El zarpe de la Esmeralda #1: La PSU

Publicado por Patricio Contreras el 04-12-2009 en Izq, Medios y Sociedad | Permalink | 2 Comentarios

Todos los años el Buque Escuela Esmeralda zarpa de nuestros puertos e inicia un crucero de instrucción. Todos los años es el mismo ceremonial y los medios de comunicación hacen un calco del anterior. “El zarpe de la Esmeralda” es una columna que aborda los lugares comunes y clichés de aquellas noticias cuyo principio, desarrollo y fin —como la partida de la Esmeralda— ya está anunciado. Su autor es El Grumete, un anónimo romántico de la vieja escuela que aún aspira al cambio metodológico, conceptual y espiritual de medios y periodistas de este terruño.

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grumetePor El Grumete

¡Oh, juventud esperanzada y ansiosa! Sépanlo de antemano: son el futuro esplendoroso de nuestra patria. Esta semana debieron comparecer ante el tribunal evaluador y ahora están a la espera de que visen —si sus méritos así lo permiten— su futuro ingreso a la universidad. Se han preparado durante cuatro años y en pocas horas jugaron todas sus cartas. ¡Qué azaroza es la fortuna! ¡Qué incierta es la definición!

Pero este manifiesto no apela a ustedes. No, señores, señoras. Por algo esta tribuna, que le ha cedido un reducido espacio a mi pluma plebeya, se intitula Puroperiodismo. A ellos, pasquines, gacetas, escribidores, reporteros, editores y locutores, dirijo este sentido exhorto.

Como todo diciembre, el evento que mi juventud protagoniza, la PSU, convoca a moros y cristianos, a informantes y noteros: en fin, miembros de la fauna periodística. A ellos elevamos nuestras plegarias de reforma, porque la conversión de mi estimada profesión, sí, lo creo con vehemencia, la conversión del periodimo —espiritual y corporal— siempre es posible.

Me explayaré al respecto.

Vista a través de los medios de comunicación, la realización de la PSU es un cuadro costumbrista pintado con el mismo pincel y similares colores, hoja tras hoja, canal tras canal. Una receta con ingredientes familiares pero que cada doce meses adquiere un sabor agrio, avinagrado, como una conserva destapada por el descuido de sus productores y que, enmohecida, despide una fetidez insoslayable.

Es esa foto repetida. ¿La han visto, cierto? El mozuelo, nervioso, el día del reconocimiento de sala, mirando un panel que le indica dónde lidiará con su cerebro al día siguiente y apuntando con su dedo el rut que lo identifica. A su lado otros inocentes como él, silenciosos y cautos, algunos —los menos— acompañados por sus progenitores, temerosos del paso que su retoño se apronta a dar [2007, 2008, 2009].

Reconocimiento de sala

Cuando el puntero se aproxima a la hora final, los medios acuden al experto que aliviará los pesares de la masa estudiantil. Examinadores de la psicología, autoridades de gobierno, ex puntajes nacionales, adiestradores de cerebros, nutricionistas… toda ciencia moderna se pronuncia frente a este fenómeno que acongoja el porvenir de la adolescencia.

Ahí están —y los veo siempre—, incólumes, cada año, los reos que quieren demostrar a la sociedad que también pueden lidiar con la prueba [2007, 2008, 2009]. El alcaide del penal, cual padre corrector, omnipresente y sabelotodo, se saca sus ropajes de carcelero y se planta frente a las cámaras para testimoniar la buena nueva del sistema  penitenciario, tan vilipendiado por las bocas corrosivas que pululan en esta región.

Ahí están, también, los despistados, inscritos a deshora, esperanzados de dar una prueba que rechaza sus impuntualidades. ¡Y en Valparaíso, otrora urbe con presunción inglesa, puntual como reloj de saboneta! Una paradoja. El papel de inscripción, válido para sus ojos e ilegítimo por el desliz de un funcionario negligente, flamea en sus manos sudorosas y culposas, a la espera de un sí que no llegará.

La edad es un tópico recurrente en la cobertura de la PSU, queridos parroquianos. El más viejo o el más joven. El primero burlando el paso del tiempo, sacándole la lengua, declarándose un “lolosaurio” que sobrevivió a ese meteorito infame que acabó con sus coetáneos o los relegó, varados por la resaca de la senectud [2007, 2008, 2009]. El segund0, sea niño o niña, adelantándose al futuro, apremiado por vencer el destino inexorable que blanquea el cabello y arruga el rostro a sus tiernos 13 años, etapa envidiable de la vida.

En mi roñoso tintero se quedan las suplantaciones, los no videntes [2008, 2009], la misteriosa pérdida de facsímiles en una colegio, la escuelita rural que saca su primer puntaje nacional, etc., etc.

Estimado lector, no he zarpado con mi Esmeralda querida, pero mientras escribo estas palabras y levanto mi cabeza viene el mismo recuerdo y veo el mismo ritual, la misma banda tocando la misma melodía, al compás de las despedidas y el flameo de la bandera, año tras año.

¿Deberá pasar lo mismo, siempre, con la PSU?

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2 Comentarios Déjanos tu comentario »

  1. Dije lo mismo en mi twitter (pinche mi nombre si quiere revisarlo). El cassette es el mismo y celebro la creación de esta columna. A ver si logran transportar a través de este personaje la voz que a algunos nos martiriza mientras presenciamos las reflexiones estériles de los medios contradiciendo -los que debieran ser- sus postulados básicos.

    Saludos.

  2. ¡Oh! Olvidé decir que no todo es mala cobertura mediática de la PSU. El 2 de diciembre salió en la editorial de La Tercera una reflexión bastante sensata. No hablo del contenido o la propuesta implícita detrás, sino de la invitación al debate en torno a la real utilidad de la prueba para medir habilidades y/o rendimientos. Ahora si me retiro.

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