Opinión

Periodismo y tragedia en Guatemala: entre la responsabilidad y el dolor al informar

Por ~ Publicado el 19 junio 2018

Devastación en una de por sí empobrecida nación. Al Volcán de Fuego en Guatemala se le ocurrió despertar en la tarde del 3 de junio pero sin dar tiempo a los que dormían en la confianza de que nada pasaría. En su segunda entrega sobre periodismo centroamericano, nuestra colaboradora Paola Alemán cuenta cómo la tragedia también afectó a un equipo de periodistas y reporteros gráficos del medio guatemalteco Publinews.

Douglas Suruy, del medio guatemalteco Publinews, y una víctima de la tragedia del Volcán de Fuego. Foto gentileza Publinews.

Douglas Suruy, del medio guatemalteco Publinews, y una víctima de la tragedia del Volcán de Fuego. Foto gentileza Publinews.

Pasó y demasiado. Habitantes de 3 departamentos descansando en sus faldas —Escuintla, Sacatepéquez y Chimaltenango— vieron cómo descendía flujo piroclástico, lahar y lava que ya habíamos visto en otros registros impresionantes procedentes de Hawai y la furia del Volcán Kilauea. Aldeas enteras fueron sepultadas en territorio guatemalteco. San Miguel Los Lotes en Escuintla es el epicentro de esta tragedia que tocó a toda Centroamérica.

Hay más de un centenar de muertos en la lista oficial tras los rescates en las zonas afectadas. Cerca de 200 más están desaparecidos y la esperanza no se abandona con el transcurso de las semanas. Los que perdieron a un ser querido o familias enteras quieren refugiarse en la cristiana sepultura para dejar ir un poco el dolor con la resignación y una tumba que visitar.

PERIODISMO EN LAS ZONAS DE LA TRAGEDIA

La tarde del domingo, por lo general, es de la prensa deportiva y las largas jornadas por cubrir preponderando el fútbol que tanto apasiona a la afición. El Volcán de Fuego le cambió los esquemas a los periodistas guatemaltecos. No hubo desde entonces un momento de paz desde que se supo de la erupción a unos 50 kilómetros de Ciudad de Guatemala.

Amilcar Ávila es un colega guatemalteco a quien recuerdo con una sonrisa constante. Nos conocimos en un congreso de periodistas becarios del programa Edward R. Murrow del Departamento de Estado de EE.UU. Su voz diciéndome “chera” era los buenos días de cada jornada en esta visita.

El “chapín” (como son conocidos los guatemaltecos en el exterior) tenía como característica ser reservado en sus cosas pero cuando me contacté con él para saber de sus jornadas, pese a tener la tragedia literalmente encima de su país, no dudó en expresarse. “Yo estuve adentro editando las notas”, me cuenta. La redacción de Publinews, el periódico en línea para el que trabaja, se volvió un caos con gente corriendo de un lado a otro. Desconcertados periodistas ya se preparaban mentalmente para lo que verían, pero nunca imaginaron a qué nivel.

Mientras en Publinews la cobertura se desarrollaba en la incertidumbre de lo que había sucedido realmente a los pies del Volcán de Fuego, los periodistas más cercanos a los sitios golpeados por la erupción ya estaban —con ayuda de la tecnología— sirviendo las primeras imágenes. Las más fuertes mostraban a gente semi sepultada en las carreteras que hoy eran caminos de cenizas. El resto las habían hecho llegar las mismas personas que consiguieron huir y en su escape grabaron la nube de ceniza y material volcánico envolviendo poblados y arrasando vida.

Uno de los relatos más sentidos llegó poco después de la erupción. Un periodista local ingresó a la zona más golpeada, encontrándose con don Concepción Hernández quien, sentado en uno de los separadores de la carretera en San Miguel Los Lotes, contemplaba lo ocurrido con tranquilidad pero como parte del shock causado por la situación.

“Mi familia, ¿dónde está mi familia?”, sollozaba el atribulado caballero, quien tenía serias quemaduras en su rostro y cuerpo, además de estar sentado alrededor de 5 cuerpos que se adelantaron unos metros para escapar, pero con la trayectoria del lahar y material piroclástico no lo consiguieron.

El comunicador —hasta ahora anónimo— le preguntaba qué era lo que había pasado, pero don Concepción respondía sin fuerza. Tres días después falleció producto de las quemaduras y una falla renal, pese a recibir hemodiálisis. La prensa guatemalteca y extranjera le brindó un homenaje bautizándolo como el símbolo de la tragedia en la nación centroamericana.

