Opinión

Del uso naif y rutinario a prácticas críticas y responsables: la importancia de la Comunicación y Educación

Por ~ Publicado el 27 junio 2018

“Se puede optimizar la calidad de la comunicación y el periodismo si apreciamos y manejamos estéticas narrativas. No basta solo con saber manejar el equipamiento de un audiovisual; es necesario incorporar otros recursos expresivos para optimizar nuestros relatos personales y sociales”, escribe el sociólogo Claudio Avendaño, coordinador académico del nuevo Diplomado en Comunicación y Educación de Periodismo UAH, nuestra alma máter.

El campo de la Comunicación y Educación surge de la constatación de una realidad insoslayable: nuestra vida cotidiana esta cruzada por las prácticas de la comunicación mediada. En nuestro trabajo, en la educación, en lo que nos entretiene, en nuestras relaciones interpersonales, en los traslados y en otras dimensiones se ha instalado el uso de medios de comunicación y plataformas digitales: eso que llamamos el espacio infomedial.

Desde niños, adolescentes y hasta los adultos mayores hemos incorporado, naturalizado, una dieta infomedial con mayor o menor intensidad, variedad y habilidades. Dichas prácticas las hemos aprendido desde la experiencia, algún consejo de familiares o amigos y escasamente por un proceso formal y sistémico que nos permite recibir, procesar y difundir información.

Se entiende que ahora somos prosumidores en el ámbito de la comunicación. Ya no solo consumimos los mensajes mediáticos como fue en gran parte del siglo XX: ahora también somos productores. Hemos transitado de un sistema de uno a muchos, a prácticas de muchos a muchos. La comunicación mediada está instalada en nuestra vida diaria.

Desde que surgieron los medios de comunicación y se transformaron en una “industria” ha existido el interés y, para algunes, la necesidad de usarlos con fines que vayan más allá de la entretención y la información: que se utilicen con fines educativos. Y esto tiene distintos ámbitos. Por una parte, emitir mensajes educativos mediante dispositivos de uso masivo, como el libro cuando se empezó a usar en las instituciones educativas con mayor intensidad desde la invención de la imprenta. Y por otro lado, posteriormente, el cine, la radio y la televisión tenían una versión educativa desde mediados del siglo pasado. Las plataformas digitales también iniciaron profusamente acciones de índole educativas, especialmente en este siglo. Tal vez con mucho optimismo al principio, pero luego con mayor conocimiento del lenguaje medial, se continua y continuará en esta labor.

Pero también han surgido programas destinados a formar a las audiencias respecto al lenguaje y el sistema medial. Estos programas apuntan a formar a los sujetos para transitar desde un uso naif de la comunicación –generado solo por la rutina—, a prácticas más concientes, críticas y responsables. ¿Cómo se logra esto? Partiendo por conocer cómo funcionan los medios y las plataformas digitales, tanto en sus aspectos expresivos como en sus dimensiones socioculturales, económicas y políticas. Así dispondremos de un mejor y mayor conocimiento medial que nos permita una utilización que combine conocimiento y disfrute comunicacional (partiendo del hecho que la comunicación supone un importante componente de fruición y afectividad).

En diversos países y con mayor o menor intensidad se ha introducido el tema en lo curricular escolar aunque algunas veces transformándolo en “materia”, asignaturizándolo, con lo cual se pierde o disminuye la dimensión de disfrute personal y colectivo. Ahora, en este siglo, también hay que fomentar el desarrollo de las habilidades comunicativas expresivas, es decir, cómo contar, relatar de acuerdo al lenguaje multimedial y transmedial a partir de las plataformas digitales.

Se puede optimizar la calidad de la comunicación y el periodismo si apreciamos y manejamos estéticas narrativas. No basta solo con saber manejar el equipamiento de un audiovisual; es necesario incorporar otros recursos expresivos para optimizar nuestros relatos personales y sociales.

En Chile hay una tradición importante que, en otros lugares del mundo, se ha tendido a centrar en la difusión de contenidos educativos, preferentemente cuando emerge un nuevo dispositivo tecnológico. Así ha sucedido con el cine, con la radio (Servicios de Radiodifusión Educativa, Ministerio de Educación, creado en 1942), con las teleclases en los sesenta (Teleduc) y, más recientemente, con programas para acceder y usar recursos educativos mediante plataformas digitales.

Desde la década de 1980 se han generado programas para la educación en comunicación desde ONG, como Ceneca (Valerio Fuenzalida, María Elena Hermosilla) y en universidades (Prensa y Educación, Universidad Diego Portales). Ya en este siglo han surgido programas de educación continua y postgrado que han abordado el tema, como nuestro Diploma en Comunicación y Educación que desde este año impartiremos en Periodismo UAH.

En los últimos años también se ha constituido una comunidad de personas e instituciones que se reconocen en la identidad Comunicación y Educación. Desde el 2016 se han realizado dos encuentros de REduCom (Red de Comunicación y Educación de Chile) que agrupa a cerca de 80 personas que trabajan en este ámbito y que buscan visibilizar el campo y crecer colectivamente a través del intercambio de saberes y haceres.

La trayectoria nacional e internacional de la Comunicación y Educación ha llevado a un grupo de académicos y profesionales destacados a crear el Diploma en Comunicación y Educación de la UAH, cuya finalidad central es manejar herramientas para  conocer y utilizar los recursos de la comunicación en contextos formativos de manera critica, creativa e innovadora. Esperamos así contribuir a una recepción más activa y reflexiva de los mensajes masivos y de las plataformas digitales. Además de un programa de educación continua, esperamos construir un ámbito de investigación y vinculación con el medio para el desarrollo de los participantes y del área en nuestro país.


Conoce más del Diplomado en Comunicación y Educación

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