Entrevistas

Sergio Campos: “Los dueños de los medios siempre van a actuar con un sesgo que va más allá de lo profesional”

Por ~ Publicado el 16 agosto 2016

“El diario de Cooperativa está llamando” o “usted tiene derecho a saber la verdad, y la verdad está en los hechos” son dos de las frases que inmediatamente identifican a una de las voces emblemáticas del periodismo radial. Sergio Campos, quien al ritmo de los tambores de Cooperativa pasó a ser parte del inconsciente colectivo, ha decidido compartir sus memorias en el libro “La voz de la radio está llamando” (Aguilar, 2016) donde relata episodios, reflexiones y experiencia personales que se mezclan con el desarrollo informativo de los durísimos años de la dictadura, su vida como docente y un análisis político de la actualidad. » En Ciper puedes leer el primer capítulo del libro.

Sergio Campos - Foto radio Cooperativa

Sergio Campos. Foto: Radio Cooperativa.

Entre los capítulos más íntimos y pocos conocidos de la vida del locutor se encuentra el relato del tenso interrogatorio en uno de los centros de reclusión y tortura, donde pretendían confesara la activa participación del senador socialista Erich Schnake, el general Bachelet y otros dirigentes políticos de la radio acusados de conspirar contra la fuerzas armadas luego de trasmitir el último discurso de Salvador Allende; memorias dedicadas a amigos y conocidos a quienes ayudó a escapar del país, crimines que tocaron su más cercano círculo social y que debió trasmitir estoicamente tras el micrófono. Una época oscura para la democracia de nuestro país, donde  la radio no solo era una de los pocos canales fidedignos de información, sino también un lugar donde se utilizaban estrategias comunicacionales para salvaguardar la vida de quienes eran detenidos y desparecidos.

Campos nos recibe en las oficinas de Cooperativa en el barrio Yungay. Rodeado de libros y documentos, el periodista matutino dice que el trabajo en TV Senado es más tranquilo que el ajetreado ritmo radial, otro de los trabajos que compatibiliza con su otra gran pasión, la docencia. Como profesor y periodista, Sergio  detalla los alcances de su libro, analizando las falencias de los consorcios comunicacionales, la censura y la lucha por informar como un valor inherente en el periodismo.

—Más que enfocarse en el terror de los acontecimientos durante la dictadura, sus memorias parecieran centrarse en la incertidumbre, en el miedo de no poder informar lo que estaba sucediendo.
Bueno, siempre estuvimos en una situación de incertidumbre porque uno distinguía los tres tipos de censura: la censura previa, la censura represiva y la autocensura. La censura represiva estaba marcada por la arbitrariedad del sensor que decía “no, esta foto no”, “este texto no”, pero si cambiabas el sensor representante de la misma autoridad, él elegía otra foto y otro texto. Era algo absolutamente arbitrario, no existía una norma, solo la aplicación de la autoridad mediante la fuerza para censurar, eso producía mucha incertidumbre. Por otra parte, estaba la censura previa que impedía publicar determinados contenidos, ya sea en fotografías, en videos, en sonidos o en texto… la tercera era la autocensura, es decir, yo no publicaba “esto” porque me puede pasar algo. O no publico “esto” porque puede afectar al medio de comunicación, porque podían suprimir los avisos, porque podían clausurarnos. Una censura muy subjetiva pero muy potente porque no se sabía en qué momento podía actuar. Todo estaba marcado por la incertidumbre y esa incertidumbre tenía distintos matices, en un momento determinado podían clausurarte para siempre, la suspensión del canal de información era lo más grave, pero también estaba en peligro la vida de las personas, desde la prisión hasta la tortura, como el asesinato de periodistas que ocurrió en muchos casos.

