Entrevistas

Andrés Azócar: “Me he sorprendido negativamente de lo conservadores que somos los periodistas”

Por ~ Publicado el 16 diciembre 2013

Ha transitado por la academia y los medios, es un activo tuitero con casi cien mil seguidores, acumula experiencia liderando proyectos digitales y sigue con interés las discusiones sobre el presente y el futuro de la profesión. En esta conversación Andrés Azócar —recién llegado a Canal 13 para encabezar un proyecto digital— profundiza en temas como la transparencia en el periodismo (“puro beneficio”, dice) y advierte que las escuelas de periodismo no se están haciendo cargo de discusiones relevantes: “Tal como la estructura de los medios se está oxidando, la estructura de las escuelas de periodismo también”.

Foto: Patricio Contreras

—¿En qué consistirá el proyecto web del departamento de prensa de Canal 13? ¿Qué se puede adelantar?
La verdad que todavía no mucho, pero la idea es crear un sitio que recoja todo el trabajo que hace el departamento de prensa y que, al mismo tiempo, genere también contenidos, que haga crecer la marca Tele13 con contenidos propios. Un poco transformándolo en un sitio como la BBC, CNN, ir hacia una convergencia mayor entre diferentes expresiones de periodismo en un mismo sitio.

—Tele13 ya es una marca fuerte.
Es muy fuerte; es cosa de ver la cantidad de seguidores que tienen en Twitter, es más de un millón teniendo en cuenta que es un sitio que se actualiza poco, las noticias pierden actualidad muy rápido. Por suerte el proyecto nuevo de [Cristián] Bofill en Tele13 también está buscando un periodismo un poco más profundo, de mayor duración, más editorializante. En La Tercera nos costó mucho crecer a la cifra que tiene ahora, pasar a Emol fue una estrategia. Acá ha habido estrategia, es un sitio que tiene una fuerza propia y eso demuestra que es una marca potente que evidentemente está ligada a la imagen, al producto audiovisual, y eso es lo que hay que tratar de complementar.

—¿Cómo evalúas tu paso por Copesa?
Lo principal es que aprendí mucho. Yo había trabajado mucho en el nacimiento y desarrollo de El Dínamo, pero desde afuera; la que se quemaba las pestañas era Macarena Lescornez. Pero entre los dos diseñamos un sitio que buscaba diferenciarse del resto, apuntaba más a la opinión, que buscaba llenar un espacio liberal que no estaba realmente tomado y también fuimos a lo lúdico. La gracia que tenía El Dínamo es que no solamente tocaba temas políticos duros sino que también nos entreteníamos buscando temas de series, televisión, de industria.

“Es un problema global que los directivos de los medios se vayan alejando cada vez más de los cambios que se están produciendo en el periodismo”.

—Tenía un tono más Huffington.
Sí, exactamente. Para mí la llegada [a Copesa] la gracia que tenía es que yo sentía que era mi primera experiencia real, dura, digital, a cargo, un desafío súper grande. Creo que tuvo cosas buenas y malas. Renovamos el concepto de opinión, nadie hacía los “en vivo” como nosotros, empezamos a ocupar muchas herramientas open source para recoger lo que la gente estaba publicando para nosotros aprovecharlo. Y creo que la marca estuvo con los tiempos, no escondimos ningún tema, ni el aborto, ni la marihuana. Hicimos debatir gente de diferentes opiniones, creo que evidentemente ganó en pluralidad. Otra cosa importante que pusimos en el diseño era contenido, tecnología e innovación; estuvimos muy bien en innovación y contenido pero muy mal en tecnología. Claramente el peak fue los cuarenta años del Golpe. Si miras para atrás, hicimos muchas cosas innovadoras partiendo por los hangouts —una herramienta que nadie usaba— hasta la incorporación de métricas de Twitter, todos nuestros especiales tenían un interactivo, los GIF los empezamos a ocupar nosotros primero, el storytelling era distinto en las notas, lo podías ver en Biut y en La Cuarta, que empezó a ocupar un estilo medio BuzzFeed para armar listas. Y nos faltó la tecnología, que yo creo fue la gran deuda que por diferentes circunstancias no logramos cambiar la estructura…

—¿A qué te refieres con tecnología? ¿Incorporar ingenieros, programadores?
Sí, armar un equipo de programación fuerte. Los que estaban eran muy buenos pero nos faltó incorporar gente, tener un equipo más grande, agarrar un CMS [Sistema de gestión de contenidos] y construirlo desde cero, sobre la base de una cabeza tipo New York Times —guardando todas las diferencias— y un cuerpo BuzzFeed, donde todas las estructuras fueran muy viralizables. Este cambio importante que iban a tener los medios de Copesa con un CMS nuevo era un cambio de look acorde a los tiempos; el diseño de La Tercera es todavía muy antiguo, ya tiene cuatro años; para un medio moderno es…

—Una eternidad.
Y también tuvimos un sitio que quedó pendiente, era una forma de experimentar hacia otras formas de contar historias y también de generar contenidos con una redacción chica totalmente distinta a una redacción típica de papel; creo que ahí hay una deuda en generar una redacción moderna y ese era el propósito de esta redacción que estábamos preparando, con multitareas, de tener un equipo de desarrollo y diseño muy fuerte, mucho dato, métricas. Si ese sitio hubiese salido habría sido un avance. Yo salí contento porque aprendí mucho, tuve un equipo extraordinario al lado mío que me ayudó mucho a que las metas se fueran cumpliendo y tuve un equipo del área comercial que me apoyó todo el tiempo.

—Después del especial del 11 de septiembre, en tu Facebook publicaste una serie de reflexiones donde decías que no hay que sorprenderse de que la reacción de los directivos del medio sea fría con proyectos de este tipo.
No gustó mucho esa parte de la columna. En el fondo hay una mala costumbre en Chile de que nadie se atreve, de que las críticas o las autocríticas suenan siempre como ataques. Somos un país cínico y poco acostumbrado a decir las cosas de frente. Cada cosa que uno publica sobre otros medios hay que tomarlo con un cuidado tremendo porque siempre va a haber alguien que te llame porque está sentido. Me parece que mientras más transparentes sean los medios, mejor. Y una autocrítica o crítica constructiva interna no me parece nada de malo, mientras sea constructiva. No estoy hablando solo de la prensa. Y no me voy a referir solo a Copesa. Es un problema global que los directivos de los medios se vayan alejando cada vez más de los cambios que se están produciendo en el periodismo y, lo peor de todo, cada vez están más lejos de los cambios que se están produciendo en la industria.

“En las universidades hay una serie de directivos y profesores full time que siguen pensando en su beneficio propio y no en el de los estudiantes”.

—Tienes bastante experiencia gestionando proyectos digitales. ¿Sientes que estás en un punto en el que es imposible volver a pensar en términos analógicos, en términos del papel?
La verdad es que uno tiene que adaptarse al mundo que te toca. Yo armé la sección negocios online de la Qué Pasa el 99 y estuve metido desde muy joven con el tema de internet. Por suerte desde el comienzo lo vi de forma positiva, nunca he tenido ningún susto con la web, me ha parecido que es lo mejor que le ha pasado al periodismo. Sentir que uno está aprendiendo todos los días no me pasaba en el papel. Hay un montón de cosas en las que soy débil, hay gente que se maneja mucho mejor, sobretodo en la parte tecnológica. Haber tenido a [Sebastián] Lehuedé en la redacción era para mí un nutriente. Ese aprendizaje para mí es vital: ver gente aprendiendo de la que yo puedo aprender. Es demasiado rico —en el buen sentido de la palabra— lo que está pasando con la web como para que mi cabeza esté enfocada en otros proyectos, pero creo que si algún día vuelvo al papel encontraré la forma de hacer bien mi trabajo y seguir aprendiendo del papel. Pero obvio que lo que tú dices es verdad: sería un cambio complejo para mí.

—En los últimos años pasaste de la academia en la UDP a los medios y sé que tienes un juicio radical sobre el rol de las escuelas de periodismo. ¿Cómo crees que pueden aportar en el nuevo escenario digital?
Mi juicio no es negativo en torno a las escuelas de periodismo, es en torno a las estructuras que generó el periodismo durante un siglo. Ese es el problema: son estructuras básicamente egoístas, poco flexibles, poco aptas para el cambio, poco diseñadas para aprender, muy poco capaces de adaptarse rápidamente, no tienen velocidad. Y esa es mi critica. Tal como en las industrias periodísticas hay una serie de cabezas que quieren seguir mirando lo que están haciendo en beneficio propio, en las universidades hay una serie de directivos y profesores full time que siguen pensando en su beneficio propio y no en el de los estudiantes. Tal como la estructura de los medios se está oxidando, la estructura de las escuelas de periodismo también. Tal como muchos académicos son súper críticos de los medios, me gustaría verlos trabajar para el futuro de los medios y no gastar su tiempo en demostrar algo que ya sabemos: que los medios tienen defectos y algunos probablemente muy profundos. Ese cambio tiene que estar reflejado en las universidades que tienen mayores libertades, recursos, capital humano, tiempo y la obligación de mostrarle a sus estudiantes o darles las herramientas para esta nueva etapa. Yo me hago cargo de la deuda: traté de hacer cambios y tampoco es que haya logrado los cambios necesarios. Se avanzó harto, se aprovechó las libertades que se tenía, creo que se me apoyó mucho, pero creo que faltó.

TRANSPARENCIA Y ACTIVISMO

—Con todo lo ha sucedido este año con Edward Snowden, lo que ha hecho Glenn Greenwald en The Guardian, se ha puesto énfasis en las intencionalidades políticas del periodismo, ahora a escala global. ¿Por qué este tema debería importarle a los medios y a los periodistas?
No sé si debería interesarle a los medios en forma de contenido pero sí debería interesarle a los periodistas como una discusión profunda. La gran gracia de lo que está pasando es que se están transparentando muchas cosas. Lo que está quedando en evidencia es que los periodistas tienen opinión, tienen sesgo, y esa opinión no necesariamente es compartida por el medio o es igual a la línea editorial. Y toda esa transparencia es puro beneficio. Lo que está pasando ahora es que se está construyendo esa frontera: hasta dónde puede ser el periodista un activista y hasta dónde no. Greenwald cree que puede ser muy activista y en ese sentido la discusión está súper abierta, hasta dónde llega nuestro activismo. Se planteó en el tema de la Faride Zerán; yo no digo que ella no esté a favor de la Bachelet, me parece lógico.

» En mi caso yo soy un liberal y me interesa que se hable del aborto, de la marihuana, de las libertades de decidir. Puedes dar una opinión pero es muy distinto a convertirse en un activista diario. En mi caso Bofill me permitió cubrir medioambiente y economía en la época en que todos los ecologistas eran terroristas, en los 90. Él me dio la responsabilidad a mí, yo escribí un libro sobre Tompkins y no es especialmente una oda. Todo este tema del activismo termina en el juicio crítico de saber que, en el fondo, a pesar de que tú tienes una visión, esa visión sigue siendo crítica. Si eres partidario de Bachelet, bueno, te voy a creer mucho más si la Bachelet da una opinión poco razonable y tú tienes un juicio crítico. Pero cuando te conviertes en una persona ciega con una opinión ciega, pasas a ser un activista y creo que te alejas completamente. Se nota en la respuesta de la Faride Zerán, una respuesta no apta para un Premio Nacional de Periodismo.

—¿Estas manifestaciones de activismo político van a ser más frecuentes?
No, no creo. Esto es como en la vida. hay gente que es más sensata que otra. Uno es un contexto y ese es el contexto que tienes que cuidar. Puedes tener una visión crítica del gobierno de Piñera pero en el momento que tus juicios no tienen ningún fundamento, no te basas en hechos, simplemente estás hablando desde el corazón y apasionadamente. Lo de Greenwald igual es complejo, van a hacer un medio para defender a la gente. Eso no tiene ningún problema. El punto es si esa defensa de la gente va a estar fundamentada en hechos, en información, en una visión súper crítica pero con datos duros, o simplemente va a ser una cuestión pasional.

“Los medios deberían transparentar sus intereses, pero eso no significa que vayan a ser más transparentes”.

—Con una visión mucho más confrontacional.
Tú puedes hacer un medio así, llenarlo de columnistas…

—En el pasado los medios eran así, el periodismo de trinchera del siglo XIX.
Pero si en Estados Unidos hay periodismo de trinchera. Y eso está bien. Pero así y todo, por más que Fox tenga una visión republicana de la sociedad norteamericana, no se le permite poner cualquier cosa, y todo el mundo lo sabe. Ahí vas a encontrar el lado duro del periodismo y probablemente muchos de esos periodistas sean republicanos. Siempre va a haber un contexto. Se han mandado errores fuertes, pero en el fondo si se mandan un error que te sorprendan.

—Algunos analistas de medios, como Arturo Arriagada, suelen escribir en época de elecciones demandando que los medios hagan públicos sus apoyos o endorsement, y también sobre esta idea de que “la transparencia es la nueva objetividad”
Eso es lo que dice Jay Rosen. Estoy completamente de acuerdo: la transparencia es la nueva objetividad.

—Pero se busca transparentar editorialmente qué piensan los medios y los columnistas políticos. Un periodista que cubre medio ambiente, por ejemplo, ¿tiene que hacer esas declaraciones públicas?
No. Yo creo que los medios deberían transparentar sus intereses, pero eso no significa que vayan a ser más transparentes. Todos los periodistas tienen sesgos, intereses, eligen sus fuentes; la transparencia tendría que llegar hasta el periodista mismo y eso no va a pasar nunca. Por eso encuentro que es muy bueno que esa transparencia ya esté dada por la misma opinión de los periodistas, por la interacción de los periodistas con la audiencia, donde se refleja la personalidad del periodista y lo haces mucho más transparente. Empiezas a disminuir los mitos en torno a cómo se construyen las noticias, a este “laboratorio del mal” que muchos imaginan dentro de un medio. Está bien, esa visión de que los medios tienen que ser más transparentes la comparto plenamente, pero los periodistas no tienen por qué estar diciendo “yo elegí esta fuente” o “yo pienso esto”.

—¿Te parece necesario, para generar complicidad con la audiencia, hacer más públicos los procesos de reporteo, dar cuenta de cómo trabaja un medio, cómo es la rutina?
Por eso te digo que ahí hay un problema de las universidades. Las universidades deberían ser grandes productores de transparencia, de cómo trabajan las redacciones, qué se hace, incluso desde el punto de vista de mostrar cómo es la construcción de la realidad, de la noticia. Siempre será más glamoroso criticar a un medio que hacer la pega de mostrar cómo se trabaja en un medio. Todos hablamos del periodismo de investigación, que es súper relevante. Bueno, nunca he visto un catastro para mostrar todos los trabajos de investigación que se han hecho y el resultado final que tienen. ¿Qué pasó con esas investigaciones? ¿Qué pasó con las investigaciones de la Carola Fuentes, de Ciper? ¿Cómo están trabajando las redacciones? ¿Qué costos tiene para los periodistas equivocarse? Esas cosas no se estudian. ¿Cuántos blogs sobre periodismo ves en las escuelas de periodismo? Está Puroperiodismo y casi nada más. Eso es patético. El juicio crítico, insisto, es clave en esta profesión, un juicio crítico fundamentado, sustentable, que permita también entender que esta profesión está cambiando y la visión de un solo tipo de noticia también cambió, hay muchos tipos de noticias. Si alguien hace un sitio de gatos y es el mejor sitio de gatos del mundo yo lo voy a apreciar; el tema me da lo mismo, es cómo lo hacen, cómo construyen esa información, la credibilidad, la gracia, la capacidad de conquistar a la audiencia.

—Eso ya no es patrimonio de los periodistas.
Para nada. Esa es la gran gracia de ahora. Ayer, por ejemplo, muere Mandela. ¿Cuántas entradas viste en Twitter sobre la muerte de Mandela? Millones. Increíble. Su historia en pósters, sus discursos, interactivos de su vida, los documentos que lo llevaron a prisión. Ese tipo de eventos —creo que las noticias son cada vez más “eventos”— son procesos de interés general de mucha gente interesada en un hecho, con muchas entradas, con muchas formas de conquistar a esa audiencia, donde todos terminamos hablando de ese evento. Es un fenómeno poco estudiado y ultra interesante. Es decir, cómo un medio tiene que tratar de transformarse en un recolector y curador de ese evento; te vamos a entregar lo mejor de este personaje. Pablo Bello decía que era feo que los periodistas tuvieran preparada la muerte de alguien hace tanto tiempo. Yo decía: “Una tontera”.

» Pero no es una tontera, a lo mejor es una súper buena discusión. Están quedando discusiones que me parece que hay que tener. Todos estamos caricaturizando lo que está pasando con los medios de comunicación y terminamos siempre en la generalidad, cuando en realidad hay un trabajo que tiene que partir de los mismos periodistas, tiene que partir de las universidades y tiene que partir de los mismos medios con diferentes focos, para saber lo que está pasando con el periodismo, la industria, con lo nuevo que están haciendo.

PERIODISTAS CONSERVADORES

—¿En el paradigma digital lo más importante es cómo interactúa el periodista con la audiencia?
Creo que hay dos áreas: cómo uno reconoce la exigencia, los gustos y las jerarquías que le da a la audiencia, y cómo uno conquista a la audiencia con nuevas necesidades. Nosotros, por ejemplo, con La Cuarta Mascotas —no falta el tonto que dice que la hicimos porque a mí me gustan los animales— hay una necesidad y claramente los animales están siendo un tema de interés. Estoy seguro de que el periodismo cada vez se está transformando más hacia esta satisfacción personalizada, cada vez conocer mucho más a esa audiencia que hoy es un número del Analytic y mañana va a ser una persona que puede ser favorable para crear un modelo de suscripción y más lejano a la publicidad. Entender muy bien que esa audiencia te va a aportar mucho y, al mismo tiempo, tú tratar de decirle a la audiencia qué es lo relevante y aprovechar esa retroalimentación con ella.

“Los periodistas somos conservadores, un reflejo de años de historia que construyó un ADN que nos hizo poco flexibles, muy jerárquicos, muy autoritarios”.

—¿Los periodistas con los que has trabajado han incorporado ese paradigma?
Me he sorprendido negativamente de lo conservadores que somos los periodistas. Todavía hay un sesgo de decir “yo soy el editor, lo que yo opino es lo relevante, y la audiencia tiene que entender que eso es lo importante”. La NPR, por ejemplo, hizo algo notable con los resúmenes de fin de año que en general es algún columnista quien dice cuáles son los libros que hay que leer. Ellos abrieron el espacio para que la gente dijera cuáles son los libros del año. Un complemento de esas dos cosas es súper importante. Los periodistas en general somos conservadores, un reflejo de años de historia que construyó un ADN que nos hizo poco flexibles, muy jerárquicos, muy autoritarios, y eso se nota en las dificultades para entender que la audiencia ya es “parte de” y tienes que adaptarte y sacar el mejor provecho de eso. El otro día la Lucía Santa Cruz escribió una columna y a las tres de la tarde tenía 400 comentarios. Leí algunos, había hartos que eran de deficiente argumentación, pero otros que eran súper interesantes. El medio lo que hace es que genera el espacio… 400 comentarios. ¿Cachai la riqueza que había ahí?

—Como en Gawker
Es que ahí han hecho una maravilla con los comentarios.

—…donde el que comenta se convierte en autor.
Absolutamente. Eso es lo notable que ha hecho [Nick] Denton on Gawker. En el fondo, debe llevar cuatro años trabajando en su política de comentarios y en la herramienta de comentarios, que es lo notable. Pero yo creo que hay una deuda todavía muy fuerte y que esta apertura de cabeza o esta discusión tiene que ver mucho con eso, con empezar a romper paradigmas, a generar nuevos paradigmas y estar dispuesto a que esos nuevos paradigmas incluso cambien en meses. En este momento es muy difícil tener certezas. Hay luces, pero certezas absolutas es muy complejo.

—¿Crees que estamos en una edad de oro del periodismo, como ha dicho David Carr y otros?
Sí, estoy absolutamente convencido de que eso es así. También me compro un poco la opinión de algunas personas que sienten que esta transición también ha deteriorado ciertas cosas como el periodismo de mayor profundidad, el long-form. Jon Lee [Anderson] me decía que escribía artículos con el doble de palabras de las que escribe ahora. No tengo ninguna duda de que esta es la época dorada del periodismo. No sé si la época dorada de la industria, los periodistas tienen que comer, tienen que vivir y tienen que buscar cómo hacer su trabajo bien. Y eso significa que hay que buscar una forma de cómo esta profesión se sustente. Están todos estos experimentos de medios financiados por algún tipo de millonario juicioso o sobre la base de suscripciones. Hay una huella; todavía me parece súper débil para decir “por acá va la cosa”, pero está pasando y quizás esta industria no sea una industria que tenga que vivir con el mercado. A lo mejor tiene que buscar otra forma de salida. Y creo que todavía estamos en una etapa naciente como para dar un juicio catastrófico, estamos lejos de prever cómo va a terminar de financiarse o de moldearse el periodismo que viene adelante. Pero en términos de época de oro, no tengo la menor duda. Por suerte. Lo digo con alegría y emoción.

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