Opinión

Polarización informativa en Nicaragua: entre la verdad y la propaganda

Por ~ Publicado el 16 agosto 2018

En junio pasado, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) ofreció su diagnóstico del estado actual del periodismo en Nicaragua, alertando sobre la difícil tarea de informar en un país donde la prensa independiente sufre graves violaciones a la libertad de expresión e información.

Mucho hemos leído del conflicto nicaragüense en los últimos 3 meses. Precisamente, se acaba de cumplir un trimestre del estallido de la crisis social y política en ese país centroamericano, desde el cual hemos lamentado informaciones que da cuenta de casi 400 fallecidos. Uno de ellos, un periodista que recibió un disparo en la cabeza cuando hacía una transmisión por Facebook Live.

Ángel Gahona se convirtió, entonces, en uno de los primeros símbolos de la convulsionada Nicaragua. Aún faltaban más de dos meses para llegar a las cifras actuales de los muertos que ha dejado este estallido social, en protestas lideradas por estudiantes.

El mundo tuvo acceso a ese y otros videos más que han mostrado parte de la difícil situación que envuelve a todo un país. Horas antes de este asesinato aún no esclarecido, los periodistas leales a la presidencia de su país realizaban transmisiones en las que dejaban en claro su simpatía por el oficialismo. Un comunicador no identificado del Canal 4, afín al gobierno de Nicaragua, relataba con sumo descontento sobre la protesta de opositores. En su narración utilizaba términos como “criminales” para referirse a ellos y decía que estaban en contra de las “conquistas de la revolución”. La cobertura pasó en segundos, de la información a la propaganda.


LOS MEDIOS CRÍTICOS A DANIEL ORTEGA

Las calles de ciudades como Masaya (con presencia de pueblos indígenas), León, Managua y Estelí, forman parte de una especie de mapa de lucha en las calles para lograr la caída de los Ortega-Murillo. Se trata de la dupla presidencial conformada por Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, que en los últimos días dejó en claro que no hay posibilidad de adelantar elecciones, tal como lo pidió la Organización de Estados Americanos, OEA.

Medios tradicionales nicaragüenses se mantienen activos, reportando a su país y al mundo las incidencias de lo que ocurre día a día en ese territorio. La redes sociales se han vuelto sus mejores aliadas a la hora de hacer llegar de inmediato los sucesos más importantes y los que se han revestido de una condena colectiva.

Lo anterior tiene un ejemplo puntual. En la cobertura titulada “Turbas orteguistas queman y matan a una familia en Managua” se describe el horror con el que fue asesinada una familia que se habría negado a dejar entrar a francotiradores oficialistas a su casa, en medio de la batalla que mantenían con opositores a Daniel Ortega.

“Es difícil no tomar partido”, me dice “Flor”, una periodista que pide no ser identificada por temor a un reclamo de sus colegas. De hecho, algunos periodistas del medio antes citado, no responden mucho a las preguntas hechas desde Chile, por su servidora. Parece que los sucesos actuales dan para desconfiar de lo que digan y a quien se lo digan.

En pocas palabras, dos colegas con los que pude comunicarme, quienes laboran para los principales medios opositores en Nicaragua, responden así a mi petición de describirse en este momento periodístico de su vida: “Citarme para qué”, me dijo uno de ellos. “Para que sea más creíble mi relato”, le digo. Ya no hubo respuesta de su parte, pero quiero pensar que fue por falta de tiempo ante tanta convulsión.

En junio pasado, la organización Reporteros Sin Fronteras (RSF) ofreció su diagnóstico del estado actual del periodismo en Nicaragua, alertando sobre la difícil tarea de informar en un país donde la prensa independiente sufre graves violaciones a la libertad de expresión e información.

Una frase que recoge RSF para referirse al tema viene de Cristiana Chamorro, presidenta de la Fundación Violeta Barrios, quien hace alusión a la falta de esclarecimiento del supuesto asesinato de periodistas nicaragüenses que se atrevieron a informar lo que verdaderamente ocurre en su país:

“Los medios independientes no tienen acceso a la información pública. No los dejan entrar a las conferencias de prensa. Cada día tienen mayores restricciones y ante un Gobierno que no rinde cuentas, estamos en una situación en la que no sabemos qué está pasando”.

Caricatura de <a href=

Manuel Guillén para "La Prensa" de Nicaragua.” width=”1013″ height=”760″ class=”size-large wp-image-29113″ /> Caricatura de “La Prensa” de Nicaragua.

“FUI TESTIGO DE UNA MATANZA”

Álvaro Cruz Rojas es el director del periódico salvadoreño “Diario El Mundo”, un medio que se ha vuelto necesario y visible en redes sociales, compitiendo con los periódicos de mayor circulación, también con fuerte presencia en Twitter y Facebook.

Álvaro es nicaragüense pero vive en territorio salvadoreño desde hace 22 años. Lo llamé desde Chile para que me contara varias cosas, entre estas lo que siente al ver la situación actual de su país natal, es decir, estar tan cerca y a la vez tan lejos de este conflicto.

Recuerda que, de niño, la revolución sandinista encabezada por Daniel Ortega contra Anastasio Somoza estaba en su punto más álgido cuando él apenas tenía 8 años. Era el fin de la década de 1970. Álvaro se trasladó de Managua a Estelí, donde creció, pero con el paso de los meses el conflicto se ponía cada vez más crudo.

“Es un doloroso recordatorio del trauma de mi niñez”, me dice en una conversación telefónica, que sin duda abrió el baúl de las viejas heridas de un periodista activo, que ve hasta cierto punto la historia repetirse en su patria. Esta vez, Ortega está en el lugar que ocupaba Somoza, ese que igualmente se negaba a abandonar.

“La represión del somocismo, de la Guardia Nacional de Somoza, de los estudiantes, de los opositores, de mi misma familia, fue espantosa. Tuvimos que salir exiliados (a Costa Rica) en ese momento. Mi ciudad, Estelí, era pequeña. Tenía 35 mil habitantes y después de una semana de bombardeos, murieron 5 mil personas”.

Un duro recuerdo de niñez, que lo transformó en el hombre periodista del hoy. Mantiene una comunicación directa con colegas nicaragüenses. Sin embargo, el pasado 30 de mayo se encontraba en uno de sus acostumbrados viajes a su país, pero esta vez en el contexto de crisis.

En la denominada “Madre de todas las marchas” en Nicaragua, le tocó experimentar en carne propia la difícil situación a la que se enfrentan civiles y periodistas afines o en contra de Ortega.

“Fui testigo de una matanza, vi a las ambulancias llevar heridos, vi a la gente huyendo. Yo temí por mi vida, pero a pesar de todo aquello vi un pueblo muy decidido y valiente, dispuesto a todo por recuperar su democracia”.

Los periodistas nicaragüenses, como Álvaro, no dudan en descansar su confianza en el poder de la comunidad internacional y los gobiernos que se han pronunciado a la fecha, contra las centenares de muertes que ha dejado este conflicto. Pero más confiados se encuentran con el hecho de que otros países, a través de centros de estudios superiores y demás instituciones civiles, tengan en cuenta que el periodismo actual desde Nicaragua, está dictando una pauta que deja servidas las conclusiones de una crisis que, solo con la opinión pública mundial, será frenada en favor de la paz y democracia.

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