—En ese sentido, a usted lo detuvieron, lo interrogaron e incluso lo amenazaron de muerte. ¿Se podían dimensionar los riesgos que implicaba reportear en ese momento? ¿Acaso tuvo un plan b?
No, el trabajo en radio, y lo mismo en televisión, es un trabajo que se mueve bajo el concepto de la inmediatez y la instantaneidad. Entonces, uno estaba preocupado de hacer la representación de la realidad —que es la tarea del periodismo— más que andar midiendo riesgos o circunstancias que pudieran ocasionar algún traspié en ese sentido. Era un trabajo muy acucioso, responsable, riguroso, pero al mismo tiempo con el riesgo en una especie de convivencia de vida permanente…

—Eso nunca le impidió realizar su trabajo.
Por supuesto que no.

—Hubo detenciones y crímenes de conocidos y amigos, como Manuel Guerrero, uno de los profesores y dirigentes asesinados en dictadura. ¿Cómo consiguió transmitir en vivo la información sin involucrarse emocionalmente con la noticia?
Uno está emocionalmente involucrado, pero  tiene dos alternativas: seguir adelante con la tarea porque significa cumplir con una responsabilidad con la audiencia y la otra, encerrarse en sí mismo y padecer el dolor que significan esos hechos. Yo creo que ahí también hay un elemento que tiene que ver con resiliencia, esa capacidad que uno tiene de poder asimilar ese dolor y al mismo tiempo saber que es mucho más importante poder comunicar a la opinión pública cuáles son los elementos y los hechos que rodean un acontecimiento que tiene connotaciones tan trágicas.

—Sin embargo, muchos periodistas abandonaron esa responsabilidad y desinformaron o entregaron información falsa. ¿Es necesario que los medios de comunicación realicen un mea culpa?
Bueno, especialmente el Mercurio nunca ha dado un mea culpa, ellos justificaron todas las atrocidades de la dictadura, y el silencio que hasta hoy día mantienen significa que ellos consideran que estuvo bien lo que se hizo. Estoy hablando de la línea editorial del diario en una circunstancia que abarca un periodo grande de la historia, 17 años. Naciones Unidas condenó a la dictadura durante todo ese tiempo por violaciones reiteradas a los derechos humanos y eso te revela el contraste entre este silencio cómplice con una realidad concreta que un organismo es capaz de revelar y dejar plasmado para la historia. En el documental “El diario de Agustín” uno puede ver cuál es el trasfondo de esa responsabilidad, de desinformar y al mismo tiempo de mentir con una realidad que se tenía a mano.

—Considerando casos como la querella de la presidenta Bachelet contra la revista Qué Pasa o la Ley Mordaza, ¿cree que en Chile existe actualmente la censura?
Son elementos que forman parte del sistema democrático donde muchas veces hay autocensura, se inhiben de informar o se informa con sesgo. Por ejemplo, en el caso de la revista Qué Pasa hubo un sesgo informativo. Si bien una de las personas, implicadas en el caso Caval, hace una serie de declaraciones sabiendo que la están grabando, la revista solamente captura parte de esa información, es decir, no la pone en contexto, entonces ahí no está claro si hay una manipulación o una autocensura de la información porque se implican en los asertos a la Presidenta de la República. Considero que eso constituye una falta de rigor periodístico, pero al mismo tiempo considero que la querella contra la revista Qué Pasa no tiene ningún sentido en un sistema democrático. Era mucho más plausible que se criticara lo que estoy señalando que plantear una querella. En el fondo lo que se hace es trasladar la responsabilidad final a los tribunales de justicia y eso crea un ambiente enrarecido con respecto a cuál es el nivel de la libertad de expresión y el derecho de la información que existe en Chile. Existe una autocensura que funciona en los medios.

