Opinión

¿Cómo mi emprendimiento de medios puede volverse mi negocio?

Por ~ Publicado el 4 enero 2019

Quiero aclarar algo: no me considero experto de lo que hablaré. De hecho, el proyecto por el que fui seleccionado para un programa de emprendimientos creativos de la Fábrica de Medios se encuentra en pausa hasta nuevo aviso. Es por lo anterior que intentaré reflejar, en cada párrafo que venga, la misma sensación con la que llegué a este cowork ubicado en Recoleta.

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Estaba bajando en mi timeline de Facebook cuando vi un afiche con un cohete color plata. Paré mi pulgar en seco y leí la descripción. La Fábrica de Medios desarrollaba por segundo año su Programa de Formación Emprendimientos Creativos. Este es un plan presencial financiado por el Consejo Regional Metropolitano a través del Fondo 6% FNDR para proyectos de Cultura, Deportes y Seguridad, del Gobierno Regional Metropolitano de Santiago.

Gracias a sus alianzas con las corporaciones culturales Tramados y Creamundos, convocaban a distintos proyectos generadores de contenido a participar de un formulario de postulación.

Ingresé al link, llené mis datos, completé los de mi proyecto y presioné enviar. Con mi socio conversamos la oportunidad y una semana después recibimos la noticia: de 198 solicitudes habíamos pasado el primer corte. Luego hubo una entrevista grupal para conocer más a los gestores de esos emprendimientos y, así, ingresamos a los 20 finales. Una idea que se me ocurrió en un asado, que luego implementé y fue valorada por un nicho, se convirtió en mi carta de presentación ante otras iniciativas, proyectos e incluso empresas ya conformadas.

El 7 de mayo conocí las instalaciones de la Fábrica de Medios, un galpón remodelado cercano a la Avenida Perú, en Recoleta, que funcionaba para distintos asociados y para nuestras clases. Me presentaron a mis compañeros y también sus emprendimientos, que iban desde la lucha libre hasta los museos, de la medicina a un holograma publicitario, desde proyectos radiales hasta de un futuro libro sobre la once que tomamos todos los días.

En la segunda clase recibí la noticia de que mi emprendimiento era una mala idea. Que no tenía una mirada comercial, tampoco proyección y menos un cliente definido.También me dijeron algo que después entendí y que también vi en otros ejemplos: que estaba sumamente enamorado de mi proyecto. Algo que nubla cualquier crítica constructiva que uno debe hacerse frecuentemente

No niego que hubo comentarios chocantes; otros los encontré injustificados. Aún así, junto a mi socio elaboramos una propuesta que implicó pensar como nuestro cliente. ¿Quién era? ¿Qué le gustaba hacer? ¿Cómo se informa? ¿Qué consume? ¿Cuál es su dolor que nosotros, con nuestra propuesta de valor, venimos a aliviar? Preguntas que desde el periodismo me hice, pero pensando en una audiencia. No, ahora debía ser pensando en un cliente.

Llegamos a la clase siguiente y mi socio levantó la mano para dar a conocer nuestra nueva idea. Nuestra propuesta fue aplaudida, literalmente, por los presentes.

Errar es natural a cualquier proceso que implique tomar decisiones. Por eso entendí el valor y lo que significa el riesgo de apostar todo por tu idea. Rápidamente, en un ecosistema abierto a la startup y el emprendimiento como es Chile, debes apostar a cambiar tus lineamientos si —como en las clases en la Fábrica de Medios— tu idea no es bien recibida.

Sin lugar a dudas que la metodología Canvas está dentro de las más recomendadas para realizar modelos de negocio que, como se mencionaba, eran una foto de tu realidad financiera. En esa clase mi socio me comentó que en su casa, conviviendo con cuatro personas, incluso la utilizaron para ordenar labores y gastos.

Otro punto importante era evitar los “secretismos”. Una costumbre de los emprendimientos creativos es mantener en secreto la idea, “porque me la pueden copiar”. Eso es un completo error: las ideas se pueden plagiar una vez manifestadas, como nos comentaron en una jornada sobre propiedad intelectual. Antes pertenecen a la creatividad que cada uno puede tener y no hay mejor manera de comprobarla que hablando sobre ella.

Conocí el término “horas café”, que significa destinar tiempo y cafeína en personas que representen a tu cliente. Se ve tedioso pero no hay mejor manera que encontrar a tu público de frente, viendo su rostro, lo que dice, lo que no. Incluso cómo se despide o si se fue a pie.

Un consejo es tener claro que un negocio es difícil. Tipos de costos, flujos y estructura de cajas, honorarios, rentabilidad, presupuestos y porcentajes de propiedad. Otro aspecto importante es generar redes de contactos. No me refiero a un posible inversor, patrocinio o auspiciador (que no son lo mismo). Tener asociados aumenta la posibilidad de negocios, sobre todo en emprendimientos como en esa sala.

El pitch fue algo novedoso. Este ejercicio se basa en una conversación, en esa convivencia incómoda, que puede resultar entre tú y otra persona en un ascensor. Como un posible cliente. Treinta segundos, quizás un minuto para intercambiar tarjetas y números de teléfono. Esto se llevó a un escenario con jurado y público como cierre de esta etapa.

No sé por qué Chile está en la OCDE pero somos el país que menos invierte en investigación y desarrollo de esa organización. Desde Corfo existe la preocupación por el contenido y la creación pero siempre bajo la crítica de que ganarían los mismos de siempre y que incluso hay un “lenguaje corfeano”. Y sobre todo, que estamos viviendo un proceso denominado Transformación Digital al que todas las empresas deben plegarse o terminan siendo absorbidas. Amazon, Spotify, Cornershop, WhatsApp, Airbnb, Instagram, Uber Eats, Pokémon Go. El negocio es digital y tu emprendimiento creativo también.

Mi experiencia en este programa de formación fue esclarecedora. Me abrió la mente para entender asuntos que antes veía reaciamente, sobre todo numéricos, pero que son los más relevantes para emprender.

Quiero aclarar algo: no me considero experto de lo que hablé. De hecho, el proyecto por el que fui seleccionado se encuentra pausado hasta nuevo aviso. Es por lo anterior que intenté reflejar, en cada párrafo que vino, la misma sensación con la que llegué a este cowork ubicado en Recoleta.

¿Cómo mi emprendimiento creativo puede volverse mi negocio?

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