dijo Edwards Bello en su Mitópolis—, no falta un bandido que enlode el ritual, haga gala de su pillería y engañe al sistema [2005].

Quizás usted no acusó recibo de las denuncias, pero el ritual navideño puede ser riesgoso y tan mortal como el temerario abordaje de un heroico marinero a una barcaza enemiga. Ahí están las advertencias de rigor: la decoración luminosa que puede incendiar el pino y causar un «siniestro» de mayor envergadura o, aún más trágico, electrocutar a un incauto [2004, 2007, 2008, 2009]. El burócrata de turno, en tanto, entrega las mismas advertencias de siempre: revise el producto, busque la certificación, no compre en la calle.

Otros medios vespertinos, específicamente aquel vendido a grito pelado en los semáforos, cuando la canícula tortura nuestra urbe y la modorra nos acecha, han optado por oficiar de consejeros y dar las claves —que nadie más tiene— para comprar y evitar robos, adquirir el televisor adecuado, no endeudarse, solucionar desavenencias conyugales en la cena de nochebuena, etc. etc.

Las ofertas de calle Meiggs

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El regalo de moda

Los que compran a última hora

2008 – http://www.cooperativa.cl/chilenos-se-volcaron-a-las-tiendas-en-busca-de-regalos-de-ultima-hora/prontus_nots/2008-12-24/182437.html

Esta solicitud, Viejito Pascual, la hago en la hora postrera pues también he caído obnubilado por la magia navideña y he relegado mis deberes —esta columnilla que me permiten escribir de cuando en cuando— al último.

Don Santa, sé de buena fuente que usted tiene un tropel de duendes y geniecillos que lo ayudan en su noble tarea. Yo sólo tengo un par de grumetes despechados que han venido en mi auxilio y elaboraron esta breve lista de otros lugares comunes que usted podría ayudar a erradicar:

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Mi ánimo, estimado Viejito Pascual, no es condenar al gremio. Como decía el sabio Montaigne, «es justo hacer una gran diferencia entre las faltas que provienen de nuestra debilidad y las que surgen de nuestra malicia» ["Del castigo a la cobardía", Libro I de sus Ensayos]. Los reducidos tiempos, la presión navideña, el frenesí de fin de año conspiran contra el oficio periodístico, apuntando a su talón de Aquiles. Que quede claro: lo descrito no hace eco de la maldad sino que es una muestra del lado defectuoso que ansía reivindicarse.

Esta solicitud la hago en la hora postrera pues también he caído obnubilado por la magia navideña y he relegado mis deberes —esta columnilla que me permiten escribir de cuando en cuando— al último de mis prioridades. Agradezco, sin embargo, el privilegio de mantener una correspondencia en tan gratos términos, aunque, claro, ¡cómo desearía que acabara aquí mismo!

Muy suyo,

El Grumete.

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  1. Notabilisimo.

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