sergiocampos_frase1

—En su libro usted escribe: “Hay ciertos sectores interesados en tener medios de comunicación para controlar contenidos e instalar determinadas agendas, lo que va más allá del periodismo en sí, puesto que la idea es copar una cuota de poder en los medios de comunicación”. ¿Es la concentración de medios la nueva amenaza para el ejercicio del periodismo?
Constituye una amenaza evidente. Por un parte grandes grupos empresariales que adquieren medios de comunicación, no lo hacen por negocios, sino con el propósito de influir en la opinión pública con su opinión editorial, una mirada que no tiene que ver con el sentido de servicio que deben cumplir los medios de comunicación, el servicio de informar e informar verazmente y con rigor acerca de todos los temas y todas las instancias. Eso se ve vulnerado con la concentración de medios que forma parte de los grupos empresariales que no buscan tener retribuciones económicas sino que pretenden influir en la opinión pública sin explicitarlo. Muchas veces uno ve que hay crónicas o reportajes que se publican en ciertos medios de comunicación y que incluyen la opinión editorial en esos contenidos, lo que es un violación flagrante de la ética periodística porque la opinión de los comunicadores debe estar en los artículos de opinión o en las notas editoriales y no de contrabando en las informaciones que se entregan a las audiencias.

—En ese caso, ¿cree que hace falta una legislación que regule la concentración de medios?
Debería existir una legislación. El Colegio de Periodistas lo está propiciando, pero al mismo tiempo —con respecto a la fórmula que emplean los medios— debería existir una autorregulación y esa regulación debería contar con la participación activa de los periodistas. Hoy día están separados del ente empresarial todos los ejecutivos de los medios de comunicación, del conjunto de los periodistas. Eso no tiene mucho sentido porque los que hacen el contenido de los medios son los periodistas. Entonces, si los periodistas no participan en un proceso de autorregulación no tiene sentido que lo hagan los dueños de los medios. Los dueños de los medios siempre van a estar actuando con un sesgo que va más allá de lo profesional.

—A eso se refiere cuando afirma que “si no hay reflexión en los periodistas, hay desinformación en las audiencias”. Pero, ¿cómo podemos compatibilizar tal rigurosidad con la inmediatez que exigen los editores y la sobreinformación de las redes sociales?
Uno no se puede escudar en la inmediatez o la instantaneidad porque tienes que prepararte lo suficiente como para enfrentar el compromiso de aportar en el desarrollo del relato, datos que sean precisos, que tengan el rigor periodístico y que provengan de fuentes que son altamente confiables y verificables. Cuando haces una nota y la transmites a los pocos instantes tienes que tener el mismo rigor que un periodista con cierta experiencia, teniendo fuentes en las que puedes confiar, aquellas que te dan la certeza de que lo que estás entregando es real.

—En ese sentido, usted cree que las redes sociales más que ser un aporte representan una desventaja, ¿no?
Una perversión que existe hoy día es pensar que las redes sociales son las fuentes que te entregan la verdad. Las redes sociales son un referente, forman parte de la realidad y te pueden incentivar a investigar un hecho determinado, eso nadie lo puede negar, pero las redes sociales no son la primera y única fuente de información. Eso es un error muy grave. Creo que cuando los periodistas dan a conocer una información proveniente de las redes sociales como única fuente, se está vulnerando la confianza de la audiencia y eso es grave.

—En sus memorias también trata temas de actualidad, analiza la lucha educacional, el desencanto con la política y la desigualdad. ¿Cree que el proceso democrático nos quedó debiendo?
La democracia en Chile es un proceso como el que Carlos Huneeus describe en su libro “La democracia semisoberana”. No existe una democracia que haya alcanzo la madurez y la soberanía que se requiere en un país que tenga democracia plena. Por ejemplo, recién hoy día estamos legislando sobre la transparencia, sobre las situaciones irregulares que se han presentado de este matrimonio perverso entre la política y el dinero, recién estamos discutiendo estas maniobras que se han hecho para abultar las pensiones de gendarmería. Algo que en el fondo significa propiciar una sociedad donde el norte no es la equidad sino la desigualdad. Esas situaciones nos revelan que falta mucho camino todavía por recorrer, tanto en transparencia como en la equidad, un fenómeno que debería preocuparnos a todos nosotros en todos los ámbitos de la vida, en especial al periodismo.

sergiocampos_portada

La voz de la radio está llamando
Sergio Campos
Aguilar
2016

#Etiquetas:

Comentarios.