Entrevistas

Mauricio Jürgensen y la experiencia de convertir el programa radial “Dulce Patria” en un libro

Por ~ Publicado el 22 junio 2017

Dice que no se trata de un libro de investigación. “Lo que yo hice —cuenta Mauricio Jürgensen en esta entrevista— fue recopilar conversaciones, reflexiones y anécdotas que me parecían interesantes y las conté en capítulos temáticos”. “Dulce Patria”, el espacio de radio Cooperativa para conversar sobre música, es hoy un libro híbrido que combina entrevistas, ensayos fotografías y anécdotas. Conversamos con su autor sobre este paso de la radio al papel. » Lee el primer capítulo de “Dulce Patria”.

Mauricio Jurgensen. Foto de Amaia Diez.

Mauricio Jürgensen. Foto de Amaia Diez.

—¿Tenías algún objetivo al hacer este libro?
Yo llevaba un año y medio haciendo el programa y tenía la sensación de que las historias y las anécdotas de los protagonistas que habían estado en Dulce Patria se “perdían”. Entonces, mi primera motivación fue de rescate, de poder dejar testimonio en un lugar distinto. Este libro mezcla hartos estilos: reportaje, crónica, entrevista, es anecdotario. Desde ahí se cuenta la historia de la música chilena, con un acercamiento más emotivo, no tan enciclopédico, no tan de academia, que era lo que había antes de este libro.

—En la radio se produce una intimidad que es difícil replicar en lo escrito. ¿Cómo lo hiciste cuando lo pasaste al papel? 
En el intento de no transcribir algo que sea como tan literal, el ejemplo más representativo tiene que ver con Álvaro España y Fiskales Ad-hok. Efectivamente, habían sido invitados al programa para hablar de otra cosa, pero cuando llega al locutorio está como sorprendido y fuera de micrófono me dice que no se había dado cuenta que la radio estaba en el Barrio Yungay y que estábamos a dos cuadras de donde nació la banda. Es un buen ejemplo para responderte en el sentido de que muchas veces surgen diálogos que superan lo coyuntural y que se transforman en lo más rico de una conversación. Muchas veces yo renuncié a mi pauta de preguntas solo en función de algo que aparecía en la misma conversación y creo que eso lo más entretenido, porque es lo que determina por qué la radio tiene esta cosa de cercanía o intimidad. Pasa que de repente se rompe lo lineal/formal y se abre un camino distinto, de conversación. Esto es súper valioso y fue el motor que intenté reflejar en las páginas. Si se logró o no dependerá de cómo lo vea cada lector.

—¿Qué percibiste al entrevistar a distintas generaciones de la música chilena?
Percibí que hay hartas cosas en común, que por lo pronto hay una identidad chilena súper definida y que a mí me sorprende que aún algunos cuestionen. Creo que nos hemos criado con la idea de que la música chilena palidece frente a cancioneros de países vecinos, la falta identidad de los cantantes, que las bandas no tocan con tanta actitud. Son “verdades” súper instaladas en ciertas capas y es bueno que vayamos derrumbando. Por eso quise ser enfático en abrir el repertorio de nombres involucrados en el libro, porque hay una historia en común que contar, de un Pablo Herrera, de una Palmenia Pizarro o de los Hermanos Campos, que tiene que ver con que en Chile cuesta harto hacer música, que es un país de harto talento, de identidad musical y hay muchas historias tratables que nos conectan con lo que somos. Para mí es la guía del libro.

—¿Qué es lo más complejo: la investigación previa, la conversación radial o escribir un capítulo del libro?
Este no es un libro de investigación. Lo que yo hice fue recopilar conversaciones, reflexiones y anécdotas que me parecían interesantes y las conté en capítulos temáticos, sobre asuntos que siempre me llamaron la atención, como la otra voz de los ochenta o el prejuicio con lo popular, el nuevo perfil que tiene la música tropical. Llevo 20 años trabajando en esto, entonces hay mucha experiencia acumulada y tiene que ver con muchas cosas que a mí me interesa hacer con los músicos. De repente renuncio a lo noticioso, al motivo “real” por el que estoy hablando con un artista y termino hablando de cosas tan ambiguas como “qué estabas haciendo cuando hacías esta canción”, “qué pasó con este tema cuando escribiste esto”. Una conversación que ni siquiera es muy musical.

—¿Alguna anécdota que te haya ocurrido en una entrevista o en la realización del libro? 
Yo soy de Viña del Mar, soy evertoniano y Congreso es una de mis bandas favoritas de toda la vida. Siempre había escuchado ese mito urbano de que habían cantado el himno no oficial de Everton y fue inevitable preguntarle fuera de micrófono a Sergio González y me lo terminaron confesando. Esa anécdota para mí es súper sabrosa, porque nos habla de que tipos como ellos tenían que hacer este tipo de concesiones para poder grabar sus discos. Otra anécdota es la de Miguel Barriga de Sexual Democracia, porque en este contexto que uno habla de la nueva cumbia me pareció justo e interesante hacer un homenaje a un músico que históricamente no se le toma muy en serio, pero que en rigor fue el que grabó la cumbia primero que nadie: Luisín Lándáez.

—¿Tuviste algún obstáculo con los entrevistados? 
No quiero que suene soberbio, pero una de las virtudes del libro, y de lo que hago, es que no me cuesta entablar diálogo cercano con la gente. Es algo que yo considero el periodismo en su esencia: conversación e historia y no perder el foco que esa historia está en función de alguien más, que va a leerlas, escuchar o mirarla. Incluso con gente que llegó al locutorio de Dulce Patria con prejuicio, quizás porque yo alguna vez escribí algo de ellos, critiqué un concierto o comenté un disco de manera no favorable, como me pasó con Alberto Plaza o Myriam Hernández, que me confesaron que tenían miedo cuando iban camino a la radio y terminamos hablando de cosas sencillas.

—¿De qué modo gestionaste las fotografías? 
Directamente con los músicos. Yo quería que las fotografías en lo posible reflejaran las historias de los protagonistas que están en el libro, entonces quería una foto de Fernando Ubiergo en el Festival de Viña, de Miguel Barriga con Luisín Landáez, de Ángel Parra con sus dos hijos, etc. En rigor, todas las fotos le dan un valor agregado, estas fotos fueron inéditas y muchas simbólicas de los temas que estaba tratando. A uno le cuesta imaginar a los músicos cuando son más legendarios y cuando ves una foto se te hace más fácil el relato y se continúa con la historia con un sentido distinto, porque las estas “viendo”.

—¿Estableciste un límite ético con la vida privada de los entrevistados?
No a priori, porque en el fondo siento que es un límite que está puesto por la misma gente, ellos saben qué responder y qué no. Yo fui el dueño de armar el contenido de la manera que yo quise, pero sobre temas, revelaciones o asuntos que ellos mismos contaron. No existe un límite previo, pero yo no tuve interés en contar intereses personales de nadie en particular. En el fondo no hubo ningún problema al respecto y no tuve que hacerlo tan explícito, porque era evidente que había una frontera que ninguno de los dos quería traspasar. Cuando un músico te quiere contar algo más, porque tiene un valor, yo lo celebro. Por ejemplo, los Hermanos Labra cuentan que sienten su generación un poco olvidada, que es un tema doloroso y yo lo recibo como una concesión de ellos.

—¿Qué aprendiste al terminar el libro?
Varias cosas de lo formal, que hacer un libro fue una experiencia súper rica. Todo el mundo insiste en decir que hacer un libro es un parto, que es demandante y yo traté de instalar el proceso como una cosa bien orgánica, fui capaz de llevarlo adelante con mi propia vida, con mis pegas y mi familia, digamos que no me significó una gran alteración doméstica. Por otro lado, me confirmó esto que se me ha declarado el último año haciendo el programa, estas ganas de contar más cosas, historias, varias inquietudes, el gusto por la música chilena, el gusto por la historia personal. También, esta cosa del periodismo en su base, que es contar historias, hablar con la gente. Sentí que ni siquiera estaba trabajando, estaba conversando con los músicos y es muy entretenido, probablemente hoy lo esté disfrutando más que ayer.

—¿Algún artista que te haya faltado? 
Me hubiese gustado hablar con la Ana Tijoux, que bien sabemos que es un poco reacia a hablar con los medios. En Dulce Patria la hemos contactado un montón de veces y no ha ido. Ella es súper protagonista de la música chilena en la última década, una voz tan potente como ella hubiese sido “obligado” tenerla. Algunos me celebran no haber escrito una vez más la historia de Los Prisioneros, que se ha contado tanto. Es bueno asumir que la música chilena y los libros de la música chilena pueden ir más allá de los ochenta o Los Prisioneros, que pareciera es lo único de lo que se escribe. Me pueden haber faltado nombres, pero creo que los están son bien representativos del espíritu del libro.

#Etiquetas:

Comentarios.