La entrevista a “Don Concepción”, como ahora lo conoce Guatemala tras su muerte, generó algunos reproches hacia el reportero. Otros defendieron su decisión argumentando que de no haber sido por el registro audiovisual, Guatemala no podría rendirle homenaje por el ahínco con el que enfrentó duros momentos hasta el final.

UNA TRAGEDIA QUE TAMBIÉN TOCA A PERIODISTAS

Al compromiso de informar en tiempos de tragedia, hay que sumarle días enteros fuera del hogar, sin tiempo para comer, para bañarse, para atender las necesidades básicas. Los sacrificios se vuelven un motor que muchos, ajenos a esta profesión, desconocen pero entienden si es que su objetivo laboral es ayudar a los que están sufriendo.

Con la cobertura en las zonas castigadas por la naturaleza en Guatemala, llegaron también los registros que delataron a los que siempre está detrás de la lente de una cámara, un micrófono o una grabadora.

Amilcar y sus compañeros en Publinews lo saben. Uno de ellos es Douglas Suruy quien tiene como pasión el periodismo deportivo. Esta vez, el corazón hizo a un lado ese primer sentimiento y cámara en mano se fue a recorrer las zonas devastadas en su país además de los albergues con cientos de personas esperando por ayuda. Niños y ancianos estaban en el foco de la atención.

“Una noche, una niña se recostó en mi hombro y me preguntó si yo tenía casa y le dije que sí. Me dijo: ‘Nosotros teníamos, pero está debajo de la tierra y mi hermanito está ahí, no tenemos dónde vivir’. Traté de ser fuerte, pero por dentro estaba destrozado”, relató Suruy. No hay profesión que te revista con una coraza demasiado fuerte si ves a tus hermanos sufrir de esta forma.

El periódico para el que laboran Amilcar y Douglas decidió publicar trozos de sentimiento en una nota. Hacer llegar un escrito como este no busca ser la noticia, según reconocen. Se trata de contar lo que hay en el pecho, además de compromiso en un momento clave.

“El periodismo parece ser frío e inhumano, pero no todo es lo que parece”, se lee en la nota de Publinews titulada “Los sentimientos detrás de las cámaras en la tragedia”. Y continúa: “Ellos llegaron a sentir el dolor como si fuera propio”. Los testimonios que recogemos a continuación provienen de esa fuente.

Álvaro Alay es también parte del equipo de Publinews y hasta la fecha (a más de dos semanas de la erupción) se mantiene, al igual que el resto, operativo y atento.

Sin embargo, la emergencia tocó su vida en cobertura. Aunque estaba acostumbrado a la nota roja —donde la muerte es parte del relato en una convulsionada Guatemala—, una noche en vela, mientras esperaba información en la morgue, se encontró con una de las escenas más tristes para un periodista. Una madre lloraba a sus hijas y a sus dos nietas:

“El domingo nos quedamos velando en el parque y junto con otros periodistas estuvimos toda la madrugada fuera de la morgue. Alrededor de las 3 de la mañana del lunes 4 de junio, una madre soltó el llanto. Gritaba: ‘¡Por qué no huyeron mis hijos, por qué no corrieron!’. Esas palabras me dolieron mucho. Doña Gladys seguía: ‘¡Ahora con quién voy a jugar, si contigo nos sentábamos, mi amor!’. El sueño y el cansancio desaparecieron y me acerqué a platicar con ella. Su hija y sus dos nietas estaban en la morgue, sus otros dos hijos no han aparecido”.

Y así siguen los relatos, a los que se suma el de Omar Solís, un reportero gráfico de Publinews.

“Sentí que se me partía el corazón, era tan joven y se quedó sin nada y sola, lloraba desconsoladamente mientras alimentaba al cachorro en un vaso. Me hice el fuerte, pero la verdad fue muy duro verla y no poder darle una respuesta”.

Se refiere a Mirna, una adolescente guatemalteca quien regresó de buscar a toda su familia pero sin haberlos encontrado. Su consuelo fue ubicar a su pequeño perro que bebía y bebía agua como saboreando la vida pese al dolor de su humana.

Relatos sentidos que aún van y vienen desde un país que sufre entero. No importan las profesiones, sexo, religión y color de piel. Todo el dolor retumba como en un solo corazón en el que también cabe el periodismo en tiempos de tragedia, abocado a ayudar pero sin estar exento de sufrir acontecimientos como este en una sola carne.


Este artículo forma parte de una serie sobre periodismo en Centroamérica. Revisa la primera entrega de Paola Alemán sobre los riesgos y amenazas que sufren los periodistas en esta zona del mundo.

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