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Sasha Costanza-Chock: “Las campañas informativas para grupos marginados no se trabajan desde un escritorio, sino en terreno y con acciones concretas”

Por ~ Publicado el 26 julio 2018

La investigadora del MIT, creadora de medios y experta en temáticas LGTBI desde un enfoque comunicacional, advierte sobre la libertad para crear medios en la era digital, pero también sobre esa responsabilidad ante audiencias interseccionales en busca de justicia social y el diseño de políticas públicas desde la comunidad y las tecnologías de la información. En junio visitó Chile y este es un resumen de lo que dijo en una de sus actividades.

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Cada vez que la periodista e investigadora del MIT Sasha Costanza-Chock se presenta, primero define sus pronombres para quitar el elefante del auditorio, como dicen en su país. “Mis pronombre son ella, suya y suyas”, dice esta creadora de medios y de problemas para el establishment. Una vez descrita la situación, la grácil activista de falda y sandalias, que trabaja por los derechos de colectivos carcelarios, travestis y trabajadores sexuales en EE.UU., actualiza el debate de género derivado de la discusión en los medios durante la inauguración del año académico del Magister en Praxis Comunitaria de la Universidad Academia de Humanismo Cristiano.

La autora de “Out of the shadows, into the streets!” —un estudio sobre la libertad de medios y audiencias interseccionales que es material técnico en varias universidades locales respecto a diversas inquietudes sobre inmigrantes y minorías sexuales desde un enfoque global— comparte las principales conclusiones de su carrera dedicada a los derechos LGTBQ. También otras aristas que abarcan los movimientos sociales, la justicia de los medios y el diseño de políticas públicas desde la comunidad.

La iniciativa a la que denomina “Transformative media organizing” suma una especial sensibilidad por los derechos de inmigrantes y recurre a la creación de medios y plataformas desde la comunidad que sirven de bloque opositor a los mass media que comunican y perpetúan la discriminación, explica Costanza-Chock.

“Cuando hablamos de interseccionalidad, es decir, cuando cuentas con más de una atribución de minorías como ser mujer, negra, pobre o campesina; nos hacemos cargo de que difícilmente existen para ti clases jurídicas ni derechos civiles. Se trata de marginaciones múltiples propias de matrices de dominación construidas no sólo por el patriarcado sino por los colonialismos o el capitalismo a través de los grandes medios de comunicación”, sostiene sobre la necesidad de articular estas redes más allá del género o un país determinado.

“La praxis queer suma también a otros marginados como encarcelados, migrantes y otras minorías interseccionales como raza, clase, sexualidad, discapacidad y otros ejes de la identidad. Claro que esto es respecto de lo que queda fuera de la miradas de las élites y los grupos de poder político”, advierte sobre un trabajo permanente que crea campañas participativas que buscan construir contrapoder para estos colectivos.

HACIA UN ACTIVISMO DE CLICK Y TECLADO

A un nivel práctico, la activista cuenta cómo en EE.UU. han logrado levantar campañas informativas sobre los abusos que sufren estos grupos invisibilizados dentro de las cárceles, gracias a un sistema integrado y permanente de publicación de cartas que se generan dentro de los penales y la edición de periódicos de interés específico que hacen llegar a estos claustros.

Por otro lado, se ha asumido la defensa de jóvenes trans y trabajadores sexuales imprimiendo manuales para la primera línea de defensa legal (la calle) en envases de condones y cosmetiqueros, para prevenir sobre los derechos que rigen ante la acción violenta de la policía. “Las campañas informativas para grupos invisibilizados y marginados son materias urgentes que no se trabajan desde un escritorio, sino en terreno y con acciones concretas”, cree la periodista.

Sobre los debates relevantes desde una perspectiva de los nuevos medios y las redes sociales, la experta cree que existen espacios donde la mayoría de los debates actuales no llegan bien a su destino. Es el caso del “clicktivismo” y la distinción entre el debate dentro y fuera de internet, por ejemplo. “A medida que la red se integra completamente en la vida cotidiana y los dispositivos móviles con Internet se generalizan, las personas que participan en movimientos sociales lo hacen tanto offline como online y no tienden a pensar su propia participación en estos términos. Si te importa algo y participas en un movimiento social, no estás sentado allí mientras compartes algo en las redes sociales o diciendo ‘¡Ah, ahora soy un activista en línea!’. Por otro lado cuando vas a un mitin cara a cara o una protesta, no piensas ‘¡Participo en actividades de movimiento social sin conexión!’.

“Nunca he creído que el debate de participación online u offline sea relevante. Sobre el “clicktivismo” o “slacktivismo” planteado por Malcolm Gladwell, respecto de que Internet debilitaría los movimientos sociales porque permite a las personas pensar que han hecho algo significativo desde el teclado, creo que el debate está errado y se evita fácilmente hablando con unos pocos organizadores y activistas del mundo real quienes aprendieron rápidamente y desde el principio sobre el compromiso de conectarse con personas que realizan una pequeña acción (desde el hacer click en Facebook y compartir una opinión) y encontrar el subconjunto de las personas que estén dispuestas a realizar una acción un poco más grande. Tras eso identificar el subconjunto de las personas que podrían estar interesadas en convertirse en organizadores, y así sucesivamente. La versión más sofisticada de este argumento es acerca de si las personas están abandonando las organizaciones de movimientos sociales y los partidos políticos que antiguamente tenían gran poder de permanencia, a favor del activismo en red, que aunque puede moverse rápidamente, suele ser apenas algo pasajero. Lo cierto es que las personas están abandonando un compromiso más profundo con las actividades políticas, cívicas y de movimientos sociales, y centrándose principalmente en las formas de participación en red”, explica.

En ese sentido, se declara optimista de la influencia de las tecnologías de la información como un aglutinador de los movimientos sociales. Si bien para ella la relación entre las formas dominantes de la tecnología y la fuerza o debilidad de la participación en las instituciones democráticas aún es un tema poco estudiado, cree que la adopción de la tecnología se combina de manera positiva con las formas de participación democrática.

“En otras palabras, hay una hipótesis alternativa que podría funcionar así: hay democracias fuertes y débiles, descendentes y ascendentes, institucionales y participativas. Cualquier institución, organización o red en particular se puede evaluar en este sentido, independientemente de las tecnologías de la información que son más populares en un momento dado o contexto. Por un lado, algunos indicadores de participación democrática como las tasas de votación, por ejemplo, implican que la adopción generalizada de Internet produce una disminución constante de la participación democrática, aunque creo que eso es una correlación, no una causalidad”, agrega